martes, 1 de julio de 2014

OCTAVIO GALLARDO [12.117]


Octavio Gallardo 

(Puerto de San Antonio, Chile, 1974). Gran parte de su obra poética describe con claridad sutil e intimidad penetrante, el surgimiento y la formación total de un hombre que ha nacido y ha sido criado bajo la dictadura militar. Octavio Gallardo ha sido becario de la Fundación Pablo Neruda, ha sido publicado en diversas antologías, y ha recibido premios e incentivos para el desarrollo de su obra. Destaca su profusa labor de entrevistas a escritores publicadas en distintos medios de su país. Actualmente dirige el periódico Literario Carajo uno de los más importantes medios de difusión literaria chilenos. 

Ha publicado Octubre (2004), Cordillera (2007), Especies en cautiverio (2011) y Último poema, (Mago Editores, 2016)




Octubre de Octavio Gallardo Cantillana
(Ediciones Tácitas, Octubre-2004)

Por Ernesto González Barnert

La dotada música de sus palabras, la soltura de su verso como señal de fuerza poética, la claridad sutil de sus armados y la intimidad penetrante en sus atmósferas y discernimientos hacen de Octubre un poemario ejemplar. Un libro que es también una educación sentimental, un diario de vida, un poemario de amor, un cancionero. Nunca ingenuo y, sin embargo, sentimental. Que sabe representarnos. Y también ampliar nuestra observación y espacio de pensamiento.

Un libro que también sabe que toda traza es un viaje. Todo buen libro es también una política y nos fuerza a someternos a su perspectiva a punta de sugerencias y giros contemplativos estupendos. El humor siempre tiene que ser esa  carta bajo la manga como respuesta a la desesperanza. El rencor es necesario pero no esencial, le pone techo a la poesía.

“Lo que era, lo que quería y lo que no quería lo supe sólo escribiendo” dice T. Mann. Y me parece que tras terminar “Octubre”, Octavio Gallardo (San Antonio, 1974) dice lo mismo. Y nosotros somos también un poco él mientras poemas suyos repican en nuestra cabeza, nos percatamos que cerramos su libro otra vez sin usar el lápiz rojo.


SELECCIÓN


Ves que fui un idiota,
arruiné el espectáculo
y ahora son las moscas.
Mis moscas, - las que eduqué
con esos instrumentos de viento
en el jardín, durante las malditas noches-
las que se prometen amor para siempre.
No dejo de estar triste o acurrucado
entre las sábanas.
Por esa razón
fumo y tanteo. Tanteo y narro.


ANTONIA LEE POEMAS DE AMOR

I

Solamente un libro para que lea Antonia
Y celebre su cumpleaños el primero de
Noviembre
Sentada y desolada sobre un bote
Antonia lee poemas de amor el día de
los santos
Y prende velas a la memoria de su autor
Su autor preferido
El mismo autor que soñó con ella todas
las noches de su vida
Soñó con ella y escribió poemas eróticos
sobre la muerte
Antonia dice que los cuervos no tienen
cabida en esos textos
Y hace crítica literaria para no bostezar ni
dormirse.


II

Antonia finalmente se durmió
Pero antes abrió su bitácora y narró
Su propia pasión Su agonía Su muerte
La voz de Antonia se oyó en todas las
radios
Tocó cada puerta  Cada corazón.

Antonia narró 30 páginas de una edición
Sin género ni categoría
Permitió que volviera a llover sobre la
literatura.


III

Antonia está conciente de sí misma
Piensa en las flores
Su cuerpo se haya extendido Depositado
en un cajón de madera
Rezan por ella todos sus amigos Sus
familiares Sus hijos

La belleza de Antonia es impensable pero
natural



EL DIVERSIONISTA

Flexión de piernas ante el público y fingir:
“Soy el que pinta las caras allá atrás,
nunca lanzo estas pelotas al aire
ni dejaré de reír en estos momentos ante ustedes,
aunque la misma gravedad que decora el espectáculo
derribe los objetos
y se apaguen las luces del show
antes que hayan lanzado las flores”



SANTO

Duermo solo cada tarde a partir de las tres
de esa manera olvido a carcajadas el
              insomnio
de la noche anterior, amanezco y
              anochezco
en comunión con la rutina, soy un Santo
que se divierte con las noticias de la
televisión



RAZA

Sr. Ud. es un santo
Ud abrió la caja de Pandora
Elevó su corazón a la categoría de un barco
Elaboró una tesis sobre los ausentes
Fue solidario con sus parientes
Creyó en los mimos

Últimamente he hecho algunas apariciones
en el comedor de mi casa
de esa manera anuncio el estado salvaje en que me encuentro
a cada uno de mis parientes.

El fútbol, los asados, la lotería y el ajedrez dominical
son las mejores fotografías que guardo como recuerdos de mi mismo

Pero nada que yo tenga permanece
y es un hecho que duermo más horas de las estrictamente necesarias para olvidar
(ese increíble zumbido que hace el equilibrio en mis oídos
es seguramente, la fuente de todos mis desequilibrios)
Por otro lado la casa es un laberinto
donde se refugian adecuadamente mis imprecisiones
y Todas aquellas cosas que realizo diariamente,
se sitúan al margen de la enfermedad que poseo

Fumar por ejemplo, es un rito sagrado, pero al margen
ver T.V. también es un suceso que bordea los espasmos de la oración
¿y la suerte? Es indecible, chispea los dedos o desaparece.

No hay conexión definitiva entre lo aparente
y el gato que me acompaña por las noches
Una luz o un artificio provocan de la misma manera
a mis amados parientes
Al parecer
sólo para mi los artefactos han sido dispuestos
como ilusiones sobre el escenario
y únicamente las moscas poseen un
parecido a mi carácter.


LEVIATAN VAGO 

Un ahínco más torcido
en la conjetura de los días
donde yazgo, y definir alegremente la pobreza
que guardo en los bolsillos.
Merodeo la luz que me salva,
y soy incapaz de presentir
la imaginación que falta
en este lugar del paraíso.

Convengo con las moscas en el entre - texto
A ese lugar convido las moscas a beber un poco de té, sólo un poco
Me divierto y hablo - sin hablar - con ellas

(las maravillas del mundo, el asqueroso contexto de la mendicidad)
Los iconos de la ciudad en que vivo son más oscuros cada día
y asomado - como un niño - a ese acontecer, repliego esa cantidad
miserable de certezas a otro lugar. Yo no soy de aquí (supongo) me trazaron (supongo)

Para mejorar la situación una pastilla un candelabro un remezón
el cauce de un río azul que llegue hasta la mar y se regrese. 


B)

¡Sólo las moscas faltaban para decorar las nimiedades del espectáculo
¡- esas pequeñas cosas que suceden sobre las calles, durante la tarde -
¡De manera que los artificios de la ciudad deriven en literatura,
¡o provoquen amor entre los espectadores que leen en lo oscuro y simultáneamente

Algunos seres transitan de una manera semejante a las luciérnagas,
reconozco el sol que anduvo en ellos (el sol - dicen - es una bola
amarilla que reboza sobre las espaldas). Llueven artefactos, además.
Y las moscas me coronan.

Bb)

Dulce alegoría, donde se percibe el espantoso sonido de la geometría subiendo.
Los edificios escalan sobre si mismos, el enjambre donde se percibe la dulce alegoría.
Ser el ademán que hacen los temerosos insectos para declarar su estadía, ver mil veces.
Exactamente, la misma escena sobre las tablas del escenario. Me conmueven los adelantos.


RODAR

Es absurdo, absolutamente absurdo, pero las causas
se derrumban y las moscas merodean occidente cuando amanece
Luego hay una ventana para que la transparencia corrija los errores de la geología
Y un viaje rumbo al norte.

“Agujeros en el insomnio; inmensos túneles
que luego se reducen a la vastedad del desierto
Un viaje al norte delineado por la costa y los ademanes,
torpezas que hace el viento para prevenirme de las moscas
que reciben los turistas al otro lado de los puentes”

(El desvarío de las nueces con que absorbo
las luz natural sobre los muelles)

El paisaje es semejante a una galería abandonada
sobre las especies.



FIESTA 

Dormir con las especies en cautiverio,
como antes,
cuando la ruta incluía los desiertos
(el sol flameando)
La sequedad, que tiempos aquellos!


Son escasos los sucesos, la tarde tantea en
los pliegues el equilibrio; bebo cerveza 
para postergar las alucinaciones y la fiebre, 
todo lo demás sugiere arrogancia y transición, 
escasez real del alimento, pobredumbre esencial y torpeza. 
Por eso
 /celebro.

Mañana vestiré impecable frente a los espejos, alzaré la copa 
y besaré mis labios dulcemente, 
antes de que aclare la ciudad.


DOS ABEJAS ÚNICAS

Tendidas sobre el blanco matinal
De esa manera tan inexperta
Inexplicable


ERES

A lo sumo; confieso/ la hermosura de sus pies es preclara
confieso. Yo la recuerdo, por ahí, comprando frutas
verduras para la cena, para celebrar quizás que,
tal vez el desparpajo y la estreñes de las ciruelas
entre su boca, un día donde el sol tergiversa las escenas
o las trajina.


Sin Afanes

Precoz en ti la imaginación, innecesaria,
inútil para traducir los sucesos verdaderos,
los acontecimientos diarios: el pan en tu boca, por ejemplo;
testimonio natural que sana el hambre
 y me conmueve.



ANTES QUE AMAINE 

Ante la proximidad de los acuerdos, vente
que lloro si recuerdo los embates del mar en la ribera
donde nos desprendimos como piedras asidas
a la enorme fragilidad de la noche
(como el va y viene de los arrebatos en el mar)



UN BESO BAJO LA TORMENTA

Hay aflicciones demasiado turbulentas
en medio de sus ojos, donde cabe un dardo

Pero apropiadas, como son en ella, las emociones
sugiero permanezca en ese estado doloroso

Porque sus lágrimas son increíblemente semejantes
a una almendra que derrite sus encantos bajo el sol

Y ese goteo permanente, abre de una vez
las puertas transparentes de este acuario

Entonces salgo yo a nadar por sus sufrires
y aporto caramelos.

Luego tomamos un café, fumamos un poco
Y tendemos nuestros cuerpos sobre la hierba
En la ribera para descansar.



NAVIDAD

Mira esos obsequios bajo la luz del faro
en la callejuela,
y a mi madre de pie, silenciosamente
al sur de la avenida, esperándome.
Es Navidad, pero la pobreza desmiente
aquellos gestos tan humanos.
todos éramos torpes, recuerdo, especialmente torpes,
incluso, talvez yo mismo no llegue esta noche,
no cruce la ciudad para ver sus ojos tristes, otra vez




AROMAS

Luego,
Después de repasar esa sonrisa irreal
Y sus ojos azules, sus ojos abiertos
Corrí a balancearme bajo los árboles
Mientras el tren recorría la costa, tiernamente.

Las sombras
Agitadas por el viento de esa tarde estival,
Como todas las manías que luego produjo la costumbre

Por eso le regalo ese gato a mi madre,
Para que recuerde con plenitud y encanto
Y vuelva a oler ese mar permanente
Que impregnaba los claveles y ahuyentaba a los bañistas
en verano.



ARENGA Y NUECES

Suena como cascabel en el umbral de la puerta
Y abre el no nacido el no poeta: una sombra
Zigzagea en el umbral a contraluz. Huele las nueces,
Padre, y deletrea esa palabra. Que algo salga de tu boca
alguna vez y postergue las noticias.
Vamos a espumar las olas por la noche,
aunque no podamos percibir
otro aroma distinto al de las nueces en el aire.


LA TROPA 

Mientras pulse la tropa
sigo el rumbo
De las moscas
Hacia el desastre


DESBORDES (INUSUAL) 

1/A pesar del mestizaje, a pesar de la bruma insolente;
veo mi calma caminar sobre los puentes y contar los pasos
hacia la muerte, - El río traduce el canto de los pájaros, para celebrar –
Allí radica la suma de los hábitos, lo que hoy reflejan los espejos, el mar. Cuando era niño y veloz corría por éstos, los mismos puentes, sin pensar necesariamente en posibles sacrificios. Un par de ranas y culebras lancé al vacío, monedas, insignias, escupitajos, palabras. Nadie vio, además, las trepaduras ni los equilibrios, sólo el brillo de mis ojos guardó el silbido de los vientos y el peligro de caer a otra dimensión:

¡volar por los extremos y nadar, ser el sol cayendo, ser el mar, la ruta en que el mar revienta, la rebelión!

Entonces la rosa abrió. Entonces la rosa abrió los amarillos. Recuerdo esa muchacha parecida al puerto, las pequeñas marcas del encaje en las costillas, la inflexión, sus labios a contraluz y el humeante delirio más allá de los océanos. En ella crecieron enormes pesadillas, húmedos tumultos que sin embargo desaparecieron precisamente con el sol. No hubo melancolía después de la tarde y la noche ungió con sus desvelos el amorío. 


2/Persigo formas urbanas para modelar el juego de las sombras sobre el muro, Flores ciegas, libertades profanas, animales. Un eclipse pasa por Santiago; oculta el derrumbe pero trasluce los mapas. Veo la tala descomunal y las moscas merodeando el suceso. Son horrorosas y pervertidas alucinaciones, aliteraciones del desenfado, drogas. Más allá duermen mis hermanos, bajo los códigos, súbitos remansos del parentesco, esquina torpe donde los dados caen por añadidura y zigzaguean. 


3/Quizás los desplazamientos acostumbrados por la ribera,
Horas antes de despertar, sean manías que no disipan el hastío.
Seguramente, a esta misma hora, los peces han hecho su trabajo.

Yo aún no levanto la cabeza para despertar, ningún movimiento
a pesar de la marea, - ese vaivén con que inicio el viaje cada mañana
en busca de mis muertos – el tambaleo.


4/Sobre la mesa un ángel coqueteaba con mis parientes, mi madre anunciaba su vejez en la cocina y una hora más tarde todo estaba en calma, en silencio. Entonces los juegos paralelos levantaban la cabeza y bebían: sólo yo/sólo yo, adosado al enjambre de su voz para siempre, sexo inicial tras la comisura, prisa, orfandad. Esa bruma que dibuja sombras en el medio día junto a los santos que niegan los arrebatos y la sed, esas aves amarillas que comulgan allá a lo lejos con el misterio, además, la vanidad timbrada como un suceso permanente en la memoria, que aun transparenta la fugacidad de los designios y los describe mediante balbuceos, merodeos, cifras.


RUTAS ABIERTAS (E INCONCLUSAS)

Yo beso sus mejillas por cortesía - la dama hundida en el tropel, la maravilla – ella es un atentado sigiloso que cautiva y triza: la rusa, la mexicana. Entonces lloro y mis amigos son el río que humaniza y moja las estampillas, el periódico nacional, las noticias. Como aquel que silbó a voluntad sobre los puentes, al borde de la muerte por desidia. El reeducado, único en su hábitat, desprotegido del ambiente, a la deriva de sí mismo, sólo en ese momento, en esa exactitud, en esa precisión, como en la gran máquina, la rueda total donde la producción cautiva y el dinero sana la estrechez de los aprecios.

Yo soy su boca, si, su boca roja, la que besa entre la luz de los relámpagos, esa noche, el primero de ese mes, bajo el influjo de la luna que ilumina la zona abierta de su cuerpo e instala allí la cósmica bondad, el éter.

Ella es la suma vanidosa de la paz y el vapor de los misterios, el barco marginal donde amanece.

Entonces río,
como un payaso que tropieza
en medio de la gala y fuma,
antes y después de la merienda, río,
sin pensar en el mareo ni en la asfixia,
río entre vecinos y parientes,
río para abrir los espectáculos
y cerrar los afluentes.

La inexistencia matinal de las especies supera la extrema gravedad de los sucesos. Ella asiente, suspendida en los fracasos de la bella juventud, estrictamente similar a los ambientes donde estoy, donde sitúo las labores permanentes, acosado por la pequeña magnitud insolente de los versos que provoca, la extrema reducción de los sonidos, la sequedad, el fulgor de los desiertos. Allá afuera todo está en calma, el mar, la gente. Todo está en calma y llueve.

Recordaba el caos anterior, sinceramente,
pero la noche inunda todos los pozos, - la
ciudad es un pozo, la adversidad es un pozo -
y aún esa sonrisa que no veo, rebosa

Sólo por encanto y conmovido por la luz
que producen los azulejos en el barranco,
terco y adosado a la lumbre que genera
cierta vida en los cigarros, voy y respondo:

Noviembre 2001


en Especies en cautiverio, 2010

La gesta

Me quedo en el invierno crudo, acurrucado bajo los árboles, con la experiencia de mí mismo colgando de la baba. Me determino entre los charcos como un ser que se despoja de la muerte para respirar del aliento propio. Pero no la homogeneidad, la reiteración que acostumbramos, como se reitera la noche para que bebamos y comamos necesariamente. / Allí me gesto, solo en territorios animales y abiertos.



VISIÓN DE MARÍA

María es evidente entre la lluvia
bajo sus pies un charco aposa el menosprecio
de amores anteriores,
amores sucios.
¿Cuánto amor, María? Diremos
buscando un beso frente al humus que nace de su boca
Pero no diremos nada en realidad.

ARTE POETICA

¿Que maría tuerce la piedad
como a una vara
y la deja oscilante en medio del camino? 
Pasa que somos la especie
que redunda y conjetura
somos nosotros 
el juicio
que despeja la niebla, 
la luz ciudadana
desde donde el día proviene
no de el sol
como piensa María
cuando teje canastos 
con caña de arrabales. 
Sucede que María es ancestral
y también puta de ciertas estrellas
y ciertos significados, por esa
razón natural conoce los caminos
y no los muestra, porque nadie muestra
el sexo a sus devoradores, sean peces o 
lobos o comunes arrebatos 
de la moral. 
Ciertos pensadores dirían
que María siempre está quieta 
como un huevo, pero María cree
que su nombre es la simple extensión
del Mar y que su nombre, sin embargo, 
no debiera pronunciarse nunca 
fuera de los bosques donde habita
desde siempre. 
Por ahora nosotros cantamos
y María baila al interior de un huevo
que trasluce la luz del sol 
que apenas escamotea
el follaje frondoso de sus bosques 
finitos y cerrados.


ASÍ

Has leído Venus en el pudridero María?
Pues hallarías un fósforo apagado
bajo el anaquel. Como Nerón, 
podría haber incendiado la ciudad,
pero solo anudó su oxígeno inmediato
y es más, se contrajo. shttttttttssss.
Semejante a poner el dedo mojado
sobre una vela en palmatoria. Ahora
bien, te invito a pensar en la figura 
policial; aquel es un detalle desde 
donde emergen ciertos cuestionamientos
elementales y perentorios, podrías 
suponer que el autor ha incendiado 
sus libros anteriores sin causa 
aparente y como un asesino en serie
se ha desecho de sus propias tribulaciones.
Otra tesis? Pues bien, supongamos que
meó sobre el sol incandescente
por afán o por lujuria, sin desmedro de 
la ansiedad por emitir juicios soberbios
e insolentes.

Deberíamos preguntarnos,
entonces ¿Qué parte de la evidencia tuvo 
oportunidad de arder y en qué momento?

A ciencia cierta sólo sabemos que hubo
un minuto en que la llama estuvo y aunque
pequeña, fue brutalmente naranja al centro, 
luego dijo lo que dijo, antes de soplar 

o poner la yema sobre el fuego.





Último Poema
Octavio Gallardo
de MAGO Editores - Colección Poeta Raúl Zurita
Poesía / 2016



Vivo en la pequeña iglesia
pero vivo en el cielo entero
y en este desierto que es un glaciar
Contigo frente a mi, el fracaso es menos doloroso
No tengo frío mi piel es gruesa mi muerte es bella, 
no estoy en ninguna parte, pero estoy en ti.


ALLÍ DONDE ANIDARON LAS PENAS

¿qué viste de mí?
¿Miraste la animita de mis brazos?
Había un pozo con agua en uno de los costados
para que bebieran los visitantes.
Tú que eres el único que ha venido a verme
después del triunfo
deberías quedarte conmigo a celebrar con agua este
fracaso.
Fracasamos los que triunfamos, es verdad.
No hay equidad en el torrente
de nuestros sueños comunes.
Ya ves, yo quería una iglesia
para adorar mis intenciones sociales,
ahora yazgo en un reducto de la fe.
Soy una ciudadana muerta
que está viva en el futuro del país.
Mis velas estaban apagadas
hasta que llegaste tú
a escuchar mi opinión sobre los hechos
y a considerar que el viento soplará mis velas
apenas decidas encenderlas.
¿Eres militante de mí?
Te pido mil disculpas por la soledad.



YO SOY LA QUE PROBABLEMENTE LANZARON AL MAR

envuelta en una bolsa de oro,
sin embargo, estoy viva en el desierto de todos.
Tengo la vitalidad de los nacidos en los cielos;
mis brazos, mis ojos, son una bandera,
estoy enterrada en el agua,
mis peregrinos son los peces del desierto.
No tengo nombre, no me llamo.



HE SIDO CONDECORADA POR ESTAR AQUÍ

clavada en el desierto.
Los que han venido a visitarme
le han hablado a su fe y a su esperanza
con el mismo dolor con que han amado
a sus padres y luego a sus hijos
y sin embargo, yo que he muerto
para tu amor,
veo caer una estrella
cada vez que vuelvo a nacer.
Ella soy.


Poemas tomados del libro Ultimo poema, Mago editores, 2016.





Ultima Palabra
Sobre la poesía de Octavio Gallardo

 Por Gabriela Borrelli Azara 
Buenos Aires, Argentina


¿Cómo será cuando se pronuncie la última palabra? ¿Quién la dirá? ¿El último ser humano sobre la tierra? ¿Cómo será el momento en que ya no se pronuncie ninguna? La muerte, lo sabemos, no calla a los muertos ni garantiza la última palabra porque nuestros muertos siguen hablando. Tendrá que ser más que la muerte entonces, tendrá que ser la nada, y ni siquiera. En esta paradoja, en este misterio, se inscribe el libro de Octavio Gallardo, Último Poema. Escritura entregada al testimonio pero también a la pura poesía, como él mismo lo dice en uno de sus poemas:

“UN POEMA NO SERÁ HABITABLE
hasta que se encuentre escrito,
al menos en una pequeña parte
de lo que no hemos nombrado
lo otro, es el vacío.”

Tal vez será el vacío entonces, el lugar al que no se accede nunca porque lo innombrado no es un lugar. Pero el poema sí lo es. Lo dicho sí lo es. ¿Y lo que no está dicho? ¿Dónde vive? “Sin mí la patria no contesta”

La idea que atraviesa todo el libro podría ser la siguiente: el poema es un lugar dónde encontrar a nuestros desaparecidos. Si nombro, creo, y si te nombro a vos que no estás, nombro una patria, esa misma que quisieron eliminar, esa misma que enterraron, esa misma que nos arrebataron. Pensaron que sería nuestra última palabra, pero la poesía está siempre aquí  y allí para decirnos que será difícil escuchar una última palabra, que es casi imposible pronunciar un último poema.

“Aquí un poema es el infinito,
No necesitas escribirlo”

Gallardo practica una suerte de antropología forense literaria dándole voz a una desaparecida. Y así como aquellos que con sus cepillitos quitan la tierra de los huesos e identifican cuerpo y nombre, así Gallardo con cada poema identifica palabra y vida.

Ya el gran Raúl Zurita nos había regalado a chilenos y argentinos, ese testimonio poético imprescindible para nuestros pueblos desaparecidos “ INRI”:

Bruno, Susana, tal vez sus cuerpos se levanten 
desde debajo de las piedras. En una tierra enemiga 
es cosa común que las margaritas sostengan la 
nieve que quedó de los cuerpos en la 
primavera.

Y Octavio, insertándose en esa tradición le ofrece la voz de sus poemas a una voz apagada para decirnos que no está escrito el último poema, que la última palabra será difícil de pronunciar, que tenemos la cordillera como una columna vertebral que une un cuerpo mutilado pero de pie. Que nos abrazamos en poesía. Y que caminamos con nuestros muertos, que las margaritas nos sostienen y besan en la boca, con el genital  de nuestros labios.



 * * *
Gabriela Borrelli Azara es periodista, escritora y conductora de radio. Desde hace más de 10 años se dedica a la difusión de poesía en diferentes medios radiales. Y escribe para medios gráficos sobre literatura y poesía.



Último poema de Octavio Gallardo
(Mago Editores, 2016)

Por Sergio Ojeda Barías


Conozco a Octavio Gallardo hace un tiempo ya importante, he leído durante estos años gran parte de su producción poética, he tenido la oportunidad de conocer varios de sus textos en calidad de inéditos, también hemos acompañado esa lectura con extensas conversaciones acerca de la poesía, lo poético, la escritura y el oficio del poeta.

En cada una de esas jornadas, hemos coincidido y disentido, por cierto, pero lo que más me ha llamado la atención, de su trabajo, ha sido la energía y la pasión que he observado en sus argumentos y textos respecto del oficio del poeta, fundamentalmente en aquello referido la honestidad y la búsqueda inquebrantable que Octavio ha esbozado en sus libros anteriores: Octubre, Cordillera y Especies en Cautiverio.

Existe una línea de continuidad en su obra, se devela una obsesiva excavación en lo profundo del lenguaje, en el territorio de los signos y en el espacio confluente entre la vida y el arte. De ahí que se puede afirmar que Octavio trabaja con los materiales de su vida en extrema profundidad, se inmiscuye profundamente en la palabra poética que fundida en la experiencia nos presenta un paisaje propio.

Este paisaje de Octavio se construye principalmente en la honestidad, en la capacidad que tiene por construir poeticidad a través de retazos de su historia, el cuidado por del lenguaje y un ritmo propio que se enlazan en unidades poéticas que en algunos casos son complejas y crípticas, pero que no abandonan en ningún momento el territorio y la geografía de sus obsesiones.

En el caso del texto que hoy presentamos, lo primero que me conmueve es su título: El último poema, título que me permite reflexionar sobre lo dicho y lo no dicho en la poesía, que me remite a la idea del abandono y por otro lado me sitúa en el espacio entre vida y muerte. En aquel territorio arbitrario del lenguaje, donde tal vez se construiría la obra de arte. La pregunta entonces es: ¿Cuál sería el último poema? Aquel que ya viene, el que no escribirá jamás o el que definitivamente ya quedó escrito hace un tiempo atrás.

Octavio entrega o esboza un par de respuestas cuando dice:

“… Vienes del infierno blanco hasta los cielos blancos.
Aquí un poema es el infinito
no necesita escribirlo…”

“Un poema no será habitable
hasta que se encuentre escrito,
al menos en una pequeña parte
de lo que no hemos nombrado.
Lo otro, es el vacío…”

El vacío, en este caso, no se emparentaría con la ausencia de obra, estaría amarrado a los lugares que el lenguaje puebla, los sitios periféricos que aparecen y desaparecen, que se construyen como espacios de presencias, justo en el momento que la palabra nomina, nombra y connota.

De esta reflexión se puede establecer que la estructura del libro, descansa en un ritmo discursivo cercano a al monólogo, en que el diálogo con el ánima, permite preguntarse, resarcirse y finalmente arribar al territorio la palabra poética.

Pienso al respecto que lo que hoy nombramos como poema es el resultado de diversos factores históricos, estéticos y culturales que deben ser mirados sincrónica y diacrónicamente. En mi opinión sería un error ver en este desarrollo sólo una línea progresiva de mutaciones, escuelas literarias y enfoques. La historia de la poesía está decisivamente ligada a las dramáticas transformaciones ocurridas en la historia de la conciencia humana y cómo ellas han modificado al poema.

Si la historia de la poesía fuera únicamente una suma de autores, y sus posteriores influencias a través de mecanismos de composición y estilo, no habría mucho que decir pues se tendría a mano una especie de fórmula replicable en cualquier situación. Sería fácil escribir buenos poemas y ya sabemos que esto no es así.

La tonalidad del libro se establece en una compleja unidad, aunque los poemas igualmente se puedan leer a través de fragmentos, la tonalidad de los poemas mantiene un hilación en textos breves que establecen preguntas, sitúan y dialogan. Creo que se combina bien lo dialógico con lo monológico.

El recurso que permite la confluencia del sujeto poético y la otredad (que en este caso es un ánima) es las referencias al paisaje, la ciudad, el país y el desierto. Que se alojan en los textos como coordenadas que permiten al lector despejar los espacios más brumosos del libro, así los dice Gallardo:

“Si las contradicciones fueron mi patria,
si la moral tardía fue mi tierra
y si un beso de amor sexual fue mi país
¿podría ser que tu nombre no escrito
sea el territorio final de un hombre
cuyas ciudadanías, cuyos bolsillos, cuyas pertenencias
han quedado vacías?...”

Las ánimas o animitas, siempre han estado, nos recuerdan o nos hacen imaginar amor, desastre, tragedia, amor o una historia de vida. Pueblan los lugares más recónditos, la berma del camino, las orillas del mar, el desierto, las montañas y en este caso las páginas e un libro.

En el caso del libro de Octavio, es una voz y un pasaje a otro sitio, que puede ser la muerte, o simplemente las historias mínimas que se han tejido en la biografía y la experiencia. En ese deambular la presencia de esta voz en el libro se hibridiza, se corporiza y habla desde un revés de las cosas. Es el propio mundo que ha tejido el que se envuelve en la palabra poética y dice, recuerda, invita:

“SÓLO CONOZCO EL TESTIMONIO
QUE ME HAN DADO DE TI LOS CIUDADANOS
En el barrio de donde provengo se habla de ti
                  como la desaparecida
En los almacenes cuelgan fotos con tus obras
                   Milagrosas”.

Es claro que hablar en Chile de ánimas y desparecidas adquiere un connotación particular y trágicas, la geografía del país abra y esconde en sus entrañas cuerpos que no fueron velados, que no fueron despedidos, ni llorados en un rito doloroso. El testimonio como palabra permite evocar o callar, Octavio lo liga a la palabra ciudadanos, y a través de esa palabra se enlaza la participación de un colectivo. Una comunidad que observa las animitas a la berma del camino y reconstruye o imagina historias, vidas y respiraciones.

Quizás en este diálogo con las ánimas se anidan preguntas radicales acerca de lo humano, el espacio tenue de la arbitrariedad del poema lo permite.


“FUE EN EL PÁRAMO QUE ME NEGASTE, PORQUE
TENÍAS FRIO
y porque habías dormido poco aquellos días.
Recuerdo que habíamos cruzado un río
y que teníamos los pies mojados hasta las rodillas
pero es verdad que tuve ganas de tomarte
y llevarte en andas hasta el otro lado
para que se mantuvieran secos tus calcetines
pero no me dieron las fuerzas de solo imaginármelo
dejé que se te inundaran las canillas
´tuve poca fe´ y te dolió tanto que no tuviste piedad
para recordarme todos mis fracasos mientras tiritabas
de frío…

La palabra poética se descarga en los poemas con ritmo y tonalidad sostenida, y dice cosas, no se queda en el efecto, no deambula en la preteniosa oscuridad, son poemas para leerlos, pensarlos y quererlos. Son poemas escritos por un poeta.







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