domingo, 25 de agosto de 2013

RODOLFO BRACELI [10.367]



RODOLFO BRACELI
Poeta, ensayista, novelista, dramaturgo, cineasta, periodista.
Nació en Luján de Cuyo, Mendoza, en 1940. Vive y trabaja en Buenos Aires desde 1970. 

Varios de sus libros fueron traducidos al inglés, francés e italiano. Algunos son texto de estudio en escuelas de periodismo, talleres de teatro y en universidades argentinas y de los Estados Unidos.
Sus Reportajes Latinoamericanos aparecieron en diarios y revistas de 23 países y en 9 idiomas.

Libros publicados 

Su producción literaria supera la veintena de títulos, entre ellos:

Biografía

“Fontanarrosa, entregáte. / Y vos también, Boogie. Y usted también, don Inodoro” (1992)
“Julio Bocca  / Yo, príncipe y mendigo” (1995)
“Mercedes Sosa / La Negra” (2003). Segunda edición, 2010 Taducción al italiano (Giulio Perrone Editore) y al polaco (Pròszynski S-Ka). 

Teatro

“Federico García viene a nacer” (1986)
“Y ahora, la resucitada de la violenta Violeta” (1991)
“El novio de la memoria / Una resurrección de Cabezas” (2000)
“La Misa Humana” (1998)
“Tejada Gómez viene a nacer” (2006)
"Vincent, te espero desnuda al final del libro" (2007)

Novela

“Padres nuestros que están en los cielos / borgesperón” (1994)

Cuento

"Perfume de gol", dos ediciones, Editorial Planeta, 2009 y 2010
“Querido enemigo”. Editorial Planeta, Buenos Aires, 2013

Ensayo (Conversaciones trans–textuales) 

“Fuera de contexto” (con Oliverio Girondo, Henry Miller, Juan Rulfo y entre Kafka y Van Gogh) (1991) 
“Don San Martín, ¿a usted qué le parece?” (1992)

Ensayo - Ficción 

“Don Borges, saque su cuchillo porque he venido a matarlo” (1979 y 1998)
“De fútbol somos”  (2001)

Ensayo periodístico (Reportajes y entrevistas)

“Caras, caritas y caretas” (1996 y 1997)
“Borges-Bioy / Confesiones, confesiones” (1997 y 1998) 
“Madre argentina hay una sola” (1999)
“Argentinos en la cornisa” (2001)
“En qué creen los que SÍ creen” (2001)
"Escritores descalzos" (2010). Edición española: Clave Intelectual, Madrid, (2012)
"Gabriel García Márquez. Lo scrittore nel laberinto di ogni giorno. Conversazione con Rodolfo Braceli." Giulio Perrone Editore, Roma, Italia, (2011) 
"Ciento un años de soledad" (2012)
“Libro-Antología de Entrevistas” (realizadas entre 1965 y 1998: Antonio Di Benedetto, Luis Federico Leloir, Alfredo Alcón, Julio Bocca, Luis Politti, Valentín Céspedes –hachero-, Tato Bores, Quino, Bioy Casares, Estela Carlotto, Nicolino Locche, León Gieco, Mercedes Sosa). Diario Jornada y Diario Uno, Mendoza, 2012

Poesía

 “Pautas eneras” (Primera edición, prohibida y quemada, junio de 1962; segunda edición, diciembre de 1962; tercera edición, Capital Intelectual y Diario Jornada, Buenos Aires, 2011). 
“El último padre” (1974, 1978 y 2004)
“La conversación de los cuerpos” (1982)
 “Cuerpos abraSados” (1984)
"Vincent, te espero desnuda al final del libro". Alción Editora, 2007. Segunda edición, Galerna, 2009.

(La obra de Rodolfo Braceli se puede encontrar completa en la Biblioteca Nacional, Argentores, Biblioteca Teatral Hueney, Biblioteca Gral. San Martín, de Mendoza, TEA, entre otras.)

Periodismo

Comenzó en el diario Los Andes, de Mendoza. 
Fue director fundador de la agencia de reportajes latinoamericanos PlenoSur.
En Buenos Aires, entre otros medios, fue redactor especial de la revista Siete Días, redactor jefe de Gente, jefe de redacción de la revista-libro Plural, jefe de redacción en Latinoamérica de Europa Press, a través de Ameuropress. 
Sus reportajes y notas fueron traducidos a nueve idiomas y publicados en 23 países. 


Teatro

Con algunas de sus obras se inauguraron teatros: en Mendoza, la Enoteca, y en Buenos Aires, La Capilla y la sala Roberto Arlt del Paseo La Plaza.
Su obra poética, teatral y periodística tuvo lecturas públicas y escenificaciones por destacados actores, entre ellos: 
María Rosa Gallo, Jorge Marrale, Alicia Bruzzo, Inda Ledesma, Rodolfo Bebán, Mario Pasik, Jorge Rivera López, Manuel Callau, Gerardo Romano, Golde Flami, Ulises Dumont, María Vaner, Edda Díaz, Alicia Berdaxagar, Hugo Arana, Virginia Lago, Alfredo Alcón, Patricio Contreras, Juan Leyrado, Cristina Banegas y Miguel Ángel Solá.


Cinematografía

Escribió y dirigió:
“Nicolino Intocable Locche” (mediometraje, protagonizado por Locche).
“Qué será del siglo, qué será” (cortometraje, co-realizado con Juan Mandelbaum).
Fundó el sello Films de la Intemperie.
Como crítico, se desempeñó en el diario Los Andes, de Mendoza, y fue corresponsal de la revista Talía (dirigida por Emilio Stevanovich)


Conferencias, seminarios

Dio conferencias y recitales poéticos en once universidades de los  Estados Unidos y en numerosas entidades culturales y universidades de la Argentina sobre asuntos muy diversos: la democracia, el fútbol,  lenguaje y sociedad, humor y sociedad, etcétera.

Su seminario “Periodismo y literatura: El reportaje, secretos de profesión” lo dicta en escuelas de comunicación social y universidades.

Desde hace años viene trabajando sobre la confluencia de disertación, reportaje y teatro, en un nuevo género que denomina “Conferencia teatralizada” (en octubre del 2006, en la Biblioteca Nacional, realizó “Antonio Di Benedetto, sus días, sus noches, sus siestas. Y sus fantasmas”, con actuación de Juan Leyrado).  


Algunos premios y distinciones 

Como periodista, obtuvo el premio “Pléyade” (por su entrevista a Gabriel García Márquez, 1996). Y “Al maestro”, premio TEA (1996).
Como dramaturgo, ganó el Primer Premio Municipal de Teatro (Buenos Aires, 1991-1992), por su libro “Y ahora, la resucitada de la violenta Violeta” (escenificado con el título de “Violeta viene a nacer”).
Por su trayectoria como escritor y periodista, en el 2001 fue declarado Ciudadano Ilustre de Mendoza; y en el 2003 Ciudadano Ilustre de Luján de Cuyo, su lugar natal.




Poemas de 
Pautas eneras



1

Heme aquí:

de pronto solo,

arrinconado
de cuclillas en mí mismo.

He comprobado de repente
que a pesar de sus inmensas orejas
los hombres son sordos.
Yo les grito,
les hago señas,
pero ellos siguen caminando.
Indiferentes, me dejan a la vera de la vida.

…estoy ausente hasta de mi rabia:
quieto,
con los brazos
largos
de tanto apuntar al suelo,
callada la boca
los ojos cansados de buscar
y de luego retornar desencantados,
el corazón disponible
los labios inéditos.

…Joven apenas
algo niño aún, heme aquí:
casi afónico de sentimientos
de tanto gritar callado,
cansado de estar cansado
y temo que hasta de respirar.

Agotada mi saliva,
seco de lágrimas

…en medio de una muchedumbre
hecha a mi imagen y semejanza…





59

Qué bello
es mear de noche
después de una larga jornada
hacia los cuatro puntos cardinales:

mear a la intemperie
bajo las estrellas
con las piedras por testigo.

Plegaria con arena

¡Dios o lo que fuera!
no nos condenes
a ser arena y nada más
arena larga y sucesivamente.

Danos, al menos,
la posibilidad de sufrir

y de no creer en Ti.






El hermano de Dios

Dios está viejo.
¡Que venga el hermano, entonces
 –el hermano menor, se entiende–
porque, definitivamente,
Él no está para los presentes trotes.
Por lo demás, Señor Juez,
América latina
reclama un Dios con paciencia,
y en lo posible
de su misma generación.

¡Pobre Dios!

¡Pobre Dios!
¡Pobrecito!
Yo no quisiera estar en su pellejo.

No me explico
cómo se las va a arreglar
para ser justo

con los muchachos de este siglo
y con las muchachas
y con los niños;

sobre todo con esos niños
a los cuales no sé
si aún les queda
la posibilidad

de un padre carpintero.







Poesía/Plegaria Furiosa para las Madres Abuelas/Por Rodolfo Braceli
por Rodolfo Braceli

http://www.rodolfobraceli.com.ar/


Octubre se nos quedó atrás. Y nosotros muy entretenidos, excitados, como es costumbre anual, por el anuncio de los premios Nobel. Nunca terminamos de cicatrizar la frustración porque no lo consiguió una y otra vez y otra vez tampoco el sumo ciego, don Borges.
Este año, nos dijimos nuevamente: “A ver si ligamos”. Porque no hay caso, nos gusta, demasiado, ser campeones mundiales. ((Digámoslo bajito pero no dejemos de decirlo: aquí, el que no es campeón mundial de algo, es un pelotudo.))

Sigamos: el esperado Nobel de literatura no fue para Gelman, nuestro hondo Juan.
El muy esperado Nobel de la Paz no fue para las Abuelas de Plaza de Mayo. Otra vez será o no.
Gelman, poeta como es, seguirá crepitando, destripando palabras para que las palabras digan algo más.

Y nuestras porfiadas Madres Abuelas no le aflojaron, no le aflojan, no le aflojarán. Ya consiguieron devolverle la identidad a 102 seres que fueron robados al nacer por aquella dictadura que primero, tortura mediante, violaba las vidas. No le era suficiente. Después violaba las muertes, negando la identidad de la sepultura. No le era suficiente. Finalmente, además, como yapa atroz, afanaba criaturas de cuajo, arrancadas en el umbral del vientre.
Quedan por encontrarse alrededor de 400 secuestrados en su identidad. La no otorgamiento del Nobel a las Madres Abuelas, es una anécdota, un mero detalle comparado con el descubrimiento que ellas vienen haciendo, de cada identidad. Porque cada una es un parto, un nacimiento.
Estas mujeres prodigiosas nos vienen enseñando la ciencia de la paciencia.
Enseñando que la paciencia es lo contrario de la resignación.
Enseñando que la tan basureada memoria no es retroceso, porque semilla el futuro.
Tienen, ellas, el mejor optimismo, el optimismo de la memoria.
Entonces, si me permiten, ¡al carajo con el premio Nobel!
Y ya mismo descorcho y propongo brindis. Brindo por las Madres Abuelas que fueron la última cornisa de la dignidad en una sociedad, en su promedio, indiferente y digestiva.
Brindemos con el luminoso vino oscuro, con agua, con lo que haya: ¡Salud! ¡Huija!
Para acompañar el brindis retomo una plegaria al revés, de intemperie, que me nació como posdata de mi libro Madre Argentina hay una sola (Sudamericana, 1999)

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– Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia.
¿Qué sería de nosotros si Ellas, las Madres Abuelas, no existieran?
¿Qué quedaría de nosotros si Ellas no hubieran salido
a alumbrar la más eterna de las noches?
¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?
¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas?¿Estaríamos?

– Ellas nacieron para semillar semillas.
Ellas nacieron para resucitar lo desaparecido.
Ellas gritan con el alarido y gritan con el silencio.
Pueden desentenderse del hambre y del frío y del dolor.
Supieron, ellas, convertir a la intemperie en abrigo
y a la desgracia en linterna.

– Fueron la única la luz que atravesó aquella demasiada noche
impuesta por los dueños de la vida y de la muerte.
Ellas se tutean con el milagro
pero no esperan que caiga del cielo.
Una de dos: lo hacen o lo hacen, al milagro.

– Si el diablo mete la cola, no importa:
ellas siguen adonde iban.
Si Dios no baja, no importa:
ellas llegarán donde querían.
Ellas van, siempre van:
van cuando van y van cuando regresan.
Van hacia adelante, aunque giren:
ellas son la memoria del círculo.

– Ellas, al miedo, lo dejaron sin uñas sin dientes sin aliento.
Pueden, ellas, mirar la oscuridad sin un temblor,
y pueden mirarlo al sol sin bajarle la mirada.
Tenaces, porfiadas, tercas,
ellas son el templo andante
del último resto de locura que le queda al mundo.

– Salen, ellas, a sacudir a los que se esconden
en la abstinencia, en la distracción,
en el borrón y cuenta nueva.

– Salen, ellas,
a darle vuelta los bolsillos a la muerte.

– No necesitan brújula, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan sol, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan luz ni luna, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan escudos, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan pensar, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan armas, ¡para eso sus corazones!

– Salen, ellas, a cara descubierta,
a buscar una arena en el desierto.
Y la lluvia les baja por pómulos hombros pechos vientres piernas.
Y el sol les seca pómulos hombros pechos vientres piernas.
Y tienen, ellas, olor a sí mismas.

– Pobrecitas y colosales, ellas.
– Desguarnecidas y huracanadas, ellas.
– Impacientes pero con cuánta paciencia, ellas.

– Llegado el caso
pueden voltear la pared y correr de lugar la pirámide
y más todavía:
pueden deletrear el desierto arena por arena
hasta encontrar la sílaba,
el rostro de la arenita que buscaban.
Y cuando la encuentran a su arenita
dicen hija mía, hijo mío,
y nada más dicen,
ya están abrazándose.

Camino se hace al andar, conciencia se hace al girar.
Si es rueda la Vida, rueda por ellas,
por sus corazones con paciencia.

– Así fue. Así es. Así será.
Pero, ¿por qué, por qué
ni de noche a ellas se les apaga el sol?

– Porque saben, ellas, pensar con el instinto.
Porque tienen, ellas, el optimismo de la memoria.
Porque ¡ya basta de acusar a la piedra, de la pedrada!

– Porque cuando llegue el momento de rajarle el vientre al Apocalipsis
(ese momento llegará, llegará…),
ellas, justamente ellas, serán las que hagan profundo el tajo.
No les temblará el pulso.
Y después del tajo, ellas, desde muy adentro,
le arrancarán una aurora,
al Apocalipsis.

– Entonces, acunarán al nuevo día,
le arrimarán el pezón y le darán de mamar.
Y la Vida no tendrá más remedio que continuar,
¡por ellas, las del vientre!
¡por ellas, esposas de la Vida!
¡por ellas, mujeres de la Vida!

– Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia.
¿Qué quedaría de nosotros si Ellas, las Madres Abuelas,
no hubieran existido?
¿Qué quedaría de nosotros si Ellas no hubieran salido
a alumbrar la más eterna de las noches?
¿Qué hubiera sido de nosotros? ¿Qué?
¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas? ¿Estaríamos?

– Sin ellas, los puntos cardinales
no serían cuatro, ni tres, ni dos, ni uno, ni nada.
Sin ellas, esta olvidadiza patria idolatrada,
sería un definitivo agujero con forma de mapa.
Sin ellas, de tanto tocar y tocar y tocar fondo
¡hubiéramos desfondado el abismo!!!




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