jueves, 19 de junio de 2014

MARCELO LUIS DUGHETTI [11.949]


Marcelo Luis Dughetti 

Nació en Villa María (Córdoba, Argentina), en 1970. Es maestro de Enseñanza Primaria. Ha publicado cinco libros de poesía: La joroba de Bronce (Imago Mundi -2003), Donde cayó esta muerta (Narvaja Editores Premio provincial de Letras -2003) El monte de los árboles sogueros (Recovecos 2007), Los caballos de Isabel (Recovecos 2009), Hospital (Catografías-2011), Sioux(Pan comido-2013) También la plaqueta Los perros del loco Torriglia (Pan Comido 2009) y en narrativa, perteneciente a la colección Proyecto para un diluvio, el libro La bicicleta roja (Recovecos 2007). Compiló para la Editorial de la Universidad Nacional de Villa María una antología de escritores del sur cordobés recientemente aparecida bajo el título Voces de este río. En el 2007 obtuvo la primera Mención de narrativa en los juegos Florales de la ciudad de San Francisco. Ha sido publicado, en Israel, en la Antología de Narradores de la revista Artesanías Literarias. Editada por Artesanías Literarias Libros en Septiembre del 2009. En el año 2010 obtuvo el tercer premio de narrativa breve en el certamen literario “Hacia la independencia” organizado por la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba, en homenaje al bicentenario de la independencia Argentina por su cuento “El escapulario del demonio” Fue fundador de la revistas literarias La araña de Carbón y Arena. Sus trabajos han sido comentados en diferentes medios gráficos (Pagina 12, Revista Irokuptibles, Diario de Poesía, Diario La Capital, Diario El ciudadano, Revista Alguien Llama entre otros. Actualmente se desempeña como maestro de grado en una escuela primaria del interior de la Provincia de Córdoba. Colaboró en el Plan Provincial de Lectura del Gobierno de Córdoba. Fue miembro del estaff de la revista cordobesa Polosecki. Este año(2014) editado por la editorial Pan comido, Llanto de mudo y Cordero rojo se publican tres libros de poesía Sioux , Fui a cuidar los árboles y Nunca escribirás ese poema.





No entendemos a la montaña porque somos niños
y los niños no entendemos de grandes moles quietas
perseguimos insectos
escribimos poesía
cambiamos del rojo al azul y otra vez al rojo
de acuerdo al golpe
nuestro cuerpo en vigilia
por eso no podemos saber nada de la fe
y menos aún que esa palabra mueva gigantes
perseguimos insectos
escribimos poesía
perseguimos insectos que escriben poesía
nos agrada arrancar las patas de las langostas
porque son las que saltan alto
y llevan en su vientre la carne envenenada
cazamos ranas que cantan cual si hubiera un coro
nuestra poesía es dura
termina en la interminable palabra” dios”
en el nervio secreto de la langosta
electrificada por la palabra dios
saltando lo que una montaña del amor crece

quien diría que las piedras que arrojamos al rio
aun reflejan ondas en el aceite del agua






Alguien que acaricie tu joroba
y respire en tus pulmones el perfume del viento
alguien que te bese y artille tu legua al primer contacto
alguien que sume a la paz de los domingos la redención del sexo
alguien que pueda comer cualquier cosa
lo que alcance a comer un devaluado
alguien que te recuerde la lista del supermercado 
y diga amor
cuidado amor
cuando la repositora de congelados te deje frío
alguien que valga todo el corazón que vas a poner
alguien que fabrique un sueño y te haga creer en la mitad
un porcentaje justo para un hombre de 40 años
alguien que no escriba
ni hoy ni mañana, que no escriba
pero que lea
y te abra “El Mandarín” justo en la “Memorias de una horca”
y al termino del relato, la maravilla esté intacta
porque ella también ha llorado
alguien que quiera conocer los tranvías de Lisboa
el puerto y todos esos vinos que en el fado pruebe
alguien que asuma el cielo y la muerte del cielo
con la ternura de un invalido
alguien que con su voz despierte el día de la mañana absoluta
la luz benigna de todo lo que nace
y muere
creyendo haber vivido.







Hoy llovió a mares quise morirme varias veces
y varias veces salí a ver la lluvia
cayeron piedras chiquitas como una vergüenza de amor
fui al ciber en la esquina de la policía
para escribirte un poema que tuviera caballos
entré empapado y pedí una máquina
en las catacumbas de los juegos electrónicos los pibes buscaban felicidad
gritaban “muerte al francotirador”
“muerte a los que viven debajo de las piedras”
“a los que usan turbante”, “a los que le hablan a los camellos”
“a los que inventaron la poesía”
que alegría de matar a tantos y al sonido de las pistolas jericho
ametrallando familias completas
no quise oír más , armé los auriculares con música de Gillespi
y mientras llovía y ametrallaban y gritaban muerte
y caían piedras pequeñas como vergüenza de amor
yo te escribía este poema, al borde de todas las guerras del mundo.







CON LA SOGA AL CUELLO

Por Viviana Abnur

escribía/ con la soga al cuello,/ con la soga al cuello/ compraba tomates y cebolla,/ armaba la ensalada con la soga al cuello./ con la soga al cuello salaba su carne,/ ponía la mesa, exprimía un limón, prendía el televisor,/ besaba a su hija,/ y sonreía/ con la soga al cuello./ todo eso/ y más,/ sin que nadie viera,/ el elemento,/ la sustancia,/ cuando la soga/ trepó a la viga/ todos golpeaban su frente/ como si hubiera sido posible salvarlo.


Tal vez porque en los tiempos que corren hablar de la muerte en poesía es un lugar escurridizo, tal vez porque pienso en ella casi todas las noches, igual que Normand Argarate en el epígrafe de esta historia, El monte de los árboles sogueros, de Marcelo Dughetti, me atrapó desde el comienzo.

Un monte nada abstracto que da cuenta del pasado de una ciudad, Villa María, Córdoba, que entre 2001 y 2003 registró un alto índice de suicidios y sirvió de punto de partida para el libro:

en los campanarios que rodean la plaza/ los muchachos cuelgan sus bellísimas sogas./ respiran/ profundo,/ se tragan el odio./ caen/ como/ moscas.

El arte, dice Dughetti, es un intento por comprender, y en un mundo cada vez más intolerante, tratar de comprender es toda una revolución.


Es cierto. Quizás el eje de estos poemas sea la soledad.
La fragilidad de unos seres que caminan por la cornisa, el abandono, la indiferencia o la complicidad. 
Pero también la dualidad padre/hijo, y el erotismo, y la carnalidad en estado puro:

las mariposas son insectos terribles./ detrás de aquellos colores de dios/ se esconde el puto gusano que tejió la soga./ mi madre surge de su capullo/ y vuela triunfal/ rumbo al fuego del odio.


...estás sobre el mástil mayor empalada hasta la nuez y sufres./ desde tu cruz de carne ves a los romanos jugarse tu corpiño/ en un golpe de dados/ y estás crucificada al revés/ como un demonio.

Hay descripción pero no para informar, sino para inscribir, para tallar, para hacer de los personajes seres próximos, y así volverlos cotidianos, tangibles, en lo que creo, reside, el mayor mérito del libro:

desde la graciosa costanera/ los turistas/ abren sus reposeras/ encienden las brasas para quemar carne/ beben cervezas congeladas/ y ven pasar los muertos que Irene arroja en el río/ son/ azules/ están/ ciegos

El monte de los árboles sogueros es una publicación de editorial Recovecos, y pertenece a la colección de poesía latinoamericana, que dirige Alejandro Schmidt. Un libro conmovedor, un relato despojado, y una bella edición que recibe al lector con calidez e invita a la lectura. 





FAULKNER DEJA DE ESCRIBIR

con mi hija
construimos un barco para escapar
al centro de la tierra

todos los domingos le agregamos detalles
mi madre
encerrada en su urna de hueso
suele desearnos suerte
nos prepara un té de odio
y lo sirve envuelta en su capullo.

cuando llega la noche
y el lunes muerde con su pan de furia,
miramos con ternura el barco fantástico
la cruz de palo santo
el osito rojo en la cabecera
la dulce mortaja
que cubrirá el futuro.








que nadie camine 
por el monte de los árboles sogueros.

los hombres 
se ponen negros y se hinchan.

las moscas 
abrigan los ojos de los desesperados.

el viento
los respeta, apenas los inclina

yo paseo con mis cinco metros de soga al hombro
desde aquella orilla tiende sus brazos
mi hija.







los viejos compran la soga que les recomendaste
limpiaron las telarañas de la viga
y en un sueño abierto a los demonios
se colgaron
convencidos de tu palabra.
luego
te sentaste a mirarlos
tomaste el tramontina clavado en la manzana

cortaste
prolijamente

tu
lengua.







en varios idiomas existen palabras bestiales
que repiten los poetas como si las hubieran vivido.

existen imágenes que voltean la taba de culo

yo riego la maceta para que el arbolito crezca
después le corto las ramitas,
que no se extralimite

soy
un marica japonés
kimono
alma bonsái

arigato.







el joven
que se ahorcó en el subnivel,
usaba zapatillas rojas
tipo flecha.
tenía tres monedas de un peso en el bolsillo.

una moneda de fuego en la garganta.







quiero que te arrodilles

¿prendiste el ventilador?

mañana es tarde,
mañana no estará la carne dispuesta,
será salada y hervida en implosión maravillosa.
la carne está dura ahora,
no me hables del futuro

¿prendiste el ventilador?

mañana es un fantasma,
una sombra que observa a través
de un vidrio biselado
abre tu boca, tu boca está plena de almas caídas
tu boca vampira
chupa despacio
tu dentadura es compuerta de esta explosión
tu dentadura de amarillos resplandores
esto ha sido
por los siglos de los siglos
la soledad de la serpiente
en tu boca de manzana
las aspas del ventilador,
la música verde,
la succión,
su ritmo.






¡lotería!
gritó un desgraciado

esta ciudad se lo jugó todo

su camisa

su pasado

su saludo

el crupier afirma:
“no va más”
y se abre
al borde de la herida

el monte
de los árboles
sogueros

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