miércoles, 9 de julio de 2014

JOSÉ TRIANA [12.229]



José Triana

José Triana nace el 4 de enero en Hatuey, provincia de Camagüey, Cuba.
Sus dos hermanas también nacen en Hatuey: Gladys en 1933 y Lyda en 1937.

1940 El padre, reparador en la compañía de teléfonos, accede a un cargo mayor en la misma empresa. La familia se instala en la ciudad de Bayamo.

Al año siguiente, a la edad de diez años empecé a escribir poesía. Era el resultado de las lecturas que había hecho de los poetas cubanos y latinoamericanos. Alberto Baeza Flores, José Manuel Poveda, Mariano Brull, Emilio Ballagas, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, José Martí... textos que aparecían en las revistas de la época y que he ido leyendo de manera totalmente desorganizada. Escribí una libreta de poemas claramente influenciados por esas lecturas.
(José Triana)

1942 Se publica el poema La Isla en peso de Virgilio Piñera.

Es un libro que no llego a leer hasta el año 1952, regalado por el mismo Virgilio. Su lectura me causaría un gran impacto. Es un poema de una libertad absoluta.
(José Triana)

1948 Conoce al poeta chileno Alberto Baeza Flores.

Yo tenía unos diecisiete años cuando conocí a Alberto Baeza Flores, que vivía en Bayamo. Él había sido amigo de Vicente Huidobro y de Gabriela Mistral, en Cuba había colaborado con la revista Orígenes, y él fue quien me inició a la gran poesía, quien me dio a leer a los surrealistas y a los grandes poetas latinoamericanos.
(José Triana)

1950 Se gradúa de Bachiller. En la Universidad de Oriente empieza la carrera de Filosofía y Letras. Allí conoce al escritor Ezequiel Vieta y a su esposa Beatriz Maggi, ambos profesores en dicha universidad.

1952 Golpe de Estado del General Fulgencio Batista.

Ese año leí el poema La Isla en peso de Virgilio Piñera, que se había publicado diez años antes. Fue también el momento en que conocí a Virgilio Piñera y a José Rodríguez Feo, que estaban de paso por la Universidad de Santiago de Cuba, donde yo estaba estudiando.
(José Triana)

1954
Francisco Morín monta en La Habana, con su grupo Teatro Prometeo, Las criadas de Jean Genet, con la interpretación de Myriam Acevedo, Ernestina Linares y Dulce Velasco. Entre los espectadores se encuentra el joven José Triana.

El espectáculo fue tan impactante que decidí, en adelante, escribir teatro.
Unos meses después, di un viaje a Miami. Miami y Nueva York eran los dos puntos de referencia para los cubanos. Los Estados Unidos no existían. Sólo existían esas dos ciudades. Ésa, al menos, era la visión de un muchacho de provincia de veinte años.
(José Triana)

1955  Viaja a Nueva York y de allí sale en barco para España. Se instala en Madrid. Viaja por Europa (Francia, Italia y Bélgica).
Entre los libros que lo acompañan están La Isla en peso de Virgilio Piñera y las obras completas de Dostoievski.
Empieza a escribir teatro.
También trabaja como asistente del director de teatro Trino Martínez Trives, en el grupo Dido.
Publica en la revista Ciclón una serie de poemas que en 1958 incluirá en el poemario De la madera del sueño.

1956 Escribe la obra de teatro El Mayor General hablará de Teogonía.
En Madrid, actúa en La Comedia de las equivocaciones de Shakespeare, dirigida por Antonio del Cabo, con el grupo de teatro Dido.

1957 Actúa en la obra Los Siervos, de Virgilio Piñera, dirigida por Aitor de Goiricelaya y José Moraleda, con el grupo Teatro de ensayo Escena.

1958 Se publica en Madrid el poemario De la madera del sueño.

1959 Triunfo de la revolución cubana.
José Triana regresa a Cuba el 18 de enero.

Llevaba cuatro años viviendo en España, en pleno franquismo, rodeado de personas que habían conocido la exaltación del 36 y el fracaso del 39. Lo llevaban como un fardo. Observé el fervor revolucionario con algo de distancia. Regresé a Cuba con la esperanza de que el cambio que se iniciaba fuera un giro duradero hacia la democracia.
(José Triana)

1960 En la sala Arlequín (La Habana) se estrena El Mayor General hablará de Teogonía (director David Camps).
Escribe Medea en el espejo. La obra se estrena el 17 de diciembre en la sala Prometeo (director Francisco Morín).

1961 Escribe las obras de teatro El Parque de la Fraternidad, La casa ardiendo y La visita del ángel. De estas dos últimas obras se ha perdido el texto.
En junio, se organiza en la Biblioteca Nacional de La Habana una serie de encuentros con artistas, intelectuales y políticos. El 30 de junio, Fidel Castro pronuncia el discurso de clausura, conocido como «Palabras a los intelectuales».

1962 Las ediciones Unión publican en un mismo volumen titulado El Parque de la Fraternidad las tres obras de teatro: Medea en el espejo, El Mayor General hablará de Teogonía y El Parque de la Fraternidad.
Empieza a escribir La muerte del Ñeque.
Estreno de El Parque de la Fraternidad y La casa ardiendo por el grupo Teatro Prometeo (director Francisco Morín).
Estreno de La visita del ángel en la sala Arlequín (director Nelson Dorr).
Se estrena la obra Aire frío de Virgilio Piñera (director Humberto Arenal).

Ésta es una obra fundamental, que en Cuba impactó a toda una generación. Es una obra clave en la historia de la dramaturgia cubana. Es la genuina representación de un periodo de la historia de Cuba. No dudo de que influyó en mi escritura de La noche de los asesinos.
(José Triana)

1963 Se publica El Mayor General hablará de Teogonía en una antología de Teatro en un acto (La Habana, ediciones R, selección de Rine Leal).
Estreno de La muerte del Ñeque por el grupo Teatro Prometeo (director Francisco Morín).

1964 Se publica La muerte del Ñeque en las ediciones R.

Pienso que Medea en el espejo y La muerte del Ñeque son dos obras complementarias, porque cada una encierra referencias directas al teatro griego. Medea en el espejo se refiere, por supuesto, a la Medea de Eurípides. La muerte del Ñeque retoma la figura de Agamenón. Tal vez habría que añadir en esta lista una obra posterior, La noche de los asesinos, donde está presente la figura de Orestes.
(José Triana)

1965 Recibe el premio de teatro Casa de las Américas por La noche de los asesinos. La obra es publicada en la editorial Casa de las Américas.

Esta publicación tuvo enormes repercusiones: a raíz de ella, la obra fue montada en varios países de América Latina. Primero en Colombia, luego en Chile y más tarde en Argentina.
(José Triana)

1966 Puesta en escena de La noche de los asesinos por el grupo Teatro Estudio (director Vicente Revuelta).

1967 Tras haberse estrenado en Cuba, La noche de los asesinos sale de gira por Europa. La obra es invitada al Teatro de la Naciones (Théâtre des Nations, París), dirigido por Jean-Louis Barrault.
El 9 de diciembre, después de la gira europea, José Triana regresa a La Habana junto con Vicente Revuelta, Miriam Acevedo y Ada Nocetti (el elenco de la obra).
Participa en el Seminario Nacional de Teatro organizado por el Consejo Nacional de Cultura (del 14 al 20 de diciembre).

Participé en el Seminario, acudí a las conferencias... y vi cómo se multiplicaban las críticas en contra de La noche de los asesinos. La obra, al parecer, ya no correspondía con los criterios de un teatro revolucionario. Se había estrenado con éxito en la isla, habíamos salido de gira a Europa y, a la vuelta, el panorama parecía haber cambiado: La noche de los asesinos se había convertido en una obra incompatible con los nuevos preceptos del teatro cubano.
(José Triana)

La Royal Shakespeare Company estrena en Londres The Criminals (director Terry Hands), versión en inglés de La noche de los asesinos (traducción de Adrian Mitchell).

1968 Dos viejos pánicos de Virgilio Piñera recibe el premio de teatro Casa de las Américas.
Los Siete contra Tebas de Antón Arrufat recibe el premio de teatro José Antonio Ramos otorgado por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). José Triana forma parte del jurado. Fuera del juego de Heberto Padilla recibe el premio de poesía Julián del Casal, también otorgado por la UNEAC. Ambos textos son publicados en la editorial Unión, incluyéndose a modo de prólogo una «Declaración de la UNEAC» en la que se les designa como «obras construidas sobre elementos ideológicos francamente opuestos al pensamiento de la Revolución».
Puesta en escena de El Mayor General hablará de Teogonía (director Rubén Vigón). La obra fue prohibida después de la primera función.
Se casa en La Habana con Chantal Dumaine.

1969 Empieza a escribir Ceremonial de guerra (teatro).
The Criminals (traducción al inglés de La noche de los asesinos) es montada en Broadway por el Phoenix Theatre (director David Wheeler).
La editorial Gallimard publica en París La nuit des assassins (traducción francesa de Carlos Semprún).

1971 Se estrena la película de Tomás Gutiérrez Alea Una pelea cubana contra los demonios. José Triana colaboró en el guión.
En La Habana, se celebra el Congreso Nacional de Educación y Cultura.

1972 Escribe Revolico en el Campo de Marte (teatro).
Junto con Virgilio Piñera, es enviado a trabajar en la imprenta n.º 08 del Instituto Cubano del Libro.

Este castigo impuesto por el director de la editorial Arte y Literatura se convirtió a la larga en una experiencia instructiva, al contacto de los trabajadores.
(José Triana)

1973 Termina de escribir Ceremonial de guerra (teatro).

La obra es una alegoría de la situación que se estaba viviendo en Cuba en aquellos años: muchos intelectuales y artistas vieron su obra atacada por las autoridades de la cultura. Virgilio Piñera, Antón Arrufat, Heberto Padilla y yo nos habíamos convertido, según los representantes de la cultura oficial, en individuos dudosos, agentes encubiertos de la contrarrevolución y del capitalismo. Todo lo que habíamos escrito en los años anteriores se ponía incesantemente en tela de juicio.
(José Triana)

1974 Se publica en Estados Unidos una versión revisada de El Mayor General hablará de Teogonía en la antología En un acto. Nueve piezas latinoamericanas (edición a cargo de Frank Dauster y Leon F. Lyday).

1976 Muerte de José Lezama Lima.
Escribe el poema «Coloquio de sombras» como un homenaje al poeta y amigo.

1979 Empieza a escribir Palabras comunes: una obra inspirada en la novela Las honradas (1917) de Miguel de Carrión.
Muerte de Virgilio Piñera.

1980 Se exila en Francia con su esposa Chantal Dumaine.
Su hermana Lyda ya se había instalado en Madrid, en 1969. Sus padres y su hermana Gladys residían en Nueva York, tras haber vivido unos años en España, desde 1973.

1981 Lectura dramatizada de la obra Revolico en el Campo de Marte en el Dartmouth College de EE. UU. (director José Triana).

La gente conocía La noche de los asesinos, pero esta vez se trataba de un texto en versos, que no tenía nada que ver con el teatro que había escrito anteriormente. Era la primera vez que esta obra se enfrentaba con un público, casi diez años después de haber sido escrita. Las reacciones de los espectadores me alentaron a seguir escribiendo.
(José Triana)

El poema «Coloquio de sombras» se publica en la revista Cuadernos Hispanoamericanos.

Me sentía paralizado, no sabía si sería capaz de seguir escribiendo estando fuera de Cuba. Esa publicación me dio confianza, me hizo sentir más seguro.
(José Triana)

Puesta en escena de The Night of the Assassins en el teatro La MaMa, de Nueva York (director E. Hules).
En Francia, François Mitterrand es elegido Presidente de la República.

1983 Escritura del guión cinematográfico En la neblina. Permanece inédito y sin filmar.

1984 La nuit des assassins (traducción francesa de Carlos Semprún) se monta en el Théâtre Déjazet (París), con una puesta en escena de Philippe Noël y José Triana.
Radiodifusión en la emisora France Culture de Paroles communes (traducción francesa de Carlos Semprún).

1985 Lectura pública, por el mismo autor, de la obra Revolico en el Campo de Marte en el Festival de Teatro de Sitges, España.

1986 Estreno de la obra de teatro Palabras comunes (Worlds Apart), por la Royal Shakespeare Company en el teatro de Stratford-upon-Avon.

1987 Palabras comunes (Worlds Apart), por la Royal Shakespeare Company, se repone en el Pit Theatre, Londres.

1989 Escribe el libro de poemas Aproximaciones (Málaga, Plaza de la Marina).

1990 Publicación de la obra de teatro Ceremonial de guerra (Honolulu, Persona).
Empieza a escribir el libro de relatos Como fuego de sombra.

1991 Publicación de la obra de teatro Palabras comunes, junto con Medea en el espejo y La noche de los asesinos (Madrid, Verbum).
Publicación del libro de poesía Cuaderno de familia (Málaga, Dador).

1992 Escribe La fiesta (teatro).
Publicación de la obra de teatro Cruzando el puente (Valencia, Trapezi). La obra se estrena en Valencia, con una puesta en escena de Ricard Salvat.

1993 Escribe Ahí están los tarahumaras (teatro).
Se publica el libro de poemas Oscuro el enigma (Miami, La Torre de Papel), que se abre con el poema «Coloquio de sombras», escrito en 1976.

1994 Publicación del poemario Oscuro el enigma (Miami, La Torre de papel).
Escribe El último día del verano (teatro). La obra permanece inédita.

1995 Publicación de una versión revisada de la obra de teatro Revolico en el Campo de Marte (Gestos, University of California).
Publicación de la obra de teatro La fiesta en la antología 5 autores cubanos (selección de Rine Leal, Nueva York, Ollantay Center for the Arts).
Muere la pintora Antonia Eiriz.

1996 Escribe una versión revisada de su obra La muerte del Ñeque (primera versión: 1963).
La MEET (Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs) de Saint-Nazaire publica en Francia una serie de sonetos y poemas en una edición bilingüe: Vueltas al espejo / Miroir aller-retour (traducidos al francés por Christophe Josse).

1997 La obra de teatro Ahí están los tarahumaras es publicada en la revista Encuentro de la cultura cubana, en un número de homenaje al autor.

1998
Empieza a escribir la novela Un aire de imposible.

1999 Publicación en Francia (Arles, Actes Sud) de la traducción de un libro de relatos: Les cinq femmes (título original: Fragmentos y humo, traducido al francés por Alexandra Carrasco). El libro permanece inédito en español.

2001 Publicación de La noche de los asesinos en las ediciones Cátedra, Madrid (edición a cargo de Daniel Meyran). Esta versión de la obra, revisada por el autor, incluye varias diferencias respecto a la edición original (La Habana, Casa de las Américas, 1965).
Enero-marzo: la revista cubana Tablas publica un número dedicado a la diáspora teatral cubana (n.º 1/01). El número incluye un artículo sobre José Triana.
La editorial Tablas-Alarcos publica en su colección Aire Frío la obra de Antón Arrufat, largo tiempo prohibida en Cuba, Los Siete contra Tebas.

Se ha reparado una injusticia. Uno pertenece a un momento histórico. Esta obra en realidad era un canto a la Revolución.
(José Triana)

2002 Se estrena la película Rosa la China (directora Valeria Sarmiento), adaptada de un guión de José Triana.
Termina de escribir el libro de relatos Como fuego de sombra.

2003 Escritura del guión Una casa, un jardín (todavía inédito y sin filmar).

2004 Publicación de la obra de teatro Ceremonial de guerra en la revista Assaig de teatro (n.º 4).

2005 Muere en París el pintor cubano Guido Llinás.

Al morir José Lezama Lima (1976), Virgilio Piñera (1979), Antonia Eiriz (1995) y Guido Llinás, desaparecen amigos entrañables, que han dejado su huella en la pintura, en la poesía, en el teatro. La amistad es algo irremediable. Insustituible.
(José Triana)

2006 Termina de escribir la novela Un aire de imposible (todavía inédita).

2010 Empieza a escribir el libro de relatos La poda del jardín (todavía inédito).

2011 Publicación de su Poesía completa (Valencia, Aduana Vieja).

2012
Publicación de su Teatro completo (Valencia, Aduana Vieja).




Caja de música para una muchacha melancólica

Para Tania Galindo Assaf

Pienso que el otoño es un terrón trémulo
de plumas, un cuchillo, un asta sucia,
una calle falaz o laberinto
que repinta las muecas de pavesas
y la melancolía del gramófono.

Hojas doradas, muchas flores y frutos
quebrados y consumidos serán
cuando el cernido reacio se aproxime
impregnando molicie y negligencia.

Es por eso que admito perfumes y maromas
al final de la alameda y me pongo
un traje de azafrán, viejas corbatas,
espejuelos morados y chinelas;
y al mismo tiempo payaseo, corro,
me interno entre las tiendas harinosas,
busco la exactitud de los relojes,
me siento triste a ratos, confundido
y hábil niño que rasga en los andenes
unas cuantas palabras sospechosas
y sufre el alegato del libro prohibido.

Pero no, eso no es todo. Simplemente
una parte, una minucia. En llegando
a este punto repueblo mi otra infancia,
la que invento o me llega entre jirones,
descorro la cortina, quién me llama,
quién anda por el piano, y me divierte
el instante afanoso en que vacío
los armarios y cofres de la abuela,
entresacando aretes, abalorios
y aquellas postalitas relamidas
que entonces picoteaba igual que un bobo
y dispersaba sobre las losetas
del vetusto zaguán amarillento,
pensándolas tan vivas, tan hermanas.

Y preludio la fiesta sin quererlo
o queriéndolo de una forma ambigua,
y son mis dedos los que reconstruyen
las figuras y el hilo fino lo sostengo
girando y no girando, a fuego lento.
El Oso de Jack London gesticula
pesadamente por los hoscos cuartos,
yo sé que avanza, Dios, balanceándose
y enhebrando un lenguaje que conozco,
y Betty Boo replica que no viene,
que Popeye le dijo cochinadas
mientras lavaba las estanterías,
que es tardísimo luego desplazarse,
que en otra fecha será, Dios lo quiera,
y no pretendo detener el juego,
todavía es temprano y nadie sabe
lo que puede ocurrir, lo que se muestra,
pues en la sombra asoma sus dos manos
Don Quijote. Lo atisbo, en larga marcha
combatiendo espejismos los molinos
que gigantes no eran, pesadillas
tal vez, exhalaciones, disparates,
y así, después, lo veo sollozando,
diciéndome algún texto que he olvidado;
y Betty Boo por arte de la magia
era yo, y Merlín tras el escenario
se convierte en un cisne perseguido
por el boscaje de asfódelos negros,
«ven hacia acá, muchacha», sofocado
le digo y ante mí cae un manto deslumbrante,
y es la mujer desnuda, impenetrable
en su mudez y en su sonrisa lúdica,
que me arrastra a sus viajes exaltados,
a reconocerla por el delirio
de la imaginación. Oh, ven, ven, Hermes,
no me dejes aquí, el impenitente,
extraviado el portón.

Mas qué cercanos
se vuelven los distantes días nuestros,
los que siguen viviendo turbio olvido,
entre la alegría y la débil culpa
de lo imposible y de lo renegado.
Y es que el otoño trenza sus candelas,
sus precipitados puentes, sus desvelos
o pañuelos mojados, y uno ve
tarareando en lo más hondo las señales
súbitas de lo que se hace posible
a la luz generosa del poema.

De Claro homenaje (1977)





El doble

Pintado de albayalde entra a la escena,
¿eres tú o soy yo o los dos enlazados,
dos en su extravío, en su despiste,
uno en dos es lo mismo indiferente?
Una corriente pasa, otra regresa,
¿qué papel representas, con quién hablas?
¿Es el traje de lino o de moaré?
Desde aquí la camisa la veo anaranjada
con el cuello y los puños gastados por la mugre
y unos cuantos botones flotantes o caídos.
Se me escapa decir que el viento asola
los calveros rojizos y el arbusto tristón,
que hay un brote de alubias en el pote enterrado,
que suena, está sonando, y seguirá sonando
a la zaga de las nubes de lata
informes caballeros submarinos.

Usted de prisa alumbra, quite el foco de encima.
Han vuelto otra vez los días de invierno
y en el ángulo innoble caramelos rosados,
un muchacho despierta a un caníbal y a un perrito.
Sobre la escena avanza tal un triste relámpago.
¿Sabemos a qué hora llega y se quita
la casaca, el sombrero de tres picos
y tira su melancolía en el auditorio?
Recostado a una tarima refunfuña el niño
de cien años, a quien nunca hemos visto.
Desprende las gafas, se obstina en gritos,
y después se adelanta el azul descompensado
en irónico mohín hacia afuera.
Tartajea, enmudece, yo soy de un mundo plano,
de raíces noctámbulas y de nebulosas,
concibo a veces un clavo mordiendo
los tejados y mimbres ocultos.
Oropéndola, dime, qué puedo hacer, volar
el charco, dormitando, el charco del absurdo,
crujiendo los dientes, o matándome el hastío
a fuerza de cujazos, de trémolos impíos,
de proyectos que se quedan a medias.
Atrás, atrás, reclamo, extendiendo las manos
extendiendo mi enojo de mendigo,
desvinculado entonces de la fiesta.
Pintado de albayalde se escapa de la escena,
¿qué dijo o qué no dijo?, ¿era un monólogo
o un pase de tierra ignominioso,
el esquivo trazado de una ciudad muriéndose
de haber perdido el centro de su gravitación?
¿Inesperados recursos, pasillos de madera
tambaleándose en el vacío del error,
golpes inciertos inscritos en la penumbrosa
estancia de los cartílagos húmedos,
la palabra común que se persigue
entre los cáñamos y las astas de los girasoles?
¿Recursos como comidas frugales
en un desbarajuste? ¿Un calabozo?
¿Un cohete apagado antes de llegar al cielo?

Interrogo porque estaba entre soñando barcas,
espirales de rústicas callejas.
No seguí el discurso, anticuado y obsceno.
Me detuve en el sueño acariciando
una estatua redonda en la repisa.
Bebo mi infusión de verbena y como
semilla de cardamomo mojadas
en aceite, si William Peterson
reniega la pesadilla del crimen
y sonríe al cruzar una enigmática esquina.
Ahí va Beethoven con el brazo izquierdo
doblado en la cintura, oiga el Réquiem, Dios mío,
las últimas sonatas de sordera,
alitas inclinadas, alitas de quimeras,
estoy desesperado y no sé qué me pasa
masturbándome en las sábanas sucias
tal vez como un agonizante.

El paisaje ahora es de color de cobre,
lámparas suspendidas y azulejos.
«No quiere a tu padre. Y tú, di, ¿a quién quieres?».
Sombras repasan por los ojos vidriosos, frío,
crujientes, provocando el cataclismo,
el crepúsculo rojo, el ventorrillo
anegado de objetos inservibles,
el martillo, las tijeras flojas,
las cucharas de plata zampadas por el moho,
docenas de zapatos, botines, un cangrejo,
el uniforme de un guerrero, lápices,
las cartas en el suelo, las cartas en paquetes,
sinónimo de usura y de chantajes,
de arcaísmos viciosos cargados de nostalgia,
en el Libro de Ruth encontrarás
la causa justa, adecuada, que trae
un paño de lino para el rostro y las lágrimas.
«¿A qué vienes, pregunto, a qué vienes, cuando el agua
desciende por los obstruidos albañales
y de estupor me muero y de cinismo?,
¿a qué vienes, te digo, a qué vienes
con ese repertorio de artificios,
enhebrados apenas, casi una fraudulenta bufonada».
El telón va cayendo, sustentando un suspiro
de aplausos. Corro hasta el fondo de umbría,
césped de lanzas de hollín y laurel.
Yo no soy yo, yo no soy tú,
tú no eres tú ni eres tampoco yo,
semejante a una pérgola diversa
me repliego y de improviso me anulo,
simulacro, impostura, y hecatombe,
¿qué muñones y voces extranjeras?,
¿quién trajo esos ataúdes y millones de muertos,
quien camina de espaldas mientras duerme?

piso el umbral, y soy yo el que repite
las mismas imágenes y el mismo desconcierto,
inventando si es el teatro o el sueño de un teatro
o el teatro que forjo desde el sueño,
siendo sueño y teatro de una algarabía
de la que no tengo el menor control.
Agarro los matules, tomo el trillo.
Eloísa, Eloísa, nos veremos al fin al otro lado.





En el umbral

Queda una puerta por abrir.
En otra época pensaba que una puerta
no respira importancia.
La inocencia es un monstruo sin cabeza.
Miro la puerta húmeda, desconchada;
a ratos parece que no quisiese ser lo que es,
sospecho que recuerda. Hay días que desfilan
pájaros, enjambres de mosquitos;
la felicidad tocaba sus menudos goznes,
detrás de la mirilla alguien a veces sonreía
igual que una estatua. La frescura del tiempo
se evapora y otras voces ausentes
tatúan las paredes de la casa.
La puerta no reconoce mi lenguaje
y es posible que duerma sin saber que la abro.

De Golpe de sombra (1969)







Enigma


1

Va como lo oscuro entre ruidos secos,
o así imagino que se interna entre los árboles,
hacia las fogatas neblinosas del sueño.
Oigo el eco de sus pisadas sobre
el tablero sagrado.
O en el lienzo de esparto que el azar le dibuja.
Va como un quedarse, como un poco de élitros
que se estrujan de no sé qué nostalgia,
de no sé qué cuerpo abandonado
bajo los arrecifes.
Su lentitud recuerda alguna gota de letal azogue,
unas aspas roídas, una morosa barca,
un remoto, un aire helado,
el gemido de una sombra en el desierto.
Ahora sus huesos se alargan hasta el humo.

Todo es un borrón y nada veo.
Sólo esferas girando, y espectros.


2

¿Quien es, quién...?
Apenas lo reconozco en tanta bruma
y tal vez me perturbo con sus pasos,
o son mis pasos hiriendo la marea de la hojarasca.
O triturando ánforas, espigas o palomas.
Detrás la olorosa lluvia del orégano
extiende rostros y manos descarnadas.
¿Estoy soñando acaso?
¿Quién es, quién...?
¿El miedo es quien me mira,
quien me cubre de ojillos
como una nueva piel,
o soy yo mirándome en el espejo?

Uno encuentra tu cuerpo como un cuerpo
hierático y maldito, como un alguien
enterrado en las hondas galerías,
y de pronto levanta lo nocturno
ese palmo de escarcha de otro cielo.

Uno encuentra tu cuerpo en el desfile
de los tenues desastres, llamando a las palomas,
poniéndose de bruces bajo un álamo,
sospechándose a veces un muerto
ataviado de lienzos impalpables.

Uno encuentra tu cuerpo entre los limbos
de los huertos sonando cascabeles
que nadie escucha y luego despabilas
unos gestos tenaces imitando
las muecas del histrión de las pulseras.

Uno encuentra tu cuerpo entre los huesos
del insomnio y la melancolía,
y es un pequeño robot, y es un gnomo
que dispara el aceite del crepúsculo
masticando un sigilo de venturas.

Uno encuentra tu cuerpo dispersando
las horas y los días en la nada,
terco animal golpeado por la bruma,
por el cierzo impaciente y los aullidos.
Uno encuentra tu cuerpo de rodillas.

De Oscuro el enigma (1993)





Hölderlin en su celda

1

Obsedido por un astro, las voces
pisotean la celda de costumbre.
No es el árbol doméstico, encendido.
Tampoco es la metáfora del sueño.
La velada blancura de un peñasco

como un hervor difuso y misterioso
le enloquece un poco más. Las palabras
encandilan el astro y las elipses.

Sólo contempla espectros, lo profiere
a voz en cuello y ronco ritornelo.
El destino del hombre es un celeste

ritmo y la celda se colma de su eco.
En soledad se apaga diariamente.
Su Majestad ordena que me vaya.


2

La princesa de Homburg le regaló
un piano y sus cuerdas las ha cortado
por insidia o por pura negligencia.
«Ahora me llamo, dice, Scardanelli».

Y Scardanelli ocupa sus insomnios,
los papeles borrosos de Diótima.
Estoy tocado por Apolo, piensa
en las calles lavadas de Burdeos.

¿Y dónde está el dulce carpintero,
Ernest Zimmer, Dios mío?... ¿Dónde está?
A veces se levanta por el alba

y en el piano improvisa su delirio:
Todo no es más que ritmo, hasta el poema.
Un ritmo que respira por los astros.


3

¡Qué tormento acatar su propia sombra!
Scardanelli viene de mañana
reprochándome la torpe escritura
y el hallazgo pueril del disparate.

En silencio lo miro y me desato
después, mucho después, en mar de injurias.
Trato de complacerlo, bien es cierto.
Pero basta de insípidas cuestiones.

Que Scardanelli acepte lo que digo.
Yo me detengo en el limpio misterio
del ritmo del poema... Oíd mis sueños.

Es el único modo de expresión.
Es el único modo de invisible.
La real correspondencia, el universo.


4

Hoy contempló los campos infinitos.
Scardanelli y Hölderlin son uno:
es la misma persona algo reacia
que desconoce aquel que lo visita.

Tocó esta tarde el piano, una sonata.
Las quejas del catarro, qué bobera
iluminando la maldita lámpara
y las degradaciones del verano.

Se hace noche, se dice ante los platos
y temblando lo acojo entre las sábanas.
Mi madre reza por su alma en vigilia.

Nadie supo entonces qué sucede.
Vino una luz extraña y muy despacio
en su rostro quedó dulcificado.


5

Lo oigo parloteando todavía
en su celda de ayer y hoy santuario.
Es como si navegara en el río
de la noche sagrada, su locura.

Del orgullo no sé por qué me viene
la estridencia o el aroma fulgurante,
orgullo confundido con pobreza
y esa gana de ser en el olvido.

Sentado en el pequeño sofá, ríe,
conversa o tartajea; lo invisible
le muestra la mano que acompaña,

la inaccesible rosa, el oro mustio,
las ventanas creciendo por el cielo,
y la impalpable música impalpable.

De Vueltas al espejo (1994)



De José Triana a Virgilio Piñera: 
una amistad sin reservas
Por William NAVARRETE

Un poema inédito de José Triana recorre todas las estaciones de esa amistad entre escritores.


Primer acto

José Triana conoció a Virgilio Piñera en Santiago de Cuba. En ese entonces era estudiante del Instituto de Santiago de Cuba y sus profesores Beatriz Maggi y Ezequiel Vieta, recién llegados de Nueva York, invitaron al autor de La isla en peso a la capital de la provincia de Oriente.

Virgilio ofrece una charla en la Universidad y sus anfitriones, entusiasmados por unos poemas que había escrito Triana, desean que ambos se conozcan. En ese Santiago tan perdido y tan encontrado como García Lorca en su célebre poema, Virgilio siente deseos de sacudir (y sacudirse) el provincianismo de la Cuba del interior.

Triana lo lleva a visitar la catedral. Allí mismo, entre sus columnas de un neoclásico titubeante, y ante un joven que apenas acababa de balbucear sus primeros versos, el irreverente invitado se pone a cantar, se remenea, da pasitos de ballet mientras canta El cuarto de Tula.

Ese fue el Virgilio —sacrílego y maravilloso, aunque también agresivo— que conoció primero.


Segundo acto

Llegan los años de ver mundo. Triana viaja a Nueva York, luego a Madrid donde está instalado ya en 1954. Entretanto, Virgilio cosecha éxitos en Argentina. Los ecos de su obra trascienden hasta la península. Allí recibe Triana Los siervos y hace lo imposible por llevar la obra a las tablas.

Lo acompañará en ese empeño la actriz Carmina Santos, bajo la dirección de los teatristas José Moraleda y Aitor de Goiricelaya. La pieza será montada por el grupo de teatro Dido para el cual Triana ha trabajado ya en la puesta de La comedia de las equivocaciones, de Shakespeare. Aquel segundo Virgilio que explora ahora es el del ingenio y talento desbordantes.

Las cartas con consultas y respuestas cruzan de un lado a otro el Atlántico. Gracias a ese intercambio epistolario aflora una nueva faceta del escritor que Triana desconocía. Virgilio será también el conspirador, quien hace que aparezcan publicados los poemas de Triana, junto a los de otros cinco jóvenes poetas (Severo Sarduy y Rolando Escardó, entre ellos), en uno de los números de Ciclón, la revista financiada por José Rodríguez Feo.


Tercer acto

Ha triunfado la revolución. Como muchos intelectuales cubanos dispersos por el mundo, Triana regresa a la Isla atraído por cantos de sirena. Virgilio está de vuelta también. Hay conciliábulos en casa de Rodríguez Feo. Ya la bronca entre José Lezama Lima y el expropiado terrateniente es cosa del pasado. Ahora se vive a ritmo de otro tiempo.

Son años de febril actividad, de temores, también de miedo. Poco a poco se van perfilando las fronteras, van cayendo las cortinas y esfumándose las ilusiones. Aflora un Virgilio jugador nato, aficionado a las cartas.

"Su casa de Guanabo era lo que se llamaba entonces un garito. Allí iba a jugar mucha gente: Zaida (una hija de millonarios de la Cuba de otros tiempos, empedernida jugadora y amante de un hombre bello que le daba escándalos mientras la pareja caminaba por la Avenida de los Presidentes, en El Vedado), no falta nunca, también Julio Matas, Luis Lastra, Antón Arrufat, Rolando Escardó ... Al 'garito' de Virgilio se llegaba a las 11 de la mañana y a veces nos agarraba la una de la madrugada jugando, hablando, hasta echando pestañazos. ¡El entra y sale de gente era constante!", rememora Triana.

Aquel era otro Virgilio. El que se refugia en los amigos, en la conversación y en las ilusiones de la mesa de juego. El que intenta dar la espalda al ruido exterior, a las marchas, a los uniformes, a las trompetas finales de la revolución y, por qué no, al miedo.


Coda

Del pasado van quedado pocas cosas. A veces hay reuniones en el cálido hogar de Olga Andreu. Muchos se han ido, otros optan por refugiarse en el silencio. El mundo se ha acabado. Virgilio y Triana han sido "ubicados" en la Imprenta 8 del Instituto Cubano del Libro. El trabajo era un castigo, pero le revela otra dimensión, un universo del que lo ignoraba todo.

Para Virgilio empieza el fin interminable, pantanoso, los años oscuros de la década de 1970. Y su muerte acaba por llegar un buen día, cuando en realidad ya no asombraba a nadie. En el recuerdo de Triana hay una tarde de 1979 y un entierro que rompe la monotonía del trópico, una velada a la que asisten muy pocos.

Su muerte devuelve la imagen del hombre que siempre vivió solo. Es el último de todos los Virgilio el que ve ahora del otro lado de la tapa de su féretro: el hombre maltratado, el de una obra inusual e inaceptable según el canon cubano, el de su grandeza incomprendida.

"Algo me hizo pensar que en ese instante Virgilio recibía su último castigo por la furia, por la tanta furia, con que se empeñó siempre en ser un hombre eminentemente libre y extraordinario", recuerda Triana antes de extendernos este poema que ha escrito hoy a la memoria de su buen amigo:

Sonata de un violín desafinado para Virgilio Piñera

Me encanta la idea de dedicarte un poema
distinto a lo que escribo.
Aireando las mismas virtudes y defectos,
las mismas inseguridades y los mismos miedos
como una campana rota y militante.
como una amistad honda, sin reservas,
como tú bailando y tarareando en los pasillos
de la Catedral de Santiago al mediodía, exaltado,
"la tía Tula, que me den candela".

No busco engrandecerte ni disminuir el curso
de tu trayectoria única, hecha de sacudimientos,
traiciones y lealtades, de vértigos e inquisiciones
de palabras escogidas desde el fondo, del fondo
de ese laberinto que anubla y embellece,
cuyo nombre ignoramos.

No voy a discernir qué impulso o qué fiebre
de frío carapacho y melancolía
entorna ese desdén de La carne de René
quizás un acto de venganza y de piedad
contra los infundios de Cárdenas y Camaguey.

Aire y fuego, fuego y aire, qué sofoco,
es un martirio andar por esas calles, dice tu hermana,
ardidas por el sol de la mañana, innoble,
repite tu padre y se queda mudo
mirando mariposas entre nadie
detrás del arco iris, irrepresentable,
de ahora y de ayer y tal vez de siempre
con la impresionabilidad de un niño.

Me mostraste las formas y la fuerza de un texto
en sus gradaciones especulativas y sentimentales.
Cosa rara, en verdad. Diría, sí, casi inaudita...
No solías hacerlo, no lo hacías,
aunque quizás de otro modo
una fiesta se abre, una fiesta se cierra.

No convoco las rondas del misterio
que entrampa y domina, sin embargo supongo
que esa puerta incógnita, esa puerta intangible
es el eco que guardabas celosamente
de tu vida anterior en Buenos Aires.

Me enseñaste, lo digo sencillamente,
la insobornable creencia en el poema
de la vida que agita en las palabras,
el tesoro, la fiesta, lo increíble fungiendo
de creíble marioneta, mares tumultuosos
y diáfanas riberas, tú me enseñaste el pobre
habitáculo, el artificio del artificio
que puebla los jardines de la inteligencia.

Nos unía la mediocridad provinciana y el desorden.
Fríos los lazos, frío el hallazgo,
fría la conversación y su estridencia
malvada, estamos en el puerto e ignoramos
los vértigos del reloj, la diáfana claridad
de la atardecida en el plato de garbanzos
y los panes humedecidos de viejos.

Calvert Casey podría llegar de un momento a otro
bamboleando la crítica de Aire frío
entre folios amarillos desasosegados.
Una victoria tuya indiscutible.
Tu obra rozando la verdad de cada día.
¡Ah, el fervor de verdad y del escándalo,
la sierpe de las confidencias y el vacío,
las dudas, los desconciertos y ciertas torpezas!

Somos tan inmaduros como las hipérboles.
Juan, mi sobrino, vino a verme el miércoles
y caía un chubasco de padre y señor mío.
Yo me contemplaba en el armario de muecas,
mientras discutíamos de las avispas de oro,
de la creación del mundo y de las planicies bárbaras,
cuando un tercio de soldados llegó,
displicente y extraño mendigando favores
sexuales a los negros que limpiaban las calles.

Era domingo entonces, domingo luminoso
y me sacaba los dientes postizos,
contra las compuertas, contra las lámparas,
y Agamenón asestaba un salivazo
a la mujer desnuda de Manet en el cuarto atestado
de sillas y mesas y relojes anticuados,
vejados por el tiempo como rostros.

Yo me inclino y aventuro el poema festivo
que no he escrito. A dos pasos se miran
las calandrias y los cisnes perversos,
creando un manifiesto de músicas celestiales
y dados de anatemas y de concupiscencia.

Flora con su tacón jorobado muestra el camino,
a los cuentos y siluetas del teatro
indomesticable en su ardor de ser.
Era un tumulto que tratabas de ordenar a
tientas y tu discernimiento se quedaba
replanteando los signos
inconmensurable como la nada.

Zaida reparte las cartas desgastadas
por la maldita trampa del instante.
La viuda y el juez acomodaban sus teorías
ante el asesino displicente. Clitemnestra,
Orestes y Electra formaban un triángulo
de asedio y de herméticas alucinaciones.

—¿Quién está ahí, detrás de la puerta?
¿Quién ha osado romper el círculo?
Ni la madre enferma ni el padre timorato.
Quizás el hijo sepa de los dedos cruzados
o se apropie de la sabiduría de los ancianos
desdibujados en las calles y en las ánforas de los templos.

Maya y César te ofrecen un almuerzo en Las Ruinas,
entresoñando el estreno de Dos viejos pánicos
mientras Olga balbucea un enigma
y el cotarro se ahíta de palabras
en contra, silenciosas y baldías.
Tú superas la historia, la trasciendes
en el lúdico ensamble de El que vino a salvarme,
insidioso ejercicio de la fiesta,
negando la grandilocuencia y el desdén.

Entre luces ritmadas el afán de la muerte,
junto a Lezama entero, también casi sagrado,
y en el alba de espejos el alba de la vida,
generando victorias y descréditos.
No me acuerdo de más, no me acuerdo de menos.
Quiero acariciar tu frente en el féretro
y mi mano se esconde, se castiga, y se pierde. 

Estoy esperando tu visita y tu crítica
semejante a sonidos de luceros,
y sé que tal vez nunca volveremos a vernos
o sí fragmentariamente en los sueños,
un libertario esquema de esperanza,
y entre borrones fielmente te alabo,
con la humildad de ser siempre a pedazos,
tu vida abraza el arte y la memoria.

José Triana
París, noviembre, 2013.


Articulo: http://www.diariodecuba.com 22/12/2013








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