domingo, 9 de marzo de 2014

LUDWIG UHLAND [11.175]

                                                                       Johann Ludwig Uhland



LUDWIG UHLAND

Johann Ludwig Uhland (26 de abril de 1787 - 13 de noviembre de 1862) fue un poeta alemán. Nació en Tübingen, y estudió jurisprudencia en la universidad de aquella zona, pero además tomó interés en la literatura medieval. Habiéndose graduado como doctor de leyes en 1810, fue a París por unos meses; y desde 1812 hasta 1814 trabajó como abogado en Stuttgart en el ministerio de justicia.
Había comenzado su carrera de poeta en 1807 y 1808 al contribuir con baladas y letras para Musenalmanach de Seckendorff; y en 1812-1813 escribió poemas para Justinus Kerner y Deutscher Dichterwald. En 1815 recopiló sus poemas en un volumen titulado "Gedichte", con el cual, casi inmediatamente, atrajo a un gran número de lectores. En las posteriores ediciones, Uhland agregó nuevos poemas. Sus 2 trabajos dramáticos, Ernst, Herzog von Schwaben (1818) y Ludivig der Baier (1819) no son comparables con su primera obra, Gedichte.
Como poeta, Uhland debe ser clasificado con los escritores de la escuela Romántica. Como ellos, fundó temas ligados fuertemente a su imaginación. Su estilo tiene una precisión, flexibilidad y gracia que fueron características únicas de sus escritos, lo que lo hizo distinguirse entre la mayoría de los románticos de la época. Uhland escribió poemas en defensa de la libertad, y en la asamblea de estados de Wûttemberg jugó un distinguido papel como uno de los más vigorosos y consecuentes de los miembros liberales.








Las viejas palabras

No digas que la cercana noche
es para mí dulce vida, pues la
amargura que invita al dolor
es dulce muerte. 






Canción de primavera

Verdes semillas, violetas aromas y
suaves aromas que vertebran la
iridiscente lluvia cuando entono
estas palabras como alabanza a la
primavera. 





LAS TRES DONCELLAS

En lo alto de un Castillo,
tres doncellas la vista vuelven hacia el hondo valle;
su padre en un corcel se acerca a ellas;
ciñe la cota su robusto talle.
-¡Padre y señor, muy bien venido sseas!

¿ Qué traes a tus hijas?
Fuimos juiciosas Corno tu deseas.
-Hoy, hija mía de la saya gualda,<
ausente, en ti pensé. Ya no cuan grato
te es el poder lucir tu rica falda;
tus gustos son las galas y el ornato:
del cuello arrebaté, de un caballero,
esta cadena de oro,
y en pago de ella dile muerte fiero-.
Tomó la joya la doliente niña,
y el blanco cuello se ciño con ella.
Fuese al lugar donde ocurrió la riña,
y al muerto halló por la sangrienta huella.
-Aquí insepulto estás Como un malvvado,
y eres un caballero,
y en vida te llamé mi dueño amado-.
Entre sus brazo le llevó piadosa
hasta la iglesia del lugar vecino,
y le enterró en la tumba do reposa
su noble estirpe, de 'funesto sino.
Al cuello se estrechó con nudo fuerte
los rojos eslabones,
fiel a su dulce amor hasta en la muerte.
De lo alto de un castillo, dos doncellas
la vista vuelven hacia el hondo valle;
su padre en un corcel se acerca a ellas;
ciñe la cota su robusto talle.
-¡Padre y señor, muy bien venido sseas!
¿ Que traes a tus hijas?
Fuimos juiciosa9 como tu deseas.
-Hoy, hija mía de la blanca saya,<
en ti pensé. La caza es tu alegría,
y tu mayor placer, tener a raya
la rauda fiera allá en la selva umbría
Arrebaté de manos de un montero
este venablo agudo,
y de el en pago dile muerte fiero-.
De manos de su padre la doncella
tomó el venablo con su diestra fuerte;
al monte se partió la niña bella,
gritando por doquier. ¡dolor y muerte!,
y de los tilos en la parda sombra,
entre sus perros fieles,
halló a su amante sobre roja alfombra.
-Al verde dio acudo y a la cita, 
como te prometí, mi amado dueño-.
Clavada en el venablo, cual marchita
silvestre flor, cayó en eterno sueño.
Juntos yacieron, y la brisa arroja
sobre los dos amantes
su blando aroma y la caída hoja
De lo alto de un castillo, una doncella
vuelve los ojos hacia el hondo valle;
su padre en un corcel n acerca a ella;
ciñe la cota su robusto talle.
-¡Padre y señor, muy bien venido sseas!
¿Que traes a tu hija?
juiciosa he sido como tu deseas..
-Hoy, hija mía de la blanca saya,<
en ti pensé. Tu gusto son las flores,
y mas te agrada su corola gaya
que de costosas joyas los fulgores.
Quitéle a un atrevido jardinero
esta flor candorosa,
y en pago de ella dile muerte fiero.
-¿Cual fue su desacato, padre mío,,
que te movió severo a darle muerte?
Cuidar las flores en el huerto umbrío
era su afán. ¡Cuan triste es ya su suerte!
-Quise negarme con palabra osada la flor de mas valía,
que destinaba al pecho de su amada-.
'tomó la flor -la niña candorosa
y ornó con ella su virgíneo seno;
bajó al jardín do un tiempo tan dichosa
pasado había tanto rato ameno.
En el jardín se alzaba una colina,
sembrada de azucenas;
sentada en ella, el rostro al suelo inclina.
-¡Dichosa yo, si, al par de mis heermanas,
pudiera darme desastrosa muerte!
Pero las hojas de la flor galanas
herir no saben de tan fiera suerte-
Con yerta faz, mirando la flor bella,
vio cual se marchitaba,
y cuando se agostó, murmuró con ella.

Traducción del poeta: Juan Antonio Pérez Bonalde 
(Caracas, Venezuela, 30 de enero de 1846 - La Guaira, 4 de octubre de 1892)


 Johann Ludwig Uhland


El camarada 

Aunque era conocida en España, su uso se generalizó en los primeros años 1940, a la vuelta de la División Azul. 

Es de origen alemán, contando con 200 años de antigüedad. 

La canción alemana 

"Der gute Kamerad" ("El buen camarada"), también conocida como "Ich hatt’ einen Kameraden" ("Yo tenía un camarada"), es una marcha fúnebre tradicional de las Fuerzas Armadas de Alemania. La letra fue escrita por el poeta germano Ludwig Uhland en 1809. No fue hasta 1825, en que el compositor Friedrich Silcher incorporó la música, cuando se convirtió en canción o marcha. 

“El buen camarada” es protagonista de los funerales militares del Ejército alemán. También se ha hecho tradicional en las honras fúnebres del Ejército y del cuerpo de bomberos de Austria. También es frecuente, pero en menor medida, en los ejércitos francés y chileno. 

Cuando suena la canción, los soldados deben cuadrarse, algo que normalmente se reserva para los himnos nacionales. También en España hay mucha gente que se cuadra cuando la escucha (yo, desde luego, la escucho de pie y en posición de firmes). 

En Alemania también se escucha -y se canta- en los funerales de miembros de una Studentenverbindung (Universidad) y en el Volkstrauertag, día en que Alemania recuerda a sus caídos. 



Letra original de Ludwig Uhland (1809) 

Ich hatt' einen Kameraden, 
Einen bessern findst du nit. 
Die Trommel schlug zum Streite, 
Er ging an meiner Seite 
|: In gleichem Schritt und Tritt. :| 
Eine Kugel kam geflogen: 
Gilt's mir oder gilt es dir? 
Ihn hat es weggerissen, 
Er liegt vor meinen Füßen 
|: Als wär's ein Stück von mir :| 
Will mir die Hand noch reichen, 
Derweil ich eben lad'. 
"Kann dir die Hand nicht geben, 
Bleib du im ew'gen Leben 
|: Mein guter Kamerad!" :| 





Traducción 

Yo tenía un camarada, 
no encontrarás uno mejor. 
El tambor llamaba a la batalla, 
él caminaba a mi lado 
siguiendo mi mismo paso. 
Una bala vino volando: 
¿es para mí o es para ti? 
Se lo llevó por delante. 
Yace a mis pies 
como si fuese un pedacito de mí. 
Quiere alcanzarme su mano 
mientras estoy recargando. 
"No te puedo dar la mano, 
¡descansa en la vida eterna 
mi buen camarada!" 





Letra interpretada en las Universidades (en latín) 

Bonus commilito 

Habebam commilitonem 
Neque meliorem scis; 
Ad pugnam tuba rapit, 
Ad latus gressum capit, 
Est compar pedum vis. 
Repente volavit telum; 
Tibi missum est an mi? 
Quod eius corpus rumpit, 
Ad pedes meos cumbit, 
Velut sit pars mei. 
Porrigere vult manum, 
Ego dum reicio. 
Non possum manum dare, 
Et ultra vitam, care, 
Sis mi comilito! 





música de JOHANNES BRAHMS

Opus 19. Tres poemas Johann Ludwig Uhland



1. Scheiden und Meiden


So soll ich dich nun meiden,
Du meines Lebens Lust!
Du küssest mich zum Scheiden,
Ich drücke dich an die Brust!

Ach, Liebchen, heißt das meiden,
Wenn man sich herzt und küßt?
Ach, Liebchen, heißt das scheiden,
Wenn man sich fest umschließt?

Johann Ludwig Uhland 





2. In der Ferne


Will ruhen unter den Bäumen hier,
Die Vögelein hör' ich so gerne.
Wie singet ihr so zum Herzen mir!
Von unsrer Liebe was wisset ihr
In dieser weiten Ferne?

Will ruhen hier an des Baches Rand,
Wo duftige Blümlein sprießen.
Wer hat euch Blümlein, hierher gesandt?
Seid ihr ein herzliches Liebespfand
Aus der Ferne von meiner Süßen?

Johann Ludwig Uhland 






3. Der Schmied


Ich hör' meinen Schatz,
Den Hammer er schwinget,
Das rauschet, das klinget,
Das dringt in die Weite,
Wie Glockengeläute,
Durch Gassen und Platz.

Am schwarzen Kamin,
Da sitzet mein Lieber,
Doch geh' ich vorüber,
Die Bälge dann sausen,
Die Flammen aufbrausen
Und lodern um ihn.

Johann Ludwig Uhland 



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