lunes, 19 de mayo de 2014

FERNANDO ALEGRÍA [11.745]


Fernando Alegría

Fernando Alegría (Santiago de Chile, 26 de septiembre de 1918 – Walnut Creek, California, 29 de octubre de 2005) fue un escritor, crítico literario y diplomático chileno.

Se formó en letras en la Universidad de Chile y posteriormente se trasladó a los Estados Unidos, donde obtuvo un magisterio en la Universidad Estatal de Bowling Green y el doctorado en la Universidad de California en Berkeley en 1947. Ya entonces era un autor reconocido, sobre todo tras la publicación en 1943 de Lautaro, joven Libertador de Arauco. Regresó luego a Chile, donde fue una figura central en los grupos de escritores nucleados en la Universidad de Concepción. El éxito masivo le llegó con Caballo de Copas (1957), novela que el filósofo y escritor español Fernando Savater consideró la mejor sobre carrera de caballos escrita en español.

Nuevamente afincado en los Estados Unidos, Alegría enseñó en Berkeley entre 1964 y 1967 y luego en la Universidad Stanford hasta su retiro en 1998. Fue agregado cultural del gobierno de Salvador Allende desde su elección hasta su derrocamiento por el Golpe de Estado capitaneado por Augusto Pinochet. Fue académico de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y una de las figuras más destacadas en la introducción de la literatura latinoamericana en los Estados Unidos, donde su influencia fue enorme. Sus obras sobre historia de la literatura —La novela hispanoamericana del siglo XX (1967), Literatura chilena del siglo XX (1967), Literatura chilena contemporánea (1969), Literatura y revolución (1970), Literatura y praxis en América latina (1974)— se encuentran entre lo principal del género.

Se retiró en 1998, donando manuscritos y originales a la UCB. Falleció en su hogar de Walnut Creek el 29 de octubre del 2005.



¡Viva Chile mierda!

¡Viva Chile mierda! es una obra poética y folclórica chilena que recoge uno de los gritos de victoria más usados en el país. Fue escrita por Fernando Alegría en 1965 y resume en la frase final de cada estrofa sentimientos de tipos muy distintos, relacionados con la naturaleza del país.




«Cuando alzado a medianoche nos sacude un terremoto
Cuando el mar saquea nuestras casas y se esconde entre los bosques,
Cuando Chile ya no puede estar seguro de sus mapas
Y cantamos como un gallo que ha de picar el sol en pedazos:
Digo con firmeza ¡Viva Chile mierda!»



Obras

Recabarren, 1938
Ideas estéticas de la poesía moderna, 1939
Leyenda de la ciudad perdida, 1942
Lautaro, joven Libertador de Arauco, 1944-1943
Ensayos sobre cinco temas de Thoman Mann, 1949
Camaleón, 1950
La poesía chilena, 1954
Walt Whitman en Hispanoamérica, 1954
Amérika, amérika amérika, 1954
El poeta que se volvió gusano, 1956
Caballo de copas, 1957
Breve historia de la novela hispano americana, 1959
El cataclismo, 1957
Las noches del cazador, 1961
Las fronteras del realismo, 1962
Gabriela Mistral, 1964
Mañana los guerreros, 1964
Novelistas contemporáneos hispanoamericanos, 1964
Novelas que hablan, novelas que cantan, 1966
La novela hispanoamericana del siglo XX, 1967
Literatura chilena del siglo XX, 1967
Como un árbol rojo, 1968
Los días contados, 1968
Darío y los comienzos del modernismo en Chile, 1968
La maratón del palomo, 1968
Los mejores cuentos de Fernando Alegría, 1968
Literatura chilena contemporánea, 1969
La venganza del general, 1969
Literatura y revolución, 1970
La prensa, 1973
La ciudad arena, 1974
Literatura y praxis en América latina, 1974
Nueva historia de la novela hispanoamericana, 1974
El paso de los gansos, 1975
Relatos contemporáneos, 1979
Coral de guerra, 1979
Instrucciones para desnudar a la raza humana, 1979
Una especie de memoria, 1983
Cambio de siglo, 1984
Los trapecios, 1985
Antología personal, 1987
Nos reconoce el tiempo y silba su tonada, 1987
Allende, mi vecino, 1990
Creadores en el mundo hispánico, 1990
La rebelión de los placeres, 1990

Discografía

Las cuecas de Ángel Parra y Fernando Alegría, 1967 (con Ángel Parra)






ROLANDO ALARCÓN 

La mano pulsa un corazón de oro
que con modestia llama su guitarra,
cantores rojos vuelan en su coro
con los pintores de Ramona Parra.

Al mundo busca en pálido decoro
con duro acento que la historia narra
y es el poder de un suave meteoro
fugaz amor y frente al cóndor, garra.

Rolando por la luz del Tercer Mundo,
en las llanuras anda floreciendo
con fiera voz y acordes tan fecundos

que al fin sangró su pecho amanecido.
Rolando va desde un coral profundo
en ciego vuelo al fuego perseguido.






Libertad bajo fianza

Hoy le vi cara al pueblo.
Le estreché la mano,
reí con él, lloré con él.

¿Quién es el pueblo?
Preguntad a estos hombres,
que tengo frente a mí
y no preguntéis en voz baja.
Alzad la voz, mirad con orgullo;
os responderán valientemente.

He aquí a ciertos presos.
No temáis ni su arrogancia ni su humildad,
y la muerte que lleva cada uno
como un halcón sobre el hombro.

¿Quién es el pueblo?
Es la voz que se quiebra en un sollozo
y se afirma en un puño cerrado.
Es la mano que cae sangrando de la cruz
y recoge en el surco la esperanza.
Es el ojo estupefacto y triste que de pronto me mira
y saca a un héroe del barro.
Es un corazón de greda
y un ídolo de rojos geranios
que se echan a caminar por mi patria.

¿Quién es el pueblo?
Soy yo, facón de zapatero
que clavó una estrella contra la madrugada.
Soy yo, hoz iletrada que cortó de un golpe
la yugular de un latifundio.
El hombre que calentó el invierno en un tarro
y bebió la angustia con el hervor del vino, la naranja y la canela.
El hombre, tal como lo veo hoy,
de pie, anónimo, atento, exigiéndome la vida
porque la vida le quitaron
para hacerlo mi hermano.

¿Quién es el pueblo?
Es el mástil de Chile que navega en una botella.
Es la mujer que cruza los viejos muros de adobe,
el niño, la fruta, el cigarro y el álamo,
la tierra seca y la extensa helada,
el rancho abierto, la vaca, el cura y la campana,
el juez y la puñalada.

Allí está el pueblo frente a mí
en esta mañana de agosto,
y me pregunto: ¿Es que yo también soy pueblo?
¿Soy aquél que ellos desean y esperan?
¿Traigo acaso la palabra justa, o la palabra hombría,
la palabra honrada o la palabra dignidad?
Si traigo vanas abstracciones o elegantes amuletos
me quedaré solo entre los muros de esta cárcel.

Pero puede ser que traiga la vida que estos hombres olvidaron allá afuera.
Traigo muerte para el simulador,
vergüenza para el que destapó la vida como una botella
y se arrinconó a beber su propia conciencia.
A quien le duele la vida como una sarna
no puedo hablarle de lujosas plagas y pasárselas por vida.
A quien escupe el amor sobre una pared desnuda
no puedo fingirle amores entre colchas privilegiadas.
Ni puedo cantar la soledad a quien la tuvo entre las piernas
cinco años y un día.

Dejo pues la letra muerta y tomo mi vida para encuadernarla en llamas.
Mis nuevos compañeros llevan en los ojos
la madrugada del hijo pródigo.
Conversemos entonces en este gran día de los presos
y nuestra conversación sea sobre la libertad del hombre.
Nos entenderemos combatiendo, riendo, llorando, blasfemando.
Sé que escribo para el pueblo porque mi palabra ya se ha hecho hombre
y este hombre se siente para siempre libre.

Escribir para el pueblo es crecer
como un árbol de amplia copa,
envolver en raíces la tierra y el cielo,
poner sangre y luz en el corazón de esta cárcel.

Escribir para el pueblo es quedarse vibrando
como un álamo al amanecer,
ardiendo como un bosque en el sur de Chile,
entrando como una lenta marea a la vida.

Escribir para el pueblo es escribir con la mano que siembra,
que cosecha, que combate, que ama.
Escribir con la mano que hoy estrecha a la mía
con la sonrisa que me alienta
con el brazo compañero que se extiende sobre mis hombros.







El país del movimiento

He aquí que la tierra tembló
y las montañas submarinas cambiaron de lugar.
Los volcanes se abrieron rugiendo y sangrando
para cubrir de fuego y cenizas la escarcha de los lagos.
Los ríos perdieron su curso
y ganaron en cambio el camino de la ciudad.
Las islas, finalmente, levantaron ancla al amanecer.

Intranquilo recogí mis redes.
A veces en las redes se viene el recuerdo de mi pueblo.
Con la primera ola cayó la catedral.
Repicando, repicando pasó el campanario
en dirección a altamar.
Pasaron luego generaciones tras generaciones,
casas que durante siglos vivieron en silencio
de la caridad de las ballenas.
Pasaron ensartados, tal como se oye,
ensartados en un cable de galeón,
como un collar de ónix,
viejos fueguinos arrastrando cofres de oro.
Se cose la inmensa rada amarilla,
cosa que parece increíble,
y en la noche resplandecieron las estrellas de barro
repletas de perlas.

Pasó velozmente un bombero a caballo en la torre edilicia.
De la Plaza del Pueblo partió un teatro
cargado de gentes hacia Magallanes.
En cuanto a mí, pasé también río abajo
a mayor velocidad aún,
encerrado en el comedor con mi familia
flotando a la par de corpulentas encinas.
Los vecinos se saludan,
la muerte dejó perdido a su remolcador.

Así pasa la vida,
como pequeñas golillas de espuma roja,
como ligeras cabezas de hombres, de corderos,
de mujeres, de vacunos.
Rizada subiendo del archipiélago.

He aquí, me dije, un país que cae de su pedestal de hielo
y se hinca a observar las grietas de su mano.
En la madrugada una nube de polvo flota y se ilumina.
Dado que los muertos saltaron de sus tumbas
y las familias cayeron al pie de gruesas marquesinas,
el Club de Leones comenzó a levantar un censo en el zoológico.

He aquí la oración de los damnificados:
Que se calme el país del movimiento.
Que los crueles latifundios permanezcan sumergidos.
Que el pan alumbre sin demora el fogón del campesino.
Que el cobre se haga escuela y el salitre casa obrera.
Que la población callampa se levante como un árbol, florezca y ande.
Que regresen los vecinos que salieron a navegar en sus casas.
Que se retire el mar.
Que se sequen y funcionen los mercados, las fábricas y las minas.
Que enciendan la cruz del sur
y se ponga en marcha la provincia.

Porque, a decir verdad, la tierra ya deja de temblar,
el mar se mete en su cueva de arena.
Y en lo que a mí me toca,
la red se me está llenando otra de vez de peces familiares.


fdoalegriapneruda


Recordando a Fernando Alegría

El autor de Allende mi Vecino el Presidente y Como un Árbol Rojo, la primera biografía de Luis Emilio Recabarren, también le abrió las puertas latinoamericanas al movimiento beatnik de los Estados Unidos

Por Marcia J.Campos, desde EEUU.

Representante de la generación del 1938, Fernando Alegría (Santiago 1918 - California 2005), fue un adelantado del mundo global en que vivimos, dejando un sólido legado intelectual como narrador, poeta, crítico literario y académico. Autor de obras paradigmáticas de la literatura chilena incorporadas a la conciencia colectiva nacional, destaca entre ellas su Lautaro Joven Libertador de Arauco, que fuera por muchos años libro de lectura obligatoria en las escuelas de Chile y de otros países latinoamericanos con la cual transforma al héroe Mapuche en un arquetipo juvenil de liberación nacional.  Su primera novela, escrita en sus años de adolescencia y publicada en 1938 fue Como un Árbol Rojo y fue la primera biografía del líder sindical Luis Emilio Recabarren, padre del movimiento obrero chileno.

Fernando Alegría viajo a Estados Unidos a comienzo de la década del cuarenta para realizar sus estudios de postgrado, titulándose como Doctor en Letras en la Universidad de Berkeley, en California. Es allí donde germina y florece su obra de madurez uniéndose a los movimientos intelectuales de la post guerra forjando amistades con figuras emblemáticas del movimiento beat de los Estados Unidos como Lawrence Ferlinghetti y Allen Ginsberg, quien fuera su alumno en Berkeley y con quien viaja a Chile en los años sesenta al seminario internacional de escritores de la Universidad de Concepción que él contribuyó a fundar. Mantuvo correspondencia con gigantes de la literatura universal como fueron los premios nobel de literatura, Thomas Mann (1875 - 1955), cuya obra clásica La Montaña Mágica, fue base de la tesis de Maestría del joven Alegría, y con Albert Camus, (1913 -1960) quien fuera precursor del existencialismo en Europa.

En California, Fernando Alegría produce una de sus obras más conocidas; Caballo de Copas, novela picaresca  que narra las vicisitudes de un emigrante chileno en San Francisco y que fue una de las primeras novelas con una perspectiva multicultural de los Estados Unidos.

Fernando Alegría mantuvo una amistad de toda la vida con Volodia Teitelboim escritor y político comunista,  compañero de juegos de la infancia en el barrio Independencia de Santiago; con Violeta Parra; con Pablo Neruda a quien visitó en Isla Negra días antes de su muerte en Septiembre de  1973; con Hortencia Bussi de Allende de quien fue compañero de estudios en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y con otros iconos de la cultura latinoamericana, como son Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, entre muchos otros, a quienes recibió en su casa de Palo Alto.

ferlinghettiyginsbergSu acervo epistolar, su biblioteca personal y sus manuscritos se encuentran en la Universidad de Stanford donde fue Profesor Emérito y Académico Distinguido con la cátedra Sadie Patek. Fue representante  vitalicio de la Real Academia de la Lengua Española para los Estados Unidos y candidato perpetuo al Premio Nacional de Literatura de Chile que no llego a obtener en vida. Incursionó en el canto, fue bailarín, amante del vino, seductor y mago: amigo de amigos.

Su obra posterior a 1973 se transforma en una búsqueda imaginaria del país natal durante los años que le fuera negado el ingreso a Chile por su participación y apoyo al gobierno de Unidad Popular "convirtiendo el distanciamiento en un efecto óptico que lo llevo a descubrir aspectos inéditos del mapa humano y cultural de la patria y el continente", según el crítico Juan Armando Epple.

Allende mi Vecino el Presidente, fue la primera biografía del presidente en cuyo gobierno sirvió como agregado cultural de la embajada de Chile en Washington, seguida por novelas como El Evangelio según Cristian el Fotógrafo, El Paso de los Gansos, Coral de Guerra y otras. En ese periodo se vinculó con músicos de relieve mundial como John Lennon, Yoko Ono, y Joan Báez quien musicalizó sus poemas y los incorporo a su repertorio.

Central al movimiento por la defensa de los derechos humanos  en Chile, Fernando Alegría colaboró con el conjunto Quilapayún que interpretó su poema  Patria, Sol y Bandera con acompañamiento de la orquesta sinfónica de Paris y con el virtuoso guitarrista y  compositor chileno Rafael Manríquez quien puso música a varios de sus  poemas, entre los que destaca el dedicado a Víctor Jara. Con él participó en innumerables eventos de la solidaridad con Chile en California durante los años de la dictadura.

De su vasta obra poética y literaria, la de más arraigo popular fue su poema Viva Chile Mierda! escrito en California en los años sesenta que constituye una ontología del ser chileno y refleja la nostalgia de su tierra. Viva Chile Mierda! es:



"... un grito de combate
oración si fin, voz de partida, fiero acicate
espuelazo sangriento con las riendas al aire
galopón del potro chileno a través de las edades.

Es crujido de capas terrestres, anillo de fuego
vieja ola azul de témpanos pujantes.

!País-Pájaro, raíz vegetal, rincón donde el mundo se cierra!
Quien lo grite no tendrá paz, caerá para seguir adelante.

Y porque de isla en isla, del mar a la cordillera
de una soledad a otra, como de una estrella a otra estrella
nos ira aullando en los oídos la sentencia de la tierra:
digo finalmente !Viva Chile Mierda!



*Marcia J.Campos, co-productora del documental fílmico Viva Chile ...M! Un Tributo a  la vida y obra de Fernando Alegría. California

Agosto  2013.






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