domingo, 23 de febrero de 2014

MANUEL ILLANES [11.056]


Manuel Illanes
  
Nace el 26/12/79 en Santiago (CHILE).

Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile.
Fue editor y colaborador de la revista Pájaro Verde.

Sus poemas han sido publicados en diversas revistas electrónicas como Cyberhumanitatis, Plagio, 60 Watts, Los Poetas del 5 y Sol Negro (de Perú).

Ha participado en el Primer Congreso de Poesía Chilena del Siglo XX organizado por la Universidad de Chile en 2006, el Encuentro Nacional de Poesía Riesgo País 2008 organizado por la Universidad Austral, el Congreso Internacional de Poesía Chilena organizado por la Universidad Católica en 2009 y el Encuentro Internacional Poesía y Diversidad (es) en América y España organizado por la Universidad de Chile este año.

Publicó su primer libro “Tarot de la carretera”







PRIMAVERA NEGRA

A la memoria de Eduardo Valdebenito (1935-2004)


Las hojas de ese joven álamo,
que una corriente impetuosa agita incesantemente
con el mismo ímpetu que a los sargazos del marino lecho
remece el soplo de Neptuno en los días de tormenta,
son testimonio, inquietantes testigos,
de aquello que perderás en tu vida -si llegas a cerrar
la ventana del espíritu a los vientos, aquellos tercos
venablos que el Deseo aguza y lanza por el mundo
en pos de un blanco, una tierra que se haga llamar
con propiedad Utopía;
las hojas de ese joven álamo, verde tornasol,
que hoy te seducen e inmovilizan
con su agitación de cobras al llamado del pífano de la primavera,
que señalan con estridencia la esterilidad de esta biblioteca
y sus libros, además del angustioso desierto
que reluce en los ojos de los yertos estudiantes,
con su agitación verde, enfebrecida,
verde como los tiernos pastos de la estepa a los que se asemejan
/ tus años,
verde como esa patria derruida a la que ya no perteneces ni podrás
/ volver.
Primavera negra: el galeote tiene los brazos y el ánimo cansados
/ de tanto bogar.
Cansados de que el amor derive siempre en llanto, en llanto,
y de observar a los distintos rostros del miedo dibujarse en cada espejo
/ por las tardes.
De enloquecer con alcohol por culpa de la garrapata que se incrustó
/ en el alma zaherida.
De envilecerse a sí mismo, transmutando la ternura de los cuerpos
/ en crueldad, la pureza de los besos en hipocresía.
De ver a sus mayores morir de cáncer, y de que los primeros días soleados
/ no traigan sino albricias de dolor:
un constatar los muertos en las páginas del oscuro obituario de la vida,
un solsticio en vez de un equinoccio de sombras.
De que las palabras no sean más que fuegos fatuos,
aceite que se malgasta en lámparas cuya luz devora la niebla
(aspirar, aspirar sólo a consumirse en el fuego del tiempo caníbal).
De oír cómo las sirenas de las ambulancias
rompen, una y otra vez, la tranquilidad de las noches humanas.
De la miseria multiplicada por la miseria que contemplas
desperdigada por la urbe y el mundo, verdadera Reina de los alacranes,
la usura y el capital.
De hallar la palabra traición escrita con sangre sobre
/ la frente de los hombres.
De la cacofonía de las guerras y sus imágenes de mierda.
Del puto señorío de las larvas.
Primavera negra, ojos cerrados: las hojas
de un joven álamo se deslizan como cuchillos por el aire cálido de octubre.
Presientes el murmurar de los estudiantes, afanados de lleno
/ en el vacío de sus vidas:
Concepción es una gaviota que se precipita en el mar.
Y tú, fastidiado de la inocencia de los ángeles, de los vientos,
de los álamos susurrantes, regresas a beber del veneno
/ de las calles.




“ALLENDE IS DEAD”

21:15/ Animales huyendo de la cólera del Señor del Frío, blue jeans gastados,

el viento que cosquillea entre las nalgas tumefactas –víspera del primer día del invierno, la temperatura de la época bordea el 0.

Nerviosos pasajeros descienden de los autobuses y caminan asustados por las veredas apenas iluminadas,

nerviosos, con la rapidez del refugiado que corre hacia el bunker para guarecerse bajo tierra.

Animales huyendo de la cólera del Señor del Desamparo, sucios blue jeans.

22:36/ Por las axilas de la ciudad se desparraman cientos de graffitis como un sudor ácido que baja por los miembros y emporca la santidad de toda higiene.

El supermercado desgarra la neblina de los neones como un sorprendente Caleuche batiéndose entre las oscuras aguas de zonas abandonadas y eriazos rebosantes de ortigas, sus pasillos vacíos, sus carros alineados por alguna extraña fuerza levitando en los márgenes de la oscuridad,

espejismo inflamado y después consumido.

El aroma de la orina es el incienso que se eleva desde los altares de adobes derrumbados e improvisados estacionamientos.

Calaminas oxidadas en las azoteas, musgo y calcetines perdidos, amarillos titulares desgarrados como islas de un archipiélago de nuestra Terra Australis, las ropas a medio secar flotando en la ribera de la noche

sobre nuestra hambre sin brújula.

08:10/ En los extramuros de la ciudad, la escarcha llena de canas la cabeza de viejos neumáticos abandonados al borde del camino –Pudahuel Sur.

10:32/ La dentadura del tiempo deja su huella irregular sobre las fachadas de iglesias & burdeles.

Cuarzo de mandíbulas apretadas, nicotina de frustrados deseos, larga espera de los juglares en cesantía.

Nudos de perros vagos se adhieren al sueño como costras en las plazas públicas.

Un hombre encorvado barre fragmentos de vidrio y hojas, disimula una nube de sangre como si fuese una mancha de aceite sobre una tersa camisa.

15:22/ El disco solar bailotea tristemente sobre los adoquines, su vigor huye de los ojos eclipsados en los restaurantes, célibes oficinistas, albañiles, estudiantes, ojos como tambores deslizando su tam tam seco por la ciudad.

16:45/ Escozor en las ingles, coitos de púberes entre la maleza de los cerros y los sucios arbustos de la polis sudaca.

17:30/ Los descendientes de Lao Tsé comercian frituras en las calles atestadas de animistas & católicos.

Asalariados sin órbita acampan en un cráter céntrico, restauran los pilares del quebrantado Diego Portales bajo una cortina de chispas y escombros. Así, el concreto de nuestra política futura contiene la cal y el huevo, el barro de los hijos de las uñas de arcilla.

La herrumbre de las puertas dice más de cada corazón que nuestras propias palabras.

Carrocerías tapizan el horizonte a un lado y otro de la carretera

un lado y otro de la carretera.

19:13/ Cubículos, mudos intentando burlar la pantalla vacía para comunicarse con mudos, cibernautas jugando a la pederastia & la aflicción.

20:32/ “Los vamos a cagar” “Guerra entre clases” “Los leprosos” “Fuera de Servicio” “En Jesús todas las cosas son hechas nuevas” “1º de mayo Nada que celebrar” “Mudanzas” “La única iglesia que ilumina es la que arde” “Claro está invirtiendo en ti” “Satán es el rey” “Expendio de bebidas alcohólicas” “Seguridad y confianza” “Para su seguridad este vehículo solamente se pone en marcha con las puertas cerradas” “Farmacias Ahumada” “Internet donde yo quiera” “Cuarto de Libra con queso $990” “401 Maipú las Condes” “Escape” ESCAPE ESCAPE!

23:05/ Demos gracias al Zaratustra de los narcóticos por nuestras noches,

más serenas que un erial.

01:40/ Choros & narcos se disputan los barrios.

El aleteo de una luciérnaga púrpura raja la oscuridad de los callejones.





EL ARTE ZEN DE CAPTURAR UN POEMA

La pupila es un azar, una brújula
que dicta sus puntos cardinales
a los hijos de la Calavera.

La pupila es un azar, una marea
que se concreta en imágenes
como polaroids desechadas por el tiempo.

Imágenes, sustancias asiáticas,
fragantes, malolientes, a veces
                               pavorosas

que acechamos con la torpe
paciencia de un pilpilén
rastreando crustáceos
en una playa tapizada de basuras.

Nuestro tránsito hacia ellas
es húmeda escalera que conduce
a una oscuridad matriarcal,
salón de espejos que confunde
e hipnotiza con el tremolar
                       de sus siluetas:

recuerda si no el despiojamiento
de los niños en las tardes de verano,
toda la mecánica social
resumida en el brillo
de las liendres y los parásitos
                                    muertos.

Cuenta si no los denarios
que reunimos para la cena diaria.

Escucha si no la guitarra
que se afina con sonido ascético,
casi como un acto de meditación,
de pureza desdentada.

Considera si no el hambre.

Las peluquerías.

Los berreos de Marco Valerio Marcial.

El agua helada cuando el gas se acaba.

El jugueteo de los gatos
bajo las palmeras del cité.

Los azogados de la gran ciudad
de Santiago del Nuevo Extremo.

Las palomas en el aire matutino
formando una bandera desgarrada.

La pátina de spray & excremento
sobre los monumentos de nuestros héroes.

El café caliente y las manos
azuladas por el frío.

Las agujas melladas
que hacen crujir la piel.

La sangre destilada, tierno cordero,
con que se prepara el ñachi.

El camafeo engañosamente
transparente, ámbar trizado
de nuestras auroras.

Imágenes todas, materias descentradas,
pavesas que removemos
para reanimar el fuego primero:
es un pez, es un pez el poema
que desciende huidizo por el arroyo del tiempo.







EDAD PAGANA

Cuando la fiesta termina, una pirámide de platos
te aguarda en la cocina, hay botellas vacías
sobre la mesa manchada y vasos a medio
llenar por los cuatro puntos cardinales
                  de la casa. Ceniceros atestados.
La boca está cruzada por estrías como la tierra
que tortura una prolongada sequedad
y una sed malsana, terrible anida en ti,
porque la carne es un pozo cegado por soles
                                                inclementes.
El tiempo bombea nuevamente por nuestras
arterias, circulará sin control por llameantes autopistas.
Tendrás que volver a pagar los impuestos al Demonio
de la sobriedad, su tributo cobrado en especias,
oro y todas los metales invaluables
del espíritu, las riquezas dilapidadas.
De nuevo las preocupaciones, el viento de la mañana
arrojándolas sobre la conciencia como a una legión
de tábanos que arrastrara desde lejanas fronteras,
                                                        cerca del desierto.
La vida para erigir una castillo de naipes
que el sencillo aleteo de una mariposa derrumba.
De nuevo el cuerpo un ancla, un lastre
que nos liga de una vez y para siempre a la ceniza.
De nuevo el cuerpo, territorio cercado, amenazado
por las mesnadas sin número de la Calavera.
Las canciones de Bowie sueños, salvajes sueños
de una edad pagana: cómo desearías escuchar
Rebel, Rebel en tu discman, camino a la eternidad.
La voluta sagrada del pensamiento deshecha,
el alcohol esfumado de la sangre. Un soplo
                                             de Yahvé basta.
Llamadas telefónicas perdidas. Ex­-amigos,
goletas que la noche hundió en sus profundidades.
Cuadernos llenos de garabatos impublicables.
El decálogo en que sobresale una ley: “Compra”.
De nuevo el tiempo, una escudilla vacía que deberás
llenar hasta el tope con trabajo, con ideas, con sonoras
                                            palabras, una lucha sin fin.
Nada de espasmos, nada de risas, nada de iluminaciones
conservadas. Abrazar cansado la Sombra.
La fiesta termina y el resplandeciente horizonte
que contemplabas, tan puro como un recién nacido,
tan puro como las luces de la ciudad entrevistas
en la madrugada,
se oculta tras el espeso telón de la oscuridad. 








NOTAS DEL PARIA

Canto es la penumbra del que tiene ojos sólo para aullar,
no saciedad en la fe de los manes, no
lechuza de la verdad y la noche constelada,

canto es glosolalia de los apóstatas, carretera
transitada en las primeras horas de la madrugada
por ebrios s/ ley, s/ padre o verga sacramentada,
vocabulario de la ansiedad, metálica como la sonrisa de un pederasta,

canto es el sombrío transitar de los cardúmenes
en el pozo de lo que llamamos corazón,
de lo que fue palacio y hoy luce descampado,

snuff movie filmada en los bordes del desierto.

Exilio es canto, reconstitución de escena
tras la vulgaridad de un crimen, notas tomadas al azar.

A 100 km. p/ hora se ve alejarse a los kamikazes
del canto, abandonar este poema y adentrarse
                            en la espesura de los bambúes
tarareando un mantra camino hacia el útero,
las bragas fuera, los gestos s/ futuro
de aquellos que se acoplan para después separarse,
el choque, los cuerpos agonizantes, algo
parecido a una muerte siendo sólo pared de la hoja en blanco.
Aliento entrecortado que apenas rasguña palabras,
sólo la visión de unas costas luminosas
disolviéndose en la oscuridad del tedio,
la mancha seminal que deja el deseo en el papel.

Canto es el desgarramiento de la palabra
“canto” hasta palpar la ausencia que hay en ella,

el bubón que señala el avance de la enfermedad.

El hacha de los exploradores que se abren senda
entre los manglares, los mosquitos y la fiebre amarilla
podría ser también canto, ya que es representación
                                                        de una inútil valentía.

Canto es sobrevivir como animales, como bestias
s/ el soplo de lo bello o lo sublime, sobrevivir
al colapso de los reinos y las antiguas
monarquías, las rotas alianzas matrimoniales.

Canto alimenta a los nuevos mutantes que somos,

es Dante descendiendo de círculo en círculo
porque en la mitad del camino de nuestra vida
nos hemos encontrado en un infierno gris extraviados.

Canto:
-semilla que manos esforzadas hunden en el abismo del tiempo.

Canto:
-espermio intentando fertilizar el vacío con forma de óvulo,
derrotero perdido en el espacio de los coitos.

Canto:

C aricia, confusión, cuestionamiento.
A lfa, absurdo, azar.
N egación, neblina, noche.
T ormenta, torrente, tedio.
O mega, oquedad, oquedad.








 LA SED

Aquella que nos reduce a estatuas de sal en el umbral de las tierras de Gomorra.
Aquella que abandona los manuscritos del dolor sobre nuestras pringadas mesas.
Aquella que ordena a sus siervos: “buscar”, “extraviarse”, únicos mandamientos
                                                      grabados sobre las losas de su Sinaí.
Aquella que defecará sobre nuestra tumba abierta.
Aquella que diserta sobre dios y su innominada vulva, parada en el púlpito de la locura.
Aquella que interpreta los hexagramas y vaticina: “Ku”-destrucción, como si ya
                                             no hubiera bastante caos en nuestras vidas.
Aquella que se jacta de ser soberana en la Babilonia de los días-nadir.
Aquella que nos niega el pan y el agua para que así tengamos que vagar famélicos
                                               por los eriazos, las carreteras de su reino.
Aquella que enterró el cáliz de Cristo en la arena de la más infecta codicia.
Aquella que satura las pantallas del mundo con una imagen, un zoom del gran falo
                                                             erecto de los Capitanes de la guerra.
Aquella que no tiene vástago alguno y aplasta la cabeza de nuestros niños como
                                                           si fueran cucarachas en su camino.
Aquella que recibe la loa y las ofrendas de los jefes de las tribus –el oro y las vanas
                                                                       palabras de los mandriles.
Aquella que no tiene ojos, pero sí una boca afilada con la que devora toda existencia
                                                                                        a su alrededor.
Aquella que milita en  las legiones de Capital.
Aquella que vino a la vida el día de la muerte del Espíritu Santo.
Aquella que lame su propia sombra hasta emponzoñarla –es un alacrán en la perfidia
                                                                                          de los opios.
Aquella que dirige la cuenta regresiva para el Apocalipsis / pero todos los días
                                                                                        morimos, todos.
Aquella que inyecta la morfina del aburrimiento en las cansadas arterias.
Aquella que vive en permanente vaivén & negación.
Aquella que nos sodomiza, pero que nunca será sodomizada por nosotros.
Aquella que llamo Cuchillo de lepra.
Aquella que estranguló a Rimbaud hasta doblegarlo –y los médicos firmaron:
                     “tumor en la rodilla derecha, sífilis”, qué sarta de estupideces.
Aquella que malparió a Adán y toda su descendencia.
Aquella que agita las estrellas –y las eclipsa en el estanque del cielo.
Aquella que anuncia los sismos, los hundimientos del espíritu, como un cometa
                                                              en los tapices normandos.
Aquella que es Tarántula.
Aquella que tiene la prestancia de las putas.
Aquella que conjuga el verbo matar en todas sus formas.
Aquella que no responde a identidad alguna.
Aquella que en la ventolera de los días & en el cristal de las noches & en las dolorosas
primaveras nos enseñó el silabario de la muerte para hacernos vivir, nuestra madre, 
                                                                                                         nuestra sangre.

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