lunes, 2 de septiembre de 2013

LAURA PETRECCA [10.434]


Laura Petrecca 

Nació en Buenos Aires, Argentina. Publicó Pensó que ya lo sabía (Ed. Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2008) y Los Barcos Vuelven ( Ed. La Propia Cartonera, Uruguay, 2010).





De Los Barcos Vuelven:



Caen multiplicándose,
raspan el suelo, muerden el acero negro
cómo creer entonces
eso de que el corazón es el cielo mismo

como si en los caparazones,
las indefensas llamadas
dejaran abierto un deseo próximo instantáneo,

ver un rostro de nuevo

verlo nuevamente,
entero

no formado de partes ajenas,

cuando creer que una cruz de sal que se hunde en el piso,
es más que la cara bien formada,

la que en su cambio no aleja
y en sus monturas no duerme








¿Quién sabe acaso lo antes dado?

como quien no sonríe sujeta la balsa,
en la acidez de la cuerda se ajustan los bordes
y el pez remonta su cuerpo para quedar estallando contra la madera

jamás imaginó que se aceitaba,
que se lamía igual que la costa donde apenas se sentó

donde sorprendido lo vio, donde sorprendido me vio
y atravesó las piernas, las plumas
la goma que le relucía en dedos

solo para quedar dormido,
con las branquias soñando el piso









En el día que acaba
no hay ningún misterio que se esconda

desde el cielo que quisiera aterciopelarse,
el que desde el marco encumbra la sombra más profunda
es cierto todo aquello que llama

lo que inevitablemente se cierne arriba nuestro,
el frío de la mañana se desliza como un peso

¿A dónde iremos?






DEL LIBRO “ANIMALES”



Sentada en el rectángulo perfecto que formaba el mediodía,
desarmando con los ojos las cutículas,
interviniendo las líneas para formar finalmente los animales soñados.




*



Detrás del perfume de la madera quemada
corre entre los dientes el humo,
el vapor espeso de un desconocimiento.

Hay ranuras en los dedos
que vibran diamantinamente
como una porción de cielo




*



Las casas nocturnas vibraban formando una serpiente luminosa que se arrastraba despacio junto a la orilla.



*



Indiecitos solares suben al monte y se recuerdan ahora en la inconciencia.



*



Un nervioso recuerdo
como un cofre violáceo que guarda la noche.
De entre los brotes
lamentos volcánicos, vigilias

Lo que uno sentía en el momento
en el que todo parecía vivo, fértil
como una pulpa sagrada en lo impredecible y lo bueno

De aquello que acerca a Dios en una alucinación fantástica
como si de los tobillos crecieran nuevas capas de piel
más luminosas, más fuertes
y se alejara entonces
toda decepción posible.



*



Un puño pesado
sobre el pecho de una muchacha
Resplandeciente, atento
recuerda con labios gangrenosos

-Si parece real es que es real- y
confiere a las costillas una dicha
que se convierte en llanto;
esas costillas también recuerdan
labios dorados

La música es buena y el gato es providencial

abre las persianas,
y atraviesa el árbol
la mirada que llega desde lejos, que da un paseo por el mundo





*





Nada podíamos hacer para sentir esa insatisfacción.
Por más que quisiéramos dejarla entre los vapores cansados de la habitación, inmóvil,
tiesa y más lisa que nadie,
- con los perfumes de lavanda y suero -
que nos hacían llorar porque nos recordaban algo impreciso, grande.

Deberíamos haberla dejado ahí,
es que a veces corría por debajo de su voz
un ronroneo metálico que era insoportable
como el calentamiento de una turbina cerca del río.




*



Las casas existían con faroles intermitentes y así, los habitantes formaban una serpiente luminosa que se arrastraba despacio junto a la orilla.




*



Se apoyó contra el marco y creyó hundirlo en un momento.
Ya no podía oír a los de la habitación de al lado,
seguramente se habían dormido.

Del otro lado de la reja, se veía perfecta la meseta,
verde inglés fluorescente y un cielo nervioso.
Si la pantera era el animal totémico de su hermano,
él no sabía cuál era el suyo.

Pensó por un momento y luego dejó,
ninguna sería una respuesta verdadera.





*




Una espalda brillante hecha de barro
es lo que distingue a todos
los que caminan en silencio.

Sobre la tierra un poco húmeda
hay círculos de hilo
pero antes, un río.

Los más chicos se ríen
y forman un haz de colmillos de agua.
Se hunden en la tierra sin miedo,
como si pudiesen abandonarlo todo
en los saltos, en el instante previo a la purgación.




*



Los gritos de los chicos
despegaban
con una fuerza elástica
el magenta de los vidrios
y cualquier rastro de polvo en los paredones de la costa.

Pensó que ya lo sabía
y no parecieron extrañas las figuras cósmicas
que jugaban brillantes en los ojos de los conejos
cerca de la ruta.




*



Anuncian las diagonales en los párpados
que parecen almidonadas, buenas
el resultado, luego del calor
y la ausencia, por fin, de cualquier piedad.

Las manos se cruzan plásticas
se acomodan eternamente en el puño de la madre
una extravagancia vieja de pájaros perlados
una gestación amarga.



*



Como una porción de divinidad en los días, son a veces, las cuatro de la tarde.
De abstracción inevitable, dan ganas de untarse a las paredes y permanecer callado.
Qué bueno que es no hablar



*



Supo que era redonda y tiesa
la granada que él mismo sostenía
cuando empezaron a acariciarlo cada vez más fuerte
y sintió cercano a los ojos el fondo del río, el barro.





*



Fue todo bastante claro para él cuando vio que los pies de los otros iban a permanecer ahí y que se multiplicaban en el fondo del río, algunos más impacientes. Ese conjunto de peces muertos lo tenían sujetado convirtiéndolo en una parte más de aquellos escombros plásticos.



*


Ya no importaba si la responsabilidad era grande por entrar desde los jardines a la casa, la importancia de ser tan pequeño era tal vez la de pasar desapercibido y poder observar tranquilo la habitación perfectamente ordenada con las cajas con los frascos y los tapones exactos; esa densidad de nieve que adquiere el lugar de un muerto. El fue el primero en apoyarse en la cama, abismarse hacia el piso y acariciar los almohadones perforados. Se hubiese llevado todo si lo hubiesen dejado, pero a cada intento de caminar, de avanzar con fuerza por aquel espacio, las miradas de los amigos lo detenían con ojos de padres.




*


La cabeza de un toro, con la solidez caliente y los ojos estirados. La fuerza del rasgo trabajador; así era la cabeza de su amado. Una especie de trofeo circular, móvil; la cuerda estirada en un campo de batalla.

Algo enloqueció en las entradas de los silos que ya no funcionan; aquello que se escucha como un tintineo preciso que recorre subterráneo la música de fiesta; lo que viene de otro lado pesa, lo que recuerdo en el metal es un brazo recobrado.



*


En cuanto detuvo la mirada y fue ausentándose de a poco de las conversaciones y también del abrazo del cuerpo que se hacia en el pequeño salón, la mayor parte de su rostro se convirtió a verde inglés.



*



Como por fantasía creo en el carácter holográmico de la cordillera cuando las personas descienden por el valle y parecen querer acurrucarse en la figura rosa como si fuese de allí de donde verdaderamente proviniesen. Como si hubiese un campo igual al hacinamiento de los ojos, al color acaramelado del cuerpo.



*


Las escaleras se humedecen por el paso mismo de quienes las habitan. Ahí donde parece estar muerto aquello que creemos conocido como la antesala de la fiesta se percibe la alegría en algunas luces utilizadas y cierto sudor de jabón que se evapora rápidamente.



*



Se prepara adolescente cierto rechazo
como una máquina rota
que se acomoda bajo la adopción marginal.

Es aquello que se enjuaga
tibio
como un cúmulo de resultados,
de avances huidizos hacia esta realidad
y de repente

No hay más nada

- que limpiar un auto en San Pedro-






Inexacto como un gallo viejo
se cocina en la tierra del pueblo
aceitándose las manos únicamente con lo justo.

- con la porción necesaria de pensamientos-

Para articular los movimientos y finalizar el día .

Para borrar ese aire de tragedia que le damos a aquello que desconocemos.



*



Se preparan salvajes pequeñas jirafas
para batallar cantando el amor por la noche.

Lo que parece miedo en su espesor tibio
en cierto parpadeo incandescente
no es otra cosa que una imagen

- un palpitar ligero que conforma el resto en acidez marina-

Nubla la vista esa caida repentina
desemboco , inexistente yo, en todas las pequeñas furias.

La tierra que cubre un espacio indeciso
fue antes un río y devino en tierra.




*


Fueron a ocupar la tierra que se liberó luego del quebrantamiento de las vías pequeñas libélulas transparentes que eran su cabeza y también las tardes anteriores




*


Levantó la mano por sobre la espalda de su hermano y el movimiento duró entero por sobre las pequeñas costras rosadas que empezaron a soltarse como despegando en olas y ambos pudieron recordar algo de aquello que habían sido o al menos presenciado.




*


Se desplegaron los globos en pequeñas cabalgatas que se hinchaban y retorcían en distintos tipos de un fucsia frío.




*



Se disuelve espeso
un brazo sobre la pared
se vuelve ahí siempre

a esa noche
a ese deseo

apoyar la cara contra la losa
y enfriar los labios
en una pequeña desesperación, una muy pequeña


*


Todo se despega en sonido y debajo de las paredes de la fiesta no parece haber más que imágenes, hipocampos que tornasolan dulce cualquier creencia. Esa pequeña magia se parece a la decepción que consigue un instante brutal de encantamiento; ahí se reconoce el cuerpo solo como un pasado y casi como una idea.







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