martes, 8 de abril de 2014

ELGAR UTRERAS SOLANO [11.491]



Elgar Utreras Solano

Nace el 25 de febrero de 1972 (10 de Adar de 5732), 20 para las 7 de la madrugada, en la ciudad de Chillán, CHILE.  Es profesor de Castellano y Licenciado en Educación por la Universidad del Bío-Bío, además de Orientador Educacional y especialista en informática. Actualmente se encuentra en proceso de tesis en el programa de Magíster en Educación, por la Universidad La República.Sus primeros pasos en lo literario se remontan a la edad de 9 años, escribiendo su primer poema de amor y, a los 11, una pequeña obra de teatro: "La mujer extraña y el hombre bajo la cama", en homenaje al narrador ruso Fiodor Dostoyevski, de quien ya había leído sus obras completas.Participa como invitado especial en ferias y exposiciones estudiantiles y literarias, en las que destaca la invitación del Grupo Literario Ñuble en FEXPO'86, época en la cual ya había definido su destino de ser poeta.Por los 90's confluye junto a otros jóvenes creadores, tales como Hugo Quintana, Pablo Troncoso y Jorge Rosas, en Pedagogía en Castellano de la Universidad del Bío-Bío. Este encuentro no tan sólo forja una sólida amistad, si no que proporciona al mundo cultural de la ciudad un movimiento de aire fresco, a través de la gestación de instalaciones poéticas, tomas de espacios, creación de revistas como: "Voces", "33" "Pliego Laberintus" y "La Ortiga". Es también, la época de las publicaciones en revistas como "Pluma y Pincel", "Capullo", "Pliego Paradiso" de Tenerife, España; entre otras.


 "En la Calle de los Ángeles…", de Elgar Utreras Solano.
Comentario acerca de "En la Calle de los Ángeles…", de Elgar Utreras Solano.
Por Hugo Quintana Q.

Quedarse con gusto a poco, es algo que debiera ocurrirnos con más frecuencia cada vez que se concluye la lectura de un libro, sobretodo si se trata de un libro de poesía, debiera pasarnos más a menudo eso de emocionarse, de remorderse cada vez que el contenido vivencial y semántico de un texto, consigue tocarnos la fibra más recóndita, y más aún en un país como el nuestro, donde las exigencias siempre van a ser mayores, debido a que el peso de la tradición termina -habitualmente- por asfixiar cualquier intento de lectura crítica.Generalmente en Chile, no se tienen muchos perdones con los nuevos libros de los "neos" de nuestra poesía. Se aplica dureza extrema, se repara en los antecedentes de la obra, en su construcción, se hacen ejercicios de pseudo-interpretación con materiales metodológicos cada vez más sofisticados. En síntesis, se mide, se verifica, se escudriña todo, exhaustivamente, menos lo que realmente importa: el valor poético.Lo que se busca en primera instancia, es dilucidar si se trata de un "verdadero" poeta o no, si lo que se ha leído es un refrito de tal o de cual autor o, si acaso sea "más de lo mismo", por sentenciarlo de alguna manera. Y para sortear este difícil prejuicio, muchos jóvenes optan por un presentador de peso, cuya voz avale la calidad y la veracidad del trabajo y del hacer poético, su más prístina e inconfundible poeticidad -y por supuesto que éste, no es mi caso tampoco-."En la Calle de los Ángeles…", es un título delicadamente sugerente, y muy poco pretensioso. No es sensacionalista, ni grandilocuente.Tampoco es un libro farragoso. Las letras impresas no tienen el delirio de ganarle al lector por aburrimiento, en una práctica de forzada insistencia. Este es un libro de pocas páginas, con poemas breves en su mayoría, muy cercanos a una suerte de fórmula epigramática.Incluso más, su autor descarna el verso con el cual diseña cada trazo de la imagen que desea recrearnos, para ganar en cercanía, con significados directos que no se refugian en adornos innecesarios; no barroquiza, no enmascara su mensaje, porque en el fondo sabe que un buen pintor nunca debe renunciar al manejo de las formas y los colores, pero tiene que expresarnos muy bien aquello que habremos de ver en sus trabajos.Y Utreras hizo el ejercicio de una plástica paciente, casi mística, de ir en la búsqueda de cada fragmento, cada trozo que necesitaba para su arquitectura, con el objetivo de sorprendernos y emocionarnos.El suyo, es un libro humanizante cuyas aspiraciones se empinan a pocos centímetros del suelo, pero que ganan en toda la amplia profundidad que debe exigírsele a la poesía actual, donde el deber ser de ésta, es la de oxigenarle los pulmones a la gente, el urgente entendimiento para hacer que esto en que estamos insertos, llegue a tener un sentido más trascendente.En su lectura, bien se nos pueden dilatar los poros, las córneas, los sentidos todos, no ya como lo proponía Rimbaud, si no de una manera menos retorcida, menos alienante. La voz que se escurre desde la página no es la del habitual "tránsfuga" (aquel que huye de sí mismo en el uso de algún alucinógeno), no es el típico hablante lírico que quiere mitigar su dolor interior con vociferaciones y espasmos, tildando a nuestro mundo como la mayor de todas las cloacas.Aunque tampoco observa la realidad con la óptica propia de un positivismo idealizante. Hace lo que tiene que hacer, y ya está. Sin tanto aspaviento. Sin tanto preámbulo:



ÁNGELES ENFERMOS
Ángeles enfermos
Famélicos
Sin sonrisas para el turista
Ángeles malacatosos
Endeudados con la vida
Y la muerte.


O bien:



ÁNGELES
Ángeles de una belleza precaria
Reventados por la sobredosis de dolor
A tientas
Buscando el rostro de Dios.


Y claro que algo de antipoesía fluye desde estos versos, situación que Utreras no desconoce, porque su intención era precisamente rebasar esos márgenes, recuperar una serie de elementos que hasta nos parecían de absoluta exclusividad parriana, para luego reinsertarlos, devolverlos a la literatura con la naturalidad de alguien que posee una convicción a toda prueba.El autor es Profesor de enseñanza media en Castellano, y ha desarrollado su obra de manera silenciosa, en la ciudad de Chillán, alejado de todo el tráfago que significa el escenario de las letras a nivel nacional, esquivando la obsesión de los "encuentros" literaturistas, y sin exagerar el tránsito a través de revistas u otras manifestaciones de literatura que se realizan en la actualidad.En conclusión, uno se queda con la idea de que el tiempo invertido no se ha perdido -cita aparte merece el gran trabajo gráfico desarrollado por el artista visual Máximo Beltrán-, es más, hasta se extraña el hecho de la brevedad, quisiera uno encontrar más poemas, y de inmediato se piensa en una continuación, en otros esfuerzos posteriores que se insertaran en la misma temática. En lo inmediato, el único remedio que podemos recomendar, es cerrar el libro, contemplar con detenimiento la hermosa portada, y volver a leerlo…

Otros poemas:





EPÍGRAFE DE PARED
Desde Roma hasta Wall Street la muerte ha movido
Los hilos
El suicida es el gran trapecista
En el circo de los ángeles
Inútil es la red Inútil también la muerte.




EL ÁNGEL MÁS PEQUEÑO
Después de la lluvia
En el barro de la calle
Juega descalzo
El ángel más pequeño
Del campamento.





EN LA CALLE DE LOS ÁNGELES
En la calle de los ángeles
Una mujer casi transparente de dicha
Se desnuda sin que nadie
Sé dé cuenta.





RECIÉN CUANDO PASEN LOS AÑOS…
Recién cuando pasen los años
Cuando no haya quien recuerde
Mi estúpido nombre
Vendré silbando una melodía
Que puedas reconocer desde lejos
Y con una reverencia
Te besaré una vez más.





ÁNGEL DEL JUICIO
El ángel del juicio
Siempre de pie
Esperando la orden.





EL ÁNGEL QUE ESTÁ CONMIGO…
El ángel que está conmigo
No tiene más que sus cabellos al viento
Y la fragancia de la serenidad
Impregnada
En sus carnes.





DESDE UN TIEMPO…
Desde un tiempo a esta eternidad
Vengo respirando el cuerpo
De un ángel
Urgente y necesario
Tanto que la única luz
Que me va quedando en los ojos
Es la de su transparencia.





EL ÁNGEL DEL OTRO
El ángel del otro
Tiene vocación
De banquete cruel
De oveja desgarrada
Entre los dientes.





A UN ÁNGEL EN BICICLETA
Cuesta abajo
Este ángel
Va dando vueltas y vueltas
A las ruedas
De la eternidad.

*Elgar Utreras Solano, "En calle de los ángeles…"; Ortiga Ediciones, Chillán - Chile, Octubre - 2006.






"La Casa", de Elgar Utreras (poesía) Máximo Beltrán (fotografía)


Pasillo I

Hay un nervio roto en el extremo
De esta casa 
Montón de guijarros
Y las palabras están con la clave perdida
¿Cómo estás hoy? ¿Tienes algo que decir?
Responde una mudez azul
Y la semana ¿Qué tal?
La espera
Es estarse de vacaciones en el infierno
Quizás sea todo una tormenta en la selva
Un par de chicas asustadas
Alguna víctima de robo
Manejemos todas las posibilidades
Mientras el vigor está en la dosis diaria
No recuerdo si pasé por esto antes
¿Ud. Tendría la gentileza de decírmelo?
Aquí es de lo único que se habla
Las rosas no impresionan a nadie
Ni los gatos 
La música estaría bien
Hablar un poco más con los amigos
¿Ya se van? ¿No podrían quedarse un segundo más?
Sin embargo así se va en este avión 
Un nervio hecho trizas
Y este montón de guijarros.





Puerta II

La tribu sin nombre partió cargando los hijos
Que sembró en mi cabeza
Yo los cogí tembloroso
Y sin un peso 
Era mi solaz el verlos alejarse con los ojos cerrados
Todo terminaba con un ojo abierto
La casa era el lugar donde me perdía
Como un cisne de Martínez
Era el perfecto gato de porcelana
Que fugado de sí y de la dama
Miraba por su ventana 
Una ciudad que no le era propia
Llena de tejados ausentes
Luminosos baldíos
Rostros de angustia
Que fueron como viejas compañías
La luz confusa de la luna
Entraba en el cuarto
Según no me engañan los recuerdos
Aunque no son de confiar
Dije algunas cosas para mí
Y me eché a volar.




Salón I

Sin ser santos lloran su propia sangre
Mundanal dolor que se inscribe
En los cromosomas
¿Esperas no salir premiado?
Ojalá tengas suerte
Sería una lástima otro mártir 
Mira que ya conozco varios
Con la tarjeta marcada
Un zorzal se posa ingenuamente 
Sobre el banco del patio de esta casa
En medio de los edificios.






Habitación I

Serafines feroces están de pie junto a mi cama
Para soñar la breve muerte 
No basta que en la mesa se oculten 
Las palabras 
Porque descifrarás bien el truco
En mi representación de Houdini 
Vértigo es todo lo que me dices 
Vértigo de pájaro sin cielo
Vértigo de caer siempre en el mismo lugar
De escuchar la misma cancioncita 
De apostarse a la tarde de esta soledad
Obligada y prescrita con receta retenida.




El Patio

Sentado en la misma piedra
Me hago más piedra
Y preguntan con insistencia por qué
Y no les sé responder
Me brotan musgos
Uno que otro gorrión se posa
Como queriendo buscar conversación
Pero ya no recuerdo como empezar a hablar
Y estos sueños eléctricos 
Que de tanto desaforar la noche 
Me sumen en olvidos primarios
Y allí están otra vez ¿Cómo te sientes hoy?
Finjo responder en su idioma
Mi habla siempre asido al aire 
También sabe de antiguas tardes
De amigos que ya partieron
Donde el vino de ayer es polvo en la garganta
La piedra que me crece asume mis propósitos 
Y ha brotado musgo bajo la lluvia.





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