viernes, 26 de julio de 2013

CLAUDIA SBOLCI [10.267]



Claudia Sbolci nació en 1973 en Córdoba, Argentina. Es estudiante de Letras, bioquímica y docente en la Universidad Nacional de Córdoba. Participó en el grupo de narradores orales “Venique te cuento” y del grupo de poesía experimental “Destino de Cajón” coordinado por Carlos Scocco. Poeta invitada en la plaqueta “Maquinita de poesía” editada por el grupo “Pan Comido”.
Ha publicado en la Editorial Alción el libro “Carte d’un monde paralléle” 





Amar, temer y partir: Presente del participio

Agonizo, mejor dicho,
proto-agonizo la herida
primer actor: este tem(bl)or
de que se cumpla
lo temido.

Pero la tragedia
ya aconteció.
Y solamente, reincido,
co-incido.

Clavo el filoso canino
los  incisivos
en la incisión,  di-vierto
al tiempo, ese doble
río por el que vuelvo
partido
en dos.

Amar es nacer
y perder una
y mil veces
el Paraíso Perdido.





así me desencuentro

así me desencuentro/
sobre cada nervio/ 
reanudando el origen de la contracción/ 
la tinta tirando del cordel/ 
para enredarlo aún/ 
para deshacer la tarea de ordenar/ 
hasta las ideas

tirar las cartas/ 
después de haber pasado horas/ 
haciendo coincidir los bordes/ 
desordenar un sentido/ 
para disfrazarlo en otro renglón/ 
para tacharlo después

escribir para acallar/ 
la ausencia





ELLE / 3113

Elle partió ayer. Lo sé porque dejó tras de sí,
fragmentos de tiempo asimétricos y desordenados
que hoy no supe como volver a pegar.
Con los pedazos menos astillados
construyo pájaros con escamas en la cola
y piedras de utilería en los ojos.
Después, les abro las compuertas de los relojes
y los dejo que naden su nada
en el espacio.

Ahora mismo son las tres de la mañana,
hay silencio de tumba y peso en el aire.
Salto de la cama como un imán movido
por irresistibles fuerzas extrañas
y corro hacia el centro de la habitación.

Entonces giro, giro y giro,
como un sufí alocado.
Entonces río, río y río,
sin motivo.

Monto una vigilia desesperada
de sonámbula entre paréntesis
y te espero, cual Endimión
contemplando a Selene
como hacen todos los enamorados.

Espero allí, aún, sentada a la orilla del sueño
a que llegue tu espejo de espuma
y me bese sin besar.

La caricia invisible que me basta
para reinventar el resto de tu cuerpo.

Condenada yo a volver a caer y olvidar
el momento de ti recién(te) llegada.
Condenada tú a volar y desconocer
el lugar de mí(i)
incipiente (mente) partida.

Y así paso sin pasar
la noche, a vela.
Entrañándote, re-vuelta al centro
de mis extrañas.
Remembrándonos en una metonimia imposible
que intenta decir/te-me-nos total.

“Voy a atar tu cuerpo a un árbol” ,
me dijiste ayer antes de tu partida,
“con el mismo cordón de plata que uso
para atar tu cuerpo al mío”.

Y habrás de aprender a volar almor
como piedra que la noche transmuta en pluma.
Y habrás de aprender a caer sin miedo
a retornar a tierra
como hacen las hojas
en silencio.

Desde la Tierra
la Cruz del Sur, sólo se ve desde el sur
y Casiopea sólo sobre el horizonte norte.
Pero a donde vamos Almor,
no hay norte ni sur
sólo cielo”.









SEPT/ DUET

Quizás al amor como a la lluvia se llegue
por distracción, repetición o error.

No sé por cuál de los tres,
llegamos hasta aquí,
pero hoy, llueve.
Y es el sonido de la lluvia
ese lugar común
sobre el que revolotean en círculos
los recuerdos con Elle.

Elle fluyendo cual arroyo
arrullada por los grillos.

Elle en el aullido de un coyote
huyendo por el valle,
su llanto subyugado.

Elle en el murmullo
de las llantas, las zambullidas
en los hoyos de la calle.

Elle en el chillido onomatopéyico.
de las grullas sobre el muelle.
Elle en el sello, la llave y la escotilla.

Elle en cada detalle.
Elle leyendo en pijamas.

Elle la música cayendo vertical/oblicua
sobre la resistencia que calla.

“No quiero más tatuaje”,
me dijiste aquel día desnuda sobre el pasto,
“que el que estas gotas dibujan
sobre mi cuerpo al azar”.

Entonces comprendí por primera vez
el origen de los planetas llenos de grietas
por donde se cuela el sol.

Afuera, la línea imaginaria de la costa,
divide a la tierra en dos.
La ola retrocede
toma impulso y desbarata
por un segundo
el inestable equilibrio
del mundo.
Adentro, un hilo de brisa,
cual Ariadna a su Teseo,
conduce a todo un Océano
por el ojo del laberinto de un caracol.

Batalla Vanal
Elle: Agua, agua y más agua.
Yo: Tocada, averiada, hundida.

¿Cuánto tarda el mar en ocupar
el espacio abandonado
por los cuerpos?

¡Eureka! grito,
en el preci(o)so instante
en que te veo resurgir de nuevo entresueños
como extraída del mismísimo co-seno de un volcán
y refutar de manera impecable
la vieja hipótesis de Arquímedes:

“Todo cuerpo emergido de un fluido
experimenta sobre él un deseo
en dirección contraria
cuya naturaleza es proporcional
 a la fuerza del vacío generado”

Debajo de la superficie
el repiqueteo de las gotas
es un fenómeno alien(ante)
que pasa siempre en otro lugar.

Debajo de la superficie
las palabras se silencian
y naufragan atlántidas.

Detrás de ti, en cambio,
las huellas húmedas desaparecen lentamente
como si otra tú que aún no es
te estuviera siguiendo de cerca
los pasos.







No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada