martes, 17 de junio de 2014

MARÍA CRISTINA URSIC [11.936]




María Cristina Ursic 

(1940-1985)
Nació y vivió hasta su adolescencia en Punta Arenas, Chile  donde vive su familia. Hizo sus estudios primarios en el colegio "Sagrada Familia" y los secundarios en el Liceo "María Auxiliadora". Después ingresó a la Universidad Católica de Chile para titularse como pedagoga en Castellano, ejeciendo como tal en la ciudad de Santiago.  Sus comienzos literarios se remontan a la época de su estudiantado magallánico. Comenzó colaborando en el diario "La Prensa Austral", en cuyas columnas publicó numerosos artículos con el seudónimo de Rita Baltra O´Muall.  Con prólogo del poeta Marino Muñoz Lagos publicó "Mano Fugaz", libro que contiene veintidós poemas de muy signitiva imágenes y que fue editado en Punta Arenas en 1980.






POEMAS



CASA DE CHABUNCO

La vida palidece, me duelen los recuerdos
y parece, un milagro que esta casa en ruinas
haya sido la mía, cántaro de mi luz,
espacio de mi hogar, luminosa ternura.

Sus dulces galerías parecen alas tristes.
El calor de los míos ya no está en esta casa
y parece perdidad como un pájaro errante
bajo una lluvia lenta de dolor y llanto.

En el fondo del alma mi infancia no mira,
la vida es vertical distinta a la madera,
temblor y dulce acento que hace eterno lo que ama.
Chabunco y esta casa convocan lo divino.

Aquí fueron mis padres juventud y ternura,
amigos mis hermanos en el ámbito eterno.
Bajo este mismo techo que los años desploman
seremos "la familia" transparencia de sangre
en nuestra sangre unida en germinal paloma.







EN LA TRISTE DISTANCIA DE LOS AÑOS

En la triste distancia de los años
me acuerdo de mi infancia como un sueño,
de lentas golondrinas en el cielo,
de los días antiguos, apagados.

En las noches dolientes, sin descanso,
en medio de la sombra del silencio,
yo siento oscuramente que aquel tiempo
en el alma me alumbra como un faro.

Con su luz de semilla transparentes,
la niñez acaricia mis heridas
derramando sus alas en mi frente.

Por el aire de lúcida alegría
de una niña lejana se desprende
como un árbol de luces conmovidas.







MEMENTO

Naufraga el corazón de lentas luces
en este mar crecido de la noche.

Un árbol, doloroso me ilumina
con el perdón antiguo de su viento.

Pasivas manos que no cultivan nada.

La antigua soledad que me sostiene
deposita en su fondo mis estrellas
y un círculo de sueños devastados.

La mano silenciosa que me trajo
al descarnado asilo de esta noche,
no sabía este silencio embravecido
que desata las cenizas del espanto.












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