jueves, 5 de septiembre de 2013

JOHN MATEER [10.456] Poeta de Australia


John Mateer 

(Nacido en 1971) es un sudafricano de origen australiano poeta y autor.

Nació en Roodepoort, Sudáfrica, en 1971, y creció en las afueras de Johannesburgo. Pasó parte de su infancia en Canadá, antes de regresar a Sudáfrica en 1979. En 1989 se trasladó a Australia con su familia. Asistió al International Writing Program de la Universidad de Illinois. Desde entonces, ha vivido en Melbourne y Perth.




El otoño esta en todas partes

Incluso en una explosión
si se tiene la velocidad de persiana adecuada; las esquirlas de piedra

—proyectiles—se convertirán en hojas que revoloteen y decoren un viento helado.
El otoño está en todas partes. El otoño es tu piel desescamándose,

esas esquirlas que se convierten en peñascos ofrecidos al ojo
de un microscopio de electrones, que se convierten en alimento para polvo-mitas,

que se convierten en la adivinanza del Instante:
¿Cómo es que los momentos, las cosas, tienen existencia independiente?

Sí, si me hallan entre los restos desperdigados de una explosión,
las esquirlas de mis colmillos y muelas probarán mi existencia.

Dondequiera que miro las avenidas de árboles explotan a cámara lenta.

Übersetzung: Traducción al español de Luis Martín Estudillo




Autumn Is Everywhere

Even in an explosion
if you have the right shutter-speed: the shards of rock

– projectiles – will become fluttering leaves decorating an icy wind.
Autumn is everywhere. Autumn is your skin flaking,

those shards becoming boulders offered to the eye
of an electron microscope, becoming food for dust-mites,

becoming the conundrum of The Instant:
How can moments, things, have an independent existence?

Yet, if found among the scattered remains of an explosion,
the shards of my canines and molars will prove my existence.

Everywhere I look the avenues of trees are exploding in slow-motion.

© John Mateer & Publisher







After Returning From A Voyage Of Exploration

On the pillow John Mateer’s sleepy head
is a goldfish bowl aswirl with Venetian water,
and on that galleon, that luminous toy,
he is at the helm, telescope to his eye,
swearing he can’t see Australia.

And when his caravel glides into the Tejo,
as poised and cerebral as a black swan,
he calls for a glass of port and a pastel de nata,
then takes to his bed in a quiet hotel in Alfama,

and dreams the dream:
that one day there will be a poet
named John Mateer, just as there was once,
off the edge of maps, a monster
called Australia.





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