viernes, 16 de mayo de 2014

ANA MARÍA VIEIRA [11.697]


Ana María Vieira 

Poeta, escritora y madre de cuatro hijas. Estudió Sociología en la Universidad de Chile y ha publicado libros de poesía ( Piélago, en 1995), y (Peligros posibles, en 1999) también un libro de cuentos, (El color de la memoria, cuentos 2002). 

Ha sido antologada en diversas antologías tales como “Lucarna”, editada por Ril editores, en conjunto con otras cinco autoras. Mujeres en la Poesía Chilena actual, de Carlos Ordenes Pincheira, y Guía de la poesía erótica en Chile, de Gustavo Donoso, Lom ediciones, año 2000. Actualmente es parte de la directiva del P.E.N. CLUB CHILE.





OTROS PELIGROS

Surcar las hebras de la noche
Cincelar tu risa en espejismos
Gemir canciones muertas
Beber fronteras por tu cuerpo
Atrapar planetas fríos
desde las cuencas de las flores
Coleccionar fragmentos
Car en trampas incorpóreas
Leer sobre mi muerte en periódicos viejos.

Mejor me tiendo en una plaza
a contar migas de pan bajo la tarde.







NO HE DE LLORAR

No he de llorar
en lejanía de patios tristes
umbrales del pasado
piedras sobre el tormento.

Desfiguraciones
del árbol y la nube.

Canciones desmayadas
sobre cunas vacías.

No se precisan lágrimas:
sólo gritos en busca
de relámpagos.

¡Ah, soledades en este muro de
cicatrices y grietas!

Infancia derramada en la tristeza
Mirada de niño celeste contra la tierra.

Arreboles de luna vengan
a cubrir tantas heridas.

Desnuden el canto
escondido en el hueso.

Deshagan
las prematuras  tumbas.

No se precisan lágrimas para
estremecer la rabia.

En la penumbra del día
muy cerca del mar
                                          tiembla una hoja.







ESLABÓN

(De mi libro "Por tan Profundo",
Poema que he querido dedicar a mi amado)


Tu boca
dibuja trazos verdes
en mis dedos
rebalsas mi sangre
con mundos
de otros mundos
hueles a planeta
a bosque espeso
puedes saciar mi sed
u yo la tuya:

somos uno
en la fábula de Dios







NADIE VIO EL FONDO DE LAS REDES

al Golem

Todo era muy simple.
El juego: nunca bajar los brazos
al mezclar textos divinos.

En cualquier momento
podrían aparecer estrellas,
seres extraños, sequías.

En medio de algo, surgió el volátil
abandonando las cosas:
su territorio, su vida triste.
Adán deconstruido
en el nombre secreto de Dios.

Su rostro amorfo surcó viviendas
desató ventanas, pavores.

El Constructor
-tibio-
tampoco vio el fondo de las redes.







JUEGOS MODERNOS

Olfatear subastas buscar cables de trolley
Quebrar collares inoficiosamente
Aderezar hilos eslabones solitarios
Quemar ahuyentar ángeles o pájaros
Agotar sueños de un solo bramido
Vulgar los artificios de los paseantes
circunvalando las circunvalaciones
Condicionar hábitos de estruendo
por tan ficticia naturaleza
Atomizar peatones ajenos consumidos
Cardar los hilos previamente aderezados
Bramar los sueños agotados y agotantes
Artificiar de los paseantes eslabones
desolfateando espejos subastados
Deshilvanar cables peatonales

En fin
Ahogar ruidos con estruendo
para congregar ángeles o pájaros
i-no-fi-cio-sa-men-te






PIELAGO

Los vi hace mucho:
moradores sin nombre
de lares subterráneos.

Hoy los recuerdo 
en la tregua del silencio:
poblábamos volcanes
gélidos, dolientes,
en valles sumergidos
donde la luz no alcanza

Solíamos jugar entonces
en las cuencas sin ojos del océano:
allí, donde éramos capaces de morir






CUERPO SELLADO

Una espada de fuego
Amaneceres fríos
Inexplicables llantos y
entre abedules, aire.
Diáfana duda
sobre el significado
sin nombre
de la palabra nada.







SUCEDE

Un muro de agua inconmovible
esconde ruinas
Ya no hay sílabas
ni voces que las nombren
Sólo quedan miradas amarillas
ciertos gestos destrozados
palabras que agonizan 
tendidas en el aire






LA URRACA

(sobre un cuadro de Claude Monet)

Sobre el viejo portón iluminado
negra la urraca se detiene y mira.
El litúrgico manto de su lira
va encegueciendo el árbol desnudado.
Caen sus ramas bajo el peso helado
hacia la nieve que en sus visos gira.
Las rojas chimeneas de la ira
por la húmeda casa se han marchado.

¿Quién vive allí? ¿La multitud errante?
Tan sólo habita un hombre solitario
que sueña en soledad por un instante.

Sobre el portón, envuelta en un sudario,
la urraca grita como negra amante
su muerte oscura que se muere a diario.







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