lunes, 16 de junio de 2014

VÍCTOR FRANZANI [11.930]


Víctor Franzani

Víctor Franzani (Chile  1916 - 1983). Poeta. Publicó "Ánfora del sueño" (1936), "Arquitectura de la sombra" (1939), "Meridiano del hombre" (1959), "Austro herido" (1960), "Territorio libre" (1961), "Largo amar" (1962), entre otros.




“Recorro en tu cuerpo las distancias
de apretadas colinas voluptuosas,
de robustas arterias torrentosas
donde guardas la fiebre que me escancias.

Hay sabores silvestres en tu boca
y es tu piel horizonte arrebolado
hay aliento quejoso, apresurado
el fruto del amor que me provoca.

Es un tiempo de fugas desatado
de palabras y fuegos consumidos
de volver a iniciar lo ya iniciado.

Sometido, entregado a tus sustancias,
en mi sangre me quedo detenido
hasta verme de nuevo en tus distancias”.



Ánfora del sueño
Autor: Víctor Franzani
Santiago de Chile: Impr. Universitaria, 1936


CRÍTICA APARECIDA EN EL MERCURIO EL DÍA 1937-11-07. AUTOR: NORBERTO PINILLA
Con un cuaderno que contiene catorce breves poemas, inicia este adolescente la ingrata vida pública de poeta. En Sudamérica, por tanto, en Chile se comienza a escribir antes de los veinte años, y a los treinta se ha agostado el fervor. ¿Por qué? El análisis de las causas de tal fenómeno me llevaría demasiado lejos.

El entusiasmo de los jóvenes es grande por publicar; pero toda tarea literaria no solo necesita fervor, sino constancia y amor sin desmayos por lo bello. Víctor Franzani Cabrales, al publicar “Ánfora del sueño” (Ed. Manuel Barros Borgoña, Santiago, 1937), obedece a ese interior mandato de expresarse. Está bien, muy bien, tener fe.

No se puede afirmar que Franzani haya conseguido la justa plasmación de su verso. Pero en su cuaderno hay momentos poéticos de buena clase. En “Viaje de espirales”, canta:



“Humo que se aleja
nube que no vuelve,
negros caracoles
de una fuente roja”.



Los poemas titulados “Mujer” y “Deseo” son también de buena calidad. Poesía de estilo sencillo, sin retorcimientos, sin angustias ni misterios es la de este joven autor. ¿Va a crecer? Es seguro. Porque hay en su labor sinceridad y modestia. No hace girar el molinete de la metáfora; pero sabe manejar el idioma. Y la poesía se compone de idioma. De ahí la necesidad de estudiar, de penetrar en los tesoros de la lengua escrita. A mí me parece que Franzani va por buen camino, porque está adquiriendo conocimientos.

El arte no es un milagro de la inspiración, ni de las musas griegas ni de los números mitológicos. Es producto del talento, la volición, la disciplina, la emotividad. Además, en el arte poético, como en todo arte, existe un elemento imponderable e irracional que se escapa a la previsión, y que hace de tal actividad un cercano pariente de la religión y la teurgia.

En el fastigio de “Ánfora del sueño” debió insistirse en la humildad del autor, en esa buena humildad, tan rara en los muy jóvenes, que adorna su poesía. Si Franzani se mantiene en ese tono, su labor se mejorará, porque la humildad es la firme hermana que ayuda a subir la ruda cuesta del arte. Pero en vez de esa página orientadora tiene una “presentación” firmada por Róbinson Gaete. Pocas veces he visto en menos espacio más confusión y presunción conceptuales. En fin, es una página inútil, porque no cumple ningún papel para el leyente ni para el autor “presentado”.

Es preciso que Franzani siga y siga escribiendo para que con el concurso del tiempo, del estudio y del talento natural que posee, dé rápidos frutos en un futuro próximo.




Arquitectura de la sombra
Autor: Víctor Franzani
Santiago de Chile: Del Pacífico, 1939


CRÍTICA APARECIDA EN LA NACIÓN EL DÍA 1939-08-20. AUTOR: ANDRÉS SABELLA
¿Qué oscuro piloto tomó los ojos de este poeta para pasearlos por los desolados dominios del hueso perdido y la carne que se engaña con sus propias pesadillas? Porque en su primera herida de canción fue el sueño su bebida. Hoy.

“¡Hay sangre y muerte y musgo,
tu venida y mi estrella lo anuncian!”

Joven, con los instrumentos de la mañana entre los dedos, siente el mordisco de la abeja funeral y se echa a buscar el signo que leen los cipreses, a entender el idioma sin banderas de la noche donde:

“la leche se hace cintas para arreglar los astros y parir en las lunas sus mensajes celestes”.

Joven, quiere penetrar los pliegos de la muerte, recostarla en su memoria y describirla en el humo y las horas de la soledad iluminada. De este modo se evade del círculo de rosas del idilio y, a tientas, corre o vuela por los callejones del misterio para darse la mano con las mujeres o las sombras de las mujeres de aquel reino pálido en que “cinco huesos jurando arrancar las ideas”, forman la flor de la ceniza…

Es importante seguir a este poeta que conoce el color de la pasión y estudia los contornos del mundo. Importante porque alguien tocó de llanto su marea, cuando su corazón se comunica justamente con el fusil y la tinta de la aurora. ¿Qué puerta nacerá después en su destino…?

¿Qué puerta? El romance (ahora, la luz donairosa, el paso de luz en baile de sonrisa), a lo que parece. Es decir, en su trayecto tendríamos, entonces, médula de sueño, estada en la muerte y júbilo azul de pueblo niño, manera de lirios que juegan al “dejad haced, dejad pasad”, porque, ¿no es esto el anuncio de su “Romancero de las Horas”?

Flagelando su voz, tornando la línea melodiosa, en el repliegue para el asalto, Víctor Franzani, “del Angurrientismo”, nos conduce por su “Arquitectura de la sombra” como un príncipe que desarrollara para nuestra frente:


“El silencio que cruza
lentamente en los pájaros…”


Finando el libro, quema una llama de angustia en este consejo de vitriolo:

“…¡No olvidemos, amigos que llevamos abajo cavidades iguales para dormir gusanos…!”

Y todo gira como si el tiempo fustigase enloquecido y sediento; pero a través del caos se oye clamar que:

“colocar en la sangre un poco de vinagre es darle a la mañana el más puro jacinto”.

Y se ordena el latido y en las rayas de la mano surgen los navíos que traen las materias de la confianza y la esperanza, un poco de luna para la pieza que nos acompaña a soñar y a morir.





Meridiano del hombre
Autor: Víctor Franzani
1959


CRÍTICA APARECIDA EN EL SIGLO EL DÍA 1959-08-09. AUTOR: YERKO MORETIC
“Meridiano del Hombre”, Víctor Franzani (Santiago, 1959)

Ya en “Arquitectura de la Sombra” (1939), mostró una poesía algo extraña, muy poco accesible al análisis y menos a la interpretación volandera. Estas resistencias se originaban más en la complejidad de la trama conceptual y afectiva que le servía de base que en la desintegradora moda de elevar a categoría estética los disparatados estallidos del SUBCONSCIENTE, moda que en aquellos tiempos fue muy seguida por numerosos poetas jóvenes. Es cierto que, pese a su cuidada estructura, las composiciones de Franzani dejaban traslucir, en uno que otro verso, diversas huellas, concomitancias, afinidades; pero, lo más importante, la carga vivencial del poeta, su riqueza interior, era entregada mediante una densidad metafórica poco común, de tal manera que se volvía difícilmente aprehensible. No primaba –es preciso insistir- la metáfora adventicia que algunos escritores multiplican febrilmente por una falsa comprensión del lenguaje poético, ni tampoco la figura repujada a todo costo para disfrazar la debilidad del contenido. No obstante, sólo una lectura muy atenta permitía advertir que las formas expresivas traían, fuera del esporádico juego verbal, o del disloque lógico intencionado, una profunda tristeza en sus obscuras conexiones, tristeza –repetimos- sólo insinuada, no extravertida claramente.

Han pasado veinte años exactos –¡cuán largo silencio!- y el nuevo libro de Víctor Franzani, “Meridiano del Hombre”, reitera las notas fundamentales de su anterior poesía, pero desarrolladas, maduradas, más sólidas, hondas y varoniles.

Los 14 poemas exhiben heterogéneas tendencias métricas –predominan los versos endecasílabos, hay alejandrinos y también verso libre-, así como variedad en las fuentes de inspiración. El caudal de figuras ha acerado su complejidad tan notablemente espontánea y otra vez se estrellan aquí los intentos de desentrañamiento.

A pesar de esto último, algunas palabras predilectas (espectro, espectral, delirio, solemne, etc.), diversos tópicos que reaparecen aquí y allá (despedidas, adioses, muerte, etc.) y, sobre todo, varios poemas más explícitos –“Posesión del Fin”, “Permanencia del Sueño”, “Último Tránsito” y “Perfil para la ausencia”- van haciendo comprender al lector que en el poeta alienta una apresión conmovedora, lacerante, en torno a la propia plenitud vital, en torno a la integridad física y a la fugacidad del cielo de la existencia individual.

Sin embargo, en esta aprensión no tienen cabida la angustia o el desquiciamiento desesperados. Por el contrario, hay serenidad en el poeta y sus perturbadoras preocupaciones son aventadas a menudo por ráfagas de optimismo y hasta de euforia, rasgos que denuncias todo su amor a la vida, a los seres humanos y a la tierra nuestra. Es decir, la contradicción interior del poeta se mueve entre límites extremos de profundo significado, lo que le confiere a su drama una singular amplitud emocional.

Creemos que las dos estrofas siguientes sintetizan gran parte de lo afirmado:



“Como añoso licor que nos encierra,
como fiebre que ahoga y circunda,
sabemos que morimos y nos vamos
desprendiendo a jirones de los días.
¿Por qué decir entonces lo perdido,
todo aquello bebido para siempre?
¿Por qué iniciar ese pensar doliente
si al final, de final hemos vivido?”.



Nos parece la poesía de Víctor Franzani singularmente notable por su humano dolor, por la pudorosa oferta que de él hace, la altivez que frente a la vida revela y la justeza de los medios con que se expresa, donde la riqueza y propiedad léxica no deja de ser una de sus características más valiosas.



Austro herido
Autor: Víctor Franzani
Santiago de Chile: Eds. Cartel poético, 1960


CRÍTICA APARECIDA EN EL SIGLO EL DÍA 1960-09-11. AUTOR: JORGE SOZA EGAÑA
Se trata de un conjunto de seis poemas inspirados en la tragedia del sur (1)(1) El año 1960 ocurrió el terremoto de Valdivia, considerado como el mayor movimiento telúrico registrado en la historia de la humanidad. (N. del ed.). “Ha llegado el dolor como una oscura casa”, dice el poeta, y “es necesario abandonar de pronto los sutiles jacintos, las bengalas”. Con un lenguaje simple y contenido, que no siempre logra emocionar, Franzani describe el sismo y los sentimientos que este le ha suscitado y manifiesta su amor por el niño proletario. “Pondré, expresa, un poco de tu sangre en mis palabras”.

“Austro Herido” está impregnado de un aliento de esperanza y de fe en el futuro: 


“Algo vendrá después 
por sobre tierra 
entre largos túneles de cieno”.




Largo Amar
Autor: Víctor Franzani
Santiago de Chile: Extremo Sur, 1962

CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1962-12-23. AUTOR: JAIME MARTÍNEZ WILLIAMS
Libro breve es este que, traspasado en cada uno de sus versos por el vértigo del amor humano, está animado en su conjunto por un sentido espiritual que parece venir de retorno hacia viejos y olvidados manantiales.

Los sonetos de Franzani, de raigambre clásica en su forma, encierran una mezcla extraña por su desbordante sensualidad y por un dejo de espiritualidad tan hondo que bien puede decirse que es este el que les da sabor y concede permanencia. Así queda definido en el soneto denominado, como el libro, “Largo amar”:


“Para este largo amar solo he nacido
cultivando en mi bien todas sus rosas
por no morir, sin muerte, en el olvido.

El árbol de mi sangre lo ha sabido;
plurales son sus savias luminosas;
ya que es árbol, amor, pájaro y nido”.



Franzani es un cultor de la poesía desde largos años. Ya en 1936 publicaba “Ánfora del sueño” y en 1939, “Arquitectura de la sombra”. En 1959, “Meridiano del hombre” –manteniendo la simetría de los títulos- que mereció efusivos elogios de la crítica y dio a su nombre realce entre los poetas más promisores. “Austro herido”, de 1960, lo presenta como un brillante elegíaco de la catástrofe del sur de Chile. En verdad, pocos de nuestros artistas llegaron a trazar en forma tan auténtica lo que fue la tragedia austral (1)(1) El año 1960 ocurrió el terremoto de Valdivia, considerado como el mayor movimiento telúrico registrado en la historia de la humanidad. (N. del ed.).

Siguiendo su labor de una insobornable lealtad poética consigo mismo, ha llegado en el libro que ahora comentamos a cristalizar en versos precisos y transparentes, en sonetos de artificio antiguo pero de alma actual y viva, sus exaltaciones de un contenido varonil y dolorosamente humano. Pero, como ya dijimos anteriormente, lo que más impresiona en el breve conjunto de “Largo amar” es el latido espiritual que va de soneto en soneto, en medio de una serie de imágenes de gran luminosidad sentimental y sensual, y que tiene su mayor palpitación en los versos de “Acto de fe” con que se inicia la obra:



“Algunos culparán este mi canto
como una voz de tiempo adormecido
pues hoy toda palabra ha florecido
en nueva ordenación y nuevo espanto”.



Para terminar con un terceto que, como un sello, pone prestancia y seguridad a ese enfrentarse del espíritu con valores antiguos e inolvidables, hasta concluir en el último verso con acentros que evocan las honduras místicas de San Juan de la Cruz:


“Jamás de amar el hombre se ha cansado
-negarlo es cobardía o ser demente-
¡que Dios es puro amor enamorado!”








“Y no habiendo de ti vivido ausente
debo aquí establecer lo conocido;
tiempo es tu corazón, tiempo presente”.



PRESENCIA

“En ausencia y presencia estás conmigo.
Si digo ausente es nada más que espacio,
pues si presente con tu ser me sacio,
cerca o distante me sabré contigo.

Seré tu sombra donde te aposentes,
donde me encuentre, tú la sombra mía,
iremos juntos de la noche al día,
tiempo y destiempo son solo aparentes.

Del alma al aire construí este exacto
recordatorio de pasión, testigo
de un largo amor enarbolado intacto.

Con él, entonces, por mi estrofa sigo
haciendo vida este solemne pacto;
cerca o distante me sabré contigo”.




CRÍTICA APARECIDA EN EL MERCURIO EL DÍA 1963-01-26. AUTOR: FIDEL ARANEDA BRAVO

Bajo el epígrafe de una frase de Miguel Hernández: “Solo quien ama vuela”, Víctor Franzani canta al amor en veintidós sonetos.

Desconozco las obras anteriores del autor, pero este libro le otorga, sin disputa, el codiciado título de auténtico poeta.

En lenguaje de nuestro tiempo, con metáforas y figuras originales, novedosas, y no pocas veces audaces, Franzani, en alas de estos sonetos, del más puro amor y sin perder su originalidad, levanta el vuelo hacia las altas cumbres de aquellos líricos y mísiticos, insuperados hasta hoy, que se llamaron San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, lo que no es poco decir en elogio del joven poeta.

El autor parece redescubrir sus antiguos caminos de luz y verdadero amor; el primer soneto: “Acto de fe”, pone en evidencia que en su alma existe la inquietud de lo Divino:



“Algunos culparán este mi canto
como una voz de tiempo adormecido,
pues hoy toda palabra ha florecido
en nueva ordenación y nuevo espanto.

Yo digo, lo que traigo no es el llanto
de un corazón que añora lo que es ido,
simplemente es amor cuando he traído
razón para abolir el desencanto.

Me voy con toda forma continente,
en mi acto de fe nada es pasado
sabiendo que al querer todo es presente.

Jamás de amar el hombre se ha cansado
negarlo es cobardía o ser demente
¡que Dios es puro amor enamorado!”




Aquí hay reminiscencias lejanas, pero muy afines de la amorosa inspiración de San Juan de la Cruz, el primer lírico del habla española de todos los tiempos:


“¡Cuán manso y amoroso
Recuerdas en si seno,
Donde secretamente solo moras!

Y en tu aspirar sabroso
De bien y gloria lleno
¡Cuán delicadamente me enamoras!”



En el tercer soneto existe mucha semejanza con las “Aspiraciones de vida eterna” de Santa Teresa de Jesús. En “Vida y muerte” dice Franzani:



“Traigo el costado herido de quererte,
de amarte largamente estoy herido,
por esta honda pasión vivo transido,
tu ancho corazón me tiene inerte.

Estoy ahora en un raudal sumido
¡ah, tormentoso mar de tus entrañas!
Sin saber si me animas o me dañas,
en violento oleaje sumergido.

Vaivén entre la noche y la alborada,
coloquio entre silencio y el sonido,
amor que es sombra y luz, es todo y nada.

Traigo el costado herido de quererte,
de amarte largamente estoy herido,
¡y si esto es morir, busco la muerte!”



Y la santa abulense canta:



“Ay, que vida tan amarga
Do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
No lo es la esperanza larga;
Quíteme Dios esta carga,
Más pesada que el acero
Que muero porque no muero”.




Franzani no imita a estos dos clásicos del Siglo de Oro, pero el amor verdadero es fuente fecunda de inspiración y hermana a los espíritus grandes más allá del tiempo y de las ideas: “¡Dios es puro amor enamorado!”, sostiene el autor moderno.

El poeta sabe sonetizar con arte porque ama lo Grande y lo Bello. “Dichoso el corazón enamorado”, escribe Santa Teresa de Jesús; Franzani tampoco desdeña las eternas y eficaces reglas del verso castellano, absolutamente necesarias en la combinación métrica en la cual el autor de “Largo amar” es maestro.



La útil primavera
Autor: Víctor Franzani
Antofagasta, Chile: Hacia, 1963


CRÍTICA APARECIDA EN EL MERCURIO EL DÍA 1963-10-05. AUTOR: HERNÁN POBLETE VARAS
Después de cantarle al amor en un hermoso libro de corte clásico (“Largo amar”), el poeta Víctor Franzani entrega ahora un llamado a la paz y la fraternidad en “La útil primavera” (Colecciones Hacia, Antofagasta, Chile, 1963).

La última obra de Franzani, escrita con gran libertad métrica y rítmica, tiene el aire de un himno a la concordia, a la unión de los hombres:



“De este modo, gustemos
cada día
estos desvelos de paz en nuestras bocas,
como pan cotidiano,
así: como pan cotidiano...
Solo entonces podremos decir
que tenemos conciencia de ser hombres”.



Para los que han reprochado a Franzani su apego (noble apego, a juicio nuestro) a las formas tradicionales, esta “Útil primavera” es una buena respuesta poética: el creador puede ser libre, libérrimo, en sus formas de expresarse solo en la medida en que domine su medio. Tradicional o moderno, Franzani es un poeta.



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