lunes, 19 de mayo de 2014

JORGE MILLAS [11.743]



Jorge Millas

Jorge Millas (Santiago, Chile, 17 de enero de 1917 - íd. 8 de noviembre de 1982) fue un escritor, poeta y filósofo chileno. Tuvo gran participación en la Universidad de Chile, en la que estuvo desde 1952 hasta 1967 como profesor y director del Departamento Central de Filosofía y Letras de la Facultad de Filosofía y Educación, y desde entonces hasta 1975 como docente en Filosofía del Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas, cuando ocurre su renuncia, así como en la Universidad Austral de Chile, donde se desempeñó como Decano de la Facultad de Filosofía.

También ha sido galardonado con el premio Atenea y el premio Ricardo Latcham.

Infancia y educación

Nacido el 17 de enero de 1917; fue hijo de Emiliano Millas Recabarren y María Luisa Jiménez Alvarado. Su madre falleció cuando el personaje tenía la edad de cinco años, en 1922. Posteriormente, lo afectó la pérdida de su hermano, al fallecer de meningitis, su hermano menor Fernando (n. 1919), en 1937.

Jorge Millas realizó sus primeros estudios en el Liceo de Hombres de San Bernardo, en ese entonces un pequeño pueblo al sur de la ciudad de Santiago, en el cual su padre, de profesión comerciante y vuelto a casar en 1926 con doña Rebeca Espinoza del Campo, había adquirido una farmacia en la calle Covadonga. Según propia confesión es en esta época cuando comienza a perfilarse su personalidad tímida y retraída, siendo un niño querido por su cortesía y capacidad intelectual, que le permite destacarse habitualmente como el primero de su curso. Hijo de un padre severo, corpulento y calvo, fue educado en la austeridad.

A los doce años, ingresó al Internado Nacional Barros Arana, un espacio educativo que favorecía el estudio, la investigación, la lectura asidua, el diálogo con los profesores y las inquietudes intelectuales de los alumnos, y cuya estructura curricular contemplaba entonces un régimen de tutorías entre los alumnos con el objeto de fortalecer su formación. En ese lugar sus compañeros de estudio serán el destacado científico Hermann Niemeyer, el escritor Luis Oyarzún, junto al pintor Carlos Pedraza. En este período Jorge Millas se mostró como ávido lector de José Ortega y Gasset, Sigmund Freud, Oswald Spengler, Henri Bergson, Georg Simmel, Nicolai Hartmann y Friedrich Nietzsche, dictando conferencias sobre ellos a alumnos y profesores.



Este patio viejo y manso
como buey dormido
se está resbalando de espuma de luna
y de blanco silencio de estrellas



Comienzos

Durante la época de 1935, Millas se reconocía a sí mismo más como poeta que como filósofo, admirando sin reservas a Pablo de Rokha y evidenciando en sus versos su influencia.

Esta disposición lo llevó a publicar en su juventud dos libros de poemas con el título de Homenaje poético a España (1937) y El Trabajo y los Días (1939), lo cual no fue obstáculo para que, durante sus ratos libres, dirigiera en el Internado –donde ya era inspector ayudante- una Escuela de Auxiliares, realizando él y sus amigos, clases vespertinas para los auxiliares del plantel. Millas mostró, desde su adolescencia, extraordinarias y reconocidas cualidades de orador estando, en el aspecto político, vinculado durante un tiempo al Partido Socialista, con cuyo apoyo fue elegido, en 1938-1939, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Como delegado de la Juventud Socialista viaja a Nueva York entre el 16 y 24 de agosto de 1938, donde participa en el II Congreso Mundial de Juventudes y expone una ponencia titulada Teoría del Pacifismo.

Especialización

Inicialmente, Millas cursó Leyes en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile e Historia en el Instituto Pedagógico. Posteriormente estudió, en 1938, Filosofía en la Universidad de Chile, en un programa de Licenciatura creado para los alumnos de los últimos años, graduándose el año 1943.

Millas en esta época obtiene una beca al Instituto Internacional de Educación en los Estados Unidos, donde viaja con su esposa Manén, Silvia Germana Aburto A. “En Estados Unidos, pude prolongar el programa inicial que llevaba porque obtuve una beca Guggenheim que me permitió tener un máster en Sociología y alcanzar a iniciar los primeros pasos del Doctorado en Filosofía. No llegué a terminar sin embargo este último programa, porque se me extinguió la beca y tuve que regresar a Chile”.

Desde los Estados Unidos regresaría sólo por unos meses al internado Nacional, pues recibe una invitación de la Universidad de Puerto Rico.

En 1943 publica Idea de la Individualidad una obra con la cual obtiene el Primer Lugar en el Concurso Cuarto Centenario de la ciudad de Santiago.1 En 1945 obtiene el Master of Arts en Psicología, de la State University of Iowa y, en 1946, es contratado por cinco años en la Universidad de San Juan de Puerto Rico como profesor visitante, desarrollando una labor de docente y participando en la reestructuración académica y administrativa de la Universidad, organizando la Facultad de Estudios Generales.

En 1947 es contratado como profesor visitante por la Universidad de Columbia en New York y publica en Puerto Rico en 1948, Goethe y el espíritu del Fausto.

Regreso a Chile

Regresa a Chile, en forma definitiva, en 1951, habiéndose separado de su esposa quien decide permanecer en los Estados Unidos. Jorge Millas no tuvo hijos, aunque posteriormente adoptaría uno.

Actividades

Durante las siguientes tres décadas, Millas obtuvo importantes cargos, galardones y publicaciones. A continuación son enlistadas:

Años 1950: Ingreso en la UCH

Entre 1952 y 1955 ejerce la docencia en la Universidad de Chile, en la cátedra de Teoría del Conocimiento en el Departamento de Filosofía. En esta época se le nombra Director del Departamento de Filosofía y Letras de la Facultad de Educación.
En 1953 hace clases en la Universidad Austral, siendo también profesor del Instituto Pedagógico e impartiendo Filosofía del Derecho en la Universidad de Chile.
En 1956 preside el Cuarto Congreso de la Sociedad Interamericana de Filosofía que se realiza en Santiago, es presidente de la Sociedad Chilena de Filosofía (1958-1966) y publica Ortega y la responsabilidad de la inteligencia.
Años 1960: Dos honores y tres libros[editar]
En los años 60 participa en la Reforma de la Universidad de Chile, publicando dicho año el Ensayo sobre la Historia Espiritual de Occidente, en la Editorial Universitaria.
En el año 1960 obtiene el Premio Atenea.
En noviembre de 1962 se incorpora a la Academia de la Lengua, pronunciando el discurso Platón: la misión política del intelecto.
En 1964 publica El Desafío Espiritual de la Sociedad de Masas.
En 1965 publica Discusión sobre la Facultad de Filosofía y Educación y Derecho y Sociedad de Masas.
Alrededor de 1965 1966 su amigo el Presidente Eduardo Frei Montalva lo nombra Presidente de la Comisión Nacional de Cultura.
Años 1970: Tres publicaciones y una renuncia[editar]
En 1970, siendo profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Chile en Santiago y decano de la Facultad de Filosofía y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile y director de la Oficina de Planificación, publica Idea de la Filosofía.
En 1973 el PEN Club le otorga el premio Ricardo Latcham; en esta época es nombrado miembro honorario de Sociedades Filosóficas de América y es delegado de Chile ante la UNESCO.
En 1974 publica De la Tarea Intelectual que recoge, entre otros, el discurso pronunciado con ocasión de su ingreso a la Academia de la Lengua.
En 1975 publica en el periódico El Mercurio de Santiago La Universidad Vigilada, renunciando después públicamente a sus clases de Filosofía del Derecho en la Universidad de Chile, por esos años intervenida y vigilada, para dedicarse de lleno al trabajo académico en la Universidad Austral de Chile, donde ejerce como decano de la Facultad de Filosofía y Letras hasta 1981, año en el cual renuncia por motivos políticos y pasa a fundar, junto a destacadas figuras políticas y académicas, la Asociación Andrés Bello que preside.
El mismo filósofo reconoce como inspiradores y maestros formadores de su pensamiento a don Pedro León Loyola -otra notable figura de la filosofía chilena-, así como a José Ortega y Gasset, al francés Henri Bergson y el pensador alemán Edmund Husserl.

Obras

Entre un conjunto de otros textos, conferencias y artículos, sobresalen entre sus obras:

Homenaje poético a España. 1937.
Los Trabajos y los Días. Santiago: Revista Nueva. 1939. p. 93.
Goethe y el espíritu del Fausto. 1948.
Ortega y la responsabilidad de la inteligencia. 1956.
Ensayos sobre la historia espiritual de Occidente. Tratamiento histórico y colectivo de la filosofía (1ª edición). Universitaria S.A. 1960. ISBN 978-956-11-1037-3.
El Desafío Espiritual de la Sociedad de Masas. 1964.
Derecho y Sociedad de Masas. 1964.
Discusión sobre la Facultad de Filosofía y Educación. 1965.
Idea de la Filosofía. 1970.
De la Tarea Intelectual. Discursos. Editorial Universitaria. 1974. p. 79.
Jorge Millas y Edison Otero (1978). La Violencia y sus Máscaras: dos ensayos de Filosofía. Editorial Aconcagua. p. 109.
Idea y Defensa de la Universidad. Editorial del Pacífico. 1981. p. 154.
Idea de la individualidad (1ª edición). Ediciones Universidad Diego Portales. ISBN 978-956-314-072-9.
Juan Omar Cofré (ed.). Filosofía del Derecho. Ediciones Universidad Diego Portales. ISBN 978-956-314-160-3.

Últimos años

En sus últimos años sus denuncias sobre el deterioro de la realidad universitaria fueron frecuentes y públicas, desembocando en una ominosa exoneración de la Universidad Austral en abril de 1980, medida que generó un repudio unánime y protestas que traspasaron los límites del campus valdiviano, trascendiendo al país entero, que apreciaba el valor intelectual de Millas. Ante ello recuperó por un tiempo su cátedra de filosofía, perdiendo, sin embargo, el decanato de la Facultad de Filosofía y la dirección de Estudios y Planificación. Un año más tarde, Millas abandonó las aulas universitarias en forma definitiva, pues consideró que su permanencia en la misma, en cierto modo, legitimaba tal decadencia. Se dedicó entonces a la docencia privada en su domicilio, donde contó con un selecto grupo de alumnos que escucharon las últimas lecciones del maestro, así como a realizar algunas clases en la Academia de Humanismo Cristiano.

Fallecimiento

Falleció en Santiago el 8 de noviembre de 1982, ante la conmoción del mundo universitario e intelectual chileno, que veía en él un adalid del espíritu de las Universidades Chilenas y una voz valiente que se oponía abiertamente a los atropellos de la dictadura militar en su intervención de las universidades, a su nefasta política de rectores delegados, a la supresión de los Estatutos Universitarios y la prohibición de las organizaciones de académicos, estudiantes y trabajadores, así como a su censura al pensamiento y la inteligencia crítica. Ante todo ello Jorge Millas supo estar siempre al frente, defendiendo la autonomía universitaria y el carácter eminentemente académico de la Universidad.

A su sepelio, en el Cementerio Católico, concurrieron personalidades universitarias, artísticas, gremiales y escritores, entre los cuales estaban, Edgardo Boeninger, Nicanor Parra, Gabriel Valdés, Roque Esteban Scarpa, Luis Sánchez Latorre, Herman Niemayer, y muchos más.

Entre quienes tomaron la palabra para despedir al pensador se recuerdan aún las emitidas por Patricio Hurtado: "... sí, señores, los hombres de buena voluntad nos están abandonando y nos dejan inermes, a merced de los hombres de mala voluntad", y las del abogado Raúl Rettig, quien con el advenimiento de la democracia jugaría un rol fundamental en los temas de derechos humanos, “… Jorge Millas debe ser despedido con una promesa de la cual han de responder los pensadores de todos los credos: la de proseguir la defensa de los grandes valores para los que el que acaba de irse llegó hasta los aledaños del sacrificio”.

Honores post morten

En su honor fue creado el Premio Jorge Millas, que es entregado por la Universidad Austral de Chile, en forma bianual.




MAR, SOLEDAD, ETERNIDAD 

Viviente vidrio, celeste adormecido,
cuerpo tendido bajo el sol sin brazos,
¡oh continente azul de los pulmones!

¿Qué ciudad sepultas, qué esmeraldas cantas
animal de olivar, sumergido
caminante del sueño, compañero mío?

Por las mil regiones de tu piel celeste
hay un fuego que llama, un encendido fuego
que lame y desvanece nuestro miedo.

Inmóvil firmamento del silencio
una garganta eres que respira
bajo el templo sin muro de este día.

Animal de los lirios, animal sempiterno,
sepultura y camino de infinita esmeralda
un laurel solitario tus espacios señala.

¿Qué más hacer que consumirme
en pura soledad de pura estrella
y caer vertical sobre tu puerta?

Profundamente guardas los caminos
que de mi asombro a tus raíces llevan
donde el tiempo sin ojos nos contempla.

Profundamente todo, hasta la luz que enciendes
en tus piedras sin son has sumergido
y el misterio te surca como un río.

¿Qué corola coger de tus palmeras
que dulcemente ascienden sostenidas
por tu inmortal ciudad de siemprevivas?

Todo el ser del hombre y sus diamantes
suspendidos en ti son una rama,
la más débil de luz, sólo una llama.

Bosque profundo de la luz, transido
de claridad de sol tu continente
una rosa sin límites extiende.

Cien años yo siguiera tus camellos
y cantara tu paz bajo la sombra
que en tus caminos por las noches ronda.

Yo viviera viviendo de aquel aroma fresco
de tus ramos de cielo, transparente,
¡ah!, romeral del sueño, ¡ah!, de la luz despierto.

Despierto ante mi lágrima en vigilia y laurel
eternamente lleno de voz y de milagro
bajo tus viñas tiembla lo más puro del ser.






Los trabajos y los días
Autor: Jorge Millas
Santiago de Chile: Revista Nueva, 1939



CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1940-01-14. AUTOR: CARLOS RENÉ CORREA
En la poesía joven de nuestro país se diseña actualmente un movimiento renovador que tiende, dentro de la modernidad, hacia un campo de cultura clásica. El malabarismo del verso, las imágenes abstrusas, son ya dejadas de moda por quienes se han convencido de que esas actitudes poéticas eran intrascendentes y carecían de un verdadero fundamento artístico.

El libro que nos presenta Jorge Millas viene a confirmar ese deseo renovador dentro de la lírica. Este poeta ha buscado las raíces de su poesía en fuentes clásicas; la lectura de su libro nos deja la impresión halagadora de que él ha tenido un contacto íntimo y fecundo con las literaturas griegas y romana. Sin duda que de ahí nace la pureza del verso que canta pastores y marinos.

Nos dice: “En la memoria inmóvil de los mitos, el pastor y el marino son las formas quizás más puras del hombre; en ellos el alma se ha hecho fundamental esencia, fuerza ígnea, anterior al espíritu mismo en jerarquía”.

En todo libro aparece una tendencia a saturar el poema de filosofía. No entramos a dilucidar qué clase de filosofía sea esta. Quizás el poeta se haya dejado conducir y maravillar por ese deseo de poetizar lo que es puro pensamiento. Es indiscutible que en estos poemas hay un soplo renovador que se vierte en imágenes desnudas de oropel, pero que cae en repetidas ocasiones en un cerebralismo que desvirtúa la emoción cordial y suele convertir el canto en mero instrumento de raciocinio.

Al leer estos versos de Jorge Millas, hemos recordado los versos de otro poeta cerebral, el uruguayo Emilio Oribe quien es un maestro en el arte de la poesía filosófica. Esta modalidad tiene escollos, y no lo son menos pequeños el de la frialdad, falta de emoción y cierta oscuridad que cierra el límite de la evocación.

Jorge Millas se ha ceñido a una versificación estricta, clásica. La armonía externa está de acuerdo con la otra que fluye de los pensamientos que se sutilizan y visten de frescura.

En el primer poema que da el nombre al libro, leemos estos versos que vienen a confirmar lo que ya hemos dicho anteriormente:




“Por la infinita piedra que el tiempo nos procura
mi valor al reposo de la salud declina;
y una rosa que surge de la sangre cautiva
entre mallas seguras que la razón no vence,
¡fuerza tendida, fija, serena fortaleza
para el asombro, cauce del canto,
impulso vivo que al fuego precipita
el inmortal derrumbe de la nieve caída!”





El verso de Millas se ha cincelado hasta dar por resultado un diamante; tiene él su dominio en las altas e imponderables esferas del pensamiento, vaga como un niño cogiendo el laurel y la flor. Naturalmente que no pueden faltar aquí las rosas y los lirios. Son todos elementos decorativos de una poesía que fluye por cauce profundo, que rara vez sale a la superficie. Para llegar a una íntima comprensión de estos versos es preciso leerlos en conocimiento y no buscar muchas explicaciones, porque estarían demás y no nos darían la clave.

Dice el poeta en su “Canto a la alegría”:





“Desde esta cima de tranquilo día
que apacienta mi flauta prolongada
sobre la mar como perfecta estrella
viva en el centro de mi soledad,
contemplo el ondulando movimiento
de tus ovejas que en silencio vienen
al brillante paraje que la nieve
bajo los altos lirios les extiende”.




Se goza el poeta hablándonos de las cosas más puras; prefiere la noche con sus estrellas a un día lleno de azul; el mar tiene para él los más hermosos símbolos que se desenvuelven como ovillos de luz. Aunque no se refieren directamente al mar, éste viene a su verso cuando dice el poeta su “Canto de amor”:




“En esta noche pura, callada, en que te nombro
mi corazón sin mar es una playa
para el tiempo infinito de un sollozo.
Era mi corazón el mar de las estrellas
que a mis aguas tranquilas contemplaban
como un cielo apacible que se duerme
en el fuego sin fin de una mirada”.





Reposa el poeta en un campo maravilloso de evocación y de misterio; alza sus ojos hacia el cielo y se multiplican los símbolos. Esta poesía de Jorge Millas tiene más luz que sombra; a pesar de su cerebralismo logra romper el límite de la nieve y se torna más cordial al decir su “Canto en el Mar”, que es a nuestro juicio el poema más logrado, más puro y emotivo de todo el libro.

La nostalgia interior se ha enredado en estos versos que son dichos como en lento silencio; hay unas pausas que dejan ver entre líneas la más pura emoción:




“Para que un día venga tu dominio
y en mí sea la dicha de la muerte
tendido sobre el campo de tus olas
he de nombrarte, mar, cantando siempre”.




El libro que comentamos, que se aleja con miedo de la realidad, guarda un acento nuevo y puro para quienes penetren su verdad.




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