jueves, 7 de agosto de 2014

JUAN MALEBRÁN [12.735] Poeta de Chile


Juan Malebrán 

(Iquique-Chile-1979). 

Parte de su trabajo se encuentra antologado en Chile, Perú, Bolivia y El Salvador.
Ha participado en diversos encuentros entre los que destacan: “II y III Encuentro Latinoamericano de Poesía Actual: Poquita Fe” (2006-2008), “I Festival del Libro Arequipa-Perú” (2007) “XXIV Encuentro Internacional Arcoíris de la poesía-Puerto Montt-Chile” (2008), “XXIII Feria Internacional del Libro de La Paz-Bolivia” (2008), “I  y II Encuentro Internacional Días de Poesía- Sucre-Bolivia” (2008-2009), “III Feria Internacional del Libro Cochabamba-Bolivia” (2009), “Idee in Transito” Nova Milanese-Italia (2009).
Ha sido responsable de “Gira de Intercambio Lírico-narrativa (I a V región-Chile)” (2004), “Gira “de (cierto) norte” 5 autores chilenos: La Paz-Cochabamba-Sucre” (2008), “Gira “Bolivia 09 o érase una vez” (2009), “Gira Editorial Canita Cartonera –Perú-Bolivia-Argentina” (2010).
Durante el año 2005 obtiene la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura-Chile, con el poemario “Reproducción en Curso” publicado el año 2008, por la editorial Boliviana “Yerba Mala Cartonera”.





HABITANDO EL BARRIO DE LO MISMO

Atravesé el desierto cargando sacos con perros muertos que esperaba vender a buen precio llegando al centro del país, pero llegado al centro del país descubrí que estaba lleno de vendedores de perros muertos y de otras tantas novedades que yo ni sueños había imaginado y retorné a los restrojos y al sicoseo de perder los días levantando el polvo de las mismas calles del mismo barrio, con el hocico abierto mirando al sol, esperando el irreversible retorno de mis escupitajos, sin sacos, ni perros, ni ganas de insistir en vender algo.






SU MUJER JAMÁS CONOCERÁ SEVILLA

Cruzó el atlántico en un mercante, porque su sueño era ser un gran libertario indigenista y aquí lo tienes en plena gloria, bajo la luz de un fluorescente, reducido a la culata de una sartén, al interior de una caseta de salchipapas.
Esclavo de la fritanga. Noche tras noche hasta el domingo reflejando la gratitud de su cara en la hediondez negra del aceite.
El sueldo que apenas le alcanza para pagar el techo, la luz y el agua y la comida de las tres crías que nunca quiso tener, se lo paga un indio con diente de oro, que secretamente cobra venganza.






CENTRO DE REHABILITACIÓN

Este baño tiene un espejo que cubre de esquina a esquina la pared, una tina con cerámicas y un piso de baldosas, las llaves del lavamanos relucientes, como la perilla de la puerta y el aluminio de las ventanas.
En lugar de cortinas tiene mamparas de vidrio corredizas y las toallas están impecables, limpiecitas, tanto así que al moverlas dejan todo pasado a soft.
Cagar aquí definitivamente es fenomenal, no existe punto de comparación, con hacerlo sobre cuatro tablas, en una caseta de cholgúan, con temor a que se te meta un ratón por el culo.
Este baño tiene la cualidad de hacerte sentir superior te incita incluso a echarle un ojo a lo que fuiste, por ejemplo, ahora que ya es de noche y me cepillo los dientes con aquafresh, me acuerdo que en más de una ocasión, tuve que cepillarme con sapolio y que otras tantas, a falta de cepillo, no me cepillé.






PANDERETA

Falso el punto en que se rompe el circulo, falso el paso, el giro, la tuerca con que se espera ajustar la cuenta, falsa la idea de familia, el vicio, lo único cierto en esta esquina.





SE NECESITA SEÑORITA BUENA PRESENCIA 
(LA TENTACIÓN DOS MIL UNO)

No hay nada que deteriore más a una mujer que sus hijos y el hambre de sus hijos. 
Por ellos aprendió a disimular golpes y quemaduras con ángel face y asumió la desvergüenza frente a sus vecinos, que años antes la aplaudieron al representarlos en traje de baño en los festivales poblacionales.

De mesa en mesa, ella es ahora todo el desamparo de unos labios con boquera tarareando a Juan Gabriel.

(Destapa mi botella y parte)

Una moneda se ha atorado en el Wurlitzer

Golpea la maquina hasta hacerla caer y al agacharse descubro en su muslo una delgada flecha rota atravesando un malogrado corazón verde cárcel.

Se levanta, muestra los cien pesos y sonríe.

((Los dientes que le faltan se los voló su amante de un piedrazo))





LA INTERNACIONAL 

Ella es la bailarina que ganó cinco mil soles mensuales en Lima, a la que maquillaban como a una gran estrella, mientras le daban las últimas instrucciones antes de salir a escena. 

La nena que frente a las cámaras sonreía y a quien los reflectores seguían en cada uno de sus movimientos. 

Por ella gritaron entusiasmados los espectadores en el estudio y en sus casas cientos de niñas imitaron cada uno de los pasos de sus coreografías. 

Ella es la misma que atravesando las luces de la capital, regresaba a llorar sola bajo su almohada, anhelando volver pronto a caminar, por las mismas calles de su triste barrio. 

((Ahora, con varios kilos de más y con las tetas caídas, su único sustento es un aviso en el diario y el ring tone de su celular)) 





AL PARTIR DE ARAOS 

Nunca salió del barrio y 
sus hijos nunca saldrán, 
se instalarán con una vulcanización y 
con las manos hediondas a grasa, 
les tocarán las guatas con estrías a sus esposas dueñas de casa. 

Un domingo en la tarde, mientras los evangélicos gritaban con megáfono y a su esposa 
cerca del vertedero un micrero con gonorrea le chupaba una teta, fumando pasta en la 
esquina le dio un ataque al corazón del que nadie se dio cuenta y por horas estuvo ahí 
tirado, con los ojos blancos y la lengua afuera, mosqueándose al lado de media caja de 
vino. 





EN EL PATIO 

Sábanas blancas tendidas en un alambre de cobre 
estilando el resabio del cloro y 
en el horno de la carcaza de la cocina a parafina donde anoche parió la gata: moscas 
posadas en los 
manchones de leche y de sangre; 
en el medio: 
una higuera marchita y en los bordes: 
un cerco de calaminas, donde cada tarde llegan a pararse las palomas, después de recorrer 
los basurales, con pelos de perros muertos en los picos y pedazos de toallas y pañales. 
 en las esquinas: 
amontonados sacos con latas y cartones, para salir a vender en carretilla y en el fondo, 
unos cholguanes, paredes de una letrina, que es un hoyo y un cajón. 











Congénito 
Sobre “Bozal” de Juan Malebrán

Por Roberto Oropeza/editor Yerba Mala Cartonera



Los errores del padre no son los errores del hijo; pero los vicios, esos sí son heredables. Al menos, ese es uno de los centros motores de Bozal  (edición especial de Yerba Mala Cartonera, 2014) del autor hospiciano —radicado en Cochabamba— Juan Malebrán.

“Sed que te heredo en medio del miedo” o dicho de otra manera: el lento proceso de autodestrucción generado por el alcohol, que se asemeja al  lento transitar en una peregrinación, teniendo a la pampa como telón de fondo —ese eriazo tan desconocido por estos lados— propicio lugar que no oculta nada y que a simple vista tampoco dice nada.

Este no decir, este no manifestarse del todo es otro de los aspectos sobre los cuales gira el poemario, dueño de una contención y economía de palabras que explica sólo lo justo y  necesario “el coraje no alcanza para arrancarnos de cuajo la lengua que nos mantiene balbuceando en el regazo de nosotros mismos”.

Este acto, el de la imposibilidad de decir las cosas o revelarse ante las mismas, es un juego de a dos puntas, por una parte el autor que, pese a la violencia de algunas de sus imágenes, es mesurado y preciso con  las mismas; y por otra el lector que no puede hacer otra cosa que leer sin poder reaccionar o manifestarse de manera diferente. Conclusión: la comunicación entra en una fase de deterioro, se hace inservible. De alguna forma las dos partes han quedado amordazadas “frente al miedo que la carne impone”.

(…) Un estropajo por lengua
es lo que se tiene
como un nudo que se ciega y
se traba con el segundo vaso
asegurando la incontinencia y
el tiro al blanco en los urinarios.

Bozal no viene a ser una colección de recuerdos familiares amenos “para entonces quizás tu hermana haya dejado de soñarme cada noche cubierto entre mortajas como un cristo ebrio”; pero tampoco busca regodearse en la lástima por la pérdida del padre. Es una fotografía en blanco y negro de la realidad y sobre todo de los recuerdos mezclados con el asco y el delirio de quien posee  esa sed expuestos  todos  a contraluz sin ficción que los salve “que otros lloren la derrota, el desgaste o hasta el triunfo”.

Otro aspecto relevante es el cambio constante del hablante lírico, como el cambiar de carril por la autopista. Este aspecto ayuda de sobremanera a que el poemario fluya libremente por su cauce. Malebrán es consciente de esto y se lo hace notar al lector “todo caerá, incluso tú, que confundes mi voz con tu voz”.

Punto aparte, merecen los 3 textos centrales —aquellos que vienen con numeración romana—y que podrían ser vistos como un epitafio, uno extenso donde el padre va relatando sus últimos momentos:

“Ernesto del Rosario Malebrán Rojas
nacido el 9 de febrero del cincuenta y dos.
Le dije a la enfermera que llenaba la ficha
mientras, mis hijos a lo lejos
no se enteraban que esa misma mañana 
dejaría las sábanas para pasar al cajón”

Esto es, una referencia que bien podría llegar a catalogarse como un tributo u homenaje a la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters y su “colección” de espíritus errantes por los pasillos de un panteón, contando sus historias, quejándose por el lugar que les toca ocupar en su última morada. Bozal podría instalarse perfectamente en ese espacio, como un epitafio más, escrito a dos manos por padre e hijo o por uno de ellos que ya no sabe quién realmente es.

Publicado en una edición especial por la editorial Yerba Mala Cartonera, este pequeño libro, también podría ser visto como las últimas palabras de alguien que está por caer o quizás, y esto es lo extrañamente triste: las primeras de aquél que ha comprendido su destino, mediante el otro.
Volutas

 “Adiós, adiós a nada. Doy gracias,
muchas gracias”
Robert Lowell

De las cuatro cosas que vivimos
ten en cuenta la tarde en la que te dije:
“cuídate de la tierra de cementerio
en las esquinas de tu casa.
Los muertos hablan un idioma
que algunos aprendieron
de la calaca con la que beben.
Cuídate de ellos y de la sal
en el fondo de tus bolsillos.
De aquel que comparte tu mesa y
guarda en su corazón el bálsamo
del evangelio
-aléjate-
delas plegarias de tu madre y
de la familia en su liturgia.
Ten en cuenta
que no todos han nacido
para leer el mundo en el filo de los vidrios
que en lo alto de los muros
el viento desgasta lentamente”.
















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