domingo, 6 de julio de 2014

SEBASTIÁN OLASO [12.182]


SEBASTIÁN OLASO 

Nació en San Nicolás (Provincia de Buenos Aires) en 1968. Desde 1986 reside en la ciudad de Buenos Aires. Estudió Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y periodismo en el Taller Escuela Agencia (TEA). Concurrió a los talleres literarios de Ana María Rodríguez Francia, Pablo Ingberg, Nicolás Bratosevich y Liliana Heker, al taller de periodismo de Vicente Zito Lema y al taller de teatro de Lorenzo Quinteros. Integró los grupos literarios nicoleños ANJE y Disámara. Trabaja como corrector literario, editor y corrector de estilo de traducciones y material pedagógico. También coordina talleres de poesía, de narrativa y de lectura y análisis literario. En 2007 dictó seminarios sobre creatividad en la literatura argentina en el Lateinamerika - Forum de Berlín (Alemania), en la Librería Hispanoamericana La Rayuela, también de Berlín, y en la Maison de l´Amérique Latine de Estrasburgo (Francia). Participó en la antología Animales distintos. Muestra de poetas argentinos, españoles y mexicanos nacidos en los sesentas (Ediciones Arlequín, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes -FONCA-, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes -CONACULTA-, Sigma Servicios Editoriales, México, 2008).  Publicó en colaboración el libro de cuentos “El segundo cuento de la historia de la humanidad” (Cangrejal Ediciones, 1993). Ha publicado dos libros de poesía: “Control sobre mis ojos” (Yaguarón Ediciones, 2006) y "Tiranía del desborde" (Editorial Vinciguerra, 2009).





 Poemas de CONTROL SOBRE MIS OJOS
(Libro primero: Para sangrar o volver)


I

Hay aguas que son luz en la sangre
y su gorjeo
me despierta, me desnuda, me despide, me destruye
me desea
y yo me detengo a vivir,
bajo la lágrima del pecho que se sabe envejecida.
Ya no será temprano en esos acuarios prometidos
donde mis padres soñaron lo que soy
y donde ser lo que han soñado es apenas un fraude,
una galaxia triste y diminuta
sin más que un cuerpo donde girar
o recostarse
o reconocer impensables cadenas
de ajeno rojo amor.
En estas aguas he aprendido a serenar los ocasos invisibles
que con solamente tres palabras
me permiten morir, o matar o viajar
hacia otros corazones
que en este silencio, son la misma cosa.
Como un peldaño lanzado al viento
escalo
vibro
nado en estas aguas que son luz en la sangre
con la tarea despiadada de ubicarme en mi osamenta,
de acostumbrar mis contornos a la gris estructura
de este habitante feliz, que tiembla por mis dedos
y deshace valijas.


II

A veces me lamento de contar
con tan pocas palabras, con tan pocos gestos,
de sentir apenas lo que siento,
de no poder diseñar otro destino
con otra fuerza, otra dimensión,
que se prolongue un poco, tan sólo un poco más allá.
Me lamento de estos límites
de estas desgraciadas cadenas
que me atan como si mataran,
que me ajustan al talle de lo que soy
sin dejarme empujar mis miserias un poco,
tan sólo un poco más allá.
¿Cómo desgarrar este entramado,
cómo seducir las amplitudes de la ausencia,
cómo revolver esta ecuación de sumar y sumar
tantos puñados de pobreza que nunca serán otra cosa
que uno, que la unidad de uno mismo:
el esfuerzo más el dolor más el coraje
el amor, más el futuro más el verbo, la osadía
más el hambre, el miedo  más la música?
Sumarse por completo es casi como no sumar nada,
es casi lo mismo que arrastrarse por los gastados papeles de la tierra
dejándose vencer antes de dar el  primer paso,
antes de dar el primer beso, la estocada más feroz.
Es casi lo mismo llorar que desnudarse
mentir que gritar, dormir que mirar fijo,
que mirar fijamente a los ojos para afirmar las pasiones,
que mirar fijamente los ojos para no escuchar.
A veces me lamento de que tanto mundo por delante
se escape irremediablemente de mi paso por el mundo.






DEL LIBRO "TIRANÍA DEL DESBORDE" (2009):


I

Apoyado en lo improbable, adormecido, viendo pasar lo que no llega, viéndome afuera, lejos, preso en el afuera, preso en la distancia, dejo que el desierto me mienta el vaso de agua. Creo en sus promesas. Me entrego. Me dejo llevar por esos ríos que quiero crear, creyendo sin descanso. Creo que no y siento que no espero, pienso que mejor, sé que nunca, intuyo que mañana, deseo que, y sin embargo, cada amanecer me repite el hoy, me unta y me sofoca de presente, absorbe la pena de ayer para embarrarme de otra pena. Enfermos todos los milímetros que piso. Moribundo el oxígeno. Me digo, me impongo y me juro que soy dueño de un dónde. Que los pasos son progreso. Que en la sangre, que aquí, que en siempre hay una fiesta. Me digo, me impongo y me juro, pero sintiéndome afuera, lejos, preso en el afuera, preso en la distancia, apoyado en lo improbable, adormecido.




II

El huésped
revolvió entre los secretos
que yo escondía en mis cajas.
Los manchó de ajenidad.
Y después de llevarse
lo que nadie debió ver
me dejó
vacío de misterios.
Desnudo.
Delatado.




III

Gira, pero no sólo gira. También ofrece, castiga, rompe, mata. También muestra, sana, libera, sopla. El mundo se recuesta sobre uno, sobre los hilos de uno. Los hilos tejen un futuro cuando destejen un sueño. Arman una piel cuando desarman un pliegue de codicia. Muestran el amor mientras esconden un miedo. Y otro miedo, y otro miedo más, pero el amor siempre es uno, es el mismo, es apenas una mancha en un paisaje de arena. Y entonces otro se aprieta contra uno, un universo hecho de hilos misteriosos acomoda los latidos cuando desacomoda la historia, dibuja una guirnalda y desdibuja las brújulas, los mapas salvadores, los pentagramas lúcidos. Y los hilos, los ovillos, las cuerdas se enraciman. Para salir del estanque entran en el mar. Para prenderse en el viento se desprenden de la fuerza. Siempre hay otro lejos, otro salpicado de arte enfurecida, otro que urde, que imagina, que impone la imagen de ninguna soledad. La ilusión de ninguna soledad. Siempre hay un otro, un dictador, un remanso, un fetiche irrenunciable. Un mundo que jura que gira. Que solamente gira. Un hilo que jura que no se enredará.




IV

Pero cuando algo sucede,
lo más importante es lo que sucede
detrás.
Detrás de una guerra
sucede que los pueblos
recuperan la caverna.
Detrás de un nacimiento
sucede que los pueblos
reconstruyen la caverna.
Detrás de un olvido
sucede
que los pueblos
reclaman
la caverna.





V

Debería avergonzarme y me avergüenzo. Debería alejarme y los kilómetros me niegan. Sé que no hay haber, pero tanta mañana renovando pertenencia en domicilio equivocado se me ha vuelto tumor. Sólo sé respirar en este infierno. Los miedos han dejado su lugar a la miseria. No temo ya. Sólo duelo. Duelo sin pausa. Sin puertas y sin tránsito. La mirada es un veneno. La memoria, un enemigo. Salgo de mí sólo para estirar las piernas rotas. Me he sorprendido enredado en mis espinas cada vez que logré hospedarme en otros mundos. He erosionado todas las promesas de sosiego. Si son tantos los mundos que se arruinan en mi historia, será cierto entonces que conservo algo de fuerza: Revelaciones malditas para un hombre que avanzaba digno y sin malicia y que hoy, claramente sin malicia, contamina los trabajos de Dios.




VI

el hombre
lucha por su gente
y su gente
pide más
entonces
el hombre
lucha por su mundo
y su mundo
se resiste
entonces el hombre
lucha por dejar de luchar
y las ratas
encuentran
un alimento
extraordinario




VII

Me callo cuando la palabra es lo único. La palabra es la moneda que sobrevive al vacío. Golpea con los huesos, en los huesos se corrige, entre los huesos se modela la moneda y su eco de huecos es la imagen del terror. Yo gritaría la palabra para decir que la palabra no es el hueso, no es el hueco, no es el eco. Y ya no sé si en el grito hay fortuna, si en el silencio hay fortuna. Si hay fortuna.




VIII

El huésped
cuidó cada detalle.
Barrió los pisos.
Estiró las sábanas.
Quitó las migas.
Ahora
su pulcritud
barniza,
destruye,
despoja
mis huellas digitales,
mi aliento,
mis títulos de propiedad.
Mi poder soberano.




IX

El cuerpo se arrepiente. Se estaciona. Es el rincón más alejado del placer. Toda la energía trabaja sin errores para madurar el dolor. Madurarlo para hundirlo. Para hacerlo carne. Encarnarlo para no vivir ya otro minuto, para evitar la próxima lágrima. Son poderosas las heridas que convocan más heridas. Terminar con el dolor revolcándose en hogueras. Basta ya de comodines y amuletos: estas trampas son cultivos de tristeza. Adentrarnos en la nada para que los azotes de la nada si no nos calman, al menos, al menos qué.




X

Sucede
que salvarse es doloroso
y complicado.
Sucede
que vivir es doloroso
y complicado. 
Sucede
que entre la muerte sin rival
y cada muerte
elegimos
conservar el veneno que tenemos.





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