miércoles, 2 de julio de 2014

LUIS FUENTEALBA LAGOS [12.131]


LUIS FUENTEALBA LAGOS 

Luis Fuentealba Lagos (Los Ángeles, CHILE 1914 – Viña del Mar, 2003). Poeta. Llegó a Valparaíso, la ciudad en la que se arraigó, y fundó el Grupo Altamar. Trabajó como periodista en los diarios “Frente Popular”, “La Opinión” y “La Nación”. Autor de “Proceso al corazón” (1961), “Temporal en las raíces” (1963), entre otros, y de la antología “Poetas porteños” (1968).

Fuentes: “Ha muerto un poeta”. Por Marino Muñoz Lagos. (La Prensa Austral, Punta Arenas, 3 abril 2003); “Creíamos que ser poeta era destrozarse la vida”. Por Marcelo Arcos. (El Mercurio de Valparaíso, 19 mayo 1995).






TEMPORAL EN LAS RAICES (FRAGMENTO)

Ahora te corresponde ir a llorar tu muerte
con desolada ancianidad.
Ya no podràs calumniar a tus semejantes
ni condecorar estatuas con tu dicha.
No tendràs derecho a solicitar almuerzo ni
desayuno, ni tus pañuelos.
La que fue tu mujer decretò su libertad. Se acogiò
a las leyes de la dignidad.
Se lima las uñas candorosamente. Se tiñe el pelo
con finos unguentos
de autèntico color canas-pasado los cincuenta-
y no dispondrà de tiempo
para acompañarte cuando camines por las sendas
rocosas de la poesìa.
Ha dispuesto no abrirte las sàbanas, no acariciarte
y tù no intentaràs promover alguna huelga de
sapos y luceros para que se desvele
sin cansancio como corresponde a ella,
tu despiadada decapitadora.

En lo que se refiere a ti; estàs en la cumbre
de una ola,
No te cansas de cometer villanias: llamar
fantasmas y rezar,
amar la mùsica de templos y continuar
leyendo antiguos textos,
proseguir la bùsqueda de lugares gratos para el
asado, la risa y el nomeolvides,
porque todos los encuentros en tì son vitales,
ardorosos y tristes
como el flujo de la sangre a tu corazòn de
muchos años.
Habitas un pais de estatuas que se incendia por
los cuatro lados
y estàs arañando paredes de humo, envuelto en
una nievla de ojos invernales.
Te encuentro pensando en que toda canciòn te
estremecia, en que todo muslo femenino
era tu delirio
incluso el de ella-tan fatigada- condenada
por urgencias
en el alba y en la siesta.

Permaneces mirando sus signos, dispersos
sin entender el aterrador anuncio, ni su
irreverencia.
Sus caballos desbocados por el terreno de la
furia y del fuego, implacables;
impàvido, fuera de tiempo, de tu instante. Sin
tu ventana,
en medio de la noche incontenible, en la
incontenible lluvia haciendo heridas,
negàndote a besar,
saludandi apenas, revolviendo el polen de tis
suspiros,
impidiendo que te sigan. Empecinado en negarte
la luz y la sombra.

Asi has quedado despuès de esa hora:
con relàmpagos, con aullidos,
circundado de cuchillas y sin mirada para nadie
ni de nadie.
Dispuestos a protestar solamente, a protestar
solamente, a protestar.






Proceso al corazón
Autor: Luis Fuentealba Lagos
Santiago de Chile: Eds. Umbral, 1961

CRÍTICA APARECIDA EN EL SIGLO EL DÍA 1961-08-13. AUTOR: EDUARDO LARRENA
Ya en el siglo pasado Chatterton, en el conocido drama de Alfred de Vigny, se rebeló con ira ante un mundo que consideraba las heridas del corazón de un poeta como objeto de mercancía. En su tragedia, De Vigny escenificó la desesperación del artista, condenado a la soledad y al aislamiento en una sociedad que asigna al arte un calor comercial, sujeto también a las leyes de la oferta y la demanda.

Los dieciséis cantos de “Proceso al corazón” irradian el mismo tema:



“Pero ahí estás tú.
No vales lo que vales.
No tienes precio alguno
No vales tu sana pena y tu sana alegría.
Vales únicamente, el precio pérfido,
que te pusieron los feriantes en la feria”.



En este proceso comparece la sensibilidad de un poeta de nuestra época. Está allí herido y condenado. Entre su yo y el mundo existe un desajuste, una ruptura violenta. Genéricamente recuerda al personaje de la obra francesa citada: es la reacción dolorosa de un artista en una sociedad que lo arrincona. Su voz se alza para develar los aspectos sórdidos de ella: las heridas recibidas y que aún no restañan. El tono sube hasta convertirse en un áspera requisitoria. Así va configurando la historia de su inadaptación de poeta en un medio impropicio a la creación y a la fraternidad. Entre líneas emergen, en el relato, los elementos definitorios de una inadaptación más amplia y universal: individuo y colectividad; para precisar mejor entre individuo y formas transitorias de la colectividad en un momento de su desarrollo. Es natural que el esfuerzo de reajuste a una realidad en permanente transformación pueda generar una actitud de inconformismo en una conciencia que responde a condiciones diferentes. Se abren, entonces, diversos ángulos de expresión artística a ese proceso. La obra de Fuentealba agudiza e hipertrofia el aspecto de inadaptación del artista.



“Te negaste a entender qué es un delito
ir por el bosque a detener los pájaros
y regresar con alas y con cantos”.



Resulta fácil comprobar en el pasado que, por esta vía el arte, producto egregio de la actividad humana, ha empobrecido su acción liberadora. Fuentealba hace estallar su contradicción individual en una revuelta indiscriminada contra el medio. La humanidad aparece como un tribunal en que los dedos se enristran acusadoramente para disfrazar mejor el fariseismo propio. Su queja es dura y surge de una postura bohemia en lo que ella tiene de desubicación social.



“Todos hablan de Marx y de prostitutas
todos hablan de ir a misa y a poblaciones callampas
los poetas juntan sustantivos y verbos.
El publicista improvisa slogans y martirios.
El policía cosecha delaciones y dinero.
Nadie entiende a nadie. Y se abrazan.
Y se amarran con cintas negras y fangosas.
La borrachera inconsciente asciende y aplaude”.



La exageración del desajuste entre su sensibilidad y el mundo conduce su poesía a un subjetivismo mórbido afín al satanismo en cuanto al papel del poeta:



“Solo tú y yo solos, bramando, nos vamos al Open Door
junto a una encina verde
solo tú te cortas la yugular para seguir viviendo”.



El retorno al pasado ya no es posible, el tema se desplaza con el ritmo de añoranza de una edad sin fracasos ni tempestades. Se incorpora a la obra sellado por la frustración, queda solo su aroma de sencillez y la presencia de sus sueños truncos casi como alternativa simétrica al presente. La búsqueda desemboca en un viejo callejón: la soledad, refugio en que, a veces, se labra la ternura desengañada. Allí el poeta anhela crear, sublimar el dolor con un sentido de redención, de sinceridad y honestidad humana. Su posición es respetable, pero diluida en una actitud de reencuentro estrictamente personal. La génesis del arte y sus períodos de florecimiento demuestran que esta aventura de carácter individual cobra validez cuando expresa las grandes aspiraciones de una época. La acentuación de uno de los aspectos de la realidad –la imprecación denunciatoria en el caso de “Proceso al corazón”- y su solución particular, mutilan el arte de un aspecto fundamental. Por este resquicio su poesía se desliza insensiblemente a una posición estética ajena a las preocupaciones esenciales de nuestro tiempo.

Es evidente que la poesía no puede ser juzgada con criterio matemático, ni pueden exigirle soluciones sociológicas. No obstante, por ella circula una masa de sentimientos y conceptos que pueden y deben ser dilucidados en sus implicaciones sociales. A menos que reduzcamos el arte a la esfera de lo incognoscible, del mito, debemos reconocer que ha cumplido y puede cumplir la función de rescatar al hombre de la alienación.

Fuentealba ha escarbado con fuerza en las manifestaciones de un régimen del cual ha recibido rentelladas, ha resuelto su violenta contradicción en una apetencia de pureza, de honestidad humana estrictamente individual. Por ello su obra se ha restringido, pero es sincera y tiene el mérito de no haberse dejado atrapar en una solución artificial, postiza, no sentida. Es innegable que su vigor emocional y su posición de abierta honestidad hermanarán sus versos venideros a la marejada general de liberación humana.


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