miércoles, 2 de julio de 2014

PATRICIO OLIVOS WOHLK [12.137]


Patricio Olivos Wohlk

Patricio Olivos Wohlk (CHILE). Poeta. Autor de “Yoga” (1953), “Fiestas” (1955), “Las herramientas del bien y la venganza” (1963), “Miel y sal de la vida” (1968), “Deuteroherramientas” (1989), "Antología apasionada" (1994).

Fuente: “Libro de poesía de cámara de Patricio Olivos Wohlk”. (El Mercurio, Valparaíso, 10 septiembre 1989).




EL AMOR EN SU SOLEDAD ES UN HIJO PERDIDO

En la noche el mundo
es una vagina abierta
honda 
hedionda
una zarpa en el cuello
que resiste a duras penas
los mordiscos del amor.

En la noche la vida
es una yegua caliente
que se adentra en el ciénaga
donde el prepucio es un ángel
lamido por dulces ladronas.

(la música
y el humo de la noche
envuelven la carne y el alma
en ropajes interiores
hùmedos y tibios)

En la noche sin mañana
hundo un puñal en las tinieblas
para crear las palabras
de las horas de un tiempo
y de los oídos de un nombre
tan largo y tímido como mi corazón
clavado entre dos piernas
que fustigan su sed.




Las herramientas del bien y la venganza
Autor: Patricio Olivos Wohlk
Santiago de Chile: Arancibia Hnos., 1963




CRÍTICA APARECIDA EN EL SIGLO EL DÍA 1964-05-10. AUTOR: HERNÁN LOYOLA
Estos poemas de Olivos Wohlk –supone Jorge Vélez en nota de solapa- causarán complacencia a algunos, quizás a los menos; a otros, “los que temen a la palabra viva, levantarán el índice del acusador público”. Y añade que su violencia, “ese modo desgarrado y aparentemente brutal de cantar al sexo…” no es sino una forma con que el poeta expresa su rebeldía contra ciertos convencionalismos que impiden o limitan las posibilidades de plenitud en el Hombre. Así, con mayúscula.

Es muy posible que en el enigmático poeta Olivos Wohlk –lo de “enigmático” también corre por cuenta de Jorge Vélez- haya concebido sus versos como una expresión de rebeldía, no diviso bien contra qué. Me permito pensar que no basta que la poesía tenga un tono virulento, enardecido, tremendo (por no decir tremebundo), para que ella signifique un modo de sublevación o rebeldía espiritual. En el caso de este poemario de Olivos Wohlk, creo más bien que su verdadera raíz, su tono y su sentido están vinculados a la siguiente declaración:



“el vivir trivial
es una guerra que agota
más lejos de la locura
mi amargo café de soltero
la velada de bar barato
me alimento
a deshora
me aburro a deshora
y sobre todo odio amanecer”.

(pág. 30).



Frente a tal aburrimiento, nada opone el poeta. Como no sea un monocorde desahogo, o el despotrique sexolálico. Poesía sin conflicto, sin verdadera tensión: solo un torrente furioso de palabras.

También es posible que Olivos Wohlk haya pensado alguna vez, seriamente, que sus versos podrían quizás escandalizar a ciertos lectores tímidos, y provocar una polvareda acusadora. Y que alguno podría llegar hasta a levantar el índice del fiscal. No creo, sin embargo, que este libro caiga en tan temibles manos: el lector moderno está ya bastante curado de espanto.

Y por mucho que el autor de estos poemas prodigue y ametralle al lector desprevenido con todos, o casi todos los vocablos del diccionario sexual; por mucho que acumule furiosamente en sus versos palabras como “pubis”, “falo”, “copulando”, “muslos”, “semen”, “pechos”, “vagina” y expresiones del tipo de “montaña de pelos”, “tú, buceadora del goce”, “tu cuerpo gustador”, “tienes un olor a luna de miel / y a marisco”, “tus piernas de lujuria”, y muchísimas otras igualmente delicadas y eufemísticas, a razón de una docena por página; por mucho que todo esto ocurra en este libro, digo, no creo que ningún buen lector de nuestros días vaya a ruborizarse demasiado ni a rasgar sus vestiduras. A lo sumo pensará, como pienso yo, que se trata de un caso de morbosidad o de exhibicionismo bastante ingenuos, y de poco interés. O mejor, de un caso bien patético y pueril de tremendismo sexolálico. A mi juicio, no da para más.

En el prólogo, ciertamente inusitado por la franqueza crítica, escribió Benjamín Subercaseaux: “Poco o nada sé de Patricio Olivos…Puede que sea un santo o un demonio; así en su presente como en su pasado. Lo ignoro. Su poesía, si me merece algunos reparos, tanto por su terca técnica de la no puntuación, como por algunas concesiones abiertas al mal gusto. Su encomiable sinceridad en la materia sexo, que debería ser tratada con tino y desenfado tremendamente veraces, pero pletóricos de delicadeza, rompe a veces sus barreras y cae en la pornografía angustiada”.

Nada podría yo agregar a estas palabras.




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