lunes, 4 de marzo de 2013

CARLOS OBLIGADO [9335]


Marcha de las Malvinas
                                                              Carlos Obligado junto a Cupertino del Campo 
                                                              (Revista Caras y Caretas, 24 de julio de 1937)




Carlos Obligado
Carlos Obligado (21 de mayo de 1889 - 3 de febrero de 1949) fue un poeta, crítico y escritor argentino, conocido autor del poema patriótico "Marcha de las Malvinas".
Hijo de Rafael Obligado (autor del poema Santos Vega), y de Isabel Gómez Langenheim, nació en Buenos Aires, el 21 de mayo de 1889, y recibió la influencia y formación paternas. Cursó estudios en el Colegio Nacional Central de dicha ciudad e ingresó más tarde en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, donde se doctoró en 1917.
Publicó su primer libro, Poemas, en 1920. Tradujo a distintos poetas franceses (Victor Hugo, Lamartine, Alfred de Musset...). Fue crítico literario, conferenciante, profesor universitario; dirigió el Instituto de Literatura Argentina. En 1928 viajó a Europa, visitando distintos países. De regreso en Argentina, fue nombrado decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Posteriormente fue nombrado miembro de las academias de la lengua de Argentina y España. En 1932 publicó un libro de traducciones prologadas del poeta estadounidense Edgar Allan Poe. Publicó asimismo trabajos sobre Shelley y Leopoldo Lugones. En España, fue condecorado con la Orden de Alfonso X el Sabio, en 1947. Dirigía las Bibliotecas Populares del Ministerio de Educación de la Nación, cuando falleció, en Buenos Aires, el 3 de febrero de 1949. Casado con Lucía Nazar Anchorena, dejó cuatro hijos.

Bibliografía

Poemas (1920)
Los grandes románticos (1923)
Las cuevas del fósil (1927)
Poemas de Edgar Allan Poe (1932)
Temas poéticos (1936)
Antología de Leopoldo Lugones (1942)
Patria (1943)
Ausencia (1945)





MI PERRO

¡Si te recuerdo! Con alegre brío,
de la ribera, bajo el sol temprano,
tras una rama que arrojó mi mano,
te desplomabas bullicioso al río.

Y era la gloria de nadar bravío,
y era el regreso, de la presa ufano...
¡Ya con mi edad feliz duermes lejano,
inolvidable compañero mío!

Pero en mis días de quebranto, obscuros,
a mí te llegas, con tus ojos puros,
donde un anhelo compasivo flota;

y un verde gajo, de ilusión florido,
al alma ofreces, con amor traído
del lago azul de la niñez remota.







MARCHA DE LAS MALVINAS

Tras su manto de neblinas,
no las hemos de olvidar.
Las Malvinas, argentinas
clama el viento y ruge el mar.
Ni de aquellos horizontes
nuestra enseña han de arrancar,
pues su blanco está en los montes
y en su azul se tiñe el mar.
Por ausente, por vencido
bajo extraño pabellón,
ningun suelo más querido
de la Patria en la extensión.
Quien nos habla aquí de olvido,
de renuncia, de perdón
ningun suelo más querido
de la Patria en la extensión.
Rompa el manto de neblinas,
como un sol nuestro ideal
las Malvinas, Argentinas
en dominio ya inmortal.
Y ante el sol de nuestro emblema
pura, nitida y triunfal
¡Brille oh Patria!, en tu diadema
la Argentina perla austral.
Coro
Para honor de nuestro emblema,
para orgullo nacional,
¡brille oh Patria!, en tu diadema
la Argentina perla austral.







EL ZORZAL 

cancioncilla breve de un amor gentil.
El zorzal amigo me ha cantado así:
"Canción es amor, amar es vivir;
tanto cante amores, que no vivo en mí.
Vivo para el aire, para el sol viril
y el árbol, y el nido, y el campo feliz.
Canto amaneceres, puestas de carmín,
glorias de este cielo bajo el cual nací.
Por ambientes míos, bien saben oír
los seres, las cosas, mi canción sutil...
¿Qué me atañe, lejos, el alma esparcir,
eco de armonias que jamás sentí?
Golondrinas huyen, y al tornar al fin,
cuentan de otros climas. yo perduro aquí.
yo al ardor de enero, yo al frescor de abril.
Tierra en que he nacido me verá morir."
El zorzal nativo se gloriaba así.
Cancioncilla alada de un amor gentil.






ANIMA MÍA

Sé de una estrella que con rayo pío,
tan dulcemente la pupila toca,
que enviar parece a quien su lumbre invoca
un mensaje de amor, desde el vacío.

Sé de una fuente que en boscaje umbrío,
fluyendo un álveo de pulida roca,
templa el ardor de la sedienta boca
un beso largo, delicioso y frío.

Mas sé de un alma caudalosa y pura
más que la fuente azul de la espesura,
más que la estrella virginal del cielo:

pues, desde el punto en que su luz fue mía,
no sufro ya, por la terrena vía,
ni humana sed, ni espiritual anhelo.



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