domingo, 17 de agosto de 2014

BARTOLOMÉ PONCE CASTILLO [12.886]


Bartolomé Ponce Castillo

Coquimbo, CHILE, 1951
Este prolífico escritor, autor de numerosas obras centradas en leyendas, mitos, costumbres en especial de nuestra región, se ha caracterizado por rescatar el lenguaje de nuestros campos y de nuestros ancestros. Recientemente ha efectuado el lanzamiento de "La Saga de los Carbuncos", libro impreso en nuestros talleres, en la que destaca las tradiciones y costumbres, personajes, mitos y leyendas e interesantes crónicas mineras de nuestra zona. Después de Alborada Poética, editado en 1981, publicó Raíces en el Camino en 1985, con tal éxito que tuvo que hacer una segunda edición en 1986, ambos libros también impresos en nuestros talles. Investigador minucioso, con un lenguaje sencillo pero muy entretenido ha sabido cautivar a un público lector y conseguido a la vez, el apoyo de instituciones públicas y privadas para su fecunda labor. En 1999 obtuvo el Premio Regional de Literatura. 

Bartolomé Ponce, poeta, maestro, socio Fundador de Filial Sech, fundador de Changos en Coquimbo, miembro del Proyecto Sur, con sede en La Habana, Cuba. Nosotros también participamos en este proyecto que tiene en La Serena una sede. Además es investigador de raíces y tradiciones. Estuvo contra la dictadura, como la gran mayoría de los escritores chilenos. Canta con esperanza, aunque pasen los sueños. A la luz, o a la sombra su canto lo lleva por el cerro Centinela, pegado a la sangre: “herradura de antiguos habitantes” “Rondando en Guayacán que cae y se levanta, vive y muere”. Ha construido su obra a pesar de dolores y sufrimientos y sigue en el trabajo creador junto a tantos que iluminan la patria. Los escritores son los que le dan sentido a la vida. Son los héroes que construyen sueños para que un país no camine a ciegas. Su obra está llena de ternura por los seres humanos: “cateadores de bota y bufanda que buscan en el mar los muertos”. Un poeta que no duerme, igual que esos rieles que atraviesan y duermen en la pampa, espera a que el tiempo, veloz, consume vidas y sueños. Canta a todos los elementos, piedras, peces, gredas, pueblos, seres. “Fueron Changos, hermanos de la sal y los conchales quienes tejieron tu alma” “en sus balsas loberas dibujamos tus contornos” “co cúmpun proyectado cual barco de luz en el futuro”: Es Coquimbo ancestral, como el padre raíz - tronco de su carne. Su sensibilidad le permite saber de los telúricos diaguitas, los maestros de la greda, o los chiquillanes siderales. Su universo de guanacos y llamas va hacia su padre en la imagen perdida, disgregada en la “pirámide del cósmico saber”. Recupera la luz antigua de sus ancestros. Bartolomé camina, alerta, como debe ser todo creador, todo poeta frente a la magia de existir. Hermana a los que buscan el trigo con los niños labriegos que recogen papas. Desentierran el alimento estos seres que no son niños ni hombres. La inocencia corona su sangre. Busca el lenguaje viejo, al diaguita ancestral, padre “tallado en greda, forjado por caucanas”. “Si aún tememos de revivir la paz de tus aguadas, terrazas, siembras, inocencias para ofrendar al inka, el sol y la esperanza”. Bartolomé va por las “rutas del oro y del guanaco” nos permite escuchar las apachetas gritando al Altiplano. [Por Edmundo Herrera]




Moloise 

Han pasado los días 
como un eco agitado. 
Han pasado 1los sueños 
arrastrando cansancio. 
Han pasado los versos 
de la paz al cadalso...
y de ti, ¿quién se acuerda? 
Olvidaron tu nombre 
           tu ideal 
           tus batallas, 
en la noche más noche 
de este oscuro presagio. 
A la luz de las minas 
acarician tu paso. 
En la verde sabana 
Y en mi trova fecunda 
se hace carne tu entrega, 
encendiendo los puños 
de los negros mas hombres, 
de los negros que han muerto 
por la selva africana. 






Paperos

Así como hoy buscan trigo 
el zorzal y las torcazas, 
así 10s niños labriegos 
van rebuscando las papas. 

Transitan la madre tierra 
desenterrando jornadas, 
los tiernos años a cuestas 
como un saco de nostalgias. 

(Como muere la inocencia 
tras las huellas del arado, 
si apenas cargan los años 
y los aplasta el trabajo). 

Atrás quedó el silabario 
y los cuadernos sin tapa, 
atrás los besos que diera 
su madre en la noche larga. 

No son niños ni son hombres 
estos parias de las papas, 
son pequeños Jesucristos 
que por la tierra se arrastran. 






Ancestral 

Voy a ti para abrazarte, Padre, 
Raíz - tronco de mi carne 
perdida en el arcano terrenal. 
Viajo por el tiempo suspendido 
esbozando un rictus de nostalgia, 
visualizando imágenes confusas 
en un profundo crista1 enmarañado. 
Percibo a los maestros de la greda, 
telúricos diaguitas del pasado; 
a los salobres changos de la mar 
navegando los mundos espaciales; 
también están los chiquillanes siderales 
pastoreando sus llamos y guanacos. 
Busco, Padre, tu imagen disgregada 
en la pirámide del cósmico saber 
y en el eco que gira por mis venas 
recupero la luz de los ancestros; 
ella me arrastra por el tímido presente 
tras el futuro de la raza adormecida. 







Co cúmpun 

Fueron los changos, 
hermanos de la sal 
y los conchales, 
quienes tejieron 
tu alma 
y tu estructura. 
Galopando el mar 
en sus balsas loberas 
dibujaron tus contornos, 
tu silencio, 
hasta verte, Co cúmpun, 
proyectado 
cual un barco de luz 
en el futuro. 






Por un tiempo nuevo 

Se te ha perdido el pan 
y nada. 
Te privaron del trabajo 
y nada. 
Te quitaron el trabajo 
y nada. 
Te dejaron sin justicia 
y nada. 
¡Ay hermano! ¿Hasta cuándo
esperas la esperanza? 
Es hora que la encuentres 
más allá de las palabras. 






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