viernes, 9 de mayo de 2014

DOROTHEA SCHLEGEL [11.645] Poeta de Alemania


Dorothea Schlegel 

(1764-1839)
Dorothea Friederike Veit, nacida Brendel Mendelssohn, fue una intelectual alemana hija del filósofo judío Moses Mendelssohn.

Se casó con el banquero Simon Veit, de quien se divorció en 1799 y con quien tuvo cuatro hijos, entre ellos Jonas Veit y Philipp Veit.

Conoció a Friedrich Schlegel en un salón de Henriette Herz en julio de 1797, se convirtió al protestantismo en 1804 durante su matrimonio con él y más tarde al catolicismo en 1808.

Tras la muerte de Friedrich en 1829, se instaló con su hijo Philipp en Fráncfort hasta su muerte en 1839.

Obras

Florentin, Lübeck & Leipzig 1801
Gespräch über die neueren Romane der Französinnen
Geschichte des Zauberers Merlin, Leipzig 1804








(traducción de Federico Bermúdez-Cañete y EstherTrancón y Widemann)


Fuera hace un sol tan claro,
¡anciano, déjame salir!
Ahora no puedo ser paciente,
quedarme en casa y estudiar.

Con son alegre de trompetas
pasa allí el grupo de jinetes
y estoy tan sin sosiego aquí en el cuarto
¡anciano, deja que me vaya!

Permanece impasible,
no me hace ningún caso:
“¡Se te permitirá lo que te corresponda,
haz tu deber, primero!

”Deber es el mandato riguroso del viejo;
¡Ay, pobre niño! Tú no lo conoces
y percibes tan sólo esta aflicción injusta;
las lágrimas salpican tu carita.

¡Cuándo hace mucho que ha pasado
aquello que anhelabas tú,
se te concede el tiempo con retraso excesivo,
después de haber pasado la impresión y el sonido!

Lo que te imaginabas,
aquello que añorabas,
es lo que tú no encuentras,
mas se queda con lágrimas
tu cara aún largo tiempo.







[¡Así se puso el sol en mi vida! Y bien pronto...]

¡Así se puso el sol en mi vida! Y bien pronto
ha de yacer, envuelto en la negrura,
el mundo, que aún está inundado de luz, 
jubiloso, en un fuerte cántico de corales.
Ninguna estrella alumbra la insegura pisada,
y ninguna deidad se inclina hacia nosotros.

Hubo un tiempo que tuve en torno ángeles bellos;
y de amor y placer estuve rodeada
bajo el fulgor dorado de los soles;
mi corazón estuvo a ellos entregado.
¡Ahora el dulce sueño ha huido para siempre!
¿Ha sido todo un sueño, y he sufrido un engaño?







[¡Ella está lejos, cómo encontraré alegría!]

¡Ella está lejos, cómo encontraré alegría!
Sólo a la pena puedo mi vida consagrar.
Como abrazan al árbol, frondosos, los sarmientos
y amenazan quitarle el sustento a su copa,

tan lejos de ti me atan las cuitas y la pena,
que no hay placer terreno que pueda contentarme.
No preguntéis por qué mi mente corre, inquieta;
para mí no hay descanso más que donde ella está.



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