miércoles, 5 de marzo de 2014

LU XUN [11.134]

Lu

Lu Xun

 (China, 1881-1936)

Escritor chino. Tras estudiar en China y Japón, se dedicó a la enseñanza en su ciudad natal y en 1912 siguió al gobierno de la joven República de China a Pekín. Fue un destacado representante del movimiento literario del 4 de mayo de 1919 que defendía el uso literario de la lengua hablada y quería hacer de la literatura un medio del resurgimiento de China. Expulsado de Pekín por actividades subversivas en 1926, se estableció en Shangai. De su obra, que ha ejercido una gran influencia, cabe mencionar los relatos Diario de un loco (1918), La verídica historia de Ah O (1921), Cuentos antiguos a nuestra manera (1935) y los poemas en prosa, Mala hierba (1927).  



De acuerdo con el apartado crítico de La mala hierba del poeta chino Lu Xun, en el caso de Virgilio, “la mala hierba es una invasora amenazante y destructora (como tantas otras) de la granja, y ésta una alegoría del mundo político. La mala hierba es también una imagen que se asociaba a la muerte en China. El campo, y sobre todo donde había habido algún enfrentamiento entre soldados, algo muy común en esos años de constantes conflictos bélicos en el interior del país, se llenó de tumbas improvisadas –otro de los elementos simbólicos del texto- que se formaban enterrando al muerto en la superficie de la tierra y poniendo encima un montículo de piedras 小石頭(xiao shitou). La mala hierba 野草 (yecao) o 蔓草(mancao) solía crecer en esos montículos que hacían de tumbas 墳墓(fenmu), en los cementerios y en los lugares abandonados. La hierba que ahí crecía acabó por ser una representación metafórica de la muerte y su presencia en el mundo de los vivos.”

“Esto es lo que puedo decir sobre los textos de La mala hierba;”, explica el autor, “son «pequeñas flores blancas», flores miserables, tristes y dignas de nuestra compasión, que han crecido en medio del infierno. Unas flores de las que no se puede decir que fueran bellas. Sin embargo, este infierno desapareció como no podía ser de otra manera. Este fue mi objetivo y mi manera de proceder. En aquella época, los gestos heroicos no me decían nada. Por eso escribí El buen infierno ya perdido para siempre. Más tarde no pude seguir ocupándome con estas cosas. Los días pasaban, la vida había cambiado, y me fue imposible seguir escribiendo este tipo de textos. Ya era otro momento y otras eran las inquietudes que ocupaban mi espíritu. Ahora, con el paso del tiempo, creo que fue bueno que así fuera.”


Escritos entre 1924 y 1926, esta especie de ensayos breves, fueron publicados sucesivamente en el semanario Al hilo de las palabras y, aunque ni siquiera él mismo pueda definirlos con certeza, los presenta como un “conjunto de relexiones sobre el momento presente”. De este modo, la unidad temática desaparece y los textos de La mala hierba van desde la ironía frente a la sentimentalidad que aqueja a la nueva poesía (‘Mi pena de amor’) a la pasividad de la sociedad ante los males que la ensombrecían en aquella época (‘La venganza’), la desesperación de los jóvenes (‘La esperanza’), la indignación que experimentó el autor el hecho de que los intelectuales ayudaran y apoyaran a los Señores de la Guerra (‘Este tipo de combatientes…’), la masacre del gobierno de Duan Qirui (‘Entre las descoloridas manchas de sangre’), hecho que provocó su huida precipitada  de Pekín, tras la escritura de ‘Despertar’, otro de los textos incluidos en el conjunto.


La mala hierba no es un libro sobre el que afirmaríamos, quizás, por desconocimiento de la tradición literaria a la que pertenece, que nos ha cambiado la vida o que ha influido notablemente en nuestra escritura, pero creo que se trata de una obra interesante a la hora de acercarse a la poesía china precisamente por el proceso de descodificación que plantea, por ese juego velado en el que poco a poco nos llenamos de árboles, fuego, coral helado o un cielo distante y extraño que parece alejarse de los hombres para que los hombres no lo vean más. 



Lu Xun.
La mala hierba.
Edición bilingüe.
Traducción de Blas Piñero Martínez.
Bartleby Poesía. Madrid, 2013.




Se necesita este tipo de combatientes…
Pero no tan oscuros e ignorantes como los combatientes de África que llevan esos fusiles de cerrojo Mauser que brillan como la nieve; ni tan hechos polvo como los combatientes de la etnia de Han del ejército chino, los del «estandarte verde» que luchaban bajo las órdenes del emperador de Qing y sus pistolas Mauser «caja cañón». Este combatiente no mendigará una armadura de acero con piel de buey. Él sólo podrá contar con su persona y con una lanza como la que utilizan los bárbaros.

Así comienza Este tipo de combatientes, uno de los textos que forman parte de La mala hierba, de Lu Xun, que acaba de publicar Bartleby Poesía con traducción de Blas Piñero Martínez.

Es la primera vez que se traduce al español y se edita en versión bilingüe este libro que apareció en 1927. Su autor, Lu Xun (1881-1936), casi desconocido en Europa, fue el más famoso de los escritores chinos de su época y el que más estatuas tiene en el planeta, sobre todo por las muchas que le dedicaron en China y Japón.

Progresista y profeta de la revolución cultural, asistió a la disolución del imperio chino y, casi simultáneamente, a la desaparición de su familia. Exaltado exageradamente por el maoísmo, que hizo de él uno de sus referentes literarios y morales, unió a la tradición cultural china la influencia modernizadora de la filosofía y la literatura occidentales de fines del XIX y comienzos del XX.

Pese a morir relativamente joven, Lu Xun desarrolló en veinte años una obra variada e influyente que tocó todos los géneros, de la poesía a la novela y del relato breve al ensayo, se desvinculó de la tradición confuciana y rompió con sus normas estrictas y con la sentimentalidad de la poesía de su tiempo.

Y entre sus libros, uno de los fundamentales es La mala hierba, una heterogénea colección de poemas en prosa en  los que la libertad formal, la ruptura de la lengua clásica y la incorporación del chino coloquial se unen a un irracionalismo onírico y a una potente imaginería.

Nocturnos y sombríos, combativos o intimistas, confesionales y alegóricos, conviven en estos poemas temas y tonos muy diversos: desde la denuncia del imperialismo japonés al existencialismo más desolado, desde lo testimonial hasta lo visionario.

La mala hierba –escribe en la Dedicatoria- no tiene raíces profundas y sus hojas no son bellas. Sin embargo, la mala hierba absorbe el rocío, el agua, la sangre y la carne de los muertos para poder crecer; y cuando llega el momento la mala hierba es pìsoteada y arrancada de cuajo hasta que se seca o se pudre.

Los ciclos estacionales, el hombre y la naturaleza, la luz y la oscuridad, el amanecer y el atardecer confundidos, la voluntad de hundirse en el vacío, en el polvo que lo ocupa todo se suceden en la salmodia visionaria de unos textos que aspiran a iluminar la realidad.

Una llamativa e intensa evocación de la pasión según San Marcos, la mezcla de la esperanza y la soledad, la nieve y el alma de lluvia -la gente con grandes conocimientos cree que la nieve es algo aburrido-, el sentido del mundo, el amor y el tiempo, los símbolos en una sucesión de sueños –soñé que estaba soñando- y algún que otro relato alegórico son algunas de las presencias de estas “pequeñas flores blancas, como definió estos textos el propio Lu Xun en el prefacio que escribió en 1931 para la traducción inglesa de este libro.

Santos Domínguez




MALA HIERBA



DE CÓMO EXPRESAR UNA OPINIÓN

He soñado que estaba en el aula, en la escuela primaria; tenía que escribir una composición y preguntaba al maestro que tenía que hacer para expresar una opinión.

-Esto es difícil – respondía éste mirando de reojo por encima de sus gafas-; te explicaré una historia.
Había una vez una pareja que tuvo un hijo y hubo una gran alegría en la familia. Al cabo de un mes del nacimiento los padres presentaron el niño a los parientes y amigos, esperando sin duda que la criatura recibiera cumplimientos y buenos augurios.
>>Uno de los invitados dijo:
-Este niño hará fortuna -por lo cual recibió muestras de agradecimiento.
>>Otro dijo:
-Este niño llegará a ocupar un cargo elevado -por la cual cosa recibió numerosos cumplidos.
>>Un tercero dijo:
-Este niño morirá – por lo que toda la familia se lanzo sobre él y lo golpeo.
>>Decir que la criatura morirá es expresar una cosa cierta; decir que tendrá fortuna y honores es, probablemente, una mentira. Con todo, los mentirosos son recompensados y el que dice la verdad recibe una paliza. En tu caso..
-Yo no quiero decir mentiras, pero tampoco quiero recibir una paliza. Decidme que debo hacer.
-Pues habrás de decir,(Oh! Ah! Mirad este niño! Para mi que… Oh! Ah! He, he. He, he, he …)

“Mala hierba” de Lu Xun




Lu Xun (también escrito Lu Hsün, aunque su nombre verdadero era Zhou Shuren o Chou Shu-jen) nació en 1881 en una familia de funcionarios del gobierno e intelectuales en Shaoxing, provincia de Zhejiang, al sur de Shanghai, en la costa este de China.

Durante el corrupto gobierno de la dinastía Ching, las potencias imperialistas dominaban China y le imponían tratados injustos; la clase dominante feudal china les concedía todo y reprimía al pueblo. Esto provocaba la ira y la rebelión de los chinos.

Desde niño, Lu Xun se identificó con los pobres. Acudía con su madre al campo, donde tenía contactos con niños campesinos cuya vida era muy diferente a la suya. Llegó a odiar a su propia clase y a solidarizarse de los campesinos.

De joven se matriculó en la Academia Naval de Jiangnan (1898-99) y en la Escuela de Ferrocarriles y Minas (1899-1902) en Nanjing. En 1902 fue a Japón para estudiar lengua y medicina en la escuela provincial de Sendai, igual que otros chinos progresistas, soñando en curar a los chinos que sufrían tantos malos tratos. "En época de guerra, sería médico militar y reforzaría la fe de mis compatriotas en la reforma". Allí vio algo que le cambió la vida, como recuerda en el prefacio de su primera colección de cuentos, Grito de llamada:

"Eran los días de la guerra ruso-japonesa y había numerosas películas sobre ella; cada vez que se exhibía una, yo debía aplaudir y gritar de entusiasmo, a la par que mis camaradas. Un día -hacía mucho tiempo que yo no veía a un compatriota- aparecieron chinos en la pantalla. Muchos. Uno de ellos estaba amarrado y se le mantenía en el centro, rodeado de los demás. Todos eran de cuerpo vigoroso, pero con un aire apático. De acuerdo con los subtítulos, el que estaba amarrado era un espía al servicio de los rusos; los japoneses iban a decapitarlo para que sirviera de ejemplo a los demás chinos y los que lo rodeaban estaban allí para gozar del grandioso espectáculo de la ejecución pública. 
"El año escolar no había terminado aún cuando ya me encontraba en Tokio, porque después de esa película, el estudio de la medicina me parecía de importancia muy secundaria. Si los ciudadanos de una nación ignorante y débil, aun tratándose de seres vigorosos y resplandecientes de salud, sólo son capaces de dejarse matar para servir de ejemplo a la multitud, o sólo sirven para ser espectadores de un espectáculo tan desprovisto de interés, bueno, dejarlos morir de enfermedad no es una gran desgracia, después de todo. Lo primero que había que hacer era cambiar el espíritu del pueblo y como en esa época yo pensaba que el mejor medio para influir en los espíritus era, por supuesto, la literatura y el arte, decidí iniciar un movimiento literario y artístico".

En 1906 dejó los estudios para dedicarse enteramente a la literatura. Decidió escribir en lugar de sanar porque -cómo él mismo dijo- un cuerpo vigoroso es inútil si el espíritu está enfermo. En 1909 regresó a China y entre 1910 y 1911 fue profesor en Shaoxing y luego funcionario del ministerio de la educación en Beijing (Pekín) entre 1912 y 1926. También trabajó como instructor de literatura china en la Universidad Nacional de Beijing entre 1920 y 1926, e impartió clases en la Universidad de Xiamen (1926) y en la de Canton (1927). 
En 1911, una revolución democrático-burguesa había derrocado la monarquía feudal. Sin embargo, como observó Mao, a la burguesía nacional, "como es débil económica y políticamente y no ha roto por completo sus lazos económicos con el imperialismo y feudalismo, le falta valor para llevar hasta el fin la lucha antimperialista y antifeudal". Mucha gente tenía grandes expectativas en la revolución de 1911; sin embargo, al ver cómo se comportó la burguesía nacional al tener el poder, los jóvenes radicales como Lu Xun entendieron que hacía falta una revolución mucho más profunda para liberar a China del feudalismo y del imperialismo.

La revolución rusa de octubre de 1917 sobresaltó a los capitalistas e inspiró a los oprimidos del mundo entero, entre ellos Lu Xun, a pesar de que aún no era marxista. Describió así a los revolucionarios de Rusia: "Sacrifican todo por sus queridos ideales... hacen añicos las armas del enemigo con sus huesos y extinguen las llamas del fuego con su sangre. Cuando se desvanezcan el fulgor de la espada y el resplandor del fuego, ellos verán el primer vislumbre del alba, el alba de una nueva época".

Ya antes de la revolución rusa, un reducido pero creciente número de intelectuales y estudiantes chinos abrazaron el marxismo. En 1912, uno de los primeros impulsores del comunismo en China, Li Dazhao, empezó a escribir ensayos marxistas y a traducir obras de Marx y Lenin, lo que impulsó una nueva tendencia política proletaria. Las sociedades estudiantiles organizaron centros para distribuir literatura marxista, entre ellas la Nueva Sociedad Popular para el Estudio, formada por Mao.

Todo eso ejerció una profunda influencia en la juventud china. El Movimiento 4 de Mayo nació en 1919, cuando los estudiantes protestaron en Beijing (Pekín) contra el Tratado de Versalles (*), y exigieron independencia nacional, democracia, reforma del idioma, enseñanza de ciencias, y una ruptura con la filosofía y superstición confucianista.

Lu Xun atacó el confucianismo como una moral opresiva e hipócrita que encubría la explotación, la injusticia, la desigualdad, la pasividad y el conformismo. Confucio, que vivió 500 años antes de nuestra era, acentuó la obligación de obediencia a la autoridad, propagó la sumisión del individuo al gobierno, a la familia y a las ancianos, así como la aceptación incuestionable de la tradición.

Lo mismo que en Rusia, ya antes de la revolución los escritores progresistas chinos lucharon por simplificar el complejo alfabeto para poder alfabetizar a las masas, ya que únicamente era comprendido por un reducido grupo de especialistas. Pero esto sólo no bastaba. El lenguaje literario tradicional también era incomprensible para las masas y Lu Xun es el primer escritor que utilizó el lenguaje popular (baihua) en sus escritos, hasta entonces despreciado por los intelectuales.

Más tarde, Mao escribió que el Movimiento 4 de Mayo fue la línea divisoria entre la "vieja democracia" y la "nueva democracia" en China. Antes, los intelectuales burgueses y pequeño-burgueses constituían la fuerza política dirigente de la revolución democrático-burguesa de "viejo tipo" en China. Después del 4 de mayo, dijo Mao, el proletariado tomó la dirección de la revolución de "nueva democracia". Lu Xun fue una importante figura de dicho movimiento.

Mao describió el importante papel de Lu Xun en la formación de una nueva cultura revolucionaria, como parte del Movimiento 4 de Mayo: "Pero, a partir del Movimiento 4 de Mayo, las cosas cambiaron. Surgió en China una fuerza cultural fresca, totalmente nueva: la cultura e ideología comunistas, guiadas por los comunistas chinos, o sea, la concepción comunista del mundo y la teoría de la revolución social... Durante los últimos veinte años, a dondequiera que esta nueva fuerza cultural ha dirigido sus ataques, se ha producido una gran revolución tanto en el contenido ideológico como en la forma (por ejemplo, en la lengua escrita). Es tan imponente y poderosa que resulta invencible allí donde llega. La movilización que ha realizado tiene una amplitud sin paralelo en la historia de China. Y el más grande y valiente abanderado de esta nueva fuerza cultural ha sido Lu Xun".

En 1918 se lanzó la nueva revista estudiantil Hsin Chingnien (Nueva Corriente) en la que Lu Xun publicó su famoso cuento Diario de un loco, que deliberadamente tomó su título de la obra del ruso Nikolás Gogol. Este relato narra en primera persona las impresiones de un hombre que cree estar prisionero de unos caníbales para criticar la cultura tradicional confuciana. En los caníbales está la naturaleza opresiva de la tradición como sociedad "antropófaga". Era la primera narración de estilo occidental en China, escrita en un estilo claro y sencillo. El giro de Lu Xun ayudó a la aceptación del relato breve como vehículo literario eficaz, huyendo de la narración omnisciente tradicional y sustituyñendola por un solo narrador a través de cuyos ojos se filtra la historia.

La revista Hsin Chingnien inició la revolución intelectual china con tres criterios: espíritu analítico, pensamiento científico y lenguaje popular. Salieron otras revistas de este nuevo movimiento literario, entre ellas Nueva Juventud, con la cual colaboraba Lu Xun. Estas revistas atacaron todas las cadenas sociales del tradicionalismo: la vieja literatura, la vieja ética, las viejas relaciones humanas, y el confucianismo como filosofía opresiva y feudal dominante.

Contribuyó a divulgar del arte progresista del extranjero, como por ejemplo Franz Masereel y Käthe Kollwitz, y al mismo tiempo a reelaborar el arte chino tradicional. Esto tuvo una influencia importante en los carteles de la propaganda producidos más adelante por el Partido Comunista, especialmente durante la revolución cultural.

Los intelectuales jóvenes ponían en ridículo las viejas costumbres y la mentalidad tradicional, como la lealtad personal al gobierno, el patriarcado, la superstición, las distintas reglas de castidad para el hombre y la mujer y, especialmente, el dominio de los monarcas y los señores de la guerra. Exigieron una crítica de las obras clásicas y la creación de una nueva literatura.

Un movimiento utópico japonés llamado Atarashiki Mura (Nuevo Pueblo), fundado por Mushakoji Saneatsu, atrajo a profesores y estudiantes chinos. En 1919, varios colaboradores de Nueva Juventud y Nueva Corriente, entre ellos Lu Xun, escribieron a favor del movimiento. Atarashiki Mura se basaba en la ayuda mutua y el humanitarismo, y sus miembros renunciaban a toda propiedad privada con el fin de cumplir con el ideal "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades".

Un objetivo importante del Movimiento 4 de Mayo era la emancipación de la mujer, que ni siquiera era ciudadana independiente en la sociedad feudal. No se le permitía heredar propiedades, y tenía que ser pasiva y obediente al hombre. Era común ahogar a las recién nacidas, pues las hijas se consideraban una carga. La ley permitía al hombre tener concubinas (esposas "secundarias") en la casa; de hecho eso se consideraba apropiado en los círculos intelectuales. Si bien en la historia china surgieron poetisas y pintoras, imperaba el proverbio: "La falta de estudios honra la virtud de la mujer".

En El sacrificio del Año Nuevo, escrita en 1924, Lu Xun retrata la postración de las mujeres en China. El Movimiento 4 de Mayo denunciaba la opresión de la mujer y promovía nuevos ideales de la familia y la posición de la mujer. Pedía guarderías para el cuidado de los niños y organización cooperativa de los quehaceres de la casa, con el fin de liberarla de esa carga. Apoyaba y albergaba a las mujeres que luchaban para educarse o liberarse de una situación opresiva o de un matrimonio a la fuerza.

Durante ese tiempo, el gobierno restringía severamente la libertad de expresión. En cualquier momento decretaba estado de emergencia y suspendía la libertad de expresesión, reunión, y desplazamiento. La policía tenía autoridad para controlar todas las asociaciones políticas y sociales, y sus publicaciones. A las mujeres se les prohibía participar en todo grupo o reunión política. También se prohibía incitar a los trabajadores a romper un contrato, declararse en huelga, pedir aumentos, "dañar las buenas costumbres", "corromper la moral social" y "dañar el bienestar local". La policía debía aprobar toda publicación antes de ser difundida. En esas condiciones, los escritores radicales como Lu Xun lanzaron las nuevas revistas, desafiando y burlando a los censores.

En La verdadera historia de Ah Q, escrita entre 1921 y 1922, Lu Xun describe a un campesino ignorante que padece una serie de humiliaciones y finalmente es ejecutado durante la revolución de 1911, poniendo de manifiesto el elitismo de esa revolución y la necesidad de atenerse a las realidades concretas que nos rodean para superarlas.

En su obra Cómo decidí escribir cuentos Lu Xun escribió:

"Por supuesto, un escritor no puede dejar de tener su propio punto de vista. Por ejemplo, en cuanto a por qué escribo, sigo pensando como hace una docena de años, cuando pensaba que debía escribir para concientizar a mi pueblo, a la humanidad, para ayudarlos a mejorar. Odiaba la vieja costumbre de calificar la narrativa como 'diversión' y me parecía que el 'arte por el arte' era simplemente otra manera de decir pasar el tiempo. Por eso, mi tema eran los parias de esta sociedad anormal. Mi meta era mostrar la enfermedad para poder curarla".
Una obra posterior, Ye Cao (Hierba salvaje), escrita en 1926, es una colección de poemas en prosa donde Lu Xun describe sus impresiones sobre la lucha contra el imperialismo y los señores de la guerra que asolaban y dividían el país. En sus obras insistió en denunciar ferozmente la dominación imperialista de China y a los lacayos chinos. Muchas autoridades y comerciantes extranjeros exigían tratados a su favor, pretextando que las leyes y costumbres tradicionales de China eran arcaicas. Pero al mismo tiempo apuntalaban a los conservadores contra el movimiento progresista porque querían proteger sus intereses en China. 
Escribió que las fuerzas imperialistas querían someter a China con un cuchillo invisible, tajando para sí grandes zonas de las ciudades, o concesiones, donde gozaban de privilegios económicos y políticos especiales. "Casi todos los que elogian la vieja cultura china son los ricos que viven en las concesiones u otros lugares protegidos porque tienen dinero y no sufren en las guerras civiles".

Hablando de la cultura y las viejas tradiciones feudales reaccionarias, Lu Xun dijo: "En la cultura china uno está al servicio de su amo, quien ha triunfado a costa de la miseria de las masas. Los que alaban la cultura china, sean chinos o extranjeros, se creen miembros de la clase dominante... Los adeptos de la vieja literatura tienen una técnica favorita. Cuando se presenta una nueva idea, dicen 'herejía' y hacen todo lo posible para destruirla. Si por medio de la lucha y a pesar de sus esfuerzos esa idea se impone, de repente se dan cuenta de que 'es lo mismo que nos enseñó Confucio'. Se oponen a todo lo extranjero, con el argumento de que es para 'convertir a los chinos en bárbaros'. Pero cuando esos bárbaros toman las riendas, se dan cuenta de que ellos también son descendientes del Emperador Amarillo".

Manejaba con maestría la sátira, la ironía y el humor para desenmascarar la vieja sociedad, y la manera en que las propias masas populares aceptaban y reforzaban las tradiciones opresivas. Declaró orgulloso que escribió sus obras "como me mandaban". "Pero no era ningún emperador quien me mandaba, ni el dólar dorado, ni la espada, sino la vanguardia revolucionaria, por lo que obedecía con gusto".

En 1926, cuando el gobierno de un señor de la guerra del norte de China asesinó brutalmente a unos estudiantes progresistas, Lu Xun observó: "Los que se dejan atrapar por una existencia innoble tendrán un punto de vista indiferente hacia la esperanza en medio de las manchas de sangre, pero los auténticos luchadores avanzarán con más resolución". Cuando en el sur del país estalló la revolución, sus esperanzas revivieron y fue a Guangzho (Cantón), entonces centro de las fuerzas revolucionarias.

En 1926 fue forzado por el gobierno a abandonar Fujian debido a su apoyo al movimiento patriótico de los estudiantes de Beijing. Pasó a enseñar en la universidad de Xiamen y en 1927 pasó a la universidad de Sun Yat-sen en Guangzhou, pero dimitió de su cargo.

Durante varios años el Partido Comunista de China había colaborado con el gobierno nacionalista Kuomintang de Chiang Kai-shek. Pero el 12 de abril de 1927, el general Chiang Kai-shek traicionó la revolución con un golpe de estado, y ordenó una masacre masiva de comunistas y masas revolucionarias. En la provincia de Guangdong, Lu Xun vio "a los jóvenes divididos en dos grandes campos... Muchas veces los que asesinaban a los jóvenes también eran jóvenes, a quienes no les importaba nada destruir la vida o la juventud, la cual no vuelve a existir". Escribió: "Antes creía en la evolución; estaba seguro de que el futuro sería mejor que el pasado y lo nuevo mejor que lo viejo". La guerra civil hizo añicos su "viejo modo de pensar". Pero la firmeza e intrepidez de los comunistas ante la muerte le dio esperanzas sobre la nación y la revolución.

En 1927 fue a Shanghai; estaba entusiasmado por estudiar el marxismo. Bajo el régimen reaccionario del Kuomintang, a uno lo echaban a la cárcel por el simple hecho de leer un libro con portada roja. Era muy peligroso tener libros de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Por eso Lu Xun halló la manera de estudiar el marxismo-leninismo sin que el enemigo se diera cuenta. Con tales propósitos, un amigo japonés le ayudó a alquilar un apartamento y, para despistar a la policía, puso su nombre, "Uchiyama Kanzo", en la puerta.

En 1931, el Kuomintang intensificó su campaña contra el combativo movimiento cultural de izquierda: prohibió libros, censuró escritores, cerró librerías e impuso leyes de publicación represivas. Arrestó y ejecutó a escritores izquierdistas. Fueron tiempos difíciles y peligrosos, pero Lu Xun continuó su estudio de las obras marxista-leninistas para analizar la situación y dirigir la lucha.

En 1933, Uchiyama Kanzo le ayudó a Lu Xun a alquilar otra habitación bajo el nombre de "Kamada Seiichi", otro amigo japonés que trabajaba en una librería. Como precaución, Lu Xun puso una tabla con un letrero en la puerta que decía "Kamada Seiichi". En esa habitación clandestina de lectura, Lu Xun guardaba centenares de los libros que tanto valoraba, por ejemplo, las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin. También tenía postales y retratos de Marx, Engels, Lenin y de la Comuna de París.

Lu Xun estudiaba en su habitación clandestina, a veces hasta la madrugada. Eran días crueles y sangrientos; sin embargo, Lu Xun extrajo una gran fortaleza de las obras de Marx y Lenin. Dijo: "El marxismo es la filosofía más maravillosa. Podemos entender aquellos problemas que antes nos confundían a través del análisis marxista".

Lu Xun sabía que en cualquier momento lo podrían hallar y estaba preparado: los libros podían ocultarse fácilmente en un momento. No importaba cuán terrible fuera la situación o cuán difícil fuera la lucha: a donde iba Lu Xun llevaba sus libros. Poco antes de morir declaró: "Mientras me quede vida, continuaré estudiando".

Durante varios años leyó todos los libros sobre marxismo que conseguía y tradujo muchos al chino. Dijo: "Leía prácticamente todo el tiempo". Se armó con el marxismo para analizar su propio modo de pensar. Comparó sus traducciones con el mito griego de Prometeo, quien se robó el fuego para la humanidad: "Estoy robando el fuego a otro país para cocinar mi propia carne. Si así tiene mejor sabor, beneficiará a los que la comen y no se desperdiciará".

A pesar de que lo calumniaron escritores de toda índole, Lu Xun nunca dejó de escribir y militar por la revolución; al contrario, avanzó con más osadía. Como dijo: "Un revolucionario no tiene miedo de criticarse. Como se conoce muy bien, se atreve a hablar abiertamente".

En el Prefacio a Dos corazones se declaró abiertamente en pro de la causa del proletariado: "Y mi sempiterno machacar sobre mí mismo, el modo en que sigo 'golpeándome la cabeza contra un muro' y mi conducta de babosa, como si todas las miserias del mundo se encontrasen encarnadas en mí, un chivo expiatorio para la humanidad, es una falta muy mala de los intelectuales de la clase media. Pero es verdad que aunque inicialmente simplemente odié a mi propia clase que conocía tan bien, y no sentí pena alguna ante su destrucción, luego los hechos me enseñaron que el futuro le pertenece únicamente al proletariado naciente".

Habiendo lanzado su carrera literaria revolucionaria con el cuento, luego escogió como arma principal el ensayo corto. Ante la represión de la cultura revolucionaria y progresista por el Kuomintang y la intensa lucha en el mismo campo de la cultura, Lu Xun escribió cientos de ensayos que servían de ejemplo e inspiración para los nuevos combatientes culturales.

Manejando el humor y la sátira mordaz, retrató vivamente a una gran variedad de personajes típicos que le hacían los recados a los imperialistas y señores feudales: señores de la guerra crueles, reaccionarios sangrientos, como el Kuomintang, aduladores serviles de los extranjeros, falsos "marxistas".

Sus ensayos expresaron tanto profundo odio y furia contra el enemigo como verde esperanza, ánimos para el pueblo y alegría por sus victorias. Algunas obras cortas expresan sus sentimientos; otras contienen argumentos teóricos. No se limitó a los géneros literarios conocidos; escogió muy variadas formas para expresar su arte y comunicar su mensaje: diario, cartas a los amigos, esbozos y fábulas.

Lu Xun dijo a un grupo de escritores jóvenes: "Si no hay cambios y si nosotros nos dejamos arrastrar por la corriente, no haremos ninguna contribución a nuestra época... Quizás no seamos capaces de dar voz a los cambios más cabales, pero eso no nos debe desanimar. Incluso si no podemos presentar todo el ámbito de esos cambios, por lo menos podemos mostrar un aspecto. Los edificios más enormes están hechos de tablones y de ladrillos. ¿Por qué no podemos ser un tablón o un ladrillo?"

En 1930, en medio de una gran controversia alrededor del nuevo movimiento literario, Lu Xun y otros 50 escritores fundaron la Liga de Escritores Chinos de Izquierda, una organización del frente único. La Liga atacaba al gobierno del Kuomintang, ponía en ridículo a los defensores del arte y la literatura tradicionales, criticaba a la escuela de escritores que imitaban servilmente la cultura burguesa occidental, y popularizaba literatura revolucionaria soviética y programas de la izquierda.

Lu Xun, que se hizo comunista a comienzos de los años 30 (después de establecerse como uno de los líderes de la revolución literaria), llegó a ser el más famoso representante de la Liga. El gobierno no vaciló en atacarla y acosarla duramente.

De agosto a octubre de 1930, los periódicos de Shanghai informaron del asesinato de más de 100.000 comunistas y progresistas. Para sacar a la luz pública el asesinato de escritores revolucionarios, Lu Xun escribió el artículo "Las condiciones actuales del arte en la China tenebrosa" y lo mandó a publicar en el extranjero. Los amigos le aconsejaron que no lo firmara, temiendo que lo mataran, pero les contestó: "Estas palabras se deben decir. Llévenlo a publicar y punto".

Vigilado por la policía, Lu Xun llevaba una vida semiclandestina y frecuentemente desaparecía. Escribió bajo más de 130 seudónimos. Luchó para fortalecer los lazos entre la literatura y la revolución, y declaró con orgullo sus simpatías a la revolución dirigida por Mao. Dijo: "Para pintar una imagen de la revolución, uno tiene que ser revolucionario... ¡Cuántas veces he oído la palabra 'revolución'! En Jiangsu y Zhejiang hablan de la revolución. Los que oyen la palabra tienen miedo. Los que la pronuncian corren grandes riesgos. Pero la revolución no es una cosa tan extraña. Es con la revolución como se corrige la sociedad, como la humanidad avanza, como evolucionamos de los gusanos que fuimos una vez a seres humanos. Pasamos de la barbarie a la cultura; no hay momento histórico que no pertenezca a la revolución".

Para Lu Xun, los revolucionarios podían emplear selectivamente las viejas formas del arte e infundirles nuevo contenido al servicio de la revolución, y así crear nuevas formas artísticas. El Partido Comunista de China más tarde adoptó oficialmente la posición que Lu Xun explicó en un ensayo en 1934: "La tarea apropiada del artista progresista es trabajar para las masas y esforzarse por crear obras de arte fáciles de entender. Si empleamos viejas formas, por necesidad tendríamos que eliminar ciertas cosas y, por tanto, tendríamos que reemplazarlas con otras cosas. Como resultado surgirán nuevas formas, lo que en sí sería una transformación".

En 1956, Mao afirmó: "El arte no puede desligarse de los hábitos, sentimientos y lenguaje del pueblo; no puede sustraerse a la evolución de la historia nacional... Será útil el intento de interrumpir las tradiciones. Pero es engorroso atenernos a una historia tan larga".

Por un lado, Lu Xun y otros escritores revolucionarios rechazaron lo feudal y lo arcaico de la literatura tradicional; por otro lado, buscaron elementos positivos en el legado literario nacional y descubrieron poesía de protesta, narrativa popular, teatro, baladas y cuentos folclóricos. Una antigua tradición oral difundía cuentos y narraciones dramáticas desde hacía siglos. La nueva generación de escritores revolucionarios reconoció que esas obras literarias, creadas por la gente común y corriente, les podían servir de ejemplo para crear nuevas obras revolucionarias.

Existen muchos ejemplos del heroísmo de Lu Xun en sus últimos años de vida. Con otros compañeros, organizó la Liga en Defensa de los Derechos Civiles de China en 1933 y, como miembro ejecutivo del comité directivo, logró ayudar a muchos revolucionarios encarcelados. Un dirigente de la Liga fue asesinado por un agente especial del Kuomintang, el cual buscaba también a Lu Xun, y muchos le aconsejaron esconderse. Sin embargo, asistió al entierro de su camarada y declaró desafiante en Un lamento por Yang Chuan:

Quién pensara que tendría que derramar 
estas lágrimas como lluvias del sur 
por ¡otro hijo del pueblo!


Después de la invasión japonesa del norte de China en 1931, Mao llamó a formar un frente único para combatirla. Lu Xun fue uno de los primeros en responder, promoviendo la iniciativa y escribiendo en su favor. Lu Xun estimaba mucho y seguía a Mao. Cuando se enteró de que el Ejército Rojo había concluido la Larga Marcha para llegar al norte de Shenxi en 1935, mandó un telegrama secreto felicitando al Partido Comunista de China y a Mao: "El futuro de la humanidad y de China está depositado en ustedes". 
Dentro del Partido surgió una aguda lucha sobre cómo responder a la invasión japonesa. Un dirigente, Wang Ming, promovió una línea oportunista de capitular al gobierno reaccionario de Chiang Kai-Shek y del Kuomintang, bajo el lema de "un gobierno de defensa nacional". Lo respaldó Zhou Yang, secretario general de la Liga de Escritores Chinos de Izquierda. Así, la lucha ideológica del partido se extendió al campo del arte y la literatura. Sus seguidores fomentaban "una literatura de defensa nacional", pero Lu Xun lo calificó de "burócrata y funcionario de la literatura" y lanzó la consigna, "Literatura popular para la guerra nacional revolucionaria".

Durante su último año de vida, sufrió una tuberculosis avanzada, pero le daban gran satisfacción sus charlas con los revolucionarios jóvenes sobre la Larga Marcha, la política de frente único de Mao y la victoria del Ejército Rojo en Shenxi. Aunque no podía ingresar en el Ejército Rojo, decía: "Por lo menos soy capaz luchar en sus filas, armado con una pluma".

En las Intervenciones en el Foro de Yenán sobre Arte y Literatura escritas en 1942 Mao Zedong menciona frecuentemente a Lu Xun y describió los últimos años de su vida en su obra Sobre la nueva democracia: "Lo más sorprendente es que, encontrándose el Partido Comunista absolutamente indefenso en todas las instituciones culturales de las zonas dominadas por el Kuomintang, las campañas en el terreno cultural sufrieran allí también una rotunda derrota. ¿Por qué ocurrió esto? ¿No da motivo para reflexionar con seriedad? Precisamente en medio de estas campañas, el comunista Lu Xun se convierte en el gigante de la revolución cultural china". En 1942 las Intervenciones en el Foro de Yenán sobre Arte y Literatura, Mao cita estas palabras de Lu Xun:

"La condición necesaria para el frente único es tener un objetivo común... El hecho de que nuestro frente no logre estar unido demuestra que no hemos logrado unificar nuestros objetivos, y que algunos solo trabajan para grupitos o, de hecho, solo para sí mismos. Si todos nos orientamos a servir a las masas de obreros y campesinos, nuestro frente se unirá sin la menor duda".
En sus últimos años 20 Lu Xun vivió en Shangai, en la zona internacional. Fue redactor de Benliu en 1928 y Yiwen en 1934. Viendo que la salud de Lu Xun se deterioraba, sus amigos le aconsejaron que saliera del país, pero se negó, diciéndoles: "Prefiero trabajar y vivir menos años a vivir más tiempo sin trabajar". 
Murió e 19 de octubre de 1936. Su obra de Lu Xun fue recopilada y publicada en 1938 en veinte volúmenes y aún hoy sigue siendo extensamente leída en China.

Poco antes de morir, el 9 de junio de 1936 remitió una dura carta de respuesta a Trotski que, además de criticar a Stalin como "burócrata", tachaba también de traidor a Mao Zedong por su alianza con el Kuomintang frente a los ocupantes japoneses. La construcción del socialismo en la URSS, decía Lu Xun, demostraba la vaciedad de las tesis de Trotski; quizá sus teorías eran tan elevadas que podían volar por las alturas, mientras que las de Mao eran más "terrestres", pero si dejamos entrar a los japoneses en China sin resistir, concluía Lu Xun, entonces sus teorías "aterrizarán en el lugar más asqueroso de la tierra".

No alcanzó a presenciar la victoria de la revolución china de 1949. Sin embargo, el nuevo movimiento literario que impulsó tuvo un profundo impacto en la cultura china. El lenguaje literario arcaico y la vieja literatura de estereotipos cayeron en desuso. Los escritores y maestros empezaron a usar un lenguaje más popular, lo que facilitaba al pueblo estudiar e informarse. Se transformaron la poesía, los ensayos, los cuentos, las novelas y el teatro. La crítica y la teoría literaria hicieron grandes avances. La literatura mostraba más la vida y la sociedad real, y estaba más al alcance de la gente común. Lu Xun dejó un legado de teoría y práctica a los artistas revolucionarios por todo el mundo.

En 1942, Mao terminó Intervenciones en el Foro de Yenán sobre Arte y Literatura con estas palabras:



"Este díptico de Lu Xun debe ser nuestro lema: 

Con el ceño endurecido desafío fríamente los mil dedos que me señalan, 
Humillando la frente, cual manso buey, sirvo gustoso al niño.



"Los 'mil dedos' son nuestros enemigos, y nunca nos someteremos a ellos por feroces que sean. El 'niño' aquí simboliza al proletariado y las masas populares. Todos los comunistas, todos los revolucionarios, todos los trabajadores revolucionarios en el frente de la literatura y del arte deben seguir el ejemplo de Lu Xun y ser 'mansos bueyes' del proletariado y de las masas populares, doblando el espinazo para llevar la carga hasta exhalar el último suspiro. Los intelectuales que pretendan integrarse a las masas y servirlas, han de pasar a través de un proceso en el que ellos y las masas llegarán a conocerse mutuamente. Este proceso puede implicar, e implicará sin lugar a dudas, muchos sufrimientos y fricciones, pero si ustedes están resueltos, podrán cumplir estas exigencias".

Poeta, cuentista, grabador en madera y líder revolucionario en el campo de las artes, Lu Xun es el padre de la literatura china moderna y dedicó su vida a servir al pueblo. Como dijo: "En la resistencia actual, los escritores luchamos tanto por el futuro como el presente, pues si perdemos el presente, no tendremos futuro". 
No cabe duda que Lu Xun es el más grande escritor chino del siglo XX. Según el escritor japonés Kenzaburo Oe, ganador del premio Nobel de Literatura en 1994, además es "el escritor asiático más grande del siglo XX". Quizá todo eso aún no sea suficiente y haya que reconocer que en realidad es uno de los mayores del mundo.

Sito
(*) El Tratado de Versalles de 1919 entregó a Japón la concesión alemana, una zona con derechos económicos y políticos especiales para los imperialistas.









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