domingo, 15 de junio de 2014

EDUARDO LECOURT MELLA [11.913]



Eduardo Lecourt Mella

Eduardo Lecourt Mella (Lota, Chile 1906 - Santiago, 1980). En 1922 entró al Seminario de Valparaíso. Miembro de la familia francesa de Augusto que vino de Marsella. Además de ser sacerdote, era poeta. En 1936 publicó su primer libro de poemas titulado "Nunca". 




"La única mano que ayudó en la siembra, 
acepte estas espigas. 
Mis rimas no piden otra cosa." 






"Yo que soy agua doliente, 
miento una frente serena, 
que aunque arrastre el alma llena 
de esta angustia de vivir, 
voy prefiriendo reir, 
por no profanar mi pena." 






"Al influjo de todo lo bello y armonioso 
vibrar como los trigos bajo la hoz del viento 
sentir tras el cansancio la ansiedad del reposo 
y sentir tras la ausencia, la ansiedad del recuerdo" 











Nunca
Autor: Eduardo Lecourt Mella
Santiago de Chile: Nascimento, 1936




CRÍTICA APARECIDA EN LA NACIÓN EL DÍA 1936-10-04. AUTOR: ALONE
La fórmula externa de este nuevo poeta, que a los 27 años, sacerdote y orador famoso, publica su primer libro de versos, podría fijarse con cierta facilidad, en términos accesibles a cualquiera: es una mezcla desigual de Núñez de Arce, Rubén Darío, y como signo de avanzada, digamos Pablo Neruda. Un trío de épocas y escuelas sucesivas en el tiempo.

Dentro de ese vaso abigarrado, cuyas fuertes paredes admiten trizaduras, un ardor confuso, dolores y amores que se limitan, la fantasía encadenada y el ensueño ceñido entre varias retóricas.

En suma, una juventud rica sujeta por la disciplina.

Algo como este Paisaje:

“Exprimido en los riscos de pertinacia dura

como una vena rota fluye el río allá abajo

y la quebrada muda, en una paz oscura

se interna hasta muy lejos, como un enorme tajo.

En la vega caldeada por el sol y en los tálamos

de todos los arroyos, mil rezongos furtivos;

y en una herida de agua, lejos, dos negros álamos

como dos compañeros que marchan pensativos.

Abajo un gran peñasco como calva curiosa

asomada al constante pasar del caminito;

y arriba la amplia frente nacarada y rugosa

de una montaña que alza su oración de granito.

En la cumbre, cansada reposa la nevera,

allá se desenvuelve o se contrae acá;

mas siempre con el dejo de una ansiedad severa

contempla al río como algo que se le va…”

Hay de todo aquí: composición, dibujo, expresión, perspectiva, poesía y prosa, sentimiento y dureza; por encima queda dominando la impresión de sabiduría en el manejo del lenguaje y destrozo en la distribución del ritmo, un ritmo muy visible y regularizado.

Así es el libro.

El señor Lecourt, es un poeta que no se entrega. Puede ser sugestión de la sotana invisible; pero la verdad es que constantemente pensamos que no está diciendo todo lo que piensa ni cantando todo lo que podría cantar.

Hasta ese título lapidario parece el sello de una renunciación irrevocable. Nunca.








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