lunes, 17 de marzo de 2014

MARIA RAQUEL ADLER [11.253]



MARIA RAQUEL ADLER

(1904? - 1974)
María Raquel Adler llegó al mundo en un viaje en barco. Sus padres eran originarios de Alemania, él, y de Rumania, ella, resolvieron visitar sus pueblos natales y hacia allá partieron con un embarazo. El bamboleo del trayecto, las olas, los vientos y los perfumes marinos sedujeron a María Raquel para entrar en al vida antes de tiempo. Corría el año 1910 (en su caso corría en yardas), el año del Centenario. La fecha de su nacimiento fue muy confusa pues ella o la ocultaba o la cambiaba según los interlocutores, y según las diferentes fuentes podría ser: 1901, 1904 o 1910.

El suyo era un hogar políglota al que ella sumó el francés y el inglés. Estudió Letras y comenzó su carrera docente a los 17 años como profesora de francés en la Escuela Normal de La Plata y de castellano en el Comercial de Quilmes y el Industrial Nº 4.
Su primer libro de poemas “Revelaciones” (1922) lo publicó a los 16 años. Siguió “Cánticos de Raquel” (1925) en homenaje a sus padres que perdió siendo muy joven.
La suya fue una poesía modernista y mística. Sus padres eran de origen judío, luego convertidos al catolicismo. Así fue como se enraizó en María Raquel un misticismo que se manifestó en casi todas las cuestiones de su vida sobre todo en la poesía, estilo que tiene suma expresión en su libro “Místicas” (1923), “De Israel a Cristo”(1933), y “Sonetos de Dios”, “De la tierra al cielo” (ensayo literario). A los que siguieron. “El libro de los siete sellos”, “Canción del hombre y de la ola” y su trabajo de amor a la ciudad de Buenos Aires que, si bien vivió en Bernal en una hermosa casona e al calle Don Bosco Nº 37, fue el punto de su vida social. Allí concurría mucha e la intelectualidad porteña a la que se sumaban sus amigas locales, la poeta Adela García Salaberry, la obstetra Catalina Navarro, Ana Hutchinson y la docente Miss Paterson, traductora de algunas de sus obras.
Su producción literario se incrementó con. “Cántico de Raquel”, “La divina tortura” (1927), “Pan bajado del cielo”, “Canto a nuestra Señora de Luján”, “Imelda Lambertini. También eligió otros géneros como el trato y la prosa narrativa.
Colaboró con muchas publicaciones como la revista “Criterio” de Capital Federal. Fue socia fundadora de la Sociedad Argentina de Escritores.
También realizó varios viajes. En España realizó una serie de conferencias en la Universidad de Salamanca, en Sevilla, en Granada y en Madrid. Luego recorrió Francia e Italia.
Dijo de ella Conrado Nalé Roxlo, que fue presidente de la SADE: “[…] que para la sociedad que presido entre todas las manifestaciones literarias, la poesía sigue siendo la de mas alta significancia y en toda la vida y la obra de María Raquel Adler, tan consecuente la una y la otra, representa cabalmente esta alta manifestación del espíritu”.
Su trayectoria adquirió tal relieve que integró una nómina de personalidades argentinas propuestas para el premio Nóbel de Literatura.
Tuvo dos hermanos. Uno de ellos también se distinguió por su capacidad intelecutral, se recibió de ingeniero en Alemania a los 19 años, pero falleció tempranamente a los 26. Su hermano mayor es el que dejó descendientes, una de sus hijas fue la compañía de los últimos años María Raquel que falleció en Bernal en 1974. Su heredera donó su biblioteca y otros objetos al Colegio Francés a la Biblioteca J. M. Estrada y al Museo Alte. Brown.


Bibliografía.

Arenas Luque, Fermín. “Dos poetisas místicas de América, Sor Juana Inés de la Cruz y María Raquel Adler. Bs. As. 1950.
Columbres, Eduardo Joaquín. “Maria Raquel Adler y su poesía” Ediciones Del ultralivitalismo, 1958
Firpo, Felipe Jorge. “Recuerdos del viejo Bernal” El Monje Editor. Quilmes noviembre de 1992.

Compilación, investigación y argumentación del Prof. Chalo Agnelli



Canto al Hombre Nuevo

Yo canto al hombre nuevo de mi tierra...
Su voz eleva por la dulce pampa
El indio adusto, el gaucho hospitalario
con sus leyendas fieras y ensoñadas
en la fecundidad de la tierra virgen
lo atraen y lo mecen y lo exaltan...
¡Yo canto al hombre nuevo de mi estirpe
en la palpitación de cielo y Patria!



  

De judía a cristiana: María Raquel Adler

Por Alfredo Pérez Alencart

María Raquel Adler, posiblemente la más importante poeta religiosa argentina, es hoy prácticamente desconocida.

HIJA DE ISRAEL EN CRISTO

Interesante es la conversión de la argentina María Raquel Adler (1901-1974), quien pasó del judaísmo al cristianismo (una conversión que la torna, según ella, en “hija de Israel en Cristo”): sus padres fueron judíos que emigraron a Argentina, procedentes de Alemania y Rumania). Para ella, poeta desde muy joven, la poesía era el ritmo del misterio de la vida en Dios, y el poeta religioso, por divino, resulta ser el sacerdote del arte.

El difícil tránsito de su conversión y de aceptar a Cristo como su Mesías salvador, bien queda reflejado en estos versos: “¡Por amarte, Jesús, mil dardos rojos/ clávense en mí/ y se ha alzado a mi paso aquel murmullo/ del voraz, del inquieto y del malvado/... Por amarte, Jesús, todo he osado!”.

María Raquel Adler, posiblemente la más importante poeta religiosa argentina, es hoy prácticamente desconocida, pues su obra escasea en las antologías o estudios actuales, lo cual es un demérito de los especialistas, no de la excelencia de su poesía. 

Ella publicó 11 poemarios ( Místicas (1923), Cánticos de Raquel (1925), La divi­na tortura (1927), De Israel a Cristo (1933), Buenos Aires, ciudad y poesía (1936) o Sonetos de Dios (1937),  Llave del cielo  (1943) o  Veneración  (1950), entre ellos). También dos libros de ensayos literarios:  Pan bajado del cielo  (1934) y  De la tierra al cielo  (1936).

De todos ellos, su libro más trascendente es  De Israel a Cristo (1933). Sobre él tenemos algunos testimonios de la autora: “He trazado, en lo que me fue posible, una línea recta desde el Génesis hasta la exaltación de la Cruz. La persona central es Cristo, como exponente racial y espiritual de Israel… he escrito este canto como un testimonio de fe, y como un grito de la sangre que me alcanza desde Israel, y me hizo trasponer su umbral, para ir al encuentro de Cristo… Este canto responde en forma intrínseca a mi aspiración íntima, para que Israel, el pueblo elegido de Dios, reconozca y se una al fin al Mesías, que entonces desconocieron, y cuya segunda venida al mundo, anticipada en el Ante Cristo de hoy, lo aceptarían definitivamente”. Comprobemos el resultado de tal conversión:


YO TE HE VISTO, JESÚS
 Yo le  he  visto, Jesús, cómo llamabas  
 al pueblo de Israel, que el paso tardo 
 y encorvado camina bajo un pardo  
 cielo de amargura. Tú llorabas. 

 Yo te he visto, Jesús, cómo extendías  
 la enardecida o la serena mano.  
 “¡Deja, oh Israel, deja aquel vano  
 quebranto de la duda!” —les decías—. 

 Y de la turba de mirada mustia;  
 de aquel clamor del llanto y de la angustia,  
 se me cuajó la sangre de mi raza; 

 y de mis ojos arranqué la venda;  
 y me alejé en silencio de mi casa;  
 ya te sigo Jesús, voy por tu senda! 



VÍNCULOS CON ESPAÑA

En Salamanca, en los archivos de la Casa-Museo Unamuno, hay una carta suya dirigida al vasco de Salamanca; carta que acompañaba al libro de prosas poéticas titulado  “Revelaciones”  (1922), el primero de la autora. Y sobre su poesía religiosa hay comentarios de Rafael Cansinos Asséns: “Sentimiento ingenuo y primitivo que recuerda al de los primeros patriarcas que pastoreaban en los desiertos y percibían a Dios como el alma de aquellas vastedades, como la realidad viva de la palabra inmensidad…”. O también de Menéndez Pidal: “Su inspiración no es un calco de la de los poetas, como suele ocurrir tantas veces, sino inspiración de poetisa llena de íntima sinceridad”.





Luego, buscando en hemerotecas, he encontrado una noticia sobre su paso por España.Fue publicada en ABC, de 8 de marzo de 1953: “Se encuentra en España la profesora y poetisa María Raquel Adler, que ha dado varias conferencias en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid… Al mismo tiempo, realiza una labor cultural en provincias, y ha pronunciado conferencias en Sevilla, Granada y Salamanca…”.

Anotemos otro poema suyo, a modo de primer acercamiento a una obra que merece estudios de mayor enjundia.


JERUSALÉN

 Jerusalén, Señora de las largas guedejas,  
 y de la piel tostada, y del triste mirar;  
 en tu seno palpita una flor secular  
 regada en la dulzura de tus aguas bermejas. 

 David dijo en sus Cánticos: “¡Allá desde el Oriente  
 subirá hasta los cielos el gran Dominador!” 
 Desde el Monte de Olivos, Jerusalén, tu amor  
 soñará ya con Roma, hija del Occidente.. 

 Ciudad de los mil reyes, ciudad de los mil templos:  
 de incienso, mirra, plata, pórfido, bronce y oro; 
 augusta por tus leyes, sabia por tus ejemplos. 

 ¡Ah, cómo desearía estrecharte a mi pecho;  
 beberte gota a gota, besarte trecho a trecho,  
 para seguir las huellas de aquel paso sonoro  
 de Cristo, que aún te espera desde el divino acecho! 










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