lunes, 30 de junio de 2014

FRANCISCO MORÁN [12.100]


Francisco Morán 

(La Habana, CUBA  1952), quien no aparece en ninguno de los diccionarios de literatura cubana, es, sin embargo, uno de los poetas e intelectuales cubanos más importantes que viven hoy en día en los Estados Unidos. Ha publicado una variedad de volúmenes de poesía, ensayo y antologías de la poesía cubana. Publicó un libro sobre el poeta cubano Julián del Casal en 1996 y hace dos años una recopilación de las cartas de la poetisa Juana Borrero. Él, y su revista en la red, La Habana Elegante, han recibido premios y reconocimientos, pero ninguno de ellos podría darle al lector una idea del espíritu y la actividad intelectual de este cubano, de mediana estatura y voz ronca, que habla con pasión de los temas que le interesan y defiende.

Libros que ha publicado Francisco Morán:

El cuerpo del delito (Sevilla, 2001), Island of my Hunger: Cuban Poetry Today (City lights, 2005), Habanero Tú (1997), Casal a Rebours (1996), La pasión del obstáculo, poemas y cartas de Juana Borrero (Stockcero, 2005), La isla en su tinta: antología de la poesía cubana (Verbum, 2000) y Ecce Homo (Ferrol, 1997).

Dirección electrónica de “La Habana Elegante, segunda época”: 
http://www.habanaelegante.com/




Tocatta y Fuga

Un muchacho pasa por tu calle;
un muchacho cuya hermosura puede salir
                                              intacta
          del fuego,
como la salamandra.
Los dioses griegos que se perdieron,
todo cuanto era claustro de piedra,
nostalgia de la sangre divina del primer
                                              hombre,
está ahora respirando en ese cuerpo
que tus ojos asedian con el desvelo
          de una lámpara;
así, por calles y noches, hasta madurarlo
y la ola tibia de tus manos
lo deje desnudo al fin,
iluminado apenas

por el agradecimiento.

                                  Entre La Habana y Nueva Orleáns,
                                  1991-1995    





Fin de milenio

Mi sombra se proyecta sigilosamente sobre el piso.
Se alarga como gesto de prestidigitador
que ha olvidado sus viejos trucos.
La miro alejarse de mí entre espasmos
e inútiles resoplidos.
Afuera, los otros persiguen la sombra del milenio,
atosigan al tiempo con celebraciones,
regalos y estrépitos de guerras.
Mi sombra me deja y se va a la calle.
Es tiempo de agotar el último esplendor.
Es hora de cometer el crimen perfecto.






Estatuas

El gimnasio ha pulido el mármol,
y donde antes había recodos,
caminos salvajes, vivos
            atardeceres,
temblor de llamas,
o simplemente hermosura
            desquiciada,
ahora sólo hay formas,
desmayados golpes de cincel,
insolentes jornadas
que con jugadas ridículas
en vano quieren arruinar
la reputación del tiempo.






KAIROS

No tengo más que este minuto,
su luminoso prendedor en mi garganta.
Es todo el Tiempo.
Y basta para masticar
la piedrafina del olvido.
O hacer como los muebles
que todavía te saludan con aristocracia
cuando ya la madera se ha vuelto nube,
muerte justa,
inviolable ausencia.





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