jueves, 26 de junio de 2014

OMAR CERDA [12.056]


Omar Cerda

Omar Cerda (Selva Oscura, CHILE 1914 - Los Ángeles, 2003). Abogado y poeta. En el año 1939, logra el 1º Lugar del Concurso de Poesía Inédita, convocado por la Sociedad de Escritores de Chile, lo que significó la publicación de su libro "Porvenir de diamante", que fue la única obra que publicara. Fuente: Biblioredes.cl





AUTORRETRATO

Yo tengo el corazón lleno de agujas
y una rosa de fuego en las entrañas.
Y como un lirio musical, mi sangre
de noche empieza a florecer guitarras.

Como un río de luces, como un cíngulo,
un mar de auroras en mis sienes canta.
Y en sordo llanto de zafiros crecen
aquí, en mi pecho, mariposas blancas.

Antigua soledad pule mi rostro.
Ancha segur de luz mi cuerpo labra.
En mí la playa se desnuda, y duerme
sobre mis labios una selva en llamas.

Y en mis manos, amigos, y en mis ojos
vibran nardos azules y campanas.
Y en mitad de la noche resplandece
mi corazón, como una recia lámpara.





Porvenir de diamante
Autor: Omar Cerda
Santiago de Chile: Prensas de la U. de Chile, 1939

CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1939-12-24. AUTOR: CARLOS RENÉ CORREA
Un concurso literario organizado por la Sociedad de Escritores de Chile, ha venido a consagrar el nombre de Omar Cerda, quien –caso extraño- se presenta desde su primer libro como un poeta definitivo en la lírica joven de nuestro país.

En Omar Cerda encontramos, ante todo, al poeta puro, que señala en su verso un regreso hacia las fuentes clásicas de la poesía española, sin que por ello haya abandonado las modernas tendencias. Él armoniza esas dos corrientes y con sentido ecléctico toma de ellas lo mejor de cada una. Fruto de este temperamento son los poemas hermosos, profundos, vitales de este libro.

En “Auto-Retrato”, dice:



“Yo tengo el corazón lleno de agujas
y una rosa de fuego en las entrañas.
Y como un lirio musical, mi sangre
de noche empieza a florecer guitarras.
Como un río de luces, como un cíngulo,
un mar de auroras en mis sienes canta.
Y en sordo llanto de zafiros crecen
aquí, en mi pecho, mariposas blancas.
Antigua soledad pule mi rostro.
Ancha segur de luz mi cuerpo labra.
En mí la playa se desnuda, y duerme
sobre mis labios una selva en llamas.
Y en mis manos, amigos, y en mis ojos
vibran nardos azules y campanas.
Y en mitad de la noche resplandece
mi corazón, como una recia lámpara”.



El poeta ha buscado para expresión de su vigoroso temperamento las cosas más pequeñas, clarificadas por la luz y matizadas por el color de las flores más hermosas. En casi todos los poemas se repite con insistencia el motivo floral, sin que nos canse su encuentro. El amor está presente en este “Porvenir de Diamante”; fluye por las venas del verso y se traduce en verso de calidad, de puro sentido, de elegante expresión, como este de “Tránsito Corpóreo”:



“Como el claro silencio de las islas
vienes a mí, candando.
Finos claveles en tu rostro lloran
y aún conservas el vestido blanco.

Nadie recuerda que un temblor de musgo
eran entonces tus dolientes brazos.
Soy yo quien solo te conoce, ahora
que el cielo viste de amarillos pardos.

Astrales cirios en tu ausencia ardieron.
Quemada ausencia de quinientos años.
Creció el olvido más allá del tiempo.
Y hube de otoños que poblar tus manos.

Hoy ya no sufro por tus pies de lirio
ni por tu rosa de carbón me espanto.
Sobre tus hombros se ha dormido el viento.
Sobre tu luna el corazón descalzo.

Ardiendo, he dicho, que de antiguo habitan
violentos soles en mis rudos labios.
Y sin embargo, como lenta música
huyes de mí, cantando”.



Omar Cerda se ha situado, sin quererlo, en un plano poético de perpetua innovación; pero de una innovación que no significa oscuridad, desprecio de la gramática, de la forma clásica del verso. Hay en su poesía una doble armonía: íntima y externa; su verso es sencillo y dúctil, nos pone en contacto con una sensibilidad exquisita, una imaginación rica, un ponderado espíritu que coge la flor y enciende la llama… Sigamos con el poeta en este pequeño “Viaje de ternura” para que así podamos admirar su delicadeza y profundidad. Dice:



“A través de tu cuerpo y de tu espíritu,
quiero iniciar un viaje de ternura.
Y florecer y florecer, besando
tu cabellera de flotante espuma.

Purificar mi corazón, cantando
bajo una débil sábana de luna.

Que el cielo borde su jardín celeste
con rosas blancas y azucenas puras.

Yo haré mi sangre derramarse en ríos
porque florezca tu heredad desnuda.

¡Y seguirá mi corazón cantando
bajo una débil sábana de luna!”



Y así el poeta nos conduce por esos caminos que él conoce y transita fervorosamente; busca siempre la novedad del canto, la palabra castiza, el verso más armonioso. Es raro el caso de Omar Cerda: un poeta joven que parece poseedor del más discreto equilibrio.

“Porvenir de Diamante” constituye, a nuestro juicio, uno de los mejores libros de poesía publicados en los últimos años. No es un augurio: es una realidad.


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1940-01-28. AUTOR: RAÚL SYMMES
La misma alegría fresca y clara con que nos contagia el advenimiento de la primavera, el mismo efecto de satisfacción y gratitud artística que produce la audición de una suite sinfónica o la visión de un film del cine francés, por ejemplo, es la impresión que nos ha producido la lectura del libro “Porvenir de Diamante”, de Omar Cerda.

Referirse a la obra de un poeta que ha sido laureado en dos ocasiones –últimamente Omar Cerda ha obtenido del Premio de Poesía Inédita de 1939, otorgado por la Sociedad de Escritores de Chile, por su obra “Porvenir de Diamante”- y referirse precisamente con posterioridad a la fecha del estímulo, parece fácil labor, por estar el lírida y trabajo revestidos de un ambiente propicio al elogio o a la adulación. Advirtiendo este razonamiento nos proponemos hacer un pequeño estudio de su libro, pero apartando todo bagaje inútil de datos biográficos y sentimentales, tratando de presentar solo un análisis escueto y conciso de su contenido lírico.

Omar Cerda es, en principio y sin lugar a dudas, uno de los mejores valores poéticos de su generación –la comprendida desde 1935 adelante-. He dicho “generación” porque desde el año mencionado empezó a surgir, ligado por una poemática más o menos común al culto de la poesía pura un grupo de jóvenes, entre los cuales mencionaré a Victoriano Vicario, Nicanor Parra, María Cristina Menares, Enrique Martínez A., Alberto Baeza F., Omar Cerda, Jorge Millas, etc. Algunos transitan por amplios senderos, alumbrándose con líricas lámparas, otros se han detenido a medio camino por falta del elemental combustible que crea la luz; el tesón.

El libro “Porvenir de Diamante” puede perfectamente mencionarse como un libro extraordinario. Su tono general es el de una sinfonía menor, que nace en el preludio sutil y transparente para finalizar en el allegro estruendoso y sensual.

En lo referente a la temática general de la obra podría decirse que es un collar de poemas jubilosos. Pues es la alegría nívea, la sutil y transparente excepcionalmente histérica, la que se repite en sus agrestes y luminosos elementos; niña, oro, jazmín, alba, lirio… Es verdad que el tema nos envuelve, a veces, en tules de nostalgia y en más de un “Pequeño Viaje de Ternura”. Nos interna también por territorios de ensueño no solo poéticos sino novelescos cuando, en el “Romance de la Novia Antigua” nos describe un paisaje exótico en el que se confunden mil elementos:



“Los mares de cal violenta”
y los “relojes de sangre pura”
y donde “Desnuda canta la noche
de perfil, en las ciudades”

“Y en fino barco de estrellas
campanas de luz florecen”.




Su sensualidad pura, ardorosa y blanca, pletórica de ansias –el hombre, al fin- se alza por sobre la decoración forestal y por sobre instrumentos de música, llamando con voz de violín a la mujer, a su amada en estos versos:



“Acércate.
Quiero coger de tu viñedo intacto
aquel racimo de las uvas claras.
Para este breve galopar de fuego
enciende, niña, tu corcel de nácar”.



Las cualidades líricas del libro de Omar Cerda que más se distinguen son: su técnica en la composición general del poema, el absoluto dominio de la imagen y la metáfora y la uniformidad rítmica.

Su técnica en la composición está relacionada con el conjunto de factores positivos que hacen de cada poema una obra bien terminada.

La temática es singular y liviana pero invariable en conjunto. Es decir, cada poema tiene tu tema definido, el que se condensa y cohesiona en el cuerpo del libro en un solo motivo, en un triángulo de influencia poética: la amada, el lírida y el mundo de las filigranas. Debemos mencionar, eso sí, que sus temas no caen la monotonía de la leyenda o el cuento poético, a que están volviendo los poetas actuales. No dudamos que Omar Cerda, en un próximo aporte lírico, abandonará ese ambiente tríptico donde “vibran nardos azules y campanas” y nos internará por territorios cósmicos, intensos, en realidad y sueño, integración por ácidas y tenues sustancias líricas.

La imagen es pura, prístina y de una intensa sugerencia, lo que permite al lector desarrollar a su manera el poema y por lo mismo entender al poeta. La riqueza de la imagen es el factor de más valor en la poesía de nuestro poeta. Cabría, no obstante, insinuarle no recargar de imágenes su poética posterior que, si lo pueden acerca a Federico García o a Herrera y Reissing, también lo pueden impulsar en la pendiente de la monotonía o en el joyelero deslumbrador del preciosismo.

El tono, digamos mejor el ritmo de “Porvenir de Diamante” es tan suave, tan musical y cadencioso que supera a muchos estilos tonales de los clásicos del verso. Y he aquí algo de sumo interés: la amalgación [sic] del ritmo clásico con el novísimo contenido metafórico, la precisión musical enlazada con la riqueza de imágenes es lo que ha producido la valiosa creación de Omar Cerda.

Leyendo detenidamente sus versos se llega a la grata convicción que no es solo un lírida técnico y delicado a la vez –poeta de matemática, cristal y fuego, diríase- sino también un romántico de fina emotividad, como son en principio todos los artistas, cuando dice:



“Hoy ya no sufro por tus pies de lirio,
ni por tu rosa de carbón me espanto.
Sobre tus hombros se ha dormido el viento.
Sobre la luna el corazón descalzo…”



Omar Cerda, quizás en un momento de transmutación lírica ha desviado positivamente su línea de conducta poética ya definida. Hay en el libro que estudiamos algunos poemas que puedes decirse que son “libres”, es decir, que están desligados por su ritmo y su contenido y su forma del conjunto de su producción, aunque el ritmo está casi esfumado, predomina su voz lenta y pura, sus vocablos blancos y su técnica impecable. Noto que la liberalidad tonal le ha sido utilísima porque esos poemas se desenvuelven más ágiles, con mayor validez emocional y con motivos nuevos. Veamos algunos versos de “Fugitiva en Suspenso”:



“Dormida
sobre un puñal abierto como un lirio.
Nevándote la voz
siete palomas desveladas”


“Siempre
de verde otoño,
prolongada en la luz, muerta en la llama”.



Como punto final en el análisis del poeta y su obra merece citarse el poema “Cuartetos a Rosa Libre”. Versos breves y volátiles, albos y risueños. Cuartetos que son como un juego multicolor, como un desgranar no de aguas verticales, sí un danzar de vocablos traslúcidos y gráciles. Y unido a todo estos un compás de romance, corto y ágil. Un poema, en fin, como un florido infante o una gacela de espuma. Oigámoslo:



“Rosa libre en el aire,
libre en el aire libre.
Fresca y diáfana como
Sangre de lirio firme.”



“Rosa libre en el aire.
Rosa del mar sin límite.
¡Que tu canto florezca
libre en el aire libre!"




Omar Cerda puede, quizás, estar satisfecho de su obra pero cabría desear que en un próximo libro lo encontremos diferente; más recio, universal y profundo. Entonces sí que su “Porvenir de Diamante” sería una realidad plenamente asegurada.






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