domingo, 18 de mayo de 2014

MARÍA ANTONIETA LE QUESNE [11.718]



MARÍA ANTONIETA LE QUESNE

(Santiago de Chile, 1895-1921).
Colabora con Selva Lírica en 1918 y con Numen en 1919. Muere de tuberculosis en 1921 y durante ese mismo año se edita Recodo azul en Valparaíso, como un homenaje póstumo.
Más tarde Editorial Juventud publica sus obras completas. Dejó inédito el libro «Otoño». Armando Donoso, señala que «de esta muchacha, romántica y sentimental, podría decirse lo que del personaje de Eça de Queiroz: vivió como una sombra; escupió un poco de sangre y pasó como una sombra. Queda de ella el recuerdo de un pequeño libro y algunos originales que acaso se publicarán un día» (1924).
De su desconocida obra, destacan los poemas breves «Recodo azul», «Alma que mueres de amor» y «Todo pasará», que aunque de evidente estirpe romántica, no dejan de mostrar una vena intimista, emocional y expresiva, que la generación de poetas mujeres de comienzos de siglo asume como un camino poético propio y cuya visión de mundo no ha suscitado hasta ahora estudios profundos.
(De «Antología Crítica de la Poesía Chilena», Tomo 1, p. 451, por Naín Nómez © 1996. © 1996 Lom Ediciones, 1996.)



Recodo azul

Hay caminitos tristes, retorcidos,
por donde vamos siempre
cabizbajos y solos...
donde hay recodos hondos como nidos,
donde hay nidos de sedas
y cabecitas de oro...

Caminitos tan nuestros, donde entramos
con devoción fanática y humilde...
caminitos divinos,
que nos llevan tan lejos
del ambiente grotesco en que vivimos!

Una tarde lluviosa
penetré a otros caminos:
hallé algunos tan tristes
así como los míos,
donde dejó su paso
la sangre de una huella...
Otros solos... tan solos,
que no tienen más lumbre
que dos ojos oscuros,
lejanos como estrellas...!







Alma que mueres de amor

Alma que mueres de amor,
dime lo que es despertar
en la alborada de Dios,
cuando se muere de amor.

Yo sé lo que es enfermar
y agonizar de pasión,
pero no he sabido amar
para morirme de amor.

Alma que mueres de amor,
dime lo que es enfermar
para morirme de amor...
¡Yo sólo sé agonizar!

Y, para hacerme morir,
sé que no habrá otro dolor:
¡en el curso del vivir
no he sentido otro mayor!

Y no me quiero morir
si no me muero de amor,
porque yo quiero vivir
la agonía del amor...

Alma que mueres de amor,
dime lo que es enfermar
para morirme de amor...
¡Yo sólo sé agonizar!







Y todo pasará

Yo sé que hay signos que a mi vida marcan
un límite cercano...

¿La Muerte?

Pienso en ella como en la Primavera:
más ansias que cuidado...
(Pero pienso en la tumba
y siento frío, hermanos...)

....................................................
....................................................

Una tarde de otoño,
las flores temblarán en vuestras manos,
una vez, sus fragantes emociones
y caerán en mi tumba, con blandura
de infantiles, sangrantes corazones...

Y todo pasará...
Vendrá el crepúsculo,
tornaréis, cabizbajos, los más fieles,
que me habréis despedido a vuestro hogar...
pensaréis unas horas en la muerte,
y todo pasará...

Luego vendrá el invierno
y llorará la angustia
de inquietudes de siglos
en mi vieja emoción
y filtrará sus lágrimas,
sin un aromo nuevo
de manos cariñosas,
sobre mi corazón...
















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