martes, 12 de agosto de 2014

CLAUDIA JARA [12.836]


Claudia Jara 

Nace en Santiago de Chile en 1975. En 1997 fue seleccionada para participar en los "Talleres Literarios José Donoso", de la Biblioteca Nacional y es becada por la Fundación Pablo Neruda.




DOMINGO DE VANIDADES

Yo la Artaud con pestañas
agarro el puñado de gentes
que corren a lo largo de mi brazo
goteando desde la punta de los dedos
lamen sus espaldas
con el disimulo de una realidad
subtitulada en la gula
de mi cuerpo dormido
en los márgenes de mi boca.
He expulsado un pequeño trozo de carne
no puedo mirar atrás
no soy mujer en un día
mis dientes son ojos internos
pierden la vista en la miseria
de mis contagiados remolinos salivales
gritando como Pablo Pájaros.
Véanme aquí
encerrada en esta escuela de mujeres
hablando de hombre a hombre
con mi buena marca de polilla cosquillosa.
Créanme vengo del zoológico de laberintos
con tono histérico
ustedes ya no sabrán que pensar de mí
yo la semi-raquítica
transeúnte permanente de calles angustia
les pido
córranse de una vez
de estos espejos de figura 
que hay en mi rostro
No lo alimenten de leones.
ni lo encierren un domingo en la tarde
para decir después que soy un vegetal
y llevarme por la tierra para diseminar
mi retardo de mujer de bolsillo.
Una guillotina de mundos
chupará la sangre de la gente
que corría por mi brazo
Ahora sólo puedo hablarles
de mis parientes
para despedirme en un solo adiós
Me voy 
como un muchacho
junto a Germaine
al fondo de la desnudez terrestre
en busca de mi Génica
la que me dará
un domingo vanidoso sin pestillo
para quedarme sola
mirando que soy un hombre
por mis manos y mis pies.





Mundo adentro sentado en un palo de escoba

En el mar de los placeres de corta duración
soy la expresión de lo que pienso
Atorado con una pepa de fruta
del ahorcado suspendido en hilos de hueso y piel
veo el chupón de venas mestizas
de la culebrona fiera y sedienta de pezuñas lejanas
corazón de lengua que no calla
Horrible es la visión de esta mujer
que sigue al brazo en la ventana negra
escupida sobre mis pies de cuerpo estrangulado
Me escondo bajo su ducha
con mis manos sordas de fatiga espiritual
y mundo adentro sentado en un palo de escoba
entro en el Libro Sanitario De Visiones Disparatadas
en su gratuito estallido de vida
asesinado en una oreja
carcelera de la noche







“Extraño destino tienen las cosas”


No

Sólo basta un no,
Un no que salga desde afuera hacia adentro,
Impertérrito,
Áfono,
Noctámbulo en su recorrido de negación.
Un no acurrucado,
En la membresía de la palabra,
De la palabra que a sí misma se hace llamar no.
Esta noche, y las siguientes me sustituyo,
En incontables noes,
Y me niego a mí misma junto a la palabra negada,
Impertérrita,
Áfona
Y noctámbula.




Y si lloviera esta noche

Y si lloviera esta noche,
Los gatos alunados dejarían el tejado,
Se abrirían al silencio de la oscuridad mojada.
Yo en tanto,
Me partiría en dos,
Para caer al vacío y ocupar el espacio húmedo y seco,
que queda entre cada gota en caída.
Seguiría el destilado del polvo agua, y me arrastraría por el suelo
Para fraguar el cemento,
Para volverme a unir,
En polvo,
Agua
Y lluvia.




Jacaranda

Del ocaso este me llevo mis zapatos,
mis enmiendas y las partituras del recorrido.
El asfalto se asoma sobre la cuneta malherida,
Mientras de reojo
Una calle abre sus raíces para la entrega final.
De rodillas me toma el viento, y me asemejo a la sombra
de la jacaranda vertida sobre las palabras.
Muda, las respiro, y me levanto al paso, bajo un cielo sordo.
Las hojas moradas navegan en la quietud de mis pasos,
a lo lejos un corazón baila.
Las palabras soplan a mi oído,
un canto morado de hojas de llanto herido.
Las calles se retuercen en olas,
Olas de tierra, que navegan entre árboles silentes,
Agonías solemnes que anuncian la caída del sol.




Extraño destino tienen las cosas

El entendimiento diestro se vuelve estéril.
Un hilo fino de pensamientos atorados,
Lucha contra la gangrena de las cosas descompuestas.
Este ingrato destino de soles acumulados,
Por la insidia constituida en la proximidad de las cosas,
Se abre.
Se abre al río que nada a contra corriente.
Al río corazón de lengua que no calla.
Al río carcelero de la noche.
Al río abierto en veinte bocas.
Al río recto,
Sujetado a un alfiler humano de grietas verticales.
Me poso,
Como ave  fatigada,
Sobre la ladera oeste,
Para convertirme en pez
Y me arrojo sobre la corriente desvelada,
Que se abre a la alameda del cauce sin rumbo.






Esta luz que me quema el aire no me deja respirar

Anochece sobre este respirar quemado,
y tú sigues ahí parada, bajo una luz negra de vacío solar.
Las ínsulas de luz rodean la carretera,
con pequeños surcos de galope,
corteza agrietada que evoca el recuerdo.
El grito es de una mujer de ínsulas olvidadas,
océano de costa pérdida en el recodo del camino.
Esta luz que me quema el aire, no me deja respirar.
Amanece en este día de luz, y yo sigo ahí parado,
bajo tus respirar quemado, y soy parte del sol.

Inédito, 2014

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