martes, 24 de junio de 2014

ANA NEVES [12.025]


Ana Neves

Ana Neves. Poeta y dramaturga chilena. Publicó "Sutilezas" (1926) y el drama en tres actos "Más fuerte que la sangre" (1926), con un juicio crítico de Francisco Villaespesa.






MÁS FUERTE QUE LA SANGRE
(DRAMA)

ACTO I

GRACIELA RECITA:

Una rosa blanca y pura 
del más lozano rosal, 
cuando apenas luz del alba 
empezaba a despuntar,
fue arrancada de su tallo 
por un impulso falaz.

Guareciéndola del aire 
llevarónla a sala real 
y la alzaron en un búcaro
sobre fino pedestal.
La blanca rosa yacia 
muerta de tedio fatal, 
y en silenciosas vigilias 
viendo las horas pasar, 
la blanca rosa soñaba 
volver un día al rosal.

Y, al llegar la negra noche, 
con tristeza singular, 
cerrando sus blancos pétalos 
se ponia a meditar: 
¿Qué pensarán-se decía- 
si yo tardo en regresar, 
por la tierra, mustio y frío, 
encontrare mi rosal.

Un dia, la blanca rosa, 
en las alas de la brisa, 
consiguió su libertad, 
y rebozando alegria 
llegó al pie de su rosal. 
El rosal que ya vestía 
su gala primaveral, 
inclinando sus corolas, 
preguntó de qué país 
esa flor marchita y fea 
sus quejas venía a dar.

La blanca rosa miraba 
a sus hermanas brillar, 
pero ninguna de ellas, 
en su altiva majestad, 
reconoció como hermana 
del mismo tallo real, 
a la hermosa blanca rosa, 
caída al pie del rosal. 


(A medida que Graciela avanza en la recitación, Don Aurelio, absorto, mira a su hija con rostro apasionado). 


Desengañada, y muy triste 
la bella rosa fatal, 
su frente inclinó a la tierra, 
tan marchita y seca ya, 
que nadie, al verla, podía 
en su mente imaginar, 
que aquellos despojos fueron 
rosa del mismo rosal. 





Sutilezas
Autor: Ana Neves
Santiago de Chile: Nascimento, 1926

CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1926-05-29. AUTOR: FRANCISCO DONOSO
Pequeño, de sencilla elegancia, ornado su pórtico de tréboles vaticinadores, este simpático libro de Ana Neves de Pérez se nos presenta como un joyero lírico, femenino, romántico.

A primera vista diríase de él que es un bibelot, un juguete de artificio; pero ya leyéndolo con detenimiento y reflexión, se advierte en sus páginas una primicia artística, un preludio suave y armonioso de algo grande, de una música serena y emotiva que vibrará más tarde, que resonará pronto.

Y es así, reflexionando, como he querido contemplar los arabescos de este escudo que en la liza literaria ya ha probado los choques de las “plumas en ristre” (no es alusión a mi amigo Jenaro Prieto).

Ana Neves es joven –las poetisas tienen una doble juventud- y en las “Sutilezas” que ha escrito, ha sabido escapar con donaire del campo vecino y estéril de las futilezas…

Es una poetisa que no escribe versos; escribe, mejor dicho, teje con rimas y cadencias prosas breves, sencillas, sentimentales que tienen cierto ritmo interior lento y en sordina; prosas líricas por sus temas subjetivos y por su acento emocionado. “Sutilezas” es un manojo de flores con aromas tagoreanos, un manojo de flores cogidas en jardines de otoño y a la hora del crepúsculo. Ana Neves es una acuarelista del espíritu que ha comenzado su obra con apuntes felices.

Sus temas predilectos son el amor, el recuerdo, la nostalgia, el desaliento, las consolaciones del alma y la esperanza. No es pesimista; canta más que escribe; no imita a la naturaleza, sino que la interpreta, y de ahí su lirismo subjetivo.

Hablando de su propio corazón dice que es “corcel indómito”. ¿Lo sentirá así? El espejo de su libro no refleja al tal “corcel indómito que tasca el freno al sentir la fusta de su cerebro”. Refleja más bien una mariposa de inquietudes tímidas y de vuelos sabios. Hay en sus prosas más ternura que pasión, más delicadeza y gracia que profundidad y fuerza.

Las páginas breves de “Sutilezas” hacen recordar prosas de Juan R. Jiménez y de Gabriel Miró por ciertas afinidades débiles, simpatías todavía lejanas, pero que pueden muy bien aproximarse y se aproximarán, sin duda, cuando su estilo se vigorice y su técnica se desarrolle dentro del campo lírico-simbólico. Porque hay dos elementos que considerar en el estilo: el pensamiento y la expresión, la idea y la palabra.

En estas páginas hay cadencia, fluidez y elegancia; hay respeto a la sintaxis y conocimiento del idioma, mérito raro en estos tiempos.

Ana Neves sabe apreciar el valor de los símbolos y de las alegorías, como lo revela en la “Puesta de sol” y en la “Sexta Sinfonía”; pero aún podría darles más valor estético suprimiendo ciertos elementos intermediarios superfluos entre la realidad y la imagen. Veamos un ejemplo.

Dice en su “Canto al Amor”: “así como la savia da vida al vergel, así también, el amor da savia al corazón”. Suprimiendo lo superfluo, se diría: “La savia del corazón es el amor”, y se ganaría mucho, ¿verdad?

Dije al comienzo que “Sutilezas” es un preludio de algo grande, de una música más sonora. Ojalá que nuestras esperanzas se vean muy pronto cumplidas y podamos leer versos tan sencillos como estas prosas, pero más sugerentes. Ana Neves tiene valiosos elementos para ello: la sensibilidad exquisita y el dominio del idioma.






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