domingo, 29 de septiembre de 2013

DIANA CAROLINA DAZA ASTUDILLO [10.583]

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Diana Carolina Daza Astudillo

Bogotá, Colombia  23 de abril de 1980. 
Es Redactora creativa y Gestora de proyectos culturales y editoriales.  Directora del proyecto de publicación alternativa Piedra de Toque-poesía ambulante-
Estuvo invitada a la oxigenación poética (Cucutá, Colombia, 2001), al VIESPERGESIA encuentro de poesía joven (Bogotá, Colombia, 2002), POESÍA EN ESCENA en la sala Seki-Sano (Bogotá, Colombia, 2003), III muestra poética NARANJA ROJA, Universidad Nacional (Bogotá, Colombia, 2004), y al encuentro LATIGO en Quito, Ecuador en el mismo año.
Su última participación fue en el festival OJO EN LA TINTA (Bogotá, Colombia, 2012).
Sus poemas han sido publicados en revistas de creación literaria de México, Chile, Venezuela, Ecuador, y Colombia.

En el 2003 publicó el poemario: " El Abrazo de los días grises", en la colección "aquí estamos decena" de Funcreta ediciones y en diciembre de 2010 participó con textos narrativos en la publicación colectiva: "Domingo, vendedor de globos" con la editorial Pornos.

Su último poemario: "El nacimiento de la Gargolena", ya comienza a volar.

http://www.piedradetoque2009.blogspot.com/





Ni nidos, ni plumas.

Más de novecientos días 
bajo el efecto de la lluvia 
                    que todo lo crea 
bastaron para aprender por fin 
que de los pájaros que trae el viento hasta tus manos 
no te pertenece ni las nostalgía de las plumas 
que se enrredan en los dedos 
despùes de un adios definitivo.

Somos peregrinos
anidando calor artificial en los nidos del tiempo
vamos escribiendo historias en la memoria de los otros
sumando canciones a la banda sonora de su vida
sembrabdo sentimientos en sus patios
                      para al final
quebrarles en corazón
                                  con tanto olvido.

Lo único que permanece 
es la soledad 
la soledad en el nido de la memoria 
la soledad en el patio de la casa 
la soledad en las manos 
que nos recuerdan el canto de los pájaros 
que llenaron con su color los días.





Revelación

I

El tiempo de la creación estalla sobre la almohada 
la memoria deja de ser ese baúl que acumula postales 
                    de ciudades  enemigas.

El sueño ya no es una cola de dragón
apretando la garganta. 

Ahora deambulas por el árbol de la palabra 
te cuelgas de  sus piernas
comes de los frutos sembrados en las líneas de sus manos
pierdes y recuperas el aire 
con el movimiento de las corrientes del viento 
sobre su piel de hoja.

Sólo ella
                    la palabra 
marcará la línea que debes andar.





II

Una página en blanco será cada día 
y  la palabra 
despejará el camino.

Sus espinas 
serán espadas 
su néctar 
                 el antídoto 
para combatir el insomnio 
portazos  de la vida.





Desembocadura

La muerte es la única brisa que visita mi ventana.

He aprendido a reconocer la desesperación 
en la punta de sus tacones
el deseo estancado en las orillas de su boca.

La invito a atraparme en un beso
se niega
y quizás no lo hace 
pues sabe de la tristeza que carcome esta carne 
y de la falta de fe 
                            que hoy 
                                           la alimenta.

Huérfanas 
ella de ganas 
yo de todo
como niñas asuntadas contemplamos 
los globos reventados sobre el anden de los días 
la perdida luz 
la emoción  sobre las cosas.





La última cena

Nada fue suficiente para callar las voces 
que anunciaban la catástrofe
ni las pastillas verdes
ni la fe a contracorriente 
ni las señales de los muertos.

Las cartas bajo la manga 
no alcanzaron a  salvar del sacrificio 
                    al beso de la buena suerte.

La máscara de los jugadores 
cayó sobre la mesa 
y con ella 
la necedad de querer seguir construyendo 
comunas de fraternidad 
sobre arenas movedizas.

El jardín de  memorias que creímos sembrar 
las cenas servidas/  la colección de botellitas de colores 
que guardaron los silencios que bebimos 
sólo sirvieron para trazar  un  mapa 
que conducía a un nudo de decepciones
nudo de agua salada 
estancado en la garganta.





Brevedad

A Mario y Alfonso

No es destino
casualidades lo que nos une 
un plano de puntos  
                    nuestros encuentros 
dibujo abstracto
quenace cuando las soledades se cruzan 
en una misma estación.

Ponerles nombre 
es  condenarlos  a la oscuridad de la uniformidad  
o              j              o
donde desaparecetodo lo que  lleva una etiqueta.

Importa lo que cada uno pueda robarse 
hasta la laguna del silencio 
que inunda  los cuerpos 
cuando aparece 
el  sueño.







Lo único que permanece
es la soledad
la soledad en el nido de la memoria
la soledad en el patio de la casa
la soledad en las manos
que recuerdan el canto de los pájaros
que llenaron con su color los días.

  



III

Los astros marcaron la terquedad  en mi sangre
exponiéndome  al estallido de las venas
a  recibir golpes tan fuertes como lo anuncio Vallejo
a  amanecer tendida  en la lona
tragando la culpa que otros olvidaron llevarse en los pies
a tropezarme  una mañana  con el  espejo
para  encontrar  la  mirada roja
hemorragia de despedidas postergadas.






Los astros marcaron  la terquedad en mi sangre
y se los agradezco
porque de no ser así
este seguir intentando 
buscar en la vida
el siguiente  poema
no sería el hambre de cada día.

  






Los gritos de los hijos ajenos.
La algarabía de los lugares grandes.
                                   El café negro.
                               Y su ausencia
                                                                        ME TRAGAN.

Vivo entre la compasión de la inconformidad
La paciencia de la incertidumbre.
Y la torpeza de la nostalgia.

El triunfo duerme en mis piernas.

¡Aún me quedan noches para morir
Y nadie me espera en casa!







Mis  palabras,
al hablar de la casa, se agrietan.
Octavio Paz.

Soy el silencio de luciérnagas y  río
que  mis abuelos sembraron en mi sangre
las cicatrices de su desesperanza
se abren como orquídeas en mis sueños.

Soy su silencio de montañas y mariposas
esas mañanas de cosechas de frutas
esperando el beso de los buenos días 
esas tardes de siestas sagradas
sus manos tejiendo la lana
moliendo el maíz
mezclando  el cemento
limpiando el barro de las botas
resaca del invierno.

Soy sus noches desnudas frente a dios
sus pasos rasguñando la madera en las madrugadas
soy su silencio abrazando una guayaba rota
por el egoísmo de los  pájaros
soy su silencio
habito sus secretos
último suspiro de su despedida
soy el eco de sus luchas
cavando un hueco en estás páginas
en esta vida
para sembrar  las semillas de su entrega
esperando que un día
sus raíces empujen mis pasos
cuando  ya no sienta ganas de seguir andando.

  





-Nota  diecinueve -

La casa  presiente la llegada del habitante
nada lo espera
la  gotera  en el lavamanos
anuncia el suicidio de las cosas
a fuera todo se mueve
adentro todo se cae
se desase
con el portazo
que resucita la  inutilidad del ser.





-Nota doce-

Una sombra con dos cabezas
ha quedado  dibujada en las cortinas
una húmeda y doliente sombra
desahuciada sombra 
hambrienta sombra
buscando  en el sexo
una descarga de vida.

Una sombra con dos cabezas
hecha  poesía en un grano de polvo
fuimos.






También somos
Lo que abandonamos.
Amores perros.

Hombres piel de lagartija marchan en la memoria.
Músicos de manos claras que armonizan el silencio de ayer.
Fantasmas
Impenetrables
De pasos largos.

Nos recuerdan el fracaso y la alegría en una pesadilla de niñez.

Cómo pesa el no haberlos amado
Antes que el año terminara.

Quizá pesa más
Este miedo a quedarnos solo
Persiguiendo  al olvido.







-Nota  ventitrés-

Alguien acaba de abrir la puerta del patio de atrás
ese espacio en abandono
agrietado
por la solemnidad
de  los días inútiles.

Hacían falta más que  frecuentes visitas curiosas
desde la cerca
presentir  huidas 
descifrar  el santo y seña oculto en el jardín.




Un giro del cerrojo
despertó  el  apetito de la soledad
devolviéndole vida a la casa. 





Hay silencios perpetuos que abrazan  puertas
como hay  cerrajeros de secretos
que ahuyentan  fantasmas.
  







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