martes, 4 de junio de 2013

GUILLERMO BLEST GANA [10.013]


Guillermo Blest Gana
Guillermo Blest Gana (Santiago de Chile, 28 de abril de 1829 - ibídem, 7 de noviembre de 1904) fue un escritor chileno, habitualmente considerado uno de los principales exponentes del romanticismo literario en su país.


Se le recuerda sobre todo por su obra lírica. También incursionó, con menor éxito, en la novela, el cuento, el drama histórico e incluso la zarzuela. Comenzó a publicar poesía a los 19 años en la Revista de Santiago. Sus escritos fueron reunidos en como Obras completas en 1907.



Carlos Orrego Luco lo describió de la siguiente manera:



Era alto, esbelto, muy blanco, con frente amplia y levantada en la que resplandecía la inspiración, coronada de cabellos rubios, largos y ondulados a la manera romántica; grandes ojos luminosos color de cielo, de mirada soñadora que, al decir de las crónicas, cautivaba a todos los corazones femeninos...



Fue hijo del doctor irlandés Guillermo Blest, uno de los pioneros de la modernización de la medicina en Chile en la primera mitad del siglo XIX. Su hermano menor Alberto Blest Gana también se dedicó a la escritura, siendo considerado el mayor novelista chileno de su época, su obra aún es lectura escolar y sigue siendo editada. Otro hermano suyo, Joaquín, ejerció la crítica literaria.



Algunas obras 

Lírica:

Poesías, 1854.
Armonías, 1884.

Novela:

El número 13, 1869.

Zarzuela:

El pasaporte, 1890.

Drama:

La conjuración de Almagro , 1858.




CREPÚSCULO

¡Hora de bendición, hora de calma, 
cuánto places al alma! 

Los recuerdos de un bien desvanecido 
ha largo tiempo ya, su faz doliente 
levantan de los muros del olvido 
y a reposarse vienen en mi frente. 

Dulce, inocente, bella y amorosa, 
sueño feliz de juvenil deseo, 
entre las nubes de topacio y rosa 
de mi primer amor la imagen veo. 

Y en lontananza, deshojando flores 
de exquisita y purísima fragancia, 
con las vagas memorias de mi infancia, 
los delirios sin fin de mis amores. 

Con dulce y melancólica sonrisa 
a mi se acercan los fantasmas bellos, 
y juegan al pasar con mis cabellos 
como ligera y perfumada brisa. 

Uno me llama su primer amigo, 
otro me nombra su primer hermano, 
y uno muy bello, al estrechar mi mano, 
me dice: 'Siempre viviré contigo'. 

Y se alejan despuéa, y mis deseos 
su vuelo siguen con alado paso, 
mientras en los vapores del ocaso 
me fingen mis primeros devaneos: 

Sueños de dicha, aspiración de gloria; 
de amor, poemas dulces, ignorados; 
pueblos libres; tiranos destronados... 
¡Quimeras que aún adora mi memoria! 

Y se acercan de nuevo en leve giro, 
besando al paso mi abrasada frente, 
mientras la luz, que muere en occidente, 
me envía un melancólico suspiro. 

¡Suspiro triste, de armonías lleno, 
queja tal vez de un corazón que me ama, 
postrer rayo quizás de aquélla llama 
que fecundaba mundos en mi seno! 

Mundos de amor, de dulces armonías, 
poemas encantados y risueños 
que alumbraba, en el mundo de mis sueños, 
el bello sol de mis hermosos días. 

¡Volved, volved, espíritus amantes! 
Joven aun, mi corazón palpita: 
si enfermo estoy y como flor marchita 
me veis, volved, espíritus errantes. 

¡Volved, volved! Ya veo vuestras galas, 
ya el pecho arroja su mortal angustia; 
batid así sobre mi frente mustia 
con tierno amor vuestras doradas alas.

Joven yo soy: el corazón valiente 
es como roca por el mar batida. 
Venid, llegad, tormentos de la vida, 
¡siempre serena miraréis mi frente! 

Ya de diamantes se tachona el cielo. 
Fanales llenos de esplendor y gracia, 
venid corno después de la desgracia 
nos vienen la esperanza y el consuelo. 

¡Salud, puros ensueños de la mente! 
¡Salud, bellos fantasmas del pasado! 
Quien os tiene, jamás es desgraciado. 
Venid a reposar sobre mi frente. 

Uno se acerca y me apellida amigo, 
otro me nombra con amor hermano, 
y uno muy bello, al estrechar mi mano, 
me dice: '¡Siempre viviré contigo!'

¡Cuánto places al alma, 
hora de bendición, hora de calma!







EL PRIMER BESO

Recuerdos de aquélla edad 
de inocencia y de candor, 
no turbéis la soledad 
de mis noches de dolor: 

pasad, pasad, 
recuerdos de aquélla edad. 

Mi prima era muy bonita,
y no sé por qué razón 
al recordarla palpita 
con violencia el corazón. 
Era, es cierto, tan bonita, 
tan gentil, tan seductora, 
que al pensar en ello ahora, 
algo como una ilusión 
aquí en el pecho se agita, 
y hasta mi fría razón 
me dice: ¡era muy bonita! 

Ella, como yo, contaba 
catorce años, me parece, 
mas mi tía aseguraba 
que eran solamente trece 
los que mi prima contaba. 
Dejo a mi tía esa gloria, 
pues mi prima en mi memoria 
jamás, jamás envejece, 
y siempre está como estaba 
cuando, según me parece, 
ya sus catorce contaba. 

¡Cuántas horas, cuántas horas 
de dicha pasé a su lado! 

¡Pasamos cuántas auroras 
los dos corriendo en el prado, 
ligeros como esas horas! 
¿Nos amábamos? Lo ignoro: 
sólo sé lo que hoy deploro, 
lo que jamás he olvidado, 
que en pláticas seductoras, 
cuando me hallaba a su lado, 
se me dormían las horas. 

De cómo le di yo un beso, 
es peregrina la historia; 
hasta ahora, lo confieso, 
con placer hago memoria 
de cómo la di yo un beso. 
Un dial solos los dos, 
cual la pareja de Dios, 
cuya inocencia es notoria, 
nos fuimos a un bosque espeso, 
y allí comenzó la historia 
de cómo la di yo un beso. 

Crecía una hermosa flor 
cerca de un despeñadero; 
mirándola con amor 
ella me dijo: 'Me muero, 
me muero por esa flor'. 
Yo a cogerla me lancé, 
más faltó tierra a mi pie; 
ella, un grito lastimero 
dando, llena de terror, 
corrió hasta el despeñadero... 
y yo me alcé con la flor... 

Dos lágrimas de alegría 
surcaron su rostro bello, 
y diciendo-. '¡Vida mía!', 
me echó los brazos al cuello 
con infantil alegría. 

Fuego y hielo sentí yo 
que por mis venas corrió, 
y no sé cómo fue aquello, 
pero un beso nos unía..., 
dejando en su rostro bello 
dos lágrimas de alegría.

Después... ¡Revoltosa mar 
es nuestra pobre existencia! 
Yo me tuve que ausentar, 
y aquella flor de inocencia 
quedó a la orilla del mar. 
Del mundo entre los engaños 
he vivido muchos años,
y a pesar de mi experiencia, 
suelo a veces exclamar: 
¡La dicha de mi existencia 
quedó a la orilla del mar! 

Recuerdos de aquella edad 
de inocencia y de candor, 
alegrad la soledad 
de mis noches de dolor; 

¡llegad, llegad, 
recuerdos de aquella edad!





MIRADA RETROSPECTIVA

Al llegar a la página postrera
de la tragicomedia de mi vida,
vuelvo la vista al punto de partida
con el dolor de quien ya nada espera.

¡Cuánta noble ambición que fué quimera!
¡Cuánta bella ilusión desvanecida!
¡Sembrada está la senda recorrida
con las flores de aquella primavera!

Pero en esta hora lúgubre, sombría,
de severa verdad y desencanto,
de supremo dolor y de agonía,

es mi mayor pesar, en mi quebranto,
no haber amado más, yo que creía,
¡yo que pensaba haber amado tanto! 






Si a veces silencioso

Si a veces silencioso y pensativo
a tu lado me ves, querida mía,
es porque hallo en tus ojos la armonía
de un lenguaje tan dulce y expresivo.

Y eres tan mía entonces, que me privo
hasta oír tu voz, porque creería
que rompiendo el silencio, desunía
mi ser del tuyo, cuando en tu alma vivo.

¡Y estás tan bella; mi placer es tanto,
es tan completo cuando así te miro;
siento en mi corazón tan dulce encanto,

que me parece, a veces, que en ti admiro
una visión celeste, un sueño santo
que va a desvanecerse si respiro!



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