viernes, 7 de marzo de 2014

GERMÁN ESPINOSA [11.157]


Germán Espinosa

Germán Espinosa (30 de abril de 1938, Cartagena de Indias, COLOMBIA  - 17 de octubre de 2007, Bogotá) fue un novelista, cuentista, poeta y ensayista colombiano. Es autor de cuarenta libros, en los géneros de poesía, novela, cuento, ensayo y biografía. Como el presidente Alberto Lleras, el poeta Alvaro Mutis, el cura revolucionario Camilo Torres, y el columnista Antonio Caballero, estudió en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, sin poder obtener allí su grado de bachiller.

Aunque inició temprano su carrera literaria con un libro de poemas de corte clásico (Letanías del crepúsculo, 1954), a partir de 1961, Germán Espinosa empezó a darse a conocer con relatos breves y relatos eróticos de tendencia principalmente fantástica, sazonados casi siempre con finos rasgos psicológicos, recogidos cuatro años más tarde en el volumen titulado La noche de la Trapa. En este libro, eludiendo en forma notoria todo costumbrismo o pintoresquismo, se preocupó por situar sus narraciones en ámbitos universales, sin por ello soslayar los temas nacionales. Dentro de ese marco escribió en 1966 su primera novela, La lluvia en el rastrojo, publicada sólo años después, en la cual satiriza ciertas costumbres de la clase alta bogotana y cuyo desenlace fantástico no la priva de crudos matices realistas.
La publicación en 1970 de la segunda de sus novelas, Los cortejos del diablo, lanzada simultáneamente Montevideo y en Caracas, atrajo hacia Espinosa la atención de Hispanoamérica, ante todo por los elogios que recibió de la crítica argentina y del escritor peruano Mario Vargas Llosa y, más tarde, de comentaristas italianos al ser vertida a esa lengua. Se ocupa esta obra de los tiempos en que Cartagena de Indias fue sede del Tribunal de la Inquisición y de la cacería de brujos desatada por el Inquisidor General Juan de Mañozga, que en la ficción aspira a ser el Torquemada de las Indias. El trasfondo histórico se encuentra en ella inmensamente contaminado de ficción y, a ratos, de fantasía arrebatada, razón por la cual cierta crítica —rectificada luego con creces— intentó clasificar al autor dentro del llamado realismo mágico, del cual él a conciencia deseaba apartarse. La ocurrencia de la acción en el siglo XVII determina a Espinosa a emplear un lenguaje de resonancias barrocas, salpimentado de arcaísmos, con giros que por momentos evocan la prosa o el verso satírico de Francisco de Quevedo.
La tejedora de coronas, 1982, es la obra culminante de Germán Espinosa. Las remembranzas de Genoveva Alcócer, protagonista de la novela, llevan al siglo XVIII, época de apasionadas búsquedas, ebullición intelectual y grandes transformaciones. Genoveva es una criolla aventurera, visionaria y lúcida que parte de su Cartagena de Indias natal a recorrer el mundo y a participar de la rebeldía y la emancipación propias del siglo de las luces. La Tejedora de coronas fue el fruto de la maduración intermitente de doce años de trabajo de Germán Espinosa. La novela fue finalista del premio literario Rómulo Gallegos. .
Germán Espinosa murió el 17 de octubre del año 2007 luego de haber sido víctima de un paro respiratorio ocasionado por una neumonía que lo aquejaba desde hace varias semanas. Desde hace cinco meses padecía de un cáncer en la lengua, que prácticamente le impedía hablar.

Obra

Letanías del crepúsculo, Bogotá, 1954 (poesía)
La noche de la trapa, Bogotá, 1965 (cuento)
El basileus, Bogotá, 1966
Los cortejos del diablo, Montevideo, 1970; Caracas, 1970; Bogotá, 1977 (novela)
Anatomía de un traidor, Bogotá, 1973
Reinvención del amor, Bogotá, 1974
Los doce infiernos, Bogotá, 1976
El magnicidio, Bogotá, 1979
Libro de conjuros, Roldanillo, 1980
Caso Handel, Bogotá, 1982
La tejedora de coronas, Bogotá, 1982 (novela)
Tres siglo y medio de poesía colombiana, Bogotá, 1980
El signo del pez, Bogotá, 1987 (novela)
Guillermo Valencia, Bogotá, 1989 (biografía)
Luis Carlos López, Bogotá, 1989 (biografía)
Sinfonía desde el nuevo mundo, Bogotá, 1990 (novela)
La liebre en la luna, Bogotá, 1991 (ensayos)
La tragedia de Belinda Elsner, Bogotá, 1991 (cuentos)
Orika de los palenques, Bogotá, 1991
La aventura del lenguaje, Bogotá, 1992 (ensayo)
Los ojos del basilisco, Bogotá, 1992
La lluvia en el rastrojo, Bogotá, 1994 (novela)
Obra Poética, Bogotá, 1995
Federico Lleras Acosta: la guerra contra lo invisible, Bogotá, 1998 (biografía)
Lino de Pombo: el sabio de las siete esferas, Bogotá, 1998 (biografía)
Crónicas de un caballero andante, Bogotá, 1999 (crónicas)
Romanza para murciélagos, Bogotá, 1999 (poesía)
Personajes del mundo: biografías de los hombres y mujeres que han efectuado aportes determinantes para la historia y el progreso de la humanidad, Bogotá, 2000 (biografías)
La balada del pajarillo, Bogotá, 2001 (novela)
Quien se aleja soy yo: poesía 1991-2000, Medellín, 2001 (poesía)
Sus mejores cuentos: antología personal, Medellín, 2001 (cuento)
La elipse de la codorniz: ensayos disidentes, Bogotá, 2001 (ensayos)
Los oficios y los años: prosas de juventud, Medellín, 2002 (ensayos)
Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón, Bogotá, 2003 (novela)
La verdad sea dicha: mis memorias, Bogotá, 2003 (memorias)
Cuando se besan las sombras, Bogotá, 2004 (novela)
Novelas bogotanas: Los ojos del basilisco, La lluvia en el rastrojo, La tragedia de Belinda Elsner; Bogotá, 2005 (novelas)
La vida misteriosa de los sueños, Bogotá, 2005 (ensayo)
Torquemada: el fraile diabólico, Bogotá, 2005 (biografía)
Aitana, Bogotá, 2007 (novela)
Cuentos completos, Bogotá, 2007 (cuentos)






Salmo de los Fracasados

Somos los receptores de toda altanería,
el tremedal sobre el cual se erige cada triunfo.
En nosotros fincan sus pies los vencedores
para, hundiéndolos en nuestra blanda materia, alzar
el temerario vuelo.
Para que fulja su prestigio,
necesitan que soportemos su desprecio, que exultemos
en nuestra humillación.
Para que brille lo demás,
debemos dar la contrafaz opaca: sin nuestra sombra,
la luz sería menos luz.
Nos arrastramos, nos retorcemos contrahechos,
para que Apolo implante su belleza.
Y aquí estamos: oficinistas, mecanógrafas,
astrosos mendigos, barrenderos de calles mustias,
carteros, vendedores de frutas, estibadores infinitos,
poetas ignorados, artistas sin duende,
mozos de restaurantes, actores de reparto,
solteronas transidas de decoro,
disimulando el agujero en la suela, el cuello raído,
cubriendo con sobretodos grises la impresentable chaqueta,
con bufandas mohosas la desvaída corbata.
Sin nosotros, no seríais excepcionales, ¡oh triunfadores!
Sin nosotros, vuestro mundo, victorioso, resultaría
monótono y frío.
Sin nosotros, ¿qué fulgor tendrían el ministro recién
posesionado,
el general de la república
o la dama de sociedad?
Somos el fundamento del triunfo, la materia esencial
de todo esplendor.
Sin nosotros, nada seríais, ¡oh otros!,
¡seríais los nosotros de otros vosotros cualesquiera!
Porque somos la piedra angular de toda grandeza,
la sustancial tristeza en que puede el mundo fundar
su vindicativa alegría. 







Melancolía

Yo amo las secas hojas que en las tardes
grises del otoño nievan en mi alma ;
yo amo las mustias flores
que se volatilizan en la nada
sombría del otoño.

Mi memoria
es un ave nostálgica ;
es un ave nostálgica que gira,
cual mariposa blanca,
en la nada profunda del ensueño.






Eneastrofa

Hay algo que yo perdí
y el perderlo me perdió.
Por perderlo, nunca fui
eso que pude ser yo.
Lo que perdí se esfumó
tan presto, que no lo vi.
Y así me perdió y así
ni sé ya lo que soy yo
ni qué fué lo que perdí.






Canción baladí

Cangrejo, cangrejo.
De azul pintado
te ves tan viejo.

Marchas de lado
por el espejo,
cangrejo.






In memoriam Efrén Díaz

Sólo después de muertos podremos comprender
la densidad terrible de la vida.
Manzana inversa, náufraga, corolario del mundo,
es amarga, no obstante, como flor en ayunas.
Tantas veces la muerte pasó por los balcones
que es inútil, ahora, tratar de sorprenderla !






Observación de paso

Voy a tomarle el pulso al día
e indagar cosas de la calle.

Niebla azul en la madrugada
y el ollín que asciende en la tarde.

Mujeres armadas de acíbar,
hombres que van hacia el desastre.
Locomotoras imposibles
cuyo silbo enrarece el aire.
Qué hago viviendo en esta tierra
que no pisó jamás mi padre ?






Mi casa

Mi casa quedó abierta para quienes la amaron.
La cerré ferozmente para quienes la odiaron.
No volvió nadie entonces.
Todos la abandonaron.







Fábula del cazador de zopilotes

Me dejé abatir en un tiempo por pajarotes de llanura
y por perros de poca alzada
que entremetían sus uñas por entre mi grilleta.
Eso fue por los años que instalaba mi casa
y ellos venían a husmear por ver lo que podían llevarse,
allá una canasta de frutas, acá un hueso apenas roído.
Me libré de ellos una noche, mediante trampas colocadas
en el ático, en el jardín y en recovecos estratégicos.
Además me conseguí un grifo que fijé en un altorelieve
sobre el diagrama heurístico de mi puerta de roble.
Hoy, hace ya mucho tiempo que no rondan mi heredad.
Mi soledad, como un broquel, les causa espanto y hasta risa.
En alguna gaveta oscurra de mi escritorio guardo cráneos,
omoplatos, tibias, pelvis de algunos de los que cayeron
en mis trampas sofisticadas, uno de ellos un zopilote.
Mas los que emprendieron la fuga, a veces escriben notículas
en la prensa, otras veces recurren a los vetos,
y los más, me tienden celadas en las posadas del camino,
pero resulta que yo siempre, yo siempre, siempre,
siempre,
y esto los tiene muy fallidos, al extremo de que en las horas
dudosas de la madrugada se reúnen en conciábulos,
me hacen llamadas por teléfono, escriben cartas a la prensa,
pero resulta que resulta, que resulta que no resulta,
y esto los trae muy fallidos. Ultimamente ladran a la luna.






Anonimato

Perfora
la oscuridad,
mi sombra.






Dubitaciones

De aquel hombre no se sabía cuándo inventaba y cuándo decía verdad.
De aquel hombre no se sabía cuándo reía o simplemente ironizaba.
De aquel hombre no se sabía cuándo salía a la calle o sólo mandaba a su doble.
De aquel hombre no se sabía cuándo dormía o fingía dormir.
De aquel hombre no se sabía cuándo moría o fingía morir.






Fábula del gay cantar

Un día fui a cantar al mar una canción.
Un día fui a cantarla y me dijeron que no.
Cangrejos que trocaban en pinzas su amargura
me dijeron que no.
Saludé gravemente.

Un día fui a cantar donde me dio la gana.
Canté muy de mañana. La canción se perdió
por entre ecos difuntos de canciones más viejas.

Y mi canción se oyó.
De qué modo
se oyo !






Canción efe

Porque, amor, tú adveniste
en un instante en que todas las horas
se adunaban en un desierto sin distancia.

Cómo no saborear tu boca fresca
si en ella ni los frutos ni las flores
habitan, sino tú, sola y distinta ?

Yo nunca perderé la gracia de tus muslos,
solitarios esteros frente al delta…
Ni el número infinito que truncas en la noche.




Canción yod

Quién te prohibe que te alzes la falda ?
Quién te veda mostrarte desnuda ?
Quién es el temerario ?
Ese vaya a frotarse su sexo en la maldita sombra !
Tú, desnúdate, así,
no ocultes nada.






Epitafio para la muerte

Por qué temerla si, después de todo,
como la bala con el abaleado,
nuestra muerte se muere con nosotros ?






Epitafio para un pintor (1839-1906)

En la vieja Aix de Provenza
la muchachada te arrojaba guijarros - no piedras grandes, nadie
quería hacerte daño -, porque tu locura
era menos imperdonable que tu fracaso.







Prosa de los desencantados

Estábamos tan ciertos de componer el mundo,
jugábamos a la revolución, asustábamos a la gente,
nos dejábamos largas melenas, odiábamos lo convencional,
íbamos a conmover los fundamentos
de todo, arreglaríamos esta cuestión para siempre…
Y es lo cierto, querida,
que la cuestión sigue en pie.
No compusimos nada, el tiempo nos fue arrinconando
como a sedimentos pesados en un riachuelo de suave corriente.
Día a día seremos más un estorbo
para los que están ciertos de componer el mundo,
los que juegan a la revolución y nos asustan
y se dejan largas melenas y odian lo convencional
y van a conmover los fundamentos
de todo, van a arreglar para siempre el problema
que sigue en pie.





Finale cavilloso

De qué eufemismo atávico, de dónde, de qué suerte
esa comparación del sueño con la muerte ?
El sueño nos habita con los ojos cerrados ;
no así la muerte brusca que los abre espantados.






Salmo de los rechazados

Qué somos ? Roma Imperial
nos habría repudiado con una sonrisa amarga.
Nunca hemos merecido la libertad.
Pero hemos incurrido en toda licencia. Hemos forzado toda alegría.





Epitafio para mí mismo

Fui una página de Ruben Darío
que me alegró en la infancia profunda.
Fui una aliteración de Verlaine.
Fui un auterretrato de Van Gogh
que es el más bello reproche que se me hizo.
Fui el rosa pálido de un crepúsculo
o el instante en que, al concluirla,
reinicié la lectura de Ulises.
Fui esa noche en tus brazos.
Fui la suma de mis instantes felices.


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