sábado, 27 de julio de 2013

ALEJO GONZÁLEZ PRANDI [10.280]


Alejo González Prandi 
Nació en Buenos Aires, ARGENTINA en 1974. Es periodista. Publicó el libro de poemas El Deshoje (Último Reino, 2007). Tiene dos libros inéditos. Dirige la revista El Vendedor de Tierra desde 1995 y editó los trípticos El pueblo bajo las nubes. En 2010, junto a Lucía Besfamille presentó en Domus Artis una obra de improvisación de piano y poesía. Es coautor de la obra de teatro El sueño de la razón produce monstruos (2008). 





Preguntas y respuestas de la casa

quién dejará la casa
quién irá a visitar mi muerte
qué harán de la casa cuando no pueda estar
qué palabras serán dichas como atmósferas
qué se cruzará en el camino como un sol

volveré entonces a la casa para saber quién anda
                           por ahí
volveré con ánimo de palabras no dichas
volveré temprano y sabré qué hacen de mi muerte
cuando no estoy
volveré si es verdad que aman a la casa

por qué no se llevan la casa lejos de mí
de los otros que están en mí
por qué no la dejan tranquila con sus funciones
de lágrimas sombras y fantasmas
por qué no hacen de la casa un lugar para 
                los amigos en el corazón
por qué no construyen una casa que tenga sólo 
                      lugares para amar
por qué no una casa con otra adentro y otra adentro
así hasta el final de todas las casas

volveré para robar los momentos no vividos
volveré con nuevas máscaras de mujer
volveré para encontrar las distancias que se van de
                              la casa
volveré a cavar los gritos los golpes las deformaciones
que hacen a la historia de la casa
volveré para encontrar la casa en lo profundo de mí







Pregunta

¿cuál es tu pregunta en la poesía?
¿si estás muerto?
¿si volverás a estar muerto?

tu pérdida es genealógica
tu paisaje viene de lejos
lo tenés escondido nauseabundo heredado

no sabés de otra intemperie
no mordiste la tierra sin dejar de soñar un muerto

es el viento la frondosa lentitud que no llegará 
                                        nunca







Artificio

toda esta soledad es una costumbre
una coraza donde los muertos
anuncian el artificio
de un animal
que todavía puede ser atravesado







La odalisca

no es cierto que la poesía
acudirá a mi muerte
la mazorca del invierno
pondrá una odalisca sobre mi mano
para que no se note la soledad








La vida oscura

qué es perder 
amigos 
en nuestra vida oscura

el dolor
por nosotros mismos
es tan inútil y necesario

qué es perder
en nuestra vida
y después darse cuenta
que los muertos nos han cambiado






Sobremesa

he dispersado todas mis fuerzas
celebré el instinto
nunca me hice de una canción
de un libro de cabecera
de un lugar donde establecer una comarca 
un delirio
o un conciliábulo de martirios fundados en la fe
de que todo lo asesinado por uno mismo será poema
intemperie del espíritu sin frontera de Dios
comunión con un aljibe un mantra una esfera
que trazan el círculo a lo que jamás llegaré
por ser adiestrado en los dominios de un fuego de
                           soledades
de una infancia que tuvo el largo privilegio
de abandonarse a sí misma
y descubrir el auspicio de los entierros
la mismita llama de luz en la saliva
sobre los restos de un mantel
que conforman el furor
de haber vivido





Una mujer

en una casa del Paraguay me enamoré de una mujer
vivimos durante dos semanas
alrededor de una mesa
comiendo la mandioca
entre los gritos de una santa que no hablaba español
y juraba crucificar a su hijo como Jesús

una tarde dijo que viajaríamos
a conocer el chaco del sueño
pero sólo nos miramos
sin queja ni dolor

ella solía llorar mientras planchaba
yo mientras ella dormía







Las cosas ocultas

todavía conservo la bolsa de hilo
que tejimos juntos imaginando la infancia

el tapiz de cera y azul
las pinturas de tus amigos muertos
desaparecidos y embrujados
tus libros de Paul Eluard en la lluvia
durmiendo bajo el sol
la pérdida final de todo
sin fotografías
sin peinados
en tu cabeza de gigante con amigos
sin la noche donde la mesa se extendía en tu pecho
buscando su canto en el mundo
en la boca de los hombres que siempre llegaban de lejos
mujeres fantásticas vestidas de terciopelo
y carteras como naranjas

todavía siento el perfume de huir
con mis manos entre tu pelo
bajo las tardes sentados en la plaza
en una cocina de feria
sobre la dulzura de tus ojos
tu campera roja distinguiéndose en la arena
nuestros secretos de vergüenza y de noche

todavía
madre
conservo la ausencia
misteriosa y lejana
de las cosas que se ocultan


  de El Deshoje, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2007



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