jueves, 31 de julio de 2014

GABRIEL SILVA [12.598]


GABRIEL SILVA 


Nace en Santiago de Chile, en 1974. Es Ingeniero. Fue Becario del Taller de la Fundación Neruda en 1996. Obtuvo Mención Honrosa en el Segundo Concurso Iberoamericano de Poesía 2004, de la Municipalidad de Temuco, en el marco del centenario del natalicio de Pablo Neruda. Ha sido incluido en la Antología Cantares. Nuevas voces de la poesía chilena , (LOM ediciones 2004). 

Ha publicado los libros de poesía Números de Reo (Santiago: Calabaza del Diablo, 2004) y Juana de Lestonac (La Calabaza del Diablo, 2010).




Números del Reo 
(Editorial Calabaza del Diablo, Chile, 2004)


El notable Gabriel Silva


Por Raúl Zurita

Asombra comprobar que Números del Reo (Editorial Calabaza del Diablo, Chile, 2004), el primer libro de Gabriel Silva (Santiago, 1974) y uno de los más enigmáticos e iluminadores de la poesía que se está escribiendo hoy, no haya encontrado hasta ahora en nuestro país ningún eco. Jamás me ha gustado el oficio de crítico literario, pero la precariedad de ese oficio en Chile (que deja pasar obras como esta) lo obliga a uno a veces a multiplicarse. Lo primero que deslumbra al leer este libro es la exactitud de su construcción matemática que nos muestra, a través de poquísimos elementos: una celda en el medio del desierto, un reo, una mujer que se llama Mariana, las interminables vicisitudes del tiempo, del cuerpo, de la soledad y de ese otro silogismo que representa la palabra amor.

Números del Reo propone un viaje donde la ceremonia de lo humano, sus paradojas y conflictos, se enuncia en un laberinto de proposiciones lógicas donde, desde su celda, el reo observa y relata el perdido infinito de sus múltiples huidas. La lectura traza una soledad extrema desde la cual paradójicamente emerge una silenciosa historia de amor. Luz Mariana hace las veces de Beatriz y Virgilio es el físico teórico austriaco Wolfgan Pauli al cual Silva, visita en su tumba. Poco a poco la escritura, sin perder jamás su distancia, su calculada objetividad, se va convirtiendo en una suerte de plegaria 


"...admiro la capacidad de no contener vida
sal en manos de uno mismo 

el espíritu es sal en la mesa de Dios". 

Lo que se ve entonces son las paradojas del tiempo, del amor, de la vida y de la muerte, a través de una historia secreta, sensible, que refleja una extrañeza e inquietud radical que no había sido puesta antes en estos términos. Uno de los poetas y críticos más reconocidos de hoy, el uruguayo Eduardo Milán, celebrando este libro en México (reseñistas de Chile ¡lean!) señala precisamente ese "juego extraño de intimidad y exterioridad, de acercamiento al mundo dado por la coloquial del lenguaje y la intimidad reflexiva y desolada, de conciencia solitaria. Hay un cierto humor que atraviesa subterráneamente el libro, lo que lo sitúa en esa dualidad escritural entre trágica y humorística (no cómica) que lo acerca a Kafka". 

Esa constante dualidad es uno de los mayores atributos de Números del Reo. Sus poemas son a la vez tiempo y reflexión sobre un tiempo que no deja de preguntarnos en qué realidad estamos presos. El ser humano es un reo en perpetua escapatoria, teorema sin confirmación posible "amaba lo constante de su huida/ cuando se está siempre en el mismo lugar". En síntesis: un admirable trabajo.



"la luz
une el equilibrio con las palabras
monosílabas
la geometría es una palabra no divulgada"





"el reo es una celda imaginaria
su espejo es la luz del norte...
el lugar donde la dimensión de su pensamiento
choca estrepitosamente."




Poemario inédito La casa .


Los poemas que presentamos a continuación pertenecen a su poemario inédito La casa .


MIEDO

(Un hombre solo habita una casa sola su manera de caminar es electricidad)
La casa es familiar los pisos flotan y las luces permanecen a su manera –vacías-
la casa es familiar como las escaleras (peldaños en movimiento) súbitamente se vuelven luz y las ampolletas todas en el primer piso zigzaguean
la casa es familiar y el murmullo de otras habitaciones las de su pensamiento:
horas frente a la ventana que da al jardín interior

(Se mira a sí mismo como las amapolas de un jardín interior electrizadas en paredes amarillas conductoras)
Cuando los pájaros sangrientos se meten por las ventanas y oyes a las paredes amarillas hablar de ti
es tiempo de gritar y correr por el parquet hasta el pensamiento anterior
ves como se suaviza el murmullo y los pájaros son tan solo la sombra china de tu destino
piensas que hay una fortuna inagotable en sentir ese miedo
tu miedo es anterior a la casa
el amarillo de las paredes no es efecto puramente físico irradia cierto calor espiritual
la casa es siempre el reflejo de tu pensamiento anterior

( Transfiere su energía de un cuerpo a otro cuerpo vacío)
Quien huye de la casa quien sueña con puertas abiertas de par en par esconde una manera criminal de contenerse
la casa habita su   propia huida
y el hombre sube por peldaños de la contención su imagen   -hojas electrizadas del jardín interior-
él sueña con puertas de abiertas para no ser incendiado por las amapolas
habitar una casa es caer siempre hacia el futuro
                                   




II: AMAPOLAS

_ una casa derruida    en su manera de caminar
_ pájaros sangrientos    o el gesto de su última mirada
( cuando el hombre solo dobla por            Juana de Lestonac al parque en otoño            –que es la palabra de cada invierno-           piensa en un parque con amapolas, mientras           a sangre corre por el parquet de           su pensamiento)


_ el ademán de las amapolas    cuando se vuelven fractura
_ toda destrucción    debe ser reinventada inmediatamente
_   derribada la simetría     cada pared se vuelve amarilla y conductor
                               ( toma un café en la dulcería de Bibiana,                                son 10 para las 12, llueve.                                La simbiosis constante que lo persigue                               -el habitar y el ser habitado- cuando su                               temor es de una infinita violencia.                              Escucha entonces el murmullo del parque                               incendiado)




IV Desaparición

1

Hay un cuarto con libros y música una silla que gira
hay un hombre con modales de libro que gira en contra sentido / su voz amarilla y una mancha en la pared que crece en otoño
las ventanas del cuarto se abren y la imagen se retiene cuando el hombre ha parado de girar
en el cuarto con libros y música la luz penetra con una sustancia distinta al amarillo de su voz
( un reflejo de sombras en el espejo circular)
y la luz se queda en el rincón de la pared / muda


2

Si caminas por Juana de Lestonac y te detienes frente al número 138
un hombre golpea su cráneo / contra la pared en el tercer piso
  su voz es el ritmo que domina la obsesión
y si miras con detención la luz del cuarto es una mancha de sangre que va creciendo proporcionalmente   a la desaparición del hombre


hay gestos que no se han ido puertas / abriéndose y cerrándose a media tarde
vasos / con un cristal distinto al vacío servidos en la mesa
solía poner un disco con las variaciones de Goldberg rasurar su cabeza dos veces por semana
el gesto es inclinar el cuello para que la sangre gotee al ritmo de las variaciones
el gesto es tomar el vaso sentarse en la mesa como un cristal distinto al vacío
y lentamente desaparecer.




V Realidad

( Si no profundizo en el hombre no profundizo en la realidad )


Su disciplina es estar siempre en el pensamiento aunque –por lo mismo- no pueda dormir cada noche porque la realidad estaba « fuera de casa, en otra parte… »
quizás / dentro de las paredes amarillas todas las llaves goteen y los libros se incendien
pero ciertas cosas deben manifestarse la puerta que se cierra de golpe
puerta y pensamiento han ocupado su lugar
y se reubica cerca de la ventana para observar hacia sí mismo como un hombre sale a caminar por Juana de Lestonac de noche.





Juana de Lestonac. La Calabaza del Diablo, 2010.


Juana de Lestonac es el segundo libro de poemas de Gabriel Silva (Santiago de Chile, 1974). La primera edición de este libro se realizó bajo el sello editorial español Dilemas en 2006. Este año Libros La Calabaza del Diablo lo reedita en Chile.
Este pequeño volumen es un libro que recoge el tono y el objeto de Números del Reo, libro anterior de Silva. A diferencia de éste construye un recorrido en que el sujeto de la escritura se enfrenta al espacio cotidiano –la casa- como un escenario pero también un interlocutor resistente, quien pone de manifiesto que el lugar donde el ser habita es un desplazamiento con tiempos propios: “La casa ha quedado vacía / el silencio se acomoda / en las otras habitaciones”.


Un desahuciado en casa:
Sobre Juana de Lestonac, de Gabriel Silva

Por Felipe Ruiz


Con toda seguridad, la poesía debe ser una de las artes que más se acerca a la arquitectura. El poeta es un arquitecto y la poesía es su forma de decir que cualquier diseño o superestructura de hormigón no es más que un remedo de obra comparado con la prolongación en la palabra de un habitad humano. Porque una vez que un poeta ha terminado una obra, comienza a vivir en ella como si fuera su madriguera, su hogar.

Es así como se acerca la poesía a la arquitectura y el poeta mismo se asemeja a un albañil - arquitecto que imagina y luego construye su morada con la palabra, para habitar en ella e invitar a quien quiera morar también ahí. El poeta es un anfitrión.

Pero en unas ciudades que han crecido desmedidamente como las latinoamericanas, con cero respeto por el arte del diseño y con un voraz instinto inmobiliario, la poesía debe alimentarse de la palabra como si fueran desechos de experiencia de las vidas pasajeras y fugaces de los tripulantes de las urbes latinas. Porque de cada uno de los gestos que se esgrimen en los edificios y departamentos de Lima, Santiago o Ciudad de México uno pudiera acaso hacer un extenso poema del desdén y el desperdicio de vida que surge de la rutina, del tedio de la ciudad.

Con todo, la poesía encuentra sus propias respuestas. Y es en este libro publicado recientemente en España, Juana de Lestonac, del chileno Gabriel Silva, donde la experiencia sombría del abandono en la urbe capitalina resuena con mayor vehemencia. No se trata simplemente de un libro que renueva el eterno contrato entre el poema y la casa. Por el contrario, no hay aquí un lugar para la acogida tierna, para el recogimiento en un hogar que se ofrece como contrapunto necesario al despiadado avance de la urbanización mercantil. Es como si inclusive la casa misma fuera ahora también dominada por un instinto salvaje de depravación comercial. Por que es el hogar lo que en las condiciones actuales de urbanización de nuestras ciudades ya no se ofrece como el lugar de "acogida" tal y como se pensaba en la poesía lárica e inclusive en la poesía urbana de fines del siglo XX:



Quien huye de la casa
Quien sueña con puertas abiertas
Esconde una manera criminal de contenerse

La casa habita su propia huida



Este desmedido encuentro, entonces, de un sujeto completamente alineado en su cotidianeidad, sorprende a la casa. Y la sorprende no porque la casa ya no sea arquitectónicamente un sitio de encuentro de las parejas trabajadoras - hace tiempo que eso ya no ocurre -, sino porque los seres humanos nos hayamos completamente solos en nuestra casa, abandonados frente a la gélida pantalla de un televisor o ante un libro, sin posibilidad de huir de ella pero tampoco de quedarnos demasiado tiempo. Porque lo que más aterra de la casa contemporánea es la soledad en la que cada ser humano vive enfrascado (inclusive si vive acompañado), entregado al tedio solitario de ver repetirse los días y las noches con la sola esperanza de encontrar lejos, muy lejos del hogar, seres que puedan compartir la misma desdicha.

La poesía de Silva se ofrece así a una búsqueda desenfrenada de compañía en medio de la soledad de la casa, la soledad que se presta al abandono. Una compañía refrendada por la comunicación truncada con el prójimo, que vuelve cada poema una partícula de lamento solitario, como si cada verso hubiese sido escrito en voz alta en medio de un living abandonado. Esta no es una casa imaginaria, en este sentido. Se palpa en este poema la patencia real, el padecimiento del hablante que describe cada palmo de su hogar, cada pared y habitación de la casa con la viveza de lo acaecido. Y si acaso fuese real esa morada descrita a lo largo de las páginas del libro, cuanto más estremecedor aún el hallazgo poético ante una realidad que a veces obliga a la mudez o llama a la locura:



La casa ha quedado vacía
El silencio se acomoda
En las otras habitaciones

Un charco de sangre corre a prisa
Buscando algún parquet tibio



Beatrices no hay en este poema. Pero su ausencia es más bien el efecto de una suspensión: pues la mayor fuerza y radicalidad de esta poesía estriba probablemente en la soledad de un hogar que por masculino llama con toda su fuerza a la posibilidad de entroncar con lo femenino una posible salida, un escape apremiante ante la voracidad de la casa. Si todo hogar es, como se ha dicho, por esencia, una construcción femenina, la situación experiencial del hombre con relación a la casa, cuando se vive en soledad, no puede ser sino la que llama con todas sus fuerzas a la posibilidad de encontrar en el murmullo de las paredes, en la fantasmagórica cocina, un cuerpo o un espacio vacante para la feminidad. Pues si la feminidad es, probablemente, lo que salva al hablante de la absoluta locura, es la ausencia de esa figura en este poemario lo que le da una fuerza vital latente.

La resignificación del espacio es otro de los puntos fuertes de esta entrega, ahora para desplazarnos a un terreno un poco más pantanoso. Porque el espacio aquí es lo apremiante y el tiempo aparece como un lugar desvanecido o bien truncado ante el acoplamiento algo azaroso de momento disímiles que se entrecruzan con extraña fascinación entre las cuatro paredes de la casa.

El sujeto de esta escritura parece moverse por un lugar de múltiples significaciones históricas, no encontrándose nunca atado a un momento específico del tiempo, como si la casa entera fuera una suerte de mecano que construye su propia cronología a la par con las motivaciones intrínsecas que mueven al hablante. Los distintos momentos por los que el sujeto de escritura se desplaza sitúan al hablante en una posición dúctil dentro de las habitaciones que describe. Los objetos cobran así una nueva movilidad al interior del apartamento, pasando a ser ellos los protagonistas principales de la situación experiencial del sujeto:



El tiempo ha mejorado, por las noches
Sale a caminar, a menudo se encuentra con un
Perro negro que lo sigue.

Él espera una señal rumbo a casa, sabe que nadie
Camina solo en las noches de otoño.
La señal pudo ser el contacto con la sonrisa de otro,
Que como él caminaba, pero en dirección contraria.



La situación de ruptura con respecto al tiempo obedece en este poemario a la situación de un sujeto que ha debido sortear la cotidianeidad para hacer arribar un tipo de experiencia distinta con respecto al prójimo. En este ir y venir del hablante acaso se divisa un poco de la ligereza de su paso por la tierra, y viene a recordar que ninguno está a salvo del anonimato glorioso de habitar, engendrar y morir en una estancia que puede bien ser la más íntima soledad del hombre respecto de los enceres.

Algo recuerda, de pronto, algunos pasajes de Residencia en la tierra en esta poesía que hace del espacio un mundo circular donde el hablante transita cual fantasma. Se trata, entonces, de unir esa experiencia de derrota del sujeto a la situación misma de un Neruda sin anclaje territorial, donde la experiencia del lugar queda así desdoblada en la posición de una universalidad vacía.

El espacio entonces ha roto con el tiempo para eliminar cualquier vestigio de historicidad. Conclusión final, quizás, de una poética profundamente contemporánea a los abatates de nuestro tiempo, donde el tedio y la abulia cotidiana terminan por convertir cualquier tipo de aventura política en una desazón individual, la experiencia colectiva en el más desmedido encuentro con la soledad personal.

Con todo, Juana de Lestonac de Gabriel Silva debe ser uno de los libros más intensos e interesantes de la poesía chilena publicado el año 2006, llamado a convertirse, sin duda alguna, en el solitario referente de un grupo de autores que ha debido convivir con su propia soledad. Lejos de los guiños generacionales, la soledad de este hablante se condice con la de un poeta que a sus treinta y tantos ha sabido generar un espacio personal y completamente ajeno a las redes poéticas que asolan la capital. Excelente entrega la de la editorial española Dilema que prueba la buena recepción internacional que goza la joven poesía chilena, contribuyendo a terminar con las exclusiones territoriales y las franquicias locales. Quizás el propio Silva acierta en eso: la casa debe ser destruida desde su interior.



(Su manera de caminar
es electricidad)


La casa es familiar 
los pisos flotan y las luces permanecen
a su manera -vacías-
la casa es familiar 
como las escaleras (peldaños en movimiento)
súbitamente se vuelven luz
y las ampolletas todas en el primer piso
parpadean
la casa es familiar 
y el murmullo de otras habitaciones 
las de su pensamiento:
horas frente a la ventana
que da al jardín interior



*


(Transfiere su energía
de un cuerpo
a otro cuerpo vacío)


Quien huye de la casa
quien sueña con puertas abiertas
de par en par
esconde una manera criminal de contenerse
la casa habita su propia huida
él sube por los peldaños
de la contención
su imagen - hojas electrizadas 
del jardín interior -

sueña con puertas abiertas
para no ser incendiado por amapolas
habitar una casa
es caer en el futuro
toda destrucción
debe ser reinventada inmediatamente
derribada la simetría
cada pared se vuelve amarilla y conductora


*


El circuito eléctrico es el siguiente:
En el primer piso un living-comedor, una cocina,
un baño y la mesa servida.
En el segundo piso el dormitorio, un cuarto con
libros, la silla que gira y la obsesión. Un tercer 
cuarto cerrado con llave (contiene muebles de la 
dueña anterior -señora Ruby- no ha muerto, pero
sus muebles han muerto).
Todas las ventanas dan a Juana de Lestonac,
excepto una que da al jardín interior.
Para que haya corriente, las paredes deben
ser amarillas, el piso no debe mojarse y las
ventanas deben permanecer cerradas.


*


Quienes deseen salir de símismos
deben apedrear
las ventanas de sus casas
dejar que los vidrios revienten en la calle
y se expandan
prender fuego a las puertas
e incendiar los pensamientos
no huir corriendo
seguros de permanecer con vida
sino quedarse en los pasillos 
envueltos en frazadas
hay que gritar con fuerza
a las ampolletas
y con un martillo romper
todos los enchufes
la casa debe ser destruida 
desde su interior.










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