sábado, 2 de agosto de 2014

JUAN PABLO AMPUERO [12.618]


JUAN PABLO AMPUERO 

(Carlos E. Kayser Ampuero, Punta Arenas, CHILE 1945 - Temuco, 2002). Aunque no nació en La Frontera, ha vivido en la ciudad de Temuco desde la edad de 7 años. Es profesor de Inglés, Especialista en Educación de Adultos y en Administración Educacional. Siendo ayudante de la cátedra de Literatura Inglesa y Norteamericana en la Universidad de Chile, sede Temuco, desarrolló sus conocimientos en el campo de la crítica y del análisis literario. A principios de la década de los 80 decide terminar con lo que llama estas lecturas malintencionadas y comienza a escribir sus propios textos poéticos. De allí nacen sus primeras publicaciones que él considera como irresponsabilidades de principiante. 
 Ampuero ha sido Tesorero y Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, SeCh-filial Temuco, y ha obtenido diversos premios y menciones en concursos literarios nacionales, entre los que se cuentan: Concurso Nacional de Cuentos para Profesores (Intendencia VIII región, 1989); Concurso Nacional de Cuentos (Semanario El Siglo, 1990); Concurso de Poesía del Sur de Chile (El Diario Austral, 1991); Concurso Regional de Cuentos Luis Durand (Municipalidad de Traiguén, 1995); Concurso Nacional de Poesía Villa Alemana (1996); Concurso Nacional de Poesía "El Joven Neruda" (Municipalidad de Temuco, 1999) 
 Algunos de sus cuentos y poemas han sido publicados en revistas literarias, entre ellas: Poesía Diaria, Erato, Frontera, Pewma, La Hoja Verde, además de antologías; también aparece en antologías como: Obras Premiadas (Intendencia VIII Región), Moradores de la Lluvia (Ediciones Universidad de Temuco), El Joven Neruda (Editorial Austral)

 PUBLICACIONES:

*   Relatos y Retratos, poemas. Editorial Nahuelbuta, 1985. 
*   Discurso del Camino, poemas. Editorial Nahuelbuta, 1987. 
*   La Vida no es un Cuento, relato. Ediciones Cagtén, 1991. 
*   Detrás de los Espejos, poemas. Editorial Pillán, 1995. 
  
OBRA INÉDITA:

*   Teófilo Cid, 30 años de ausencia. Ensayo biográfico. 
*   El Espejo en el Desván. Novela. 
*   La Vida se Deshace en las Sombras. Novela. 
  
  


PAISAJE

Dejó sus labios sin ecos la mañana 
Sin follaje de palabras 
y los reúne junto a la herida 
abierta por el proyectil del hambre

Ni la carreta ni el viento 
que del oriente regresan 
rompen el obstinado silencio 
de los que mendigan tibieza al empedrado

Cerca del puente el dolor es una efigie 
que se diluye en el paisaje 
Nada parece cambiar   Nada 
salvo el ritmo de los secretos cotidianos. 







LOS OLVIDADOS

En el álbum del aire 
rostros fantasmas 
cuelgan como signos oscilantes 
Sus pupilas ausentes 
no devuelven instantes ni miradas 
El silencio toca el espacio 
se hace círculo y se quiebra 
esfumándose certero

En verdad la memoria a veces 
tiene sus sienes trizadas: 
Si no es por su nombre 
no hay forma 
de llamar a la muerte. 






LOS QUE VUELVEN

Todo puede suceder en el poema 
cuando la pupila tiembla 
y los ojos dejan de tener sentido

Todo puede suceder en ese círculo de vagas transparencias 
y en la isla del lecho suelen reunirse las voces 
de los que bien pueden no estar muertos para siempre

Vuelven con sus trajes debajo de la noche 
y con sus pies desnudos 
caminan nuevamente los gastados escalones 
dejando a la muerte derrotada 
junto a su cáliz de celebraciones

Vuelven a sus lugares amados con sus obras y herramientas 
y   sin embargo   incapaces son 
de sobrevivir a las cenizas de los sueños. 







POEMA PARA COMENZAR A OLVIDAR

La mañana toca los vidrios con sus manos enguantadas 
Se han perdido las llaves   las horas viejas 
el camino alfombrado de recuerdos

Recordar   dicen   es una tarea parecida a la belleza 
Cómo coger los recuerdos que se alejan 
abriendo y cerrando las alas 
a cantar sobre las lejanías del invierno?

Losa recuerdos se fatigan   me digo 
El olvido es el más seductor de los abismos 
pero los ríos aun se alejan mirando hacia el oriente

Transita la mañana con su traje oscuro 
A lo lejos un viejo pescador 
silba una triste melodía

Un arroyo que pasa volando en la tarde se deshace. 



El 14 de julio

Por Aníbal Barrera Ortega


La verdad es que queremos que al menos en Temuco, el 14 de julio pierda su connotación de francesidad (no sé si la palabra existe, pero lo importante es que se entienda lo que quiero decir). Es que pensamos en que, para Temuco, el 14 de julio debe marcar más bien el recuerdo y la honra de uno de sus hijos putativos más egregios: Juan Pablo Ampuero.

Su nombre civil era Carlos Kayser Ampuero, había nacido en la lejana y no poco enigmática Punta Arenas, llegó a las tierras mapuches de Temuco a eso de los quince años, aquí se quedó, aquí se convirtió en el poeta y narrador Juan Pablo Ampuero, gran señor de la bohemia, y aquí se despidió voluntariamente de la vida. Fue en 2002.

Tanto Kayser como Ampuero lloraron y rieron. Kayser era profesor de inglés; no le motivaba en absoluto tal condición. Pero cuando se traspapelaba en Ampuero la vida comenzaba a revestirle algún interés. Pero, en fin, ese interés terminó por perderse.

Lo recordamos este recién pasado 14 de julio. Fue en la sede siempre acogedora del Partido Socialista de Temuco. Alguien mentó esa fecha como triste, pues es la conmemoración de una muerte; Guido Eytel negó enfáticamente aquello: dijo que el 14 de julio es ahora motivo de alegría porque se está recordando comunitariamente a un huevón entrañable. Y se está brindando en su homenaje, se está brindando con vino tinto tal como Ampuero gustaba de brindar. Dije mal: con vino tinto tal como gustaban de brindar tanto Kayser como Ampuero.

Lo recordamos este recién pasado 14 de julio y nos place contarlo ahora. Queremos que ninguno de estos huevones –Ampuero y Kayser– sea olvidado. Ambos amaron a Temuco, lo amaron a pesar de sus matices claramente sórdidos –¿y qué pasó con el “suicidio” de Pinto Cáceres, tema tan deliciosamente tratado en su novela La Vida se deshace en las Sombras?–, lo amaron y quisieron desnudarlo. Nos parece que lo consiguieron; no deben, pues, ser olvidados.

¿No será posible, don Pancho Huenchumilla –usted que quiere ser senador–, que una de las calles de Temuco se llame o pase a llamarse Juan Pablo Ampuero?




Brindis, de JUAN PABLO AMPUERO

Los poetas recuerdan el vino de los muertos
(nada más ni nada menos les queda a veces
cuando el mosto mira a los ojos
con su oscuro silencio de vendimia)
Somos guardadores de antiguos recuerdos me digo
esperando tal vez un tren que nunca llegue

Fuimos ángeles prohibidos digo
ardientes palabras ahogándose en un espacio trunco
sobreviviendo a la sonrisa seca de la muerte
los íntimos sueños huyendo por ventanas
la poesía llorando en la punta de una daga
ángeles prohibidos como luces en un túnel

Por eso cuando los poetas brindan por los que han muerto
convidan a su mesa a los que tienen el corazón eterno
y en el galope de la nocturna fuga
no se seca la voz ni se hace invisible

Los poetas aun vivos de clave en clave vienen
a recordar el vino de los muertos
¿qué importa si es embriaguez o locura?

Los insensibles revienten en silencio fúnebre
abordemos desquiciados el tren que ilumina la cordura
poblemos la noche de profetas y brindemos
como hacían los antepasados alrededor de las fogatas.

En revista Círculo Azul, 2007



BAJO LA SOMBRA DE JUAN PABLO AMPUERO

El siguiente texto, habrá de ser leído el viernes 26 de octubre en el lanzamiento de "La vida se deshace en las sombras", novela de Juan Pablo Ampuero (1945-2002), que se realizará desde las 20:00 horas en el Colegio de Profesores de Ciudad Sur (Varas 330).

Hablar de Juan Pablo Ampuero es evocar a un escritor que también fuera un eximio pedagogo. Es recrear el influjo del ensueño de los bares y el infatigable periplo hacia el fondo de la noche, donde suele hallarse el fuego y algunos secretos vedados al hombre común, sometido al dictamen de la razón y de un presuntuoso orden perfecto... anterior a la sangre.

Hablar de Ampuero -el primer escritor vivo que admiré y que vino al mundo en Punta Arenas con el nombre de Carlos Káyser, el 13 de noviembre de 1945- es evocar a un narrador prolijo que también fuera un espléndido poeta; es referirnos a un conversador infatigable, que desde la tiniebla y desde la modestia, alejado de los centros de poder y de los fondos concursables, urdió una obra singular. Es evocar las férreas luchas en contra del gobierno militar y la visión posterior de construir el futuro en base a una actuar propositivo; es evocar al escritor comprometido con su tiempo, impulsor de revistas culturales, páginas literarias y alguna vez líder de la filial Temuco de la Sociedad de Escritores de Chile. Hablar de Ampuero es evocar a un espíritu solitario que, paradójicamente, a través de su viaje conoció de cerca -y no con la cercanía de los políticos- los sueños, alegrías y tristezas de la gente sencilla: del obrero, del mapuche, del profesional esforzado, del estudiante y del andante de la noche.

Hermano secular de Baudelaire, de Rimbaud, de Mallarmé, de Teófilo Cid, de Rolando Cárdenas y de Jorge Teillier, Juan Pablo Ampuero, autor de ocho libros -dos de los cuáles aún esperan su publicación- encarnó la videncia propugnada por los simbolistas: esa visión tenebrosa y profunda de la naturaleza, esa iluminación que según Arthur Rimbaud se lograba mediante el razonado desajuste de todos los sentidos. “La vida es una enfermedad del espíritu, la verdadera vida está ausente, no estamos en el mundo”, nos dice el mismo Rimbaud. Y Ampuero reafirma:

"Quizá escribir para los exaltados / cuyo espíritu funciona en el vacío doloroso
nos ayude a recobrar lo que fueron nuestras alas"

y en un par de versos de su último poemario, sostiene:

"Sólo es dueño de su vida quien la desprecia / va escribiendo el alba con su mano luminosa".



En cuando a su último libro, “La vida se deshace en las sombras”, básteme decir que es una novela del género policial inspirada en hechos reales y ambientada en el Temuco de los 90's : una sociedad debatida entre un progreso sordo, los negocios oscuros y el tráfico de influencias y de estupefacientes. En ese contexto -y luego de la muerte de Janet Gajardo, la ex secretaria del Empresario Mauricio Ibáñez- Rafael Storni, un ex militar y a la sazón periodista del “Diario del Sur”, decide aclarar esa muerte por su cuenta. Luego de una furtiva llamada del inspector Víctor Sáez, y ante la sospechosa inoperancia de la Policía y del Poder Judicial, Storni acomete su misión, indagando en las fuentes no oficiales, en la magia del azar objetivo, y en los secretos emanados de “estar en el lugar preciso, a la hora precisa, para escuchar la movida precisa, pues en el bar llega el momento irremediable en que no hay diferencias sociales, ni raciales, ni de trabajo, y el vino desata las trabas que sostienen los secretos”, como dice un personaje en la página 98. Después, Storni concluye que la muerte de la secretaria está directamente relacionada con la del mismo Ibáñez, acaecida tiempo antes, que según la justicia se “suicidó” de 75 puñaladas.

En las páginas del libro desfilan, entre otros, sujetos como Lorena (compañera de aventuras del protagonista), el Ramiro (un diletante alcohólico que siempre está bien informado), el Cronopio (un perspicuo dibujante), el profesor Romeral (conversador eximio con trazas de filósofo), el poeta Barrientos (posible alter ego del mismo Ampuero) y el cínico León Gallardo, quien desde la cárcel sostiene: “la gente se acostumbra a ciertas formas de comportamiento. El pecado de omisión resulta a veces un bien social” (p. 83)
Novela que atrapa desde un comienzo llevándonos a un fin inesperado, “L.V.S.D.E.L.”, es una de esos libros que me atrevo a motejar de necesarios. Socialmente necesarios, diremos: “Cuando decimos ley, debiéramos decir poder, y cuando decimos poder debiéramos decir riqueza, dinero”, sostiene uno de los tantos personajes complacientes de la trama. Y es esa forma de ver al dinero, como un fin en si mismo y como la medida de todas las cosas, lo que lleva a desnaturalizarlo, convirtiéndolo -como dice Balzac- en el excremento del demonio, o -como dice nuestro querido Gonzalo Rojas- en la encarnación de la muerte en la tierra.







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