miércoles, 14 de agosto de 2013

CLAUDIA SOSA LICHTENWALD [10.340]

Sosa Lichtenwald

Claudia Sosa Lichtenwald

Entre Ríos, ARGENTINA 1975  
Poeta, licenciada en Comunicación Social, especialista en redacción y periodista, nacida en la ciudad de Paraná. Desde el año 2000 y hasta el 2012, colaboró en el suplemento cultural y de espectáculos Escenario, del diario Uno. Participó como expositora en la revista literaria Oral, y fue panelista de periodismo cultural en el primer Encuentro Entrerriano de Escritores, en el año 2004. Formó parte del Café Literario, de la SADE filial Entre Ríos. 

Obra Poética

Sobre el temblor del Minotauro, Fundación La Hendija, Paraná, 2008
En la laguna de la rana azul. Cuento infantil, Fundación La Hendija, Paraná, 2011
Tigre y caramelo, nueva poesía entrerriana, compilación de Marcelo Leites. Ebook, poesiaargentina.com, Buenos Aires, 2013





Despejo

En la cueva desierta
devorará las manos sin joya
la eternidad
cuando la cautela
abra la jaula de los pájaros.






El desorden tiene para decir

Las medias, los zapatos, la
silla y dos pantuflas viven
el piso pálido y
se dibujan grises en las paredes blancas.
Tan blanca como era la grasa de cerdo
que se quemó
ayer
en la cocina.






Besos de purpurina rosa

Una almendra, la noche.
Una mujer apura el bocado para salir
a retorcerse.

Una guinda, la mañana.
El rojo diluido en el
sudor estampa sábanas baratas.

Una pera, la tarde.
El cuerpo cansado reposa
del hastío rancio de otros cuerpos cansados.

El rimel corroe la mejilla sin rubor
por culpa de la lágrima.

Las putas para Gabo
son tristes y suyas,
pero tienen memoria.

Las lágrimas no lloradas
disparan flechas al infinito,
dice la madama.






La anábasis frente al espejo

(El reptil pide asueto
del otro lado del ropero).
La maraña de dudas
escondida en cada
habitación de la casa,
añora el debajo
de la alfombra.
Bajo la lupa el estupor
predice pasos y caminos
de polvo circular.
Lejos del barullo
en el ruido y la mudez del espanto
una serpiente pierde la piel.
Y el cinto,
y la cartera,
y las botas
–símil–
evocan la metamorfosis.





Fulgores marinos

      1

Marzo durante
una estrella
guiña un ojo
y promete amor
antes de caer.

      2

Las pupilas
azabaches espejan:
un mar de besos,
gélidos peces en
rejas diamantinas.

      3

Las merluzas sin sartén
susurrantes
anuncian
que las caracolas
envidian la perenne fragancia.

      4

Contempla el poeta
la noche marina
y los ojos cierra
cuando el velador
–faro intermitente de los sueños–
apaga.





Eclipse de la flor del árbol

Atrapados en lila-celeste
van los pechos
sin congoja
de los amantes.

Agradecido llora
el jacarandá que contempla
a un niño fugaz-recolector
de semillas.

Se oscurece
el árbol
cuando la sombra
de un amor pasa.

Levitan
las hojas
que no se atreven
a tocar el suelo.





Libelo

A los pies de un hombre la mujer liba:
el libatorio de las libaciones,
el libamen del libamiento,
el libelar del libelista.
¡Oh! Libélula libertina.






Tres preguntas para una respuesta solitaria

¿Acaso ya no hay abejorros ni escarabajos?

¿Dónde brillan los bichitos de luz?

¿La madurez impide ver caracoles y bichos bolita?

Aún así, las babosas mastican las hojas de una planta de albahaca.






Desierto

Desde el aliento de las Bocas,
respira pezuñas partidas por la sequía
el toro viejo.

Camina y trafica semillas,
trasplanta pensamientos.


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