martes, 22 de julio de 2014

DANIELA CAMOZZI [12.433]


Daniela Camozzi  

(1969 - Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina)




Marca

Hasta ahora nadie supo ver
el collar de cuentas transparentes
que rodea mi cuello por las noches.






Última trasnoche

Como una pitonisa
anuncia calamidades
y se encorva para murmurar
su adivinación:

Tantas noches en vela
harán de tus ojos
dos cuencos de cal.

Es agosto, llovizna
y un sol blanquecino
revela mugre vieja
en las azoteas.






Acción

El modo en que se arremolina
la capa del superhéroe
sugiere una posibilidad de escape.
Pero si “éste es el fin del mundo
tal como lo conocemos”:
¿Se descompondrá la materia
corrompida por la luz
oblicua de tu pensamiento?

(De “La felicidad ajena”, Buenos Aires, Huesos de Jibia, 2008)






Eso no cambia el fondo de la explicación

Las trayectorias parecen inclinarse
hacia tu percepción de las cosas
e insisten en aquella misma piedra
como si no fuera ya tiempo
de catalogar los obstáculos
o por lo menos de plantearse
alguna hipótesis efímera y abandonar
esta costumbre del lanzamiento
para esperar después
la consabida pérdida de impulso.

(De la serie "Breve historia de la mecánica celeste", 2008)






la realidad del cuerpo

suele decirse
que un cuerpo aparece
cuando se lo toca
y que antes
no estaba ahí
el mío apenas sale
cuando se choca
con algún mueble
y se magulla
o al apoyar
la mano en la mesada
y así el metal
me devuelve la mano
como propia
ese es también
un cuerpo
pero menos
es como una anticipación
un fragmento
es que si nadie lo toca
él no está
del todo ahí
hasta que sí aparece
como suele decirse
estremecido por la caricia
y deja de ser
un fragmento que se apoya
en alguna superficie
para tener realidad
con tu caricia aparece
la realidad completa
de mi cuerpo







fugacidad

si toda dicha es fugaz
que este pelo revuelto en tu mano
el recorrido de los dedos
por el borde de tu omóplato
que este desbande en el centro de mi cuerpo
esta fosforescencia
se sostenga un segundo más
que todavía no se apague





talismán 

cuando simón detecta
que sigilosa me pongo
la cartera al hombro
para irme de su casa
después de haber jugado
a viajar a otros planetas
me grita “tida no te vayas”
y ahí yo le digo
mientras le acaricio la frente
que es hora de dormir

él se da vuelta
y me pregunta hablando
por su celular fluorescente
“hola tida ya te vas?
bueno, pero volvé mañana”

al otro día
mi hermana me llama
a mi celular de verdad
para contarme que simón
la notó muy triste
y concluyó: “mamá,
estamos tristes”
“¿por qué hijo?”
le preguntó ella
con su voz
de hablarle a simón
y con sus ojos
de mirar a simón

“estamos tristes porque
no está la tida”

y yo que voy por la calle
cargada de paquetes
haciendo malabares
me empiezo a reír
con esa risa que me sale
cuando no quiero
y resquebraja
toda la armadura

espero un rato y
la idea aparece:
armar con su voz
y con sus ojos
un talismán fluorescente
un talismán luminoso
lleno de cascabeles 





cómo odio las bromas de los anestesistas

ayer me sacaron
varios pólipos del útero
y ahora alguien
analiza las muestras
en algún laboratorio
de la ciudad

justo antes de dormirme
llegué a escuchar
en un temblor incontrolable
la broma del anestesista
sobre las numerosas vueltas
que debieron darle
a la enorme bata de papel
que me pusieron

mientras su voz se diluía
yo alcancé a rogar
que por favor
nunca me volviesen a crecer
esas protuberancias ahí
ni en la piel ni en las glándulas
ni en ninguna parte

cuando desperté
el cirujano me tocaba la frente
en una caricia involuntaria, fugaz,
como si supiese
que mi dolor era anterior





ital park

todavía me da pena
aquel bolso amarillo
con sus pequeños mickeys
y sus rombos matelassé
destrozado por las ruedas
de los autitos chocadores
a los que me subí
para darles el gusto
entre empujones

presión de pares
dicen las teorías

está bien, pero qué otra cosa
podría haber hecho yo
más que decir sí
y dejarme llevar
al horror de la montaña rusa
y su ascenso traqueteado
a la fatal náusea del samba

no fueron esas teorías, no,
todo, todo era por el olor
a chicle de tu aliento





pavura

las lentejuelas de la blusa
se descosen y caen
y hacen ruido
mucho ruido
sobre el papel

todo lo que anotás
en tu libretita japonesa
termina siendo siempre
sobre lo mismo

aquel amor
el enunciado imposible

cómo se dirá pavura
en japonés

no sé
lo único que importa
es que tu frase se sostenga
por sí sola


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