martes, 4 de junio de 2013

IRIS FERNÁNDEZ ÁNGEL [10.015]



IRIS FERNÁNDEZ ÁNGEL
(Arica, Chile)
Iris Fernández Ángel, presidenta fundadora  de la SECH ARICA y actual presidenta. Ha desarrollada una extensa labor de difusión de autores. En 1990 y 1991 edita la revista “Raima” de la Sociedad de Escritores de Arica, su poemario Ecos del Norte.1991;  en coautoría con Nelson Gómez León Pequicuentos, Siete voces de Arica y  “Hacia Un Norte”. Las antologías Libro de historias de la Población Barrientos, publicada por el Consejo Regional de la Cultura y las Artes, en el 2010 y  “Arica y Parinacota, ruta de leyendas” de ARLEA, en  el 2011.




Despertaron como fieras los dioses del ayllu.

Y el hombre ya no fue el hombre,
ni la tierra preferidos.
Todo es un mar de lava
explosionando con rabia contenida.







El caballo clavó sus tristes ojos
en mis frías pupilas
mas nada me detuvo.
Alcé el cuchillo y segué su pezuña
como el segador, la espiga.
Fijé mi cruel mirada
en la profundidad de su pupila
mas nada me detuvo.
De un solo tajo, desgajé el casco
rosas rojas se fueron abriendo
hasta llegar al infinito.
El dolor, ardiendo, galopó
por las crines erizadas.
La tusa se elongó en cuatro amplias alas.
El caballo clavó sus ojos abatidos
en mis cuencas vacías de ilusión
y creció, creció, creció.
Siete lenguas inflamaron
mi esqueleto enardecido
y me hicieron flama eterna
condenada por los siglos
a abrevar los sueños del hombre
en el charco del crepúsculo.







Si la garza es

Si la garza es alba azucena
¿Será la azucena un vuelo hecho flor?
Si la garza es copo de nieve dormido en el sauce.
¿Será la nieve ave de efímero volar?
Si la garza es pez hilado de plata venido del océano.
¿Será el océano constante bandada de alar azulino?
Si la garza es un signo de interrogación mientras duerme.
¿Será el insomnio su respuesta?
O ¿quizás, simplemente,
un blanco bajel en el río de mi sueño?







Destino

El caballo clavó sus tristes ojos
en mis frías pupilas
mas nada me detuvo.
Alcé el cuchillo y segué su pezuña
como el segador, la espiga.
Fijé mi cruel mirada
en la profundidad de su pupila
mas nada me detuvo.
De un solo tajo, desgajé el casco
rosas rojas se fueron abriendo
hasta llegar al infinito.
El dolor, ardiendo, galopó
por las crines erizadas.
La tusa se elongó en cuatro amplias alas.
El caballo clavó sus ojos abatidos
en mis cuencas vacías de ilusión
y creció, creció, creció.
Siete lenguas inflamaron
mi esqueleto enardecido
y me hicieron flama eterna
condenada por los siglos
a abrevar los sueños del hombre
en el charco del crepúsculo.







Tras el vuelo de la garza

Calor
desolación
silencio yermo.
Los cactus resquebrajados izan sus espadines entre el mustio quintral,
Mastico la roja urdimbre
tratando de atrapar la gota amarga y áspera
que mitigue la sequedad del mundo.
Es enero,
la hilera de huesos caprinos gritan ríos secos.
Respiro en desaliento este siglo apocalíptico
que avizoro egoísta, estéril, fatal.
Perdido en las desérticas serranías
un ojo azul borbotea leche transparente y fecunda.
Mi inquieta mirada sigue presurosa
el cristalino hilo que se pierde
en la ocredad del páramo.
Una garza envuelta en algodón azulino
alza el vuelo y blandamente revolotea remontando las alturas,
como feble línea en el cielo.
Traspasó los contrafuertes cordilleranos.
No una, sino miles de gráciles garzas
me saludan alzando sus albos gorjeos.
Los ojos se llenan de verdor.
Amplias praderas, plantíos inconmensurables de dulce caña.
Reminiscencias de grilletes se elevan
desde las espaldas morenas
y una niebla espesa escapa en bocanadas
desde la verde y húmeda floresta.
Cae el agua dulce,
vital y
doliente.






Haiku

I

En el estío
bandada de n blancas
alegra el cielo.


II

Fotografía
en pretérita sepia
Garza de otoño.


III

En gris invierno
la garza taciturna
buscä alojo.


IV

Sauce florece
garcitas primorosas
en primavera.


V

Un silbo y el lirio
en la orilla del río
emprende vuelo.


VI

Luna naciente
adormilada sobre
su pata azul.


VII

Desde el ciprés
una garza crepúsculo
enciende el cielo.




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