jueves, 6 de marzo de 2014

ANTONIO DE CASTRO ALVES [11.142]


Antonio de Castro Alves, retrato
por Cândido Portinari, desenho à grafite/papel
1928 – Rio de Janeiro, 16,5x13 cm.



Antônio de Castro Alves

Antônio Frederico de Castro Alves (Cachoeira, Bahía, 14 de marzo de 1847 - Río de Janeiro, 6 de julio de 1871) fue un poeta romántico brasileño, conocido por sus poemas abolicionistas y republicanos.

En 1862 comienza sus estudios de Derecho en la Universidad de Recife, y fue líder estudiantil, en esta época escribió sus primeros poemas Os Escravos and A Cachoeira de Paulo Afonso
En 1867 abandonó Recife y regresó a Bahía, donde escribe la obra Gonzaga. Luego se mudó a Río de Janeiro, donde conoció importantes personalidades como José de Alencar, Francisco Otaviano y Machado de Assis.
Más tarde se traslada a San Pablo donde se reúne con importantes políticos y escritores, como Rui Barbosa, Joaquim Nabuco, Rodrigues Alves, Afonso Pena y Bias Fortes. El 11 de noviembre de 1868, mientras cazaba en las afueras de la ciudad, es herido por un tiro en el talón y su pie izquierdo debe ser amputado.
Su poesía se centra más que nada en temas humanísticos y sociales, versando principalmente contra el tráfico de esclavos y propugnando la abolición de la esclavitud. Su popularidad y reconocimiento como poeta fueron un importante apoyo a la campaña en favor de la promulgación de la Ley de libertad de vientres de 1871, prohibiendo la esclavitud a hijos de esclavos.
Ingresó a la Academia Brasileña de Letras, donde ocupó la silla número 7.
Contrae tuberculosis y fallece en 1871.

Obra

1870 Espumas Flutuantes.
Os escravos.
Gonzaga ou a Revolução de Minas.
Cachoeira de Paulo Afonso.
Vozes D'África.
O Navio Negreiro.
Escribió además de poesía, sobre temas históricos.






ADORMECIDA

Una noche, recuerdo ... Ella dormía
Recostada en la hamaca, blandamente ...
Casi abierta la bata ... Suelto el pelo.
Desnudo el pie sobre la estera ardiente.

Absorta la ventana. Un vaho agreste
Exhalaba el zarzal de la campiña ...
Y venía en un trazo de horizonte
La noche, lejos, plácida y divina.

Los ramajes doblados, indiscretos
De un jazminero, entraban por la sala
Y al vaivén de las brisas oscilando
Trémulos como labios la besaban.

¡Era un cuadro celeste!. .. Como ensueño
Cada roce a la moza estremecía ...
Cuando ella se calmaba ... La besaban
Flores que si ella iba a besar, huían ...

Era como si en ese dulce instante
Jugaran a sonar dos inocencias ...
Mecía el aire los ramajes verdes
¡Haciendo ondear las renegridas trenzas!

Ora el jazmín se iba… Ora llegaba…
Mas si enfados urdía su despecho
Sólo por sosegarla… lloviznaba
Sobre su seno un perfumar de pétalos.

Yo, enmudecido, viéndola decía
Entre la noche de albas encendida:
“!Tú eres la Virgen —flor— de las campiñas!”
“!Tú eres la flor —Oh Virgen— de mi vida!...”

    Trad. de Arturo Corchera





¡ES TARDE!

¡Es tarde! ¡Ya es muy tarde! El templo a oscuras
En el altar el fuego santo no arde.
¡No tropieces, Vestal, entre Las brasas ...!
         ¡Es tarde! ¡Ya es muy tarde!

¡Traidora noche! Mi alma era un sagrario,
Su lámpara el amor velaba, en tanto
Virgen flor adornaba el borde virgen
         Del vaso sacrosanto.

Cuando Ella vino —fúnebre hechicera—
La libertina, lúgubre bacante,
Mirar lascivo, trenza desgreñada,
         EI traje deleznante.

Mi religión —el vino de esa orgía.
No un incendio mi vida —un apagar,
Y fue mi mocedad —lúbrico toro.
         Y mi alma un lupanar.

Visión del cielo! ¿Vienes tanteando
Abismos donde ya la lumbre no arde?
No vayas, ay, a sepultarte en fango ...
         Es tarde. Ya es muy tarde.

¡No quieras, no, las sobras del banquete!
¡Ni el pervertido lecho del malsano!
Mi boca -entiende- manchará tu beso
         Con su beso profano.

La flor del lirio de celeste albura
Busca de la luciérnaga un halago.
El cisne quiere en su agitar de plumas
         La perla de los lagos.

¡Es tarde! La paloma del desierto
Su nido hace en la fronda perfumada ...
¡Paloma del amor! Cuida tus alas
         De los boscajes yertos.

Templo que el crimen asoló de espanto,
Cerrado al fustigar del viento, inerte
Alma hecha ruinas, donde mi alma gime
         Crece un cardo — la muerte.

¡Sarcasmos! ¡Celos! ¡Aves de la noche
Que me pobláis la soledad umbría
Cuando en tinieblas de tormenta ululan
         Aullares de agonía! ...

                   ***

¡Es tarde! !Luz del alba! ¡Lago turbio!
Danzan fuegos en lodazal sombrío.
Pide a Dios que del cielo las cascadas
         Hagan del yermo —un rio.

Mas no. Sólo las olas del sepulcro
Han de apagar en mí el infierno que arde   .
¡Perdonadme, Señora!. .. Yo ya he muerto                   .
         ¡Es tarde! ¡Ya es muy tarde!. ..

Trad. de Arturo Corchera






El navío negrero (fragmento)

En pleno mar…salta audaz el espacio
Un rayo de luna -áurea mariposa- 
Y las olas tras él corren… fatigan
Como turba de chiquillos inquieta.

Estamos en pleno mar… del firmamento
Los astros saltan como espumas de oro…
Mas el mar enciende fosforescencias,
-Constelación de líquido tesoro…

Estamos en pleno mar… Dos infinitos
Allí se estrechan en abrazo insano.
Azules, áureos, plácidos, sublimes…
¿Cuál es el cielo? ¿Cuál el océano?

Aquí en pleno mar… desplegando velas
Al fuerte alfar de las brisas marinas,
El bergantín se desliza en los mares
Cual rozan la ola las golondrinas.

¿De dónde viene o va? De nave errante
Quién el rumbo sabe en tan gran espacio?
Sahara en que corceles el polvo alzan,
Galopan, vuelan, mas no dejan trazo

¡Feliz el que allí puede en esta hora
Sentir de este cuadro la majestad!...
Abajo- el mar… encima- el firmamento…
Y en el mar y el cielo-¡la inmensidad!- 

¡Oh qué dulce armonía trae la brisa!
¡Qué son suave el del lejano cantar!
¡Mi Dios!, cuán sublime es el canto ardiente
Que en la infinita ola flota al azar!

¡Hombres del mar! ¡Oh rudos marineros,
Tostados por el sol de cuatro mundos!
Hijos que las tempestades arrullan
En la cuna de piélagos profundos!

Esperad… esperad… dejad que beba
Esta salvaje, libre poesía...
Orquesta es el mar que en la proa ruge,
Y el viento que sobre las jarcias silba. 






ADORMECIDA

Ses longs cheveux épars la couvrent tout entière
La croix de son collier repose dans sa main,-
Comme pour témoigner qu'elle a fait sa prière.
Et qu'elle va la faire en s'éveillant demain.
A. DE MUSSET

Uma note, eu me lembro... Ela dormia
Numa rede encostada molemente...
Quase aberto o roupão... solto o cabelo
E o pé descalço do tapete rente.

'Stava aberta a janela. Um cheiro agreste
Exalavam as silvas da campina...
E ao longe, num pedaço do horizonte,
Via-se a noite plácida e divina.

De um jasmineiro os galhos encurvados,
Indiscretos entravam pela sala,
E de leve oscilando ao tom das auras,
Iam na face trêmulos - beijá-la.

Era um quadro celeste!...A cada afago
Mesmo em sonhos a moça estremecia...
Quando ela serenava... a flor beijava-a...
Quando ela ia beijar-lhe... a flor fugia...

Dir-se-ia que naquele doce instante
Brincavam duas cândidas crianças...
A brisa, que agitava as folhas verdes,
Fazia-lhe ondear as negras tranças!

E o ramo ora chegava ora afastava-se...
Mas quando a via despeitada a meio,
P'ra não zangá-la... sacudia alegre
Uma chuva de pétalas no seio...

Eu, fitando esta cena, repetia
Naquela noite lânguida e sentida:
'Ó flor! - tu és a virgem das campinas!
'Virgem! - tu és a flor da minha vida!...'






É TARDE!

         Olha-me, Ó virgem, a fronte!
         Olha-me os olhos sem luz!
         A palidez do infortúnio
         Por minhas faces transluz;
         Olha, ó virgem - não te iludas
         Eu só tenho a lira e a cruz.
         JUNQUEIRA FREIRE

         É tarde! É muito tarde!
         MONT’ ALVERNE

E tarde! E muito tarde! O templo é negro...
O fogo-santo já no altar não arde.
Vestal! não venhas tropeçar nas piras ...
         É tarde! É muito tarde!

Treda noite! E minh'alma era o sacrário,
A lâmpada do amor velava entanto,
Virgem flor enfeitava a borda virgem
         Do vaso sacrossanto.

Quando Ela veio — a negra feiticeira —
A libertina, lúgubre bacante,
Lascivo olhar, a trança desgrenhada,
         A roupa gotejante.

Foi minha crença — o vinho dessa orgia,
Foi minha vida — a chama que apagou-se,
Foi minha mocidade — o touro lúbrico,
         Minh'alma - o tredo alcouce.

E tu, visão do céu! Vens tateando
O abismo onde uma luz sequer não arde?
Ai! não vás resvalar no chão lodoso ...
         É tarde! É muito tarde!

Ai! não queiras os restos do banquete!
Não queiras esse leito conspurcado!
Sabes? meu beijo te manchara os lábios
         Num beijo profanado.

A flor do lírio de celeste alvura
Quer da lucíola o pudico afago ...
O cisne branco no arrufar das plumas
         Quer o aljôfar do lago.

É tarde! A rola meiga do deserto
Faz o ninho na moita perfumada ...
Rola de amor! não vás ferir as asas
         Na ruína gretada.

Como o templo, que o crime encheu de espanto,
Ermo e fechado ao fustigar do norte,
Nas ruínas desta alma a raiva geme ...
         E cresce o cardo — a morte —.

Ciúme! dor! sarcasmo! - Aves da noite!
Vós povoais-me a solidão sombria,
Quando nas trevas a tormenta ulula
         Um uivo de agonia! ...

*  *  *

É tarde! Estrela-d'alva! o lago é turvo.
Dançam fogos no pântano sombrio ..
Pede a Deus que dos céus as cataratas
         Façam do brejo - um rio!

Mas não ...! Somente as vagas do sepulcro
Hão de apagar o fogo que em mim arde    .
Perdoa-me, Senhora! ... Eu sei que morro           .
         É tarde! É muito tarde! ...

         Rio de Janeiro, 3 de novembro de 1869.
         (De Espumas Flutuantes)








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