martes, 3 de junio de 2014

ANTONIO GÓMEZ RESTREPO [11.865]


ANTONIO GÓMEZ RESTREPO


Nació en Bogotá, Colombia el 13 de enero de 1869 y murió en la misma ciudad el 6 de noviembre de 1947. Su infancia es en su casa. Poco sale de ella debido a que su padre la tenía como vivienda de su familia y como establecimiento colegial. Ahí llegaban todas las mañanas los compañeros de estudio y él, Antonio Gómez, entraba al salón desde ese mismo lugar donde realizaba vida de hogar y de estudios.

Después, con el paso de los años, no ingresa a ninguna otra institución académica, ya sea de orden secundario o universitario. Se vuelve autodidacta. En 1881, cuando cumple doce años, escribe sobre una leyenda que se relaciona con el nacimiento de Simón Bolívar. El escritor y periodista Ricardo Carrasquilla y otros amigos de su padre lo aplauden. Cuando a la semana siguiente del reconocimiento abre uno de los periódicos que circulan en Bogotá, encuentra que su texto ha sido publicado. Desde ese momento comenzó a apreciar la literatura y la crítica. Su actividad continúa con precocidad. A los quince años inicia una polémica ante un tomo de poesía de otro autor, reconocido por aquel entonces, que recibe comentarios adversos y el joven Antonio Gómez Restrepo entra a defender.

Su carencia de academia no es inconveniente para que el poeta y posterior presidente, don Manuel Marroquín, director del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, lo invite a dictar una cátedra de literatura.

En 1892 viaja a Madrid como Secretario de la embajada de Colombia. Hay festividades en toda España con motivo de los cuatrocientos años del primer avistamiento y desembarco que realizara Cristóbal Colón. Conoce entre los delegados internacionales que llegan a la conmemoración, a varios escritores, entre ellos al nicaragüense Rubén Darío, al peruano Ricardo Palma, al uruguayo Juan Zorrilla de San Martín y al mexicano Vicente Riva Palacio. Le corresponde observar como el gobierno de Colombia, que representa el presidente Carlos Holguín, dona el tesoro de orfebrería prehispánica de los quimbayas a la Corona de España.

Sus relaciones diplomáticas y su trabajo de autodidacta dan resultados en su literaria. Una vez las actividades de la embajada se lo permiten, asiste a la cátedra de Edad Media, que regentaba don Marcelino Menéndez Pelayo en la Universidad Central de Madrid. El recinto no era nada espectacular, por el contrario, muy modesto y no había muchos estudiantes. Don Marcelino conocía por sus nombres a todos sus discípulos, tanto matriculados como asistentes. Entre estos últimos estaba Antonio Gómez Restrepo, que compartía bancas con el joven Ramón Menéndez Pidal que por entonces escribía una de sus primeras obras pioneras: La leyenda de los infantes de Lara. El colombiano, por su parte, ya preparaba tres libros de poemas Ecos perdidos, Sonetos y Relicario.

Regresa al país y continúa su labor de profesor y en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se desempeña en la Subsecretaría, lo que le permite escribir las Memorias de dicha entidad (1898-1923). Han pasado los primeros quince años del siglo XX cuando tiene, a su haber, la documentación suficiente para emprender la escritura de los cuatro tomos de Historia de la literatura colombiana.





Los ojos

Ojos hay soñadres y profundos
que nos abren lejanas perspectivas;
ojos cuyas miradas pensativas
nos llevan a otros cielos y a otros mundos;

Ojos, como el pesar, meditabundos,
en cuyo fondo gris vagan esquivas
bandadas de ilusiones fugitivas, 
como en el mar, alciones errabundos. 

Ojos hay que las penas embellecen
y dan el filtro de celeste olvido
a los que al peso de su cruz fallecen; 

Ojos tan dulces como el bien que ha sido, 
y que en su etérea vaguedad, parecen
astros salvados del Edén perdido.





ESPOSA Y MADRE   

Ayer no más jugabas indiscreta
con los bellos fantasmas de la vida,
y en ilusiones mágicas mecida
ibas de flor en flor vagando inquieta.

Bella como un ensueño de poeta,
ibas de lumbre sideral vestida;
en tus ojos la dicha presentida,
la pasión de Desdémona y Julieta.

Hoy en tu fresca primavera hermosa
tienes la noble majestad de esposa
y es una cuna el norte de tu anhelo,

Y así es mayor tu gracia y donosura,
pues de una madre en la mirada pura
se transparenta el esplendor del cielo.



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