domingo, 2 de marzo de 2014

PEDRO JUAN GUTIÉRREZ [11.119]


Pedro Juan Gutiérrez 

(Matanzas, Cuba, 1950) escritor y periodista cubano.

En 1998 publicó su Trilogía sucia de La Habana, con la que atrajo la atención de la prensa y del público. Hasta entonces había sido, por veintiséis años, periodista. Entre 1998 y 2003 publicó los cinco libros del “Ciclo de Centro Habana”:

Trilogía sucia de La Habana, que contiene Anclado en tierra de nadie, Nada que hacer y Sabor a mí (1998)
El Rey de La Habana (1999)
Animal tropical (2000)
El insaciable hombre araña (2002)
Carne de perro (2003)

Ha escrito libros de poesía (Espléndidos peces plateados, La realidad rugiendo, Fuego contra los herejes, Yo y una lujuriosa negra vieja y Lulú la pérdida y otros poemas de John Snake), una novela policial (Nuestro GG en La Habana) y otra, El nido de la serpiente: Memorias del hijo del heladero, sobre la juventud de su casi ubicuo personaje del "Ciclo de Centro Habana" y alter ego. Su última entrega fue Corazón mestizo, un libro de viajes sobre su país.

Dos de sus libros han obtenido reconocimientos relevantes: Animal tropical (Premio Alfonso García-Ramos de Novela 2000, España), y Carne de perro (Premio Narrativa Sur del Mundo 2003, Italia). Sigue viviendo en Centro Habana, donde pinta y escribe sus libros. Su obra intenta ser una denuncia social que incluye las miserias de su ciudad y su país, que acompaña con una gran dosis de imágenes escatológicas que permiten clasificar su obra dentro del llamado realismo sucio.

Reside en una azotea de la calle San Lázaro, en Centro Habana.

Trayectoria periodística

Hasta los 25 años, Pedro Juan Gutiérrez trabajó sucesivamente como obrero agrícola y de la construcción, soldado (zapador especialista en demoliciones), profesor de dibujo técnico, dirigente sindical, constructor, locutor, periodista y actor de radio, entre otros oficios.

En 1978 obtuvo el título de Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, mediante un curso especial para trabajadores. Recibía clases únicamente los miércoles y el resto de la semana estudiaba solo.

Trabajó como periodista en radio, televisión, una agencia de noticias y en la revista semanal Bohemia. En la década de los 80 realizó investigaciones en varias cárceles. También en favelas de Brasil, en la frontera entre Estados Unidos y México y en el sur de España. Con estos materiales elaboró diversos reportajes que le valieron algunos premios nacionales de periodismo. Durante esos años visitó la Unión Soviética, Alemania Oriental, México, Brasil y otros países. En 1987 publicó un libro sobre astronáutica: Vivir en el espacio.

En esta década comenzó a escribir Melancolía de los leones, libro que le llevó unos trece años de elaboración y que de algún modo es un pequeño homenaje a Franz Kafka y Julio Cortázar, sus dos escritores de culto.


LA NOCHE

De vez en cuando
necesito quedarme despierto
hasta la madrugada
violar mis eficientes horarios
exponerme al sueño dislocado
y dibujar un caracol sin rumbo
que camina lentamente


LOS QUE HABLAN SOLOS

por el contrario
de lo que suponemos
muy pocos tenemos valor
para enfrentarnos
y hablar a solas

(de La realidad rugiendo)


DE: Lulú la perdida y otros poemas de John Snake

Las novias de John Snake

usan collares de perlas
y se emborrachan
desde las 10 de la mañana/pero pierden
la compostura definitivamente por las tardes.
Entonces gritan desaforadas
por encima de los boleros
y las rancheras
de Paquita La Del Barrio.
Las gentiles señoritas
no soportan los latigazos
y otros abusos (sicológicos/corporales/anales/
y hasta telepáticos)
de John Snake/que se cuida mucho
y jamás menciona estas trifulcas infames
en sus memorias.
Sus atildados poemas/en cambio/
parecen escritos por esos poetas del sistema/seductores/
que usan traje y corbata
y cultivan amistades en las altas esferas.
Sus atildados poemas, decía,
sólo hablan de amores insoportables
largos/tediosos/aburridos/Y de señoritas inmortales
que se extienden románticas en el crepúsculo/
Johnny cree que engaña al respetable público
con sus máscaras y escapes imposibles
al mejor estilo Houdini.
Pero la realidad es otra:
cultivar el arte de la fuga
es una reiteración de la inutilidad, 
querido Johnny.
Todos saben que eres un hijo-de-puta-más- 
en-este-mundo-lleno-de-grandes-y-famosos-hasta-
heroicos-y-admirados-hijos-de-puta.
Ahh, John Snake,
si supieras
cómo te engañan tus novias.
Aunque las obligues a usar
collares de perlas y gruesos ajustadores de loneta
para evitar que se marquen sus pezones
en las blusas.
Nada es suficiente.
Ni un cinturón de castidad electrónico.
Nada, querido John.
Son infieles
por el delicioso placer de ser infieles.
Y se ríen. A carcajadas.
Una simple burla/Rumberas de circo/Mulatas de fuego/
Y tú crees todo lo que te dicen
en el crepúsculo
cuando se emborrachan
y usan collares de perlas
y dan paseítos a lo largo de la casa
ansiosas y desesperadas/incapaces
de permanecer tranquilas
a tu lado
y escuchar esas monótonas 
suites de Bach para cello
que tú oyes extasiado cada tarde
mientras deduces cómo
las habría escrito Mahler o Wagner
y tragas whisky como si fuera agua
y piensas que el mundo
es desastroso
pero sólido.
No, querido Johnny,
no te imaginas cómo todo se desmorona
y se hunde en mierda líquida.
Debajo del piso no hay solidez/Hay un pantano
de mierda
que hiede asquerosamente.
Las cucarachas
los gusanos apestosos
y tu Johnny
y tus novias infieles y sarcásticas
no tienen importancia.
Creo que te ahogarás en la mierda
y el pantano negro.
Ya no hay luz/y te hundirás
como un imbécil
perdido en esta isla
con crepúsculos dorados.
No tienes salvación.
Una vez más 
te hundirás en la mierda del burdel
y las suites de Bach para cello
será el último ruido que irá contigo
hasta el fondo del pantano.
Adiós, Johnny,
querido Johnny.








El triunfo de la corrección política

I

Cuando estoy peor
peor que ayer
o peor que antier
Cuando todo empieza a ponerse negro
y la peste de la mierda aumenta
en los pasillos
y las escaleras
Siempre tengo pequeños recursos
para seguir open all night.
Pequeñísimos microbios antivirus
que suelto disimuladamente
mientras aquella poeta
me dice que le aterra la hojarasca
en sus poemas.
No sabe cómo deshacerse de la hojarasca.
“Oh, Johnny, demasiado hojarasca,
es un vicio, escribir y escribir”.
Me dice tristemente
con sus ojos vencidos y melancólicos/
un poco borracha.
Yo la escucho
y creo que a estas alturas
mis ojos también están marchitos
y tristes
Al menos extenuados.


II

Bebo un sorbo de vino
y pienso en la mierda
que invade todo el edificio
donde vivo
Algún día tendré que irme
de este cocktail
Algún día la poeta exitosa y triste
dejará de quejarse
de todo lo que sobra en sus poemas
y se vaciará mi copa
y los camareros no traerán más botellas
y sonreirán profesionalmente
con las manos vacías
como quien dice adiós, good bye, so long.


III

Y tendré que regresar a mi casa
donde la mierda apesta
y avanza asquerosamente.
Intentaré caminar
con la mayor pulcritud posible
Sin pisar la mierda quiero decir.
Sin oler la mierda.
Sin mirar la mierda.
Será difícil.
Dudo que pueda lograr 
ese instante
tan aséptico.
Tan higiénicamente correcto.
Caminar junto a la mierda
y no contaminarme.
Es decir,
el triunfo de la corrección política.
Y entonces
los hijos de puta dirán:
“Al fin lo tenemos cogido por el pescuezo
¡No lo suelten!
¡No lo dejen ir!
¡Aprieten más el lazo!
Al fin le podremos dar medallas y laureles.
John Snake domesticado.
Al fin lo podremos aplaudir y engatusar
Lo haremos ingresar en nuestra logia
la Orden del Gran Caballero Oportunista
Para que Johnny
sea un señor feliz,
además de ciego
y sordomudo”.


Retrato de Pedro Juan Gutiérrez realizado por Orlando Luis Pardo 



FANS.

Una de mis admiradoras más locas
ha tatuado en su nalga derecha
una frase que sacó de Trilogía Sucia:
“Es imposible desprenderse de lo que se ha amado”.
Antes hizo que yo escribiera eso en un papel
y se lo enviara por correo.
Ahora me envió la foto
con la piel aún enrojecida.
Junto a la foto hay una nota:
“Es como si hubieras escrito sobre mí
con tu bolígrafo”.
No entiendo.
Supongo que mi ego engorda
y ronronea satisfecho como un gato grasiento
que se lame y se revuelca de placer.
Hoy voy en el metro,
como siempre, en la línea 5
hacia Carabanchel
y hay una hermosa muchacha
a la que miro. Concentro toda
la lujuria y la perversidad del mundo
en mis ojos. La veo desnuda y dulce.
Y ella, con una sonrisa inocente
y compasiva, me dice:
“¿Quiere sentarse, señor?”
¡Dios mío!
No me lo puedo creer.






NO ME PIDAN QUE ME CALLE

Escribo dentro del fuego
metido en las llamas
desnudo y descalzo
pisando las brazas al rojo vivo
Sólo quiero dejar
mis palabras humildes
Un legajo más
Entre tanto horror de este siglo
Intento relajarme
practicar yoga/ el canto del lama
convencerme de que todo podría ser peor
Los que mandan me piden que sonría
que no escriba mi verdad
ni sea pesimista/ quieren evitar el contagio
Y yo les digo: no soy pesimista
sólo soy escéptico
un simple hombre más
con el corazón lleno de amor
y de ternura
Quiero decir un hombre vulnerable
Herido y sangrando
como todos a mi alrededor
Sólo que yo tengo voz
y puedo cantar
No me pidan que calle
en medio del desastre




Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015. 
Prólogo de Rafael Acosta. 
Imagen de portada: Lola del Castillo.


EL DESCANSO DEL GUERRERO

Para Jacqueline Maggi


Una vez tuve una mujer en La Habana
que me enseñó a ver los colores.
Yo nunca veía los colores.
Los grandes planos de color, que se empastelan el uno en el otro,

se disuelven, se deshacen, se transforman
atravesados de luz.
Y yo me los perdía.
Ella vivía en el silencio y el aire.
Y me decía suavemente,
mira el dorado del mar en el crepúsculo
o el azul intenso y la espuma blanca a las ocho de la mañana

o el plateado de la luna,
la turbulencia de la lluvia,
la transparencia del invierno
o todos los verdes atropellados en el campo.
La fugacidad del gris y el naranja que se difuminan espléndidos

en ese minuto exacto en que el sol se va.
El mundo me cambió desde entonces.
Aprendí a vivir en la luz y en el color.
Conocí la fragilidad de la permanencia.
Aprendí tal vez a pensar lentamente,
aprendí a detenerme el tiempo necesario.
Entonces comencé a abandonar la prisa y el desespero.
Después ella, como es habitual
en los que tienen un gran corazón,
siguió sola su camino.
Y yo creo que fue preferible.




HOMBRE QUE OLFATEA A SU MUJER

Yo estoy construido con los colmillos
de la serpiente
y el aullido del lobo
y el brillo del pez
y la astucia del tigre
y la potencia del toro
Yo soy un relincho salvaje
de los dioses
y un corazón de cordero
de donde mana sangre roja y caliente
Yo soy este hombre que atraviesa
la ciudad para mirarte a los ojos
y oler tu piel y respirar profundamente
y meterme dentro de ti
hasta tocar tus huesos
y decirte
esto es todo lo que puedo hacer.



EN LA BOCA DEL LOBO

Algunos de mis mejores amigos
los más honrados y honestos
se suicidaron
No resistieron la avalancha
Algunas de mis mujeres
las más dulces y suaves
ahora son ácidas y corrosivas
Estoy en la boca del lobo
y no sé qué hacer
intento ganar tiempo
Será el instinto de conservación
El fantasma de Kavafis
Los influjos de la luna
Escucho los cantos gregorianos
en el crepúsculo
con un vaso de ron en la mano
y un acabo / y miro al mar
El asco y la mierda se disuelven
en la luz dorada
Y mi mujer / que limpia la casa
alejada de todo
me dice no bebas solo
prepárame un trago
ponle limón y miel de abeja.



LOS EXCESOS DEL DIABLO

I

Algunas noches escribo pequeñas cartas de amor
a Brigitte Bardot.
Nada importante.
Le recuerdo que en mi adolescencia
coleccionaba sus fotos
y me masturbaba cuatro
cinco
seis
veces al día.
Sólo masturbación a distancia
Jamás intenté ir a París
Pedirle un autógrafo
Acosarla con mensajes amenazantes y anónimos.
Enviarle mi foto (desnudo y en erección)
por correo aéreo.
No, nada de eso.
No se debe perturbar a los ídolos.
Veía todas sus películas docenas de veces
adoraba su sonrisa y sus gestos
coleccionaba sus fotos
pensaba en ella continuamente
y me masturbaba.
Ya. Hasta ahí.
Sólo ensueños / sus grandes y hermosas tetas
me jodieron la vida /
Jamás he visto otras iguales
La vida real habitualmente es un desastre.
Pero en la adolescencia aún no conocemos
ese pequeño detalle.
Ahh, la inocencia.
El amor a distancia es perfecto.


II

Ahora
cuarenta años después
le escribo cartas
y las guardo en una gaveta / silenciosamente /
en secreto.
No quiero molestar
a mi objeto sexual preferido.
Los mitos deben conservarse intocables
Alejados / entre las nubes
Muy lejos de nuestro alcance.
Sólo de ese modo
seguirán alimentando
nuestras deliciosas / imprescindibles /
pesadillas esquizofrénicas.




DESPUÉS DE LULÚ LA PERDIDA

Hace mucho tiempo
que no escribo ni un poema.
Los últimos fueron terribles.
Invadidos por el miedo y la furia.
Traspasados por el terror y el desespero.
Quedé asustado en medio del caos.
Solté el lápiz
como si fuera un cuchillo
ensangrentado.
Se inspiraban en la vida oculta
de algunas amigas. En Madrid.
Mujeres con doble vida.
Los leyeron y me dijeron:
"¡Oh, qué buenos! Nos gustan mucho.
Son muy pervertidos.
Eres un gran poeta".
Entonces, halagado, ingenuamente,
revelé mis secretos.
La identidad escondida de mis personajes:
Ahh, estas mujeres son ustedes
¿no se reconocen?
Y todo cambió.
Me dijeron: "Eres un imbécil y un machista asquerso.
Es mi intimidad. No tienes derecho".
Y yo: pero no revelo nombres ni nada, son ustedes
pero no son ustedes.
No me dirigieron más la palabra.
Se alejaron ofendidas. Muy dignas.
Ya no quieren verme
ni hablar conmigo
ni encontrarnos cuando vengo
a este pueblo
pequeñito y brutal.



BORIS PASTERNAK EN SU DACHA

Cuando Boris Pasternak
ganó el Nobel
el gobierno soviético
no lo dejó viajar
para recibir su premio.
Tenían miedo de aquel escritor
serio y silencioso.
Siempre recuerdo su foto.
A página completa,
en la portada de Life,
en blanco y negro.
Alto y delgado,
moreno,
con una mirada penetrante y vital.
Muy serio, o triste quizás.
Tenía unas botas de goma,
de pie en el lodo,
en su huerto.
Con sus manos grandísimas y fuertes
agarraba el mango de madera de una pala.
La foto la tomaron
en su dacha,
en las afueras de Moscú.
Entonces yo era un niño
y pensé: "Este hombre es un amargado".
Ahora, cincuenta años después,
no tengo dudas.
El comunismo lo había amargado.
Stalin, la guerra, el KGB.
Ahora se sabe cómo lo hostigaron.
Un pueblo trágico. Demasiado castigado.
Pero él podía escribir poemas y novelas.
Y fue valiente.
Escribió duro
y se jugó el pellejo.
Pero no sonreía.
Supongo que después
invitó al fotógrafo
a un té negro y caliente
en el interior de la dacha.
Al parecer era otoño y había frío.
Los árboles ya no tenían hojas.
Y él, a pesar de todo,
seguramente era un hombre amable y educado.
Una vez, en abril de 1985, pregunté por su dacha.
Yo estaba en Moscú.
Todas las mañanas
salía a las afueras
a entrevistar cosmonautas
en su base de entrenamiento.
Había muchas dachas
en aquellos campos fríos y enlodados,
con niebla y restos de nieve.
Me pareció un lugar triste y pobre.
Pregunté varias veces:
¿Dónde está la dacha de Pasternak?
Y me respondían:
¿Quién es Pasternak?
Y sonreían con inocencia y candidez.


Y ESE OLOR A MARISMAS

En un rincón de la casa
que abandono lentamente
encuentro pequeños recuerdos
de mis padres.
Evita los fetiches, me digo.
No vivas en el pasado.
Ríete y olvida.
Unas lágrimas
me hacen volver la cara.
Miro por la ventana.
Me seco los ojos y
no le doy importancia.
El caballo clava las herraduras
sobre el polvo del camino.
Ahora es de noche.
Tarde.
Allá afuera
el viento entre los árboles.
El perro ladra.
Asustado.
Los cangrejos entre la hierba.
Y ese olor a marismas.



NADA DE TRUCOS

Ahora leo algunos poemas de Raymond Carver y descubro que hacia el final se escondió en Port Angels, un lugar lejos de todo junto al mar y los bosques. Tomaba té y se mantenía sobrio. Dejó de leer periódicos y de ver la TV.
    
"Cuando escapé aquí trataba de alejarme de todo. Especialmente de la literatura. Hay en el alma un deseo de no pensar. De estar quieto".
    
Y ahí se quedó con Tess, hasta que una noche el cáncer concluyó su labor y murió mientras dormía. Felices los que podemos escapar. Los que percibimos a tiempo la necesidad de fugarnos. Llamar por las tardes a los amigos y a las viejas amantes. Reirnos y hablar una hora. Recordar aquellos tiempos. Saber cómo les va a nuestros hijos y a los nietos. Después salir a caminar por la playa, al atardecer. Los niños ya son adultos, y enfrentan sus propios problemas.
    
Me puedo alejar más. Reducir todo. A lo mínimo. Desmantelar los artificios. Nada de trucos. Detesto los poemas tramposos. Es mejor decirlo todo como un golpe duro al mentón.



REGRESO AL CAMINO PERDIDO

La mujer me obliga a escuchar. La miro fijamente. Bien, hable. No soy yo. Es el muerto el que habla. Y de nuevo salen a relucir mis viejos amigos. La historia circular. El negro cimarrón, fuerte y bruto, incansable y con olor a sudor de monte. Tiene un grillete roto en su tobillo derecho. Y corre y vuela con el machete en la mano. Pide aguardiente y tabaco. Y el indio astuto y delgado. Silencioso y sonriente. Hay que atenderlos con las ofrendas que piden. Ron, tabaco, velas y una flor roja, caracoles y hierbas de monte adentro. En un rincón encuentro, olvidados hace años, los hierros y las piedras cubiertas de polvo. Y por la noche regreso al camino perdido. Hablamos de esta vida intensa y caótica. Bebemos ron y fumamos. Como hacíamos antes, cuando todo era incierto, oscuro y hermoso. Ellos eran mis únicos amigos. Los que se entregaban. Y nada pedían a cambio.






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