martes, 22 de abril de 2014

JOHN FREDDY GALINDO [11.571]



John Freddy Galindo

Bucaramanga, Colombia  1978. Licenciado en Literatura por la Universidad Industrial de Santander. Ganador del XIX Premio Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia, 2007. Su libro Ventanas de otros días recibió el IV Premio de Impulso a la Poesía Joven Colombiana (2008). En 2009 recibió la Primera mención de honor en la bienal de Poesía “Julio Flores”. Ganador del  Premio Nacional de Poesía Relata- Ministerio de Cultura 2012.  Cuentos y poemas suyos han aparecido en publicaciones  nacionales e internacionales así como en diversas antologías. Ha publicado los libros Ventanas de otros días (Ediciones UIS 2008), Karaoke Demon (Ediciones UIS 2010) y [L] (Cuatro Colectivo Editores 2011). 




1. 

Las flores secas asisten al parto del sauce 
como testigos de la última noche sobre la tierra 
No hay colores 
Veo un niño hecho hombre a medias que escupe las migajas 
 [de la sombra] 

sobre la madriguera de la madre que remienda los recuerdos 
allí donde el día se revienta 
Allí 
donde el árbol de la vida no es más que otra amenaza 
y la piedra origen se eleva como un culto 
De rodillas me estremezco 
y la tierra tiembla de abandono 
como la llama de la vela en mitad del huracán 
como el poema 

 que no entiende de razones 






VARIACIONES DEL AMOR 

Con los dedos hechos piedra 

aferrados a la brisa y la palabra 
celebramos el estruendoso ronquido de la muerte 

Puño-cielo 

Descabezados sin miedo en la antesala 
esperamos el agónico parto de la sombra 

Puño-espada 

Los cadáveres de los justos revisten las aceras 
y Heráclito se revuelca en la rivera empantanada 
Con los ojos hechos cuevas las mujeres refriegan sus asuntos 
Cada losa esculpida es un mandato 
una letra 

Alfabeto de la angustia y del olvido Con 
las manos hechas lodo 
el amor trenza la mortaja








Navegar el río

1

hay que extinguirse como un dinosaurio enfermo
amputarse el corazón y rezarle al inclemente sol que pretende achicharrar

los restos de la tarde

Preguntarse acaso si nos faltan dientes
hay días en que un dios feo  me observa como un espantapájaros crucificado frente a mi ventana

Entonces miro al cielo y las nubes son ahora cocodrilos

Entonces arranco los tréboles meados por los perros y los trago sin hundirme

Entonces proyecto la sombra de mis manos que son como serpientes
como dos grietas
otros días solo soy  un niño que ha escondido sus secretos en los huesos de su madre
que ha llorado

hay que extinguirse




2

una imagen poderosa viene:  una anciana en la televisión cuenta historias de fantasmas
de ese río que es la tumba   y el olor de un cuerpo ausente que decora las esquinas de este bosque    -Navegar el río-  cerrar bien las ventanas   enfrentar la muerte

amortiguar el miedo o matarlo:

a)  No soy una montaña ni este cuerpo que empieza a abandonarme

tampoco el sol                                                                                                                      ni la mujer que adora el tiempo

como si fuese el mar

b) Soy el reflejo de un hombre muerto frente al televisor

una sombra dibujada en un cuaderno

una letra

las ganas de arruinarlo todo







dios 

En este círculo azulado vive dios 
es un dios grande con cabellos raros y perlas en los dientes 
como esa negra de Senegal que me besó aquella noche 
 de vinos y alabanzas 
y que me entretuvo vertiendo de su leche en la raíz del baobab 
en donde habitan la paloma y la serpiente 
Si yo pudiera ser un dios sería un dios pequeño 
minúsculo 
como para esconderme en el hueco del árbol-casa 
y así esquivar el sueño y la pereza -partir sin dar aviso- 
En la Sabana de acacias del Sahel hay una joven diosa que me mira y baila como 
invitándome a su lecho yo respiro 
Pudiera la siguiente luna 
ser el dios que vive en el círculo del árbol 
viajar a ese azul desierto adentro






Este poema también es un fracaso 
lo presiento 
Ya no el intento de ser dios 
sino una probadita 
un lujo 
una cosa para sufrirse 
A estas líneas les hace falta algo 
se han quedado existiendo ahí sin garbo 
como un árbol muerto 
¿Pero quién puede decir qué es poesía? 
¿Quién me saca de la necedad? 
Quién que sea espejo podrá hacer llorar con palabras 
a una manada de cebúes 
o empalmar todos los gemidos orgasmales 
que suceden ahora 
¿Quién? 







Como por una Babel empinada 
el poema sube de rodillas 
empuja los pesados bloques y descansa 
respira 
Ya no puede decir que la palabra pestañea 
o se esconde en el regazo de la madre-diosa 
Como un estoico absurdo el poema llora y se abalanza 
Magdalena enceguecida se agarra del madero y lo incinera 
entrepierna deseosa del silencio 
BABEL gigante agazapada 
deseosa de la muerte 
 y de la luz 
 -Cada poema disparado es una flecha en la memoria- 

Ellos no pueden laborar en entretiempos 
Ellos no pueden tener muchos motivos 
para decir lo que es y no debido en el acto de la sombra bailarina 

(detrás de las cortinas la palabra hace de las suyas) 
Como en una Babel hiriente la sonrisa se diluye 
se desploma 
En las inmediaciones del poema todos hablan otra lengua 
nadie apunta al cielo como el árbol 
nadie dice nada 








COMO EL ÁRBOL EL ESPEJO 

El espejo de la sala 
se parece un poco a mí 
sus ojeras encendidas 
su mano que duda y tiembla 
su árbol de limón en los ojos 
tiene algo de mí 
Este crudo invierno que viene 
de seguro estaremos juntos 
seremos uno en la arremetida fantasmal del viento 
 y de la sombra 
Uno 
en la intemperie vanidad de la palabra 
El espejo como el árbol son lo que fui 
lo dicen los que lo ven sin hacer nada 
lo murmuran los que alguna vez quise ser 
Algo tiene 
algo de mí se refleja 
en cada imagen proyectada 
 en cada hoja muerta



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