miércoles, 30 de julio de 2014

RENATO CONTRERAS [12.577]


RENATO CONTRERAS

Renato Contreras (CHILE, 1991) Estudiante de Licenciatura en Lenguaje y Comunicación en la Universidad de Tarapacá. El 2010 formó parte de los talleres de literatura MAL (Más Allá de las Letras). El 2011 es parte de la delegación chilena en la Feria Internacional del Libro en Huancayo, Perú; También, en el mismo año, participa en el Coloquio Internacional: "El orden de los fantástico: territorios sin fronteras" en Lima. El año 2012 dos de sus textos son seleccionados en la publicación "Game Over: Antología de relato del Videojuego" (Cinosargo Ediciones) y participa en la Feria Internacional del Libro Zicosur de aquel año, en calidad de autor, para la correspondiente presentanción del libro en la ciudad de Antofagasta. Tras aquello es incluido dentro de la Antología y Catálogo de Escritores de Arica y Parinacota. Su trabajo literario le concede un lugar en la Antología Trinacional "Tea Party" (Co-edición Cinosargo Ediciones-Liga de la Justicia Ediciones) junto a autores de Chile, Perú y Bolivia. El presente año participó en el festival de poesía “Festín Mutante”, que se dio a lugar en las ciudades de Iquique-Arica-Tacna; Concluyó 2013 con la publicación de su libro “Continue?”, que aborda al videojuego como obra de arte explorando la perspectiva de los participantes en la relación videojuego-jugador-mitología creada.
Actualmente se encuentra trabajando en el proyecto a cuatro manos “La Roja Tyrr” y en “Metazoato”




Metazoato

 (De meta- y -zoo)
1. m. Territorio gobernado por los metazoos.
2. m. Dominio del reino compuesto por animales pluricelulares de nutrición heterótrofa, cuyas células se agrupan en forma de tejidos, órganos y aparatos.

Dominus, estertor, nos callan no por venganza
porque no conocen abstractos inútiles.

Se extienden por la sabana de pavimento
aterrándonos, equilibrando
de nosotros son señores
sin contradicción alguna

Se quedan en su libertad
quitándonos hasta la última gota de honor
ni silencio tenemos ya.

ESA es la ley que nos mantiene con vida
La que nos permite seguir cuerdos
Con la que nos protege de ellos mismos.

No tienes ni idea de lo que “La ley de la selva” significa.





El día Z

Tras siglos de histórica tortura racional
recibimos la paga por tanta destrucción
y me refiero a la destrucción inconciente
pues estábamos muy lejos de I –ciclo natural–

Solo por ese día actuaron como nosotros
burlándose, humillándonos
escapando de sus prisiones tan fácilmente

[esa fue la primera advertencia]

Y así de veloces como se rebelaron 
conformaron la logística de equilibrio
al unísono, sin hablar, sin moverse
actuando cada cual en su rol

[segunda advertencia]

Los vieron movilizarse excéntricos
mas no respondieron gracias al infundado mito de la catástrofe
intentaron reprimirlos… esos ilusos.

[final advertencia]

Cuando estuvo todo listo probamos el gusto de la derrota.
Usía relincho. Usía mugido. Usía balido. Usía guarrido. Usía cloqueo.
El genocidio más grande Pre I
Mujeres y niños cayeron primero
¿”Compasión…”? ¿Acaso sigues siendo humano? Silencio, que morimos.

Usía ursus retornó a la fría tundra del mito Leninista
Usía leo se revolcó sobre intestinos enfermos
Usía rinokero arrasó con los estacionamientos.
Cristal roto. Cemento volátil. Plástico derretido por la fricción. 
Ni el metal pudo hacerle frente a Usía paquidermo. Ni la roca.

Ni la cruz.

No nos forzaron a escoger. Nos tumbaron. Fueron generaciones de héroes muertos.
Poco a poco los mártires dejaron de significar. Y así, eternamente y para siempre,
perdimos hasta la última gota de humanidad // nos regresaron, renovados, como la esencia de I
y no hay día en que no pensamos fue lo mejor que pudo pasar.





Mañana

Quiquiriquí. Cock-a-doodle-do. Cocorico. Cucurucu. Cicchirichí. Kikeriki. Gok-gok-gok-gok. Kokekokkoo. Kukareku. Ake-e-ake-ake. Kuk-kurri-kuuu. Kukuaruku. Koekelekoe

Replegados en celdas de madera. De arena. De arcilla. De mármol.
Nos alineamos en pos del día que inicia. 
Usía cacarido y la reverencia correspondiente.
Los rastros de humanidad son autoreguladores y pro-metazoato.
“No reverencias, no. No jerarquías, no.  Igualdad y funcionalidad.
Roles. Herramientas.”





¿Papel o plástico?)

                                        “Y los vi descender con la llama de justicia de Dios
                                        para expiar nuestros pecados,
                                        acabar con todo rastro,
                                        la maldad en la Tierra…

                                        …aunque, si te soy sincero, no hizo muy bien el trabajo”
                                        (civil cualquiera, en un día cualquiera)

Novecientos noventa y nueve años han pasado ya desde la caída del cielo y nada ha cambiado, yo estuve vivo aquel día; donde las plagas y las copas fueron desatadas, aquel momento, del enfrentamiento entre la Tierra y el Caballo blanco, la caída de la Bestia y su profeta al azufre eterno, el retorcimiento de las últimas hojas verdes de un prado, los huesos de los marcados con el triple seis. De todo esto fui testigo hasta que perdí el conocimiento.

Lo primero que vi fue un escarabajo Hércules, su chirrido característico no me hizo gracia hasta ya despierto, sonaba diferente, como si le hubiesen llenado todo el interior de un fluido en gel convirtiendo el siseo en un ahogado rugir de corazas. Lo siguiente que pude notar fue el azul del cielo, espantosamente perfecto, no había nubes, era por completo un lienzo interminable y cálido. A lo lejos, choques de metales con madera, el escarabajo no volvió a oírse.

Un ente monstruoso, con pies por manos y la cabeza en la espalda vomitaba cerca de la acción, en la cual un Samurái rajaba de lado a lado lo que parecía un árbol curvo boca abajo. La cola de zorro del guerrero se detuvo, el vómito tomó un color azulado, en un momento a otro la espada atravesó mi abdomen. Y el vómito, en mi boca.

No hubo dolor, ni una gota de sangre, sólo el cosquilleo recurrente de un amputado en el vacío de su miembro perdido.

Ahí estaba de nuevo el chirrido del escarabajo.

El Samurái lanzó su arma dentro del asqueroso organismo de dos metros y se arrodilló. El vomitivo hizo igual.

Las manos del Samurái azotaban inconscientemente el rocoso suelo, estaba temblando. En vez del río de sustancias ahora bullía un sonido relajante. Mis oídos cosquilleaban.

Chirrido, chirrido, el escarabajo Hércules azotaba sus alas sobre la atmósfera y vi algo fluir por la entrepierna del Samurái. Quise correr. Algo que me ataba al suelo lo impidió.

Un croar nació del estómago del monstruo, el escarabajo se detuvo.

Vi mil pedazos de carne regados sobre la zona. Una circunferencia dibujada con trozos nos encerró a mí, al Samurái y el insecto. Lo próximo que supe fue que esto era la Tierra, la verdadera Tierra, la nueva Tierra; un pantallazo de información golpeó mis ojos, y de pronto ya lo entendía todo. Esto es el Inferno. Y el resto es como nosotros.



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