martes, 19 de agosto de 2014

ISIDORO ERRÁZURIZ [12.933]



Isidoro Errázuriz Errázuriz

Isidoro Errázuriz Errázuriz (Santiago; 1835-1898) fue un periodista y político chileno.

Hijo de Manuel Antonio Errázuriz y de Rosa Errázuriz Mayo. En 1851 se trasladó a Estados Unidos. Ese año se había iniciado en el mundo de las letras, publicando su primer artículo en el diario El Progreso de Santiago. En Estados Unidos estudio en el colegio de jesuitas de Georgetown. En 1852 se dirigió a Alemania y estudio leyes en la Universidad de Gotinga (Georg-August-Universität Göttingen), allí afiliado a la Burschenschaft Hannovera.

Retornó a Chile en 1856, ingresando al mundo periodístico, realizando una viva polémica a través de las páginas del diario El Ferrocarril a través de artículos que el titulaba Oscurantismo y libre Examen.

Se dirigió nuevamente a Alemania en 1857 donde contrajo matrimonio con Virginia Hollman, regresando a Chile el año siguiente.

Vida pública

Colaboró con los opositores del gobierno de Manuel Montt, por lo que tras la revolución de 1859 sería sometido a juicio y proscrito. Se encaminó a Mendoza, en donde se le encomendó la redacción del diario El Constituyente, que tenía como objetivo los exiliados chilenos. Regresó tras la ley de amnistía. En 1862 fue redactor de La Voz de Chile y al año siguiente se hizo cargo de la redacción de El Mercurio de Valparaíso.

El 1 de agosto de 1863 fundó el diario La Patria, que duró hasta 1896, tras su salida de El Mercurio por su campaña contra el ministro del interior.

Fue electo diputado por Linares en 1867 por el partido liberal.

En 1875 publicó la Historia de la Administración Errázuriz, obra que sin embargo no alcanzó a completar. Sólo escribió el prólogo (482 págs.) en que analizaba el movimiento de partidos desde 1823 hasta 1871.

Asistió como representante del gobierno a las batallas de Chorrillos y Miraflores. En Lima fundó el diario La Actualidad, el primer diario chileno publicado en Perú.

En 1888 sirvió de agente de colonización en Europa. Regresó a Chile poco antes de que estallara la guerra civil entre el presidente José Manuel Balmaceda y el Congreso. Errázuriz se unió al bando revolucionario y participó de la sublevación de la escuadra y de la junta de gobierno de Iquique, ejerciendo ocho meses como ministro de Relaciones, Justicia, Culto e Instrucción Pública. Triunfante la revolución, siguió a cargo del ministerio de Justicia e Instrucción hasta el 31 de diciembre de 1891.

El 9 de julio de 1892 se unió como ministro de Relaciones al ministerio encabezado por Ramón Barros Luco. Tras un cambio de ministerio en abril de 1893 fue ministro de Guerra y Marina, desempeñando el cargo hasta el 6 de octubre.

En 1896 fue nombrado ministro de Chile en Brasil, falleciendo de fiebre amarilla en 1898.

Referencia:

Las obras poéticas de Errázuriz no han sido recopiladas. Don José Domingo Cortés incluyó ocho de esas composiciones en su América Poética, algunas de las cuales son traducciones de obras ajenas.





PRIMER AMOR

En un lago de plata se desliza
la barca de la vida, a los quince años;
hincha sus velas juguetona brisa,
y sonidos fantásticos y extraños,
música celestial, trovas del alma,
turban tan sólo su inocente calma.

Un ángel pasa entonces y nos mira,
sombra que envuelven nubes de color,
y crece el corazón y luz aspira
como el capullo que se torna en flor.
El deseo infinito lo devora
y a veces se sonríe, a veces llora.

Un aliento fugaz, una mirada,
una palabra de su dulce boca,
el roce de su ropa perfumada,
cualquier objeto que su mano toca;
¡ah!, el reflejo no más, rápido y vago,
que asoma y pasa en el azul del lago.

En todo hallamos indecible hechizo,
todo derrama luz que nos inunda,
soñamos habitar un paraíso,
que suavísima atmósfera circunda:
¡sueño de bendición, radiante aurora,
que el despertar del corazón colora!

Es el primer amor, el primer grito
de la vida que empieza a germinar,
cuando vemos el sol del infinito
y extendemos las alas al volar.
El espacio nos falta, nos ahogamos
y un misterioso ¡más allá! buscamos.

Pero en deshecho temporal perdida,
flota tal vez más tarde la ilusión,
y en algún día opaco de la vida,
huye también el sol del corazón.
¡Ay, cuando cae del árbol una hoja,
de mil y mil el viento lo despoja!







EN EL MAR

El viento de la tarde hincha las velas.
Como un corcel ardiente
entre la blanca espuma hunde la frente.
y corre el barco por la inmensa mar.

Y las olas se encrespan y bramando,
azotan nuestra nave;
pero ligera aquélla como el ave
sacude el ala y sigue sin pavor.

Amo esta vida, eterno movimiento,
agitación constante,
imagen poderosa y palpitante
de las olas del mar del corazón.

Ruge y se encrespa y amenaza al hombre
la tremenda oleada;
y bajo el hombre pasa sosegada
para volver más tarde a amenazar.

Cuando es clara la tarde, el mar sereno,
después de un bello día,
reina en el universo la armonía,
el cielo con la mar duermen en paz.

Más tarde brilla la argentada luna
en el pálido oriente
y sus rayos se extienden mansamente
como franjas de plata sobre el mar.

¡Amo esta vida, en el inmenso océano
agitado o en calma, 
en todo tiempo espejo de mi alma
imagen de su eterna juventud! 





LA LÁGRIMA

(Del poeta portugués Guerra Junqueiro)


El día es de fuego. Colina escarpada,
árida y desnuda, corta la calzada.

Crece allí el arbusto triste y macilento,
que queman los soles, el polvo y el viento.

En la áspera hoja de una higuera brava,
mendiga que vive de cascajo y lava,

destiló la noche, benigna y divina,
Lágrima celeste, grande y cristalina.

¡Y cuán delicada, cuán pura era ella!
De cerca diamante, de lejos estrella.

Pasa un rey y síguele cortejo imponente,
lanzas y trompetas, pendones al frente.

Al pasar exclama: -"De mi gloria emblema,
diamantes y záfiros tengo en mi diadema;

rubíes de oriente, cual sangre, dorados,
cual besos de fuego ya cristalizados;

perlas que son lágrimas de agonía inmensa,
que la luna llora y la mar condensa.

Pues, brillantes, perlas, zafiros trocara
porque esa luciente lágrima brillara

en esta corona soberbia y suprema, 
viendo el globo abajo desde su diadema,"

La celeste lágrima, dulce y luminosa,
oyó, rió y luego quedó silenciosa.

Cubierto de hierro, soberbio y brillante, 
en su corcel pasa caballero errante.

Y dice a la lágrima así el caballero:
-"Ven, y en la cruz brilla de mi fuerte acero

Yo haré que reluzca siempre en la victoria,
en la Tierra Santa, por la fe y la gloria.

y al volver, mi novia, la estrella amorosa,
te pondrá en su seno de alabastro y rosa.

Así habrán bañado tus nobles fulgores
mil luchas heroicas, mil sueños de amores.

La celeste lágrima, dulce y luminosa,
oyó, rió y luego quedó silenciosa.

Montado en su mula va por el camino 
un judío viejo, mugriento y mezquino.

En pos de él los siervos llévanle el tesoro,
en cajas de cedro toneladas de oro.

El vejete enjuto, calvo y descarnado,
de mirar inquieto, de pico afilado,

ve la estrella y dice: ¡Dios! ¡Qué maravilla!
¡Cómo resplandece, centellea y brilla!

Con mis cerros de oro muy fácil me fuera
comprar los imperios de la tierra entera.

Pues bien, mi tesoro con gusto trocara
por ese diamante de belleza rara.

La celeste lágrima, dulce y luminosa,
oyó, rió y luego quedó silenciosa.

Bajo de la higuera vive un cardo agreste,
que habló así a la hermosa lágrima celeste:

La tierra que nutre la lila y la yedra,
para mí tan sólo tiene alma de piedra.

Si, mirando al cielo, me lamento acaso,
el cielo me envía fuego en que me abraso.

Nunca vi a mi lado almas enlazadas,
cantando sus noches puras y estrelladas.

Nunca en torno mío juegos y cariños,
en alegres voces gorjearon los niños.

Lejos de mí vuelan pájaros y amores, 
pues ni sombra esparzo ni produzco flores.

¡Oh, divina lágrima, astro, gota fría,
cae en mí y alivia mi horrible agonía!

La celeste lágrima, dulce y luminosa,
tembló, y en él, luego, cayó silenciosa.

Después, ese cardo triste y macilento,
dio una flor exótica de color sangriento;

de color de heridas que lanzas hicieron,
como las que el pecho de Jesús abrieron.

y en el cáliz virgen de la flor bermeja,
va a libar sus mieles, zumbando, la abeja.







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