sábado, 27 de julio de 2013

JUAN NOEL MAZZADI [10.279]



JUAN NOEL MAZZADI 
Juan Noel Mazzadi (Junin 1932-1993)
Nació en Junín, ARGENTINA el 5 de Julio de 1932 y falleció el 7 de Marzo de 1993,. en el Hospital Zonal de Agudos de Junín. Fue músico y poeta y vivió sus 61 años en Junín, La Plata, Buenos Aires y otra vez en Junín, alternativamente. Como músico fue integrante fundador del «Quintango», conjunto de avanzada tanguera con el cual grabó dos larga duración.
Luego se integró como pianista al conjunto del reconocido Osvaldo Piro. Desde 1975 y durante seis años fue pianista del «Sexteto Mayor», con quienes recorrió gran parte del mundo con gran éxito y grabando un total de seis larga duración.
Compuso varios tangos y realizó innumerables arreglos para tangos y temas folclóricos, especialmente del «Cuchi» Leguizamón, aunque nada de esto dejó escrito.
Como poeta, sin duda, su testimonio es más vasto. He aquí su recorrido cronológico de obras:
1957-1960 «Poemas». Aparecen poemas suyos en la «Antología del Noroeste»
1961-1962 «La Estatua Ecuestre», novela.
1962 - Gana el premio de la revista «Vea y Lea» por un cuento.
1965-1967 «La Muerte», y «Mi amante, mi amante», poemas.
1967 «Esto no tiene nombre», teatro.
1969 «EI Señor Quijano», comedia musical y «Cartas y Comunicaciones», poemas.
1970 - Hace comentarios y críticas sobre «Las novelas policiales» por Radio Municipal de Bs. As.
1970-1984 - Escribe entre estos años los cuentos de «La cuarta Fortaleza».
1971 «Lupus», teatro; «Dip», teatro.
1976 «Poemas en Brasil (viaje y encuentro)», poemas.
1978 «El Mal», poemas y «Japón», poemas
1978-1980 «Cartas y Comunicaciones», poemas
1980 «Cuaderno de Bitácora», poemas; «Dencamecón I» y « Dencamecón II», cuentos.
1981 « Dencamecón III», cuentos; «La Paz Frutal del Paraíso», poemas
1981-1982 «Poemas»
1981 «EI Adiós», y «Los Ángeles, los Duendes», poemas.
1982 «EI Faústico»; «Lirón con miel»; «Plegarias de Adán», «Desde la otra orilla»; «Del amor y del adiós», poemas, y «Dencamecón IV», cuentos.
1983 «Parlame D'Amore, Mariú», poemas; «Agonizante», prosa; « Tremante», poemas; «EI otro Fausto», poemas.
1984-1986 «Lucy», teatro.
1986 «Quinta Fortaleza», cuentos; «Ciudad del Viento I y II», teatro sobre la historia de la ciudad de Junín.
1986-1989 «Fantasmas Chinos», cuentos.
1987 «Dencamecón V», cuentos.
1991- (en adelante) - «Gerón», cuento; «Lisystrata de Aristófanes», adaptación; «Cuentos», cuentos; «El libro de Nelly», poemas; «Cartas y Comunicaciones», poemas; «El Republicón», novela.
Todas estas obras permanecen inéditas, sus pocos libros publicados han sido siempre a través de Ediciones Salido de Junín y la lista es la siguiente:
1982 «EI Mal», poemas
1984 «Colección», poemas
1988 «Los Mágicos», cuentos
1989 «Tangos», poemas.

Los cuatro libros salieron por la Colección Ranchorión de Ediciones Salido a excepción de «EI Mal» que pertenece a la Colección Alazán. «Colección» está integrado por fragmentos de gran parte de libros escritos a través de 26 años de labor.
Las ediciones de Mazzadi fueron escasas por indicación del autor así como las tiradas de ejemplares, excepción hecha con «EI Mal», único libro que fue distribuido ampliamente en la Argentina. «Colección» constaba de un total de 100 ejemplares, «Los Mágicos», de 100 ejemplares y «Tangos» de 25 ejemplares personalizados.
A principios de los años '80, Mazzadi, de vuelta en Junín, traba amistad con los poetas del grupo nucleado alrededor de la revista «Maldoror» y publica en la revista entre 1983 y 1984 un cuento titulado «Idea de los peliagunes», un poema de «EI Mal» y un texto autobiográfico llamado «Itinerario del Dolor». Asimismo, a través del director de «Maldoror» se consigue publicar un cuento y poemas suyos en el suplemento Cultural del Diario «Rosario» de la ciudad del mismo nombre. Mazzadi se sintió atraído por los jóvenes poetas del grupo, Rodolfo Álvarez, Carlos Marcaida, Sergio Rigazio, entre otros y hubo una cómplice reciprocidad entre ellos. Asimismo por aquellos años se funda en Junín la agrupación de plásticos «Masarte» con Ricardo Salido, Daniel De Camillis, Gerardo Ferrarotti, Álvarez y Rigazio, y allí también Juan N. Mazzadi colabora en charlas del grupo sintiéndose uno más entre los jóvenes artistas locales. Como siempre desdeñó la «oficialidad» en el arte, se correspondía con la rebelión y la transgresión auténticas, quizá por eso nunca se preocupó en publicar, bastaba para Juan escribir auténticamente sin ataduras. De aquel grupo de poetas de «Maldoror», con quien mantendrá a través de /os años una mayor correspondencia (no sólo postal sino también de vivencias poéticas), es con Rodolfo Álvarez."

Texto obtenido del libro “endechas, juan”. Que le dedicara Rodolfo Álvarez, 1993, Junín, Ediciones Salido, Colección Ranchorión.
Posteriormente, Álvarez y Rigazzio, durante 1996, en un plan de recuperación de los textos inéditos de Mazzadi, editaron a través de “Ediciones de la Pampa Chata”, su poemario “Japón”. No tengo noticia de que la recuperación de los textos del autor fuera más allá que esta edición. En todo caso, será un motivo de corrección al presente post.











La mano extendida, la mano levantada (Kioto)

Templos de Kioto barnizados
por inmensos engaños
los biznietos de los nietos de los
poderosos
-aquellos que pagaron las piedras
iniciales
quemaron el primer incienso
pidieron a unos dioses
tan ingenuos como ellos
vida repetida, felicidad de amor
perpetua,
oro, triunfos en la guerra-

los descendientes de aquellos
muertos
que murieron de pronto y solos
como cualquiera
esos conservan y veneran y
pintan
de rojo las espléndidas columnas
del Heián
cuidan los capiteles, las tejas,
la armonía verde de los parques
y así bajo la lluvia los Templos
crecen
vívidas gemas
altares de la imposible Eternidad.

Sin embargo
cuando el ave Hoo del Paraíso
tiende a volar sus alas de bronce
y en el ocaso el Templo Dorado
se me aparece luminoso,
perfecto,
con su miel interior petrificada,
su pasiva entrega a la quietud del
agua,

empiezo a querer para mí que
vuelva
a renacer mi vida
que incontables veces el ciclo
se repita
añoro con dolor mi juventud
el triunfo en la batalla
que se inició perdida
el oro que no tendré jamás, el
amor
de cuando el amor era tan fresco
como los nevados cerezos del
Kiyomisu.

Ejércitos de ídolos del
Sanjúsangendó
alineados a la espera de mi
plegaria
condúzcanme hasta el Antiguo
Maestro
para que con su diestra
levantada
me enseñe
la resignación
y con su izquierda extendida
me haga el don del olvido.

De "Japón" Ediciones de la Pampa Chata. Junín, 1996.








"Vamos,
no hay que perder la cabeza..."

Es idiota recurrir a médicos,
sicólogos inexpertos, siquíatras o pastillas
si uno del tango sabe que fumar es malo,
malo el vino, malos los militares,
malo el copetín de madrugada.
Sabe en cambio que son buenas
las mujeres sabias
que preparan tus comidas,
que te encuentran y te pierden,
que siempre están llegando,
siempre partiendo.
Esta es la más antigua ley
del conventillo.

De "Tangos" 1989 Ediciones Salido
Junín, Bs. As.



(Juan Noel Mazzadi, de “EL MAL”, Ediciones Salido, 1982, Junín, Pcía de Bs As)





(del adentro)

Cuáles son dónde aparecen
los signos de la depravación, del engaño? ...

Será el poro en la piel de la mejilla
el punto débil
que de pronto no resiste más
y desde allí la grieta hasta el abismo
que hay en el corazón? ... Será el iris
transparente en cuyo fondo
baten, cuando llega el impensado atardecer
las alas cenagosas un instante, no más,
y se van pero para volver? ... O será
una marca diabólica visible
que desde el nacimiento llevamos en la nalga? …

En los oblicuos bosques de la frontera
floraciones en el límite de uno mismo
que las brumas ocultan
quizás crezca el escuálido árbol del Mal
enfermo y quebradizo y sobreviva
para que su única flor que nunca veremos
arome nuestro aire el universo
valerosamente edificado
y  el olfato se estremezca
por la incomprensión la emoción el dolor
y el almíbar nefasto
pringue las columnas
el peso de las enredaderas
derrumbe el techo la selva mastique
los cimientos el Mal se aparezca así
como un hedor de caliente volumen o puede

 mostrarse fugitivamente
en el cielo del desnudo Tsugaro
como una uña pensativa que casi no atina
a rozar la cuerda, la única,
el nervio al descubierto
oh Mal que me tocas apenas
pero yo soy tu instrumento
oh Mal que me transformas
en sonido frío,
en párpado de hielo.







(de recuerdos)

No podré, no,
amar como amé a aquella.
Ella era
la sombra que adormecía mi luz
la borrasca de negra miel
sobre un odiado pueblo reseco
en el verano, ella era
mi amante, mi amante.

¿Cómo pasó, a dónde fue, sobre qué
sembradío cayó su ardor? ...
¿O murió en mí, en mí quedó
y ella, la que fue, es hoy
ninfa vaciada, estatua,
y en un calcinado jardín se deteriora
perforan las gotas del fuego del sol
su seno su grupa equina
sus hondas cuencas habitan las avispas
sus pies de yeso son comidos
por la lluvia? ... Nunca lo sabré,
mi amante, sólo me quedan
las divinas palabras que por tí
para tí brotaron hace mucho.

Hoy, fangosos arios de palabras adelante
soy un gastado mentidor que cree aún
renacer con cada una
babosea sus encantos sus sonidos
cuando nombra dios amor límites
y así confía alzarse muy en lo alto
levemente sostenido
gusano hacia la luz.

¿Qué otra treta urdiré
qué engañoso reclamo
a qué espanto invocaré de noche
en este cementerio en que reposa
el desvaído aroma de las arvejillas
y en que ha sido sepultado
el segmento de una línea
de un quebrado borde de pelvis
el contraluz de tu pómulo, la mejilla,
el pezón extinguido? ...
¿Qué se me ocurrirá ahora y a esta hora
para arrastrarte hasta mi mesa
de escribir nevada de ceniza
donde por siempre renacen las llagas los papeles
y un pequeño reloj adelgaza mi vida? ...
¿De dónde sacaré fuerzas para aupar
pesados trozos unir los restos armar
a la mórbida gigantesca mujer
cetrina pegajosa desbordante
que fue mi aliento mi posesión
aquella, mi amante, que me poseyó? ...

Preguntas. Sarmientos retorcidos.
Ninguna guardaré ni dará fruto.
Ni complacen al mustio solitario
en que me he convertido.
Y tus éxtasis, mi amante, que otras imitan,
hoy me llegan acaso
como llamados de pichones
que del invierno,
de altos y desprotegidos nidos
no quiero, no podré rescatar.







(de la forma reflejada)

¿Por qué me acuna el Universo entero
y al rotar la hora nona, en estallido
que quita para siempre la respiración y el sueño
ese Universo ya no es el mismo
y ya no es más el mío? ...

¿Es que te has adormilado
mientras se diversificaba la materia
en breve lapso,
odiosa pululación de gérmenes y de algas,
Forma Ajena que apareció,

o despertó el Universo del letargo
para sorprender y capturarte
carente de ademanes defensivos, pescuezo
y brazos gachos, la nuca al descubierto,
a tí, a nosotros, tan altivos

cuando el Universo era nuestro,
del Uno unido a la majada
pastón de harina, agua, sal
con horno esperando para cocinar,
olfatearnos, purificarnos en la Cena? ...

La Forma venida del Afuera
implantó sus zarpas y mató al emisario.
Ya no prosperará la madera
que alguien trabajó hasta el espejo
del violín de su sensible alma
ni se reunirá el Consejo de la Peña
en el filial amor por la planta
que nos alimenta, que nos envenena.

Hombres que hemos sido inauditamente violados
y hombres que ensucian el agua sin respetar la sed:
¿Qué haremos dentro de un siglo, de un minuto,
cuando descubramos nuestra cara reflejada
en la tierna corriente de la laguna? ...







(de los nidos de ginebra)

Mis mediodías son sótanos despellejados
que el sol lastima,
los ruidos de grillos
los roces sin piedad de zapatillas, de plumas
contra los zócalos,
los aullidos horrendos de las mariposas, la centella
de un fósforo que parte mi cerebro,
los cigarrillos que empiezan su carrera,
todo está contenido en Tu mediodía, Señor
Dios, sálvame
de esta hendida, de la caravana
de pianos de arena y de sus frases
que ya los sabios tuvieron por indescifrables,
de violas y violines que prosiguen con raspidos
un discurso insulso,
la casa sombría no es protección,
los santos me dan la espalda, Dios
que me olvidas.
Tu rata, como sabes, vive hambrienta
en dormitorio desconocido, acurrucada
contra el pie de una cama Sheraton
y pende de murmullos, de amenazas
refugiada en un gramo de oscuridad
con terror hacia un trayecto de centímetros.
¿Creen en Ti las ratas? … Quieren,
supongo vivir, frotarse el hocico con el hocico
de sus congéneres,
durar con el estómago caliente
canturrear en la penumbra de sus festividades
hurtar carroña, soñar penetraciones,
no se sienten culpables sino ágiles
al corretear más allá de su agujero
o volver a él, muerden y matan
lustrosas, lavadas en el placer, en el miedo,
entre el tufo de sus hijuelos,
hembras y ancianos de la inmunda raza
pero Hoy es Tu mediodía
y ha quedado aislada, es rata
que me da un asco indecible,
asco también ella me tiene, nos odiamos,
va tentando el sendero de su cueva,
ignorándola me escurro hacia otro lado,
hacia las huchas donde guardo
la ginebra, ella
regresa a su poblado apestoso,
yo, Señor, espero el llamado
de Tu voz,
solitario y ajeno. Tus criaturas
somos iguales, no lo repitas,
pero la rata tiene una consistencia
que yo no tengo, un orgullo, una indiferencia
de déspota, come mis detritos y está entera,
yo le tengo miedo, se aproxima el final,
te pido una mirada, complacencia
por el poeta, tiempo bonancible, una flor,
años de sueño,
y Tu perdón, Dios, Tu perdón.

(Juan Noel Mazzadi, de “EL MAL”, Ediciones Salido, 1982, Junín, Pcía de Bs As)


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