lunes, 18 de agosto de 2014

CARLOS EDUARDO SAA [12.902]


Carlos Eduardo Saa 

Nació en Vallenar, CHILE a la entrada del desierto, en 1941. Es periodista-escritor. Escribió el primer poema a los ocho o nueve años de edad, titulado "Compañera Soledad".

Desde 1962 se contacta con poetas nacionales en el restaurante "El Bosco", la SECH y otros lugares de Santiago.

Actualmente preside el Centro Cultural Teresa Hamel Nieto, de Viña del Mar. En el Cerro Castillo, Viña del Mar, conduce "El Rincón del Juglar". Es colaborador eventual de la revista internacional “Cuadernos del Pensamiento Latinoamericano”, editada por la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso. Miembro del taller literario Madero.

Ha participado en diversas actividades, asociaciones de escritores y grupos literarios de la Región de Valparaíso, como ALIRE; Grupo Literario La Mano; Agrupación de Poetas Itinerantes “Rubén Darío”, de Valparaíso, de la que fue secretario, etc.

Tiene poesías publicadas en diversas antologías nacionales e internacionales. El poema "Préñame, mujer", tiene excelente acogida y es publicado por la Universidad de Hidalgo, México, junto a "De Teseo y Minotauro".

Invitado al encuentro internacional Poetas del Mundo, en Viña del Mar, Chile; y ha sido galardonado por el Círculo Literario Poeta Osvaldo Ulloa.








DE TESEO Y MINOTAURO

Si en algún momento la luz de su mirada
me rescató de la siniestra curva trazada por el hierro,
ahora, rechazado en los umbrales de su casa y de su huerto,
precipitado, retorno al espiral del sangriento Minotauro.
Yo, transformado en varonil Teseo, lo enfrento
con el coraje otorgado por el elixir de sus recuerdos.
Lucho con denodada fuerza y al ocaso logro al Toro vencerlo.

Mas la victoria es apenas un nuevo comienzo.
Mi espada yace solitaria en el ensangrentado suelo,
y con pavor compruebo que soy también el Toro yerto.
Movidos quizás por qué sortilegio, Teseo y Minotauro
renacemos para renovar la lucha que vuelve
a estremecer los solares de los muertos.

Por siglos se derrama la sangre de los contendientes,
sangre líquida y coágulo repetido en el ruedo de mi infierno.
Así, la simetría del duelo. Afuera brillan dos soles
preñando las rosas del firmamento;
adentro, apenas la argentina chispa del acero buscando,
fiera, suave vaina en mi pecho.

Desgarrando el cuello de la fiera cerceno mi garganta,
una y otra vez, por la eternidad de los días,
muriendo y renaciendo. En cada nacimiento, gozo
la alegría de re-ser guerrero. Mas, efímero el contento;
la infausta metamorfosis repite el odio en el toro
y en el hombre.

El regalo de la luz cae y pasa a ser mazmorra
de mi eterno infierno, donde ya no penetra
la claridad de mis dos perdidos luceros.
Retornamos a lid, y en esta eterna brega me asesino
con mi propia espada, pero nunca muero.





LA ETAIRA

Te encuentro en una butaca
oscura del cine Real.
Tropiezo con tu mano
y me aterra el pulso
que descifro entre tus garras.
Sé que eres etaira, huyo de tu vientre
o al menos lo intento.
Una daga surge de tu escote;
su filo me subyuga.
Me desnudo y te busco
con el hambre del celo
irracional.
Cuando abro tu puerta,
el rayo de plata
cae destrozando mi garganta.
En la pantalla,
una dulce melodía de amor
un niño canta.




BAILAN LOS ASESINOS

Bailan los asesinos sobre mi tierra.
Bailan y cantan obscenas menciones,
insultando la memoria de mis mayores.
¡Ay, de ellos!: desde la entraña pampera
emerge el grito aymará y mi raza
se abalanza con atigrada furia
sobre las cabezas que la degradan.
La añañuca viste la sangre
derramada por la cruz y la espada,
invasora del imperio de la eterna águila,
hoy hermanada con el cóndor
para desgarrar la putrefacta carne
de la infausta España.
¡Salgan de sus tumbas, ñañas!
salgan escupiendo fuegos desde las huacas;
purifiquen la pampa, incineren a los parias.





SÍSIFO PENDULAR

Inútil y tenebrosa espada
subiendo eterna para
eterna caer sobre mis huesos.
Destruye mis venas y tendones,
dejando alerta mis sufrimientos;
mi condena los recompone
y se reinicia el oscilar
del afilado péndulo.





DOMINGO

Hijo del silencio,
llegaste con tu voz de trino
para endulzar la de tus mayores,
avecilla de cristal transparentas
las imágenes del futuro.
No te pierdas niño en el laberinto
de las insinuantes sirenas
del materialismo y las adicciones.





SUEÑO EN HIROSHIMA

El pequeño Mishiva
soñaba con un sol
resplandeciente
sobre el cielo
de su casa
Entonces,
estalló la bomba.





ASI LA VEO

Cada mañana veo el despertar de mi paceña amada.
Sale de su sueño para alumbrar la telaraña dulce del día.

¡Hola, Negrito!, su boca exclama
Mientras estira su cuerpo en tensa liana.
Yo la beso en los labios, la nariz y la frente, eufórico de saludarla.

Ella es eterno aljibe para mi ansia receptora de mi simiente blanca
que en sus entrañas estalla, dulce culminación de mi deseo.

Del muñido lecho se levanta y camina por el departamento
despertando las paredes, cada rincón, la cocina, toda la casa.

El humeante café del albo tazón calienta su cuerpo
y se le ilumina la cara.
Cierra la puerta cuando al trabajo marcha,
quedo solo en el silencio de la sala, corro al dormitorio,
hago la cama, y huelo en las sábanas la fragancia,
que ella, mi amada, en su dormir dejara.
Y yo la veo caminar por las calles santiaguinas,
envidia de las mujeres, de los hombres admirada.
Sol y farol de tantas almas. Mas yo sé que a mi sólo me ama.

Así la veo, sangre en mi sangre, clara.






DE MI NUEVO NIÑO

Sonríe el niño nacido
desde mi nuevo sueño
Espiga al viento sus cabellos, 
flor de aromo su mirada 
fruto de higuera su fragancia 
canto del río su palabra
Niño leve sobre mis sienes 
lleva rosales y nísperos 
en obsequio a mi ventana 
siempre abierta a la nueva esperanza
Sin lágrimas sepultó al dolor 
y le cubrió con pétalos de rocío 
extraídos a la celeste montaña 
donde moran el ruiseñor y la alondra

Canta niño mi niño y las aves se callan
No hay voz ni trino que lo igualara
Paseamos por las vegas y mares 
sin temor a lluvias ni tormentas
Segura como roca es nuestra nave 
que nos conduce hacia lares 
de amor comprensión y felicidades.

Tengo un niño nuevo. A él debo 
la vida y no hay quien se le compare 
Yo soy el hijo yo soy el padre 
ambos vamos hacia emociones 
nuevas y ya no habrá quien nos separe.





CANÍCULA

Recuerdo las tardes en la pampa
Con el sol rabiando en el cielo
Sin nubes, vidrio azulado 
Sobre nuestras cabezas nortinas.
El lago engañador tendía un horizonte
Temblando en la distancia,
Sugiriendo frescura y templanza
Donde esas cosas no había.
La tarde se vaciaba de almas,
Las camas recogían los cuerpos
Aturdidos por la infernal calor.
Yo miraba desde la escala
De entrada a mi casa 
Como las aves escondían sus plumas,
Los alacranes huían a sus cuevas,
Ni las lagartijas se exponían a la canícula.
En la altura, como un punto negro,
Un cóndor desafiaba el infierno
Volando en círculos, quietas las alas,
Sabedor que en alguna parte
Moriría un ternero, un ave,
Incinerados sobre la pampa.
Cierro hoy los ojos y me veo niño
Intentando comprender la historia
Del desierto, el por qué tanta muerte
Donde hay escasa vida.
Rememorando esas horas entiendo
Que encogido de nostalgia
Mi cuerpo no descansará bajo esa tierra,
Que la muerte en estos lares me espera.





SUEÑOS SIN DESTINO

Soledad, la moza más linda
De la aldea sueña con un forastero
Que la rescate de ese pequeño infierno
Y la lleve donde la vida tiene risas,
Bailes, riquezas y locuras desconocidas.
Pero va viendo como la piel se aja
Igual que el cuero de los tamboriles
Que en la fiesta religiosa tiemblan
Percutidos por las manos de los muchachones.
Mira a su madre y a su abuela, 
Encogidas como fruta seca
En el rincón cercano al fuego,
Apagados los ojos, los cuerpos
Olvidados del deseo.
La tristeza le adormece el alma,
Las manos buscan un pañuelo
Que por la mejillas corren
Lágrimas de negro desconsuelo.
Sabe que nada pasará, 
que no habrá dulce destierro, 
que morirá  gimiendo su tormento
En los solitarios cementerios pampinos.
Mas no cierra la esperanza, 
Mira hacia las quietas nubes
Y vuele a abrir la puerta  a sus sueños. 


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