lunes, 24 de febrero de 2014

FABIOLA ACOSTA ESPINOSA [11.067]


Fabiola Acosta Espinosa 

(Barranquilla, Colombia) es autora de los poemarios “Las máscaras de cuerpo” y “Al otro lado de la guerra” y ha sido reiteradamente publicada en revistas literarias y periódicos culturales. Ha participado, como invitada, en diferentes eventos literarios. Gestora cultural y coordinadora de la Fundación Artística Casa de Hierro, lidera espacios culturales para su ciudad como Poeta bajo palabra, Encuentro de la niñez y su barrio y el Café al aire libre. Actualmente es presidenta del Consejo de Literatura de Barranquilla.



Al otro lado de la guerra

“El cuerpo es guerra y es Paz”. Federico Nietzsche

Dios de pájaros

Me habitan voces
árboles florecidos
mares  lejanos
seres negros y blancos

Me habita una niña
vestida de río
un disfraz de mariposa
una risa de acuarela
un perro cómplice

Me habita una tarde de ojos amarillos
calles talladas en los huesos, un impulso
un miedo que pestañea cuando da la espalda para  aprender a morir

Me habita un amor de espinas
un canto suave de cuna
eucaliptos bañados de silencio
el alma del vino
un sudor verde en la sombra
una aguja cosiendo una lágrima
un siglo revoloteando en las manos de Dios
un rostro
una vida
el mundo y sus plegarias
un relámpago libre
una noche de centellas
una conciencia sin espantos
un placer amargo
la rabia
el perdón
un corazón de historias encerrado en la tierra
un espíritu de pantera

Me habita un pueblo de parpados cerrados.            









Apolo

Danza mariposa danza
que mañana quemarán tus alas
en medio del  sonido de un tambor
o bajo el hechizo de la flauta de Apolo

Camina inquieta  en la alfombra del misterio
Gira tu cabeza de diamante en el aire
Danza fría y solitaria
desnuda y amorosa
Graba un enigma  
Fecunda  la savia del olvido

En esta mañana de enero
abre tu pupila de llamas
turba el silencio con tu voz verde

Danza mariposa
Danza  
Danza desolada
Devuelve  la inocencia a los mortales
Danza ebria en esta alma enferma
y luego muere satisfecha.







  
Ceremonia blanca

El sol  se abalanza sobre la tierra
Se deja caer entre sus pechos de piedras y gestos.

El sol mezcla su aliento de horas en el ombligo de la tierra
Danza en una ceremonia salvaje
Deja  un sonido de pez
Se acerca tímido a sus  músculos de roca

La tierra se abandona
Le muestra su sexo de hierba
Siempre le espera tendida en sus ramajes.

El sol se agiganta
Extiende sus brazos blancos
Se inclina, introduce su espada en el pubis de la tierra
y la deja con ansias de nuevos amaneceres.







Indiferencia

Esta casa que ya conoces
está alquilada ahora por la
Indiferencia, esta indiferencia
Es ahora su habitante
Ella mostró sus documentos
solventes de desamores, y estampó
su firma de conformidad.
Esta casa se entregó con puertas de hielo
Toda ella es ahora un refrigerador,
donde puedes guardar
tu frivolidad sin que nada le ocurra.






La otra

Ciudades infinitas
Monstruos marinos en la sangre aprisionan este espacio


El tiempo tiembla en los dedos
La duda besa los labios con su boca de piedra
Manos quebradas dibujan este destino
Condenado
Implacable.

Otra alma navega en mí,
Otra que conoce mis fiebres
Y mis guerras.
Es un eco en este laberinto de seres repetidos

La inocencia se confunde
El olvido picotea los ojos
Una lágrima se diluye.
Y
los recuerdos encrespados y
blancos se pasean en los rincones

Caballitos de madera galopean sobre los ruidos del pasado
Su tac tac tac se detiene en los oídos
Rondas infantiles arrullan y respiran

Todo pesa en mí

Ciudades infinitas y monstruos marinos de la sangre

¿Cuándo escribiré la última página de esta novela de hojas repetidas que ya comienza a envejecer?


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