martes, 8 de julio de 2014

LILIANA MORENO MUÑOZ [12.205]



Liliana Moreno Muñoz 

(Bogotá, Colombia  1974)
Licenciada en Lingüística y Literatura de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (2000), estudios en Artes Escénicas en la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), Magister en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo (2007). Se ha desempeñado como docente universitaria desde 2003 en la Universidad Central y es docente del Pregrado en Creación literaria. Ha participado en diversos proyectos de creación artística individuales y colectivos, entre los que se destacan “Literatura vivencial para personas mayores” (2010) y los guiones para teatro “Literatura sáfica” (2006) y “La Divina con medias” (2013). Se ha desempeñado como jurado en concursos nacionales de poesía y crónica de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte. Adicionalmente, ha dirigido talleres literarios con diversas poblaciones, es investigadora en el campo de la literatura y desde 1995 desarrolla un trabajo creativo en el campo de la poesía. Con el libro “Sobre la arena de los relojes rotos” obtiene una mención  en el Concurso Paso al arte del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (1998). Sus poemas, cuentos y ensayos han sido publicados en diarios y revistas nacionales e internacionales, en las antologías “Inventario a contraluz” (2000) y “Oscuro es el canto de la lluvia: antología de la nueva poesía colombiana” (1998). Actualmente trabaja en su  libro inédito “Espiral en la piedra”.





PÁJAROS DE SANGRE

Amanece en mi cuerpo.
Afilados rayos del sol
cruzan las ramas celestes
y trinos caudalosos
brotan de los nidos.

Soy el fango que cruzas,
el viento que asciende
tu espalda vegetal,
secreto revés de la piel,
nervadura de hierbabuena.

Tu erizado plumaje de arpía
borra los mundos, los muros.

Se hunden las miradas
en la luminosa cabellera del día
como semillas del grito original.





VII

Beso en el agua,
codos al cielo.
Oigo el salvaje ascenso de la pena.

Entre mis ojos,
una galería de gritos congelados.

Palpo los bordes
del antiguo estanque, de la flor.

Sospecho una ausencia.
Confirmo: me he quedado sin rostro.






SENTIDO

En el proscenio,
agitadas campanas de luz
son las lámparas,
se mece el pesado telón
y escucho en la distancia,
el vaivén de los ahorcados.

Te veo, ya no. Te veo.

Vierte la música su eternidad
en los secos labios de la tierra,
que despacio,
se abren.

Atraviesan,
ardientes rocas,
la piel del cielo.

Vennnn…
— vibra la lengua
a punto de saber la noche —
una lágrima de fuego
se desliza
por mi rostro de nieve
en esta función sin final,
sin intermedio.

Me miro,
y me crecen,
como ramas,
tensos hilos transparentes.

Desaparecido teatro,
se olvida el papel
cuando eres la red, la araña y la presa.






DE CALLAR EL PRESAGIO

Jugoso, el corazón del canto
late en los labios de tu oído
y nacen furiosos soles
en el cielo negro.

Intentas pulsar
el telar incandescente
y tus dedos,
no alcanzan la ceniza.

Palabra:
pesadas alas de agua turbia,
látigo rechazado por el aire.






ANÓNIMO IMPULSO

Al rasgarse la página del mundo,
te miras.
El  lago, congelado en mis ojos,
prolonga tu aullido.

Es espesa la claridad
en mi voz de leche.









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