martes, 20 de mayo de 2014

ANTONIO CAMPAÑA [11.756]



Antonio Campaña

Antonio Campaña (nació en Santiago de Chile en 1922), es un escritor, poeta, ensayista y crítico literario chileno.

Se desempeñó como profesor de la Universidad de Chile, secretario general y director de la Sociedad de Escritores de Chile, vicepresidente del Sindicato de Escritores y presidente del Ateneo de Santiago

Además colaboró con periódicos y revistas chilenas y extranjeras. Trabajó en el departamento de Cultura de la OEA.

Es el presidente del Instituto de Estudios Poéticos de Chile.

Obra

La cima ardiendo (1952).
El infierno del paraíso (1957).
Arder (1961).
El regresado (1966).
Concierto austral (1967)
El tiempo en la red (1971)
Poèmes choisis (1964)
La primavera junta (1974)
Cortejo terrestre (1986)
Cuarteto de cuerdas (1986)
El infierno del paraíso (1991, esta edición completa la anterior).
Conjuros del mar (1992).
En tela de juicio (1993).
Sobre el amor (1993).
Purgatorio mayor (1995).
Salón de baile (1999).
Costumbre de la muerte (1999).
A pie en otoño (2001).
Extraños dominios (2002).
Sonetos de guarda (2004).
Canta el gallo (2007).

Parte de su obra fue traducida al inglés y francés. También realizó estudios sobre autores chilenos como Delia Domínguez, Luis Merino Reyes, Nicanor Parra y otros.

Premios

1952 Premio Municipal de Poesìa, Santiago, por La cima ardiendo.
1957 Premio del Pen Club, por El infierno del paraíso.
1966 Premio Sociedad Bolivariana de Venezuela, por El regresado.
1999 Premio Municipal de Literatura, Santiago, por Salón de baile.





IMAGEN 

Ceniza de la espiga desolada.
Cumbre del aire sobre el mar naciente.
Fuerza del viento fija inútilmente.
Pequeña flor de plata equivocada.

Arena por el viento desatada.
Ciervo amado sujeto dulcemente.
Bosque feliz vencido de repente.
Honda noche de fuego desvelada.

Paloma abandonada en un espejo.
Llanto que pasa en llamas despedido.
Breve rostro sin ruta ni reflejo.

Eterno amor llorado como un trino.
Fiero marfil en luna convertido.
Erguida roca y, sin embargo, lino.










La cima ardiendo
La cima ardiendo
Autor: Antonio Campaña
Santiago de Chile: Eds. Acanto, 1952


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1953-04-19. AUTOR: LEÓN BARROS
Adentrarse en este contenido de excelente diseño lírico que nos ofrece el poeta chileno Antonio Campaña, es tarea bien grata para quien guste del deleite espiritual, o bien de recrearse en los mundos del ensueño con el panorama interior de un vate que gusta de colectar imágenes sencillas, pero persistentes al espíritu y gratas al corazón, para cerrar un instante las páginas del libro de versos y repetir, mentalmente, alguna imagen o metáfora dilecta, que nos hace meditar, pensar con hondura, reflexiones y contemplar la vida desde el noble plano en que la contemplan casi todos los poetas…

Así nos ha sucedido con la lectura de dos de sus últimos libros:

“Mapa sobre un sueño”, que publicara ya hace algún tiempo, y este otro nuevo: “La cima ardiendo”, que nos ha deleitado el espíritu grandemente.

Antonio Campaña no es un nombre más en las letras nacionales.

Sus excelentes ensayos sobre Nicolás Guillén, Pedro Salinas, Thomas Elliot y otros “consagrados”, publicados en Atenea, en Revista de Occidente y otras acreditadas publicaciones chilenas y americanas, le habían dado y siguen dándole suficiente prestigio intelectual, que afina cada día más su estilo, que está muy bien informado acerca del Movimiento actual de la poesía moderna y que hace cantar su propia y original cítara con buenos acordes cuando pulsa su lira, contemplando lo que solo pueden ver los poetas, lo que suele estar vedado para otros ensayistas que son, por decirlo así, unilaterales.

Dice Campaña en su “Cima Ardiendo”:

“Debo entregar tu cuerpo suspirado
y en soledad de llama y beso puro
furioso arder, deshecho, sobre el muro,
por tu región de labios habitado…”

Aquí la sensualidad se manifiesta en una sutil percepción del ideal del amor sin herir la sensibilidad de nadie que pueda escuchar la elegante expresión de “El amor tenaz”, a nuestro juicio, una de las mejores “muestras” del poeta que comentamos.

Expresa, más adelante en su poema “Habitantes de las dudas”:

“Si te buscas eres un río dormido en el aire,
una leve cascada que luego será arroyo,
un rumor de nieve, deshelada, vecina de la ola,
como agua triste abandonada por su espuma,
y un poco de finales lluvias sin angustias”.

La expresión que vierte el poeta es audaz en la imagen central, pero agrada por lo novedosa y por el colorido expresionista, que nos hace recordar, sin querer, a Dámaso Alonso.

Y así va prosiguiendo esta “Cima Ardiendo”, que agrada siempre por su candente expresión emotiva, de tal modo que cuando cerramos el libro, queda una especie de palpitación interior en el corazón y un deseo íntimo de meditar en la Belleza, única meta verídica del Ensueño, que tiene en el poeta Campaña un cultor harto digno de llamarse: Poeta del Ensueño.


“Ceniza de la espiga desolada.
Cumbre del aire sobre el mar naciente.
Fuerza del viento fija inútilmente.
Pequeña flor de plata equivocada.
Arena por el viento desatada.
Ciervo amado sujeto dulcemente.
Bosque feliz vencido de repente.
Honda noche de fuego desvelada.
Paloma abandonada en un espejo.
Llanto que pasa en llamas despedido.
Breve rostro sin ruta ni reflejo.
Eterno amor llorado como un trino.
Fiero marfil en luna convertido.
Erguida roca, y, sin embargo, lino”. 




El infierno del paraíso
El infierno del paraíso
Autor: Antonio Campaña
Santiago de Chile: Eds. Acanto, 1957


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1958-04-18. AUTOR: VÍCTOR CASTRO
También este poeta, como diría Federico García Lorca, “está más cerca de la sangre que de la tinta”. Canta al amor y su voz, aunque herida, levanta dignidad al paso de todos los acontecimientos:

“Alejé hasta el cuerpo para admirar mi poder atroz...”

¡Qué lejos, y en tan poco tiempo, ha dejado Campaña a sus libros anteriores! Es, decididamente, otro poeta que aquel poeta que disponía, en la palma de la mano, de tantos elementos y que a veces parecían incomodarse, los lleva ahora hacia el canto recio, dentro de la naturaleza de un largo poema, tal es “El infierno del paraíso”. Porque la creación de Campaña no es de aquellas que se gustan y se guardan. Poema para releerlos, para volver a leerlo, nos entrega virtudes que deben ser más expuestas a quienes se interesan por la poesía nueva de Chile. Campaña no es un poeta de feria, no lo ha sido nunca. Su voz es casi subterránea. Su calma fluye, sin embargo, por venas de vértigo, bajo la piel, como corresponde al auténtico valor lírico:

“Alejar la mirada que nos llama y desea
Como el cuerpo que saltó de la noche y admiró su hazaña...”

No hemos de buscar influencias en una poesía ya lograda como lo es la de Antonio Campaña; sin embargo, es necesario insistir en la raíz española de su canto, tal ocurre con otros poetas nuestros. Campaña ha asimilado la mejor luz de la poesía española. Pero a la vez ella le ha servido para sacar al aire nuestro todo de lianas, nubes, olas de furia, alturas y piedras nevadas:

“Ni mujeres que se abren como rosas afincadas en rayos...”

.........................................

“Victoria de ese océano con sus feroces armas mudas...”

.........................................

“Al amor última piel tocada, al amor muslos de siembra...”

Silencioso, sin pedir nada a nadie, con una tranquila dignidad, Antonio Campaña está construyendo una respetable poesía, una lírica personalísima. Cuando otros aún sacuden infructuosamente las algas de las influencias, Campaña nos muestra el viril triunfo de una personalidad auténtica. Esto, dicho o leído ligeramente, puede sonar a manido, a dicho tantas y tantas veces. Pero es necesario decirlo cuando la experiencia de leer y leer, de comparar y comparar, nos ha solicitado cerca de 20 años de labor, de dichosa labor a veces combatida.

Es posible que a un poeta como lo es Antonio Campaña, poco le importen las buenas o malas críticas de algunos conspicuos críticos o comentadores del diario escribir...

Estos poetas nuevos están demostrando que nuestra lírica mantiene vigentes sus más altos dones. Al escribir estas líneas sobre ellos nos ha guiado nuestro ya inveterado afán inventado por Juan Ramón Jiménez: estimular al joven; soportar al mediano y castigar al viejo....







Arder
Autor: Antonio Campaña
Santiago de Chile: Extremo Sur, 1961


CRÍTICA APARECIDA EN LAS ÚLTIMAS NOTICIAS EL DÍA 1962-02-03. AUTOR: EDMUNDO CONCHA
No es por azar que un escritor elige una determinada estructura de cada género literario para entregar su mensaje. Tales estructuras, en vez de ser factores determinantes, son vehículos que el autor ocupa o abandona en la medida justa en que sirven a su propia inspiración.

El soneto, evidentemente, corresponde a épocas ya pasadas, más tranquilas y apolíneas, y el uso de su estructura corre el riesgo de transformarse en zapato chino para la imaginación creadora. Esta dificultad solo se salva cuando la poesía es de carácter cerebral, helado, acorde con una arquitectura sin elasticidad.

Antonio Campaña es un poeta formalista, cuidadoso de las apariencias, un artífice del verso bien cortado. Esta preocupación estilística no supone vacío de contenido. La admiración, el amor, la soledad, la nostalgia, etc., son sentimientos que él siente y transmite con facilidad a la vista, más que al oído, de los lectores.

En su ígneo libro “Arder”, Campaña encierra fogatas sentimentales que no van más allá de los 14 versos consabidos. Los suyos son incendios domésticos, que no representan peligro de quemar las casas vecinas. Compruébese esto en el siguiente ejemplo:

“Oíd estos fieles fuegos que vigilo,
sentid con esta llama que me dieras
lo que sintiera tu alma si sintieras
elevar montes, playas como en vilo.

Oíd cómo crece y asume entre su filo
de lengua de caricias justicieras,
tu condición de mar y de olas fieras
y un estilo de nube que es tu estilo.

Fuegos y fieras, dioses insistentes,
desnudos perezosos que son aires,
sientes en busca de áncoras ardientes.

Sentid, oíd la dicha que persigo,
que estas voces furiosas, sus donaires,
son los sueños de amor que yo te digo”.

Antonio Campaña se revela, una vez más, como uno de nuestros poetas más equilibrados. Sus versos no sufren grandes caídas ni tampoco remontan el vuelo como para perderse de vista.



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